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Textos


Más allá del dolor: es Viernes Santo

Más Allá Del Dolor 
 
Muere la muerte. 
Tu Pasión abre el cielo. 
Nace la Vida. Es tu obediencia, 
tu humano sacrificio, 
la libertad.  
 
Dolor, dolor, 
latigazos, espinas, 
traición ingrata. Sabor a tierra 
en tus labios proféticos. 
Sed de infinito.  
 
Sangrante, víctima, 
abandonado, solo, 
clamas al Padre. Tu cuerpo es llaga, 
agua, sangre, pan, vino, 
eternidad.  
 
Es tu estertor 
el consumatum est. 
Amor sin límites. Se rompe el velo 
del templo silencioso. 
Triunfa la Voz. 
 
 
Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 10 de Abril, 2009, 12:16, Categoría: Textos
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Las Cruces de la Cruz

Las Cruces de la Cruz 

 

Te clavaron en la cruz por decir la Verdad,
te clavaron en la cruz por pedir la libertad para todos, 

por pedir la paz, la justicia y el pan para todos,
y el inmenso madero estalló en la tormenta de tu desesperanza
y millones de astillas de cruces cayeron sobre el mundo
y ahora todos llevamos la astilla de una cruz.
La cruz de los harapos del niño que pide en su lata  comida de perro,
la cruz de la cama y el sillón donde se crucifica al paralítico,
la cruz de la habitación donde se amontona como
ropa sucia una familia,
la cruz de los colosos con sus bombas atómicas y sus
bases de muerte sembradas en la Tierra,
la cruz de los pueblos esclavizados,
la cruz de los hombres torturados en el infierno de
las cárceles,
la cruz del hambre,
la cruz del cáncer,
la cruz del amor,
la cruz del odio,
la cruz del llanto,
la cruz de la agonía,
la cruz del sudor,
la cruz del pan y el aceite cotidiano,
la cruz de piedra del pobre,
la cruz de diamantes del millonario,
la cruz del poeta escribiendo en la arena y el agua:

 

PAZ Y LIBERTAD

 

la cruz de oro en las palmas de las manos de los que

amontonan fabulosas riquezas

y la cruz de alambre de espinos sobre las espaldas

de los que cargan sacos de fabulosas miserias,

la cruz de ceniza podrida sobre las espaldas de los

pescadores japoneses,

la cruz de los muertos de hambre en Biafra,

la cruz de Nagasaky,

la cruz de Hirosima,

la cruz ganada abrasando a millones de judíos,

la cruz del Ku Kux Klan,

la cruz de los jóvenes que se queman vivos para

protestar de un mundo que se pudre,

el agua de tu cruz golpeando en las puertas del mundo

y gritando una gota de esperanza.

La llama triste de tu Cruz.

 

Manuel Pacheco: Poesía en la tierra

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 21 de Marzo, 2008, 12:17, Categoría: Textos
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El Adviento

 

Latin ad-venio, llegar.

 

Conforme al uso actual [1910], el Adviento es un tiempo litúrgico que comienza en el Domingo más cercano a la fiesta de San Andrés Apóstol (30 de Noviembre) y abarca cuatro Domingos. El primer Domingo puede adelantarse hasta el 27 de Noviembre, y entonces el Adviento tiene veintiocho días, o retrasarse hasta el 3 de Diciembre, teniendo solo veintiún días.

 

Con el Adviento comienza el año eclesiástico en las Iglesias occidentales. Durante este tiempo los creyentes son exhortados:

1.       a prepararse dignamente a celebrar el aniversario de la venida del Señor al mundo como la encarnación del Dios de amor,

2.       de manera que sus almas sean moradas adecuadas al Redentor que viene a través de la Sagrada Comunión y de la gracia, y

3.       en consecuencia estén preparadas para su venida final como juez, en la muerte y en el fin del mundo.

 

Simbolismo

La Iglesia prepara la Liturgia en este tiempo para lograr este fin. En la oración oficial, el Breviario, en el Invitatorio de Maitines, llama a sus ministros a adorar "al Rey que viene, al Señor que se acerca", "al Señor que está cerca", " al que mañana contemplaréis su gloria". Como Primera Lectura del Oficio de Lectura introduce capítulos del profeta Isaías, que hablan en términos hirientes de la ingratitud de la casa de Israel, el hijo escogido que ha abandonado y olvidado a su Padre; que anuncian al Varón de Dolores herido por los pecados de su pueblo; que describen fielmente la pasión y muerte del Redentor que viene y su gloria final; que anuncian la congregación de los Gentiles en torno al Monte Santo.

 

La Segunda Lectura del Oficio de Lectura en tres Domingos están tomadas de la octava homilía del Papa San León (440-461) sobre el ayuno y la limosna como preparación para la venida del Señor, y en uno de los Domingos (el segundo) del comentario de San Jerónimo sobre Isaías 11:1, cuyo texto él interpreta referido a Santa María Virgen como "el renuevo del tronco de Jesé". En los himnos del tiempo encontramos alabanzas a la venida de Cristo como Redentor, el Creador del universo, combinados con súplicas al juez del mundo que viene para protegernos del enemigo.

 

Similares ideas son expresadas los últimos siete días anteriores a la Vigilia de Navidad en las antífonas del Magnificat. En ellas, la Iglesia pide a la Sabiduría Divina que nos muestre el camino de la salvación; a la Llave de David que nos libre de la cautividad; al Sol que nace de lo alto que venga a iluminar nuestras tinieblas y sombras de muerte, etc. En las Misas es mostrada la intención de la Iglesia en la elección de las Epístolas y Evangelios.

 

En las Epístolas se exhorta al creyente para que, dada la cercanía del Redentor , deje las actividades de las tinieblas y se pertreche con las armas de la luz; que se conduzca como en pleno día, con dignidad, y vestido del Señor Jesucristo; muestra como las naciones son llamadas a alabar el nombre del Señor; invita a estar alegres en la cercanía del Señor, de manera que la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie los corazones y pensamientos en Cristo Jesús; exhorta a no juzgar, a dejar que venga el Señor, que manifestará los secretos escondidos en los corazones.

 

En los Evangelios la Iglesia habla del Señor que viene en su gloria; de Aquel en el que, y a través del que, las profecías son cumplidas; del Guía Eterno en medio de los Judíos; de la voz en el desierto, "Preparad el camino del Señor". La Iglesia en su Liturgia nos devuelve en espíritu al tiempo anterior a la encarnación del Hijo de Dios, como si aún no hubiera tenido lugar. El Cardinal Wiseman ha dicho:

 

Estamos no sólo exhortados a sacar provecho del bendito acontecimiento, sino a suspirar diariamente como nuestros antiguos Padres, "Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo: ábrase la tierra y brote la salvación." Las Colectas en tres de los cuatro Domingos de este tiempo empiezan con las palabras, "Señor, muestra tu poder y ven" – como si el temor a nuestras iniquidades previniera su nacimiento.

 

Duración y Ritual

 

Todos los días de Adviento debe celebrarse el Oficio y Misa del Domingo o Feria correspondiente, o al menos debe ser hecha una Conmemoración de los mismos, independientemente del grado de la fiesta celebrada.

 

En el Oficio Divino el Te Deum, jubiloso himno de alabanza y acción de gracias, se omite; en la Misa el Gloria in excelsis no se dice. El Alleluia, sin embargo, se mantiene.

 

El celebrante y los ministros consagrados usan vestiduras violeta. El diácono y subdiácono en la Misa, en lugar de las dalmáticas usadas normalmente, llevan casullas plegadas. El subdiácono se la quita durante la lectura de la Epístola, y el diácono la cambia por otra, o por una estola más ancha, puesta sobre el hombro izquierdo entre el canto del Evangelio y la Comunión.

 

Se hace una excepción en el tercer Domingo (Domingo Gaudete), en el que las vestiduras pueden ser rosa, o de un violeta enriquecido; los ministros consagrados pueden en este Domingo vestir dalmáticas, que también pueden ser usadas en la Vigilia de la Navidad, aunque fuera en el cuarto Domingo de Adviento. El Papa Inocencio III (1198-1216) estableció el negro como el color a ser usado durante el Adviento, pero el violeta ya estaba en uso al final del siglo trece. Binterim dice que había también una ley por la que las pinturas debían ser cubiertas durante el Adviento.

 

Las flores y las reliquias de Santos no debían colocarse sobre los altares durante el Oficio y las Misas de este tiempo, excepto en el tercer Domingo; y la misma prohibición y excepción existía relacionada con el uso del órgano. La idea popular de que las cuatro semanas de Adviento simbolizan los cuatro mil años de tinieblas en las que el mundo estaba envuelto antes de la venida de Cristo no encuentra confirmación en la Liturgia.

 

Origen Histórico

No se puede determinar con exactitud cuando fue por primera vez introducida en la Iglesia la celebración del Adviento. La preparación para la fiesta de la Navidad no debió ser anterior a la existencia de la misma fiesta, y de ésta no encontramos evidencia antes del final del siglo cuarto cuando, de acuerdo con Duchesne [Christian Worship (London, 1904), 260], era celebrada en toda la Iglesia, por algunos el 25 de Diciembre, por otros el 6 de Enero.

 

De tal preparación leemos en las Actas de un sínodo de Zaragoza en el 380, cuyo cuarto canon prescribe que desde el diecisiete de Diciembre hasta la fiesta de la Epifanía nadie debiera permitirse la ausencia de la iglesia. Tenemos dos homilías de San Máximo, Obispo de Turín (415-466), intituladas "In Adventu Domini", pero no hacen referencia a ningún tiempo especial.

 

El título puede ser la adición de un copista. Existen algunas homilías, probablemente la mayor parte de San Cesáreo, Obispo de Arlés (502-542), en las que encontramos mención de una preparación antes de la Navidad; todavía, a juzgar por el contexto, no parece que exista ninguna ley general sobre la materia. Un sínodo desarrollado (581) en Mâcon, en la Galia, en su canon noveno ordena que desde el once de Noviembre hasta la Navidad el Sacrificio sea ofrecido de acuerdo al rito Cuaresmal los Lunes, Miércoles, y Viernes de la semana.

 

El Sacramentario Gelasiano anota cinco domingos para el tiempo; estos cinco eran reducidos a cuatro por el Papa San Gregorio VII (1073-85). La colección de homilías de San Gregorio el Grande (590-604) empieza con un sermón para el segundo Domingo de Adviento. En el 650 el Adviento era celebrado en España con cinco Domingos.

 

Varios sínodos hicieron cánones sobre los ayunos a observar durante este tiempo, algunos empezaban el once de Noviembre, otros el quince, y otros con el equinoccio de otoño. Otros sínodos prohibían la celebración del matrimonio.

 

En la Iglesia Griega no encontramos documentos sobre la observancia del Adviento hasta el siglo octavo. San Teodoro el Estudita (m. 826), que habló de las fiestas y ayunos celebrados comúnmente por los Griegos, no hace mención de este tiempo.

 

En el siglo octavo encontramos que, desde el 15 Noviembre a la Navidad, es observado no como una celebración litúrgica, sino como un tiempo de ayuno y abstinencia que, de acuerdo a Goar, fue posteriormente reducido a siete días. Pero un concilio de los Rutenianos (1720) ordenaba el ayuno de acuerdo a la vieja regla desde el quince de Noviembre. Esta es la regla al menos para algunos de los Griegos.

 

De manera similar, los ritos Ambrosiano y Mozárabe no tienen liturgia especial para el Adviento, sino sólo el ayuno.

Armando Maronese

 

Por Armando Maronese - 3 de Diciembre, 2007, 9:37, Categoría: Textos
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Tienes derecho

TIENES DERECHO

Tienes derecho a enfadarte, pero no debes pisotear la dignidad del otro.
Tienes derecho a sentir celos del triunfo de los demás, pero no debes desearles mal.
Tienes derecho a caer, pero no debes quedarte tirado.
Tienes derecho a fracasar, pero no debes sentirte derrotado.
Tienes derecho a equivocarte, pero no debes sentir lástima de ti mismo.
Tienes derecho a regañar a tus hijos, pero no debes romper sus ilusiones.
Tienes derecho a tener un mal día, pero no debes permitir que se convierta en costumbre.
Tienes derecho a ser feliz, pero no debes olvidar ser agradecido.
Tienes derecho a pensar en el futuro, pero no debes olvidar el presente.
Tienes derecho a buscar tu superación, pero no debes olvidar tus valores.
Tienes derecho a triunfar, pero no debe ser a costa de otros.
Tienes derecho a inventar, pero no debes olvidar a Dios.
Tienes derecho a vivir en paz, pero no debes confundir ese derecho con ser mediocre o conformista.
Tienes derecho a vivir en la opulencia, pero no debes olvidar compartir con los menos afortunados.
Tienes derecho a desanimarte, pero no debes perder la esperanza. 

ViT@MiNaS PaRa eL AlmA®

Por Vitaminas para el alma - 24 de Noviembre, 2007, 11:52, Categoría: Textos
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Cuando puedas

CUANDO PUEDAS

 

Cuando, las horas de desaliento te invadan el alma, y las lágrimas afloren en tus ojos, Búscame: YO SOY AQUEL que sabe consolarte y pronto se detienen tus lágrimas.

Cuando desaparezca tu ánimo para luchar en las dificultades de la vida, o sientas que estas pronto a desfallecer, Llámame: YO SOY LA FUERZA capaz de remover las piedras de tu camino y sobreponerte a las adversidades del mundo.

Cuando, sin clemencia te encontraras, de suerte que no encontraras donde reclinar tu cabeza, Corre junto a mi: YO SOY EL REFUGIO, en cuyo seno encontrarás guarida para tu cuerpo, y tranquilidad para tu espíritu.

Cuando te falte la calma, en momentos de gran aflicción, y te consideres incapaz de conservar la serenidad de espíritu, Invócame: YO SOY LA PACIENCIA que te ayudará a vencer las dificultades más dolorosas y triunfar en las situaciones más difíciles.

Cuando te debatas en los misterios de la vida y tengas el alma golpeada por los obstáculos del camino,

Grita por mi: YO SOY EL BÁLSAMO que cicatrizará tus heridas y aliviara tus padecimientos.

Cuando el mundo sólo te haga falsas promesas y creas que ya nadie puede inspirarte confianza, Ven a mi: YO SOY LA SINCERIDAD, que sabe corresponder a la franqueza de tus actitudes y a la nobleza de tus ideas.

Cuando la tristeza o la melancolía intenten albergarse en tu corazón Clama por mi: YO SOY LA ALEGRÍA que te infunde un aliento nuevo y te hará conocer los encantos de tu mundo interior.

Cuando, uno a uno, se destruyan tus ideales más bellos y te sientas desesperado, Apela a mi: YO SOY LA ESPERANZA que te robustece la Fe.

Cuando la impiedad te revele las faltas y la dureza del corazón humano, Aclámame: YO SOY EL PERDÓN, que te levanta el ánimo y promueve la rehabilitación de tu alma.

Cuando dudes de todo, hasta de tus propias convicciones, y el escepticismo te aborde el alma,

Recurre a mi: YO SOY LA FE que te inunda de luz y de entendimiento para que alcances la FELICIDAD.

Cuando ya nadie te tienda una mano tierna y sincera y te desilusiones de los sentimientos de tus semejantes, Aproxímate a mi: YO SOY LA RENUNCIA que te enseñará a entender la ingratitud de los hombres y la incomprensión del mundo.

Y cuando al fin, quieras saber quién soy, pregúntale al río que murmura, al pájaro que canta, a las estrellas que titilan. YO SOY LA DINÁMICA DE LA VIDA, Y LA ARMONÍA DE LA NATURALEZA.

ME LLAMO AMOR. SOY EL REMEDIO PARA TODOS LOS MALES QUE ATORMENTEN TU ESPÍRITU.

-Desconocemos el autor-

-Es un aporte de NERY, Grupo Hermosos-

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 7 de Noviembre, 2007, 12:42, Categoría: Textos
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La grandeza de María

Confía…

Ignacio Larrañaga

 

La grandeza de María no está

en imaginarse que ella nunca fue

asaltada por la confusión.

Está en que cuando no entiende algo,

ella no reacciona angustiada,

impaciente, irritada, ansiosa o asustada;

Ella confía en el Señor…

la fe es eso,

adhesión a Dios mismo;

es un entregarse a su voluntad…

 

"Hágase en mi según tu palabra, Señor

 

En la fiesta de Ntra Sra de los Dolores

Por Ignacio Larrañaga - 15 de Septiembre, 2007, 20:43, Categoría: Textos
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Ayúdame, Señor

Ayúdame Señor…

  A. Pangrazzi

 

******

 

Ayúdame Señor, a creer que detrás de las nubes está el Sol; que los desnudos árboles de otoño volverán a vestirse de hojas, si tengo la paciencia de esperar.

 

Ayúdame Señor, a comprender que para alcanzar la cima de la montaña hay que atravesar el largo valle. Que la vela difunde su luz a base de consumirse poco a poco.

 

Ayúdame Amado Señor, a desprenderme de las pretendidas seguridades que no puedo tener y que me hacen tan inseguro; ayúdame a comprender que mis temores aumentan mi inquietud y mi impaciencia.

 

Ayúdame Señor, a aceptar mis limitaciones. Confío en ti como un niño que se siente seguro en brazos de su madre. Ayúdame a caminar por donde no puedo ver sabiendo que tú estás ahí conmigo.

- es un aporte de Ninfa Duarte-

Por A. Pangrazzy - 12 de Septiembre, 2007, 21:04, Categoría: Textos
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Y...no nos dejes, Señor

MENSAJE ESPIRITUAL.

 

Y… no nos dejes, Señor

 

Tú has cumplido,

pero nosotros no, Señor.

Tú has hablado,

pero a nosotros nos queda cumplirlo, Señor.

Tú has subido a la cruz,

a nosotros nos asusta, Señor.

Tú estás cerca de Dios,

nosotros sentimos que –a veces– nos alejamos.

¡No nos dejes, Señor!

 

Porque cumplir tus Palabras,

es imposible si Tú no estás a nuestro lado.

Porque vivir según tu Reino,

es utopía si no nos enseñas el camino.

Porque amar, como tú exiges,

es insostenible si Tú no apoyas.

¡No nos dejes, Señor!

 

Y, porque ahora nos toca a nosotros, empújanos.

Y, porque tal vez estamos huérfanos, danos tu Espíritu.

Y, porque el miedo nos atenaza, infúndenos valentía.

¡No nos dejes, Señor!

 

Y, si Tú te vas,

deja un sendero luminoso tras tu Ascensión

para que, hoy y aquí,

el hombre no olvide que la tierra, no sólo es tierra,

que la humanidad, no sólo es humanidad,

que la muerte, no se queda en la misma muerte.

¡No nos dejes, Señor!

 

Y, si te vas, porque ha llegado tu hora,

ayúdanos, desde el cielo,

a cumplir la nuestra,

a llevar proyectos e ilusiones hasta el final,

a reír aunque por dentro estemos llorando,

a sembrar, aunque tengamos sensación de no recoger,

a predicar, aún a riesgo de no ser escuchados.

¡No nos dejes, Señor!

 

Y, aunque te vayas,

quédate en tantos gestos y palabras,

Sacramentos y momentos

que dejaste a tu paso entre nosotros.

Amén.

 

Javier Leoz

Aporte de Rosa Fuente

Por Javier Leoz - 4 de Septiembre, 2007, 17:14, Categoría: Textos
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