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Diciembre del 2009


Se ha hecho presente

Jn 1, 1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que alumbra a todo hombre. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: Éste es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo”. Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia, porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer”.

José María Castillo

http://www.somosiglesiaandalucia.net/spip/spip.php?article1308

 

1. Al terminar el año, este texto magistral del evangelio de Juan nos plantea lo más profundo que encontramos en el Evangelio. Todo se puede resumir en este planteamiento: Jesús representa, para todos los seres humanos, no sólo el proyecto de establecer la “relación” del hombre con Dios, sino algo que es lo decisivo y determinante, la “unión” de Dios con el ser humano. En el ser humano, que fue Jesús, Dios se funde y se confunde con lo humano. De forma que, con toda razón, podemos hablar de la “humanización” de Dios.

2. Muchos cristianos no han pensado, quizá nunca, en la profundidad de lo que esto representa. Dios, por definición, es el Trascendente. Es decir, Dios no está a nuestro alcance, en cuanto que no lo podemos “conocer”. Pues bien, la genialidad del cristianismo está en que el Trascendente se ha hecho presente, visible y tangible, en un ser humano, en Jesús.

3. En esto consiste lo sorprendente del Evangelio: en la vida, en las costumbres, en las enseñanzas, en las palabras y en los hechos de aquel pobre galileo, que fue Jesús, conocemos a Dios, lo que le gusta a Dios, cómo es Dios y lo que Dios quiere, espera y promete a cada uno de nosotros. Aquí encontramos el sentido de nuestra vida. Y la esperanza de una historia mejor para la humanidad.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 31 de Diciembre, 2009, 11:42, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Espiritualidad y compromiso

Lc 2, 36-40

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana: de jovencita había vivido siete años casada, y llevaba ochenta y cuatro de viuda; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría, y la gracia de Dios lo acompañaba.

Reflexiones de José María CAstillo

1. El ejemplo de esta mujer, sencilla, desconocida, pero persona de una intensa piedad y de una perseverancia incansable, en su actitud de oración y fidelidad al Señor, es un modelo a imitar, no sólo para los israelitas. También los creyentes en Jesús necesitamos esta espiritualidad. Incluso el propio Jesús, como he tenido ocasión de ver a lo largo del año, sintió la necesidad de la oración, de la frecuente y prolongada oración, en la soledad y el silencio que serenan el espíritu y nos dan fuerza para perseverar en la fidelidad a lo que puede dar sentido a nuestras vidas.

2. La novedad de Jesús estuvo en que desligó su espiritualidad del Templo: Jesús oraba en la soledad del campo o del monte. Y, por otra parte, supo armonizar la espiritualidad con una vida activa agotadora. Pero está claro que el ejemplo de la profetisa Ana nos recuerda una dimensión de la fe religiosa que con frecuencia descuidamos. Es evidente que el distintivo del cristianismo no es la sola espiritualidad y el retiro en aislamiento de las condiciones históricas, sociales y políticas en las que vivimos. Y también de las que vivimos. La sola espiritualidad, bloqueada en sí misma y en sí sola, nos aleja de la realidad de la vida. O nos hace ver la vida como realmente no es.

3. Por eso, también el caso ejemplar de esta piadosa mujer nos descubre la originalidad de Jesús y la innovación revolucionaria que representó su vida. Una vida que supo armonizar la más profunda espiritualidad con el más exigente y atrevido compromiso social e incluso político, como se puso de manifiesto en la muerte de Jesús en la cruz, donde ajusticiaban a quienes eran considerados como individuos peligrosos o subversivos para los intereses del poder, tanto religioso como político.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 30 de Diciembre, 2009, 12:40, Categoría: Comentarios al Evangelio
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La novedad del Evangelio

Lc 2, 22-35

Cuando llegó el tiempo de la purificación de María según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “todo primogénito varón será consagrado al Señor”, y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones”. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu Santo fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres, para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz; porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo, Israel”. Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo diciendo a María, su madre: “Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma”

http://www.somosiglesiaandalucia.net/spip/spip.php?article1305

José María Castillo

1. A poco que se piense en el contenido de este relato, pronto se comprende que está redactado desde la mentalidad, las tradiciones y las costumbres de un buen israelita. Pero tan claro como eso es que no está pensado desde la teología de los evangelios, concretamente la teología del evangelio de Lucas. Sin duda, este relato se redactó en un momento distinto y por una mano distinta del momento y de la mano que nos dejó los testimonios sobre la vida, la pasión y la muerte de Jesús. Por otra parte, la lectura atenta de este relato ayuda a comprender la novedad que entraña el Evangelio en la historia de las religiones.

2. Lo primero que resalta, en este relato, es la importancia central de la observancia de la ley religiosa. La insistencia en que todo se hacía para cumplir la Ley es elocuente en este sentido. Y junto a la obediencia ante la Ley, la importancia que tenía el Templo: todo se desarrolla en el santuario, en el lugar sagrado y en estricta sumisión al ritual religioso. Ahora bien, la lectura de los evangelios nos descubre que ni la sumisión a las normas de la Ley, ni la fidelidad al Templo, sus ceremonias y rituales fueron centrales y determinantes en la vida de Jesús. Todo lo contrario: la libertad ante la Ley y el anuncio de la destrucción del Templo fueron los motivos que llevaron a Jesús a ser condenado a muerte.

3. Además, la presentación del hijo (varón) primogénito al Señor, y la necesidad de purificación de la madre, indican una mentalidad de preferencia por el hombre y una valoración distinta e inferior de la mujer. Nada de esto se ajusta a lo que fue después la enseñanza del evangelio de Lucas, como es bien sabido.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 29 de Diciembre, 2009, 13:09, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Navidad, la ilusión perdida

NAVIDAD, LA ILUSION PERDIDA

José María Castillo

http://www.redescristianas.net/2009/12/28/navidad-la-ilusion-perdidajose-maria-castillo-teologo/#more-19063

 

Desde niños nos han acostumbrado a celebrar la Navidad como una fiesta de luces, regalos, comidas abundantes de familias, amigos y empresas, fiesta de posibles excesos y, en todo caso, la ocasión del año para encontrarse, escribirse y desearse lo mejor de lo mejor. Sin duda, las palabras “felicidad”, “felicitación”, “ felices” son las que más se repiten en estos días. La ocasión lo merece, decimos los cristianos. Porque es motivo de gozo y alegría lo que recordamos: el nacimiento de Cristo, cantado por ángeles del cielo y adorado por reyes de la tierra. ¡cualquier cosa!

 

Y, sin embargo, como bien dijo, hace unos años, el conocido escritor italiano Ernesto Balducci, “la Navidad es, para el que llega al fondo de las cosas, una fiesta severa, una fiesta muy dura, como el Viernes Santo, de forma que sólo el que comprende esto puede abrirse a la alegría frágil, simple, familiar, de convivencia y amistad, sabiendo sin embargo que no debe engañarse con fábulas. Los tiempos que corren son severos. Y dichosos los que tienen la fuerza de escoger, en contraste con la cultura del poder, la grande, infinita, eterna cultura del amor, cuyo misterio es el mismo misterio de Dios”.
No quisiera, por nada del mundo, que todo esto sonara a lenguaje de sacristía. Tal como lo pienso y lo siento, se trata de algo mucho más serio, más universal y más cotidiano de lo que imaginamos.

 

 Intentaré explicarlo echando mano de un texto genial de san Pablo: Cristo, “a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, haciéndose uno de tantos. Así, presentándose como un hombre cualquiera, se abajó, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz” (Fil 2, 6-8). El contraste asombroso, que aquí presenta Pablo, es el contraste entre la “categoría de Dios” y la “condición de esclavo”. Literalmente, se trata de que la “forma de Dios” se vacía en lo contrario, la “forma de esclavo”. Pero que nadie se piense que esto es cosa de curas, palabrería de gente religiosa y pare Vd de contar. Nada de eso. Es algo que a todos nos toca en la piel y entra en la sangre misma de nuestras ideas más queridas o, por el contrario, las más rechazadas.

 

Lo explicaré recordando lo que Séneca, en su tratado “De clementia” (III, 6, 2 s), le dijo a Nerón : “Tú no puedes alejarte a ti mismo de tu elevado rango; él te posee, y dondequiera que vayas, te sigue con gran pompa. La servidumbre propia de tu elevadísimo rango es el no poder llegar a ser menos importante; pero precisamente esta necesidad la tienes en común con los dioses. Porque también a ellos los tiene el cielo ligados, y a ellos no les he dado descender, como tampoco te es dado a ti, sin correr riesgo. Tú estás enclavado en tu rango”.

 


¿Tiene todo esto algo que ver con lo que nos pasa ahora, con lo que nos interesa y nos preocupa, con lo que dice la última encuesta del CIS sobre las tres preocupaciones más fuertes de los españoles: la crisis económica, el paro y los políticos? Por lo menos, si algo está claro es que, a la casi totalidad de los políticos, de los obispos y de los que nos llamamos cristianos, el Evangelio, que empieza en Belén y acaba en la Cruz, no ha traspasado nuestra epidermis. Aquí lo que de verdad importa es mandar y vivir bien, aunque para tener eso haya que tragarse las mentiras de unos, la corrupción de otros, los oropeles de obispos que se echan a la calle para defender la vida y se callan a sabiendas de que los derechos fundamentales de los que viven se pisotean por todas partes. Y de sobra sabemos que todo esto nos divide, nos enfrenta, nos tiene crispados y cansados. Pero está claro que vivimos en la esquizofrenia de quienes visitan con devoción los belenes, pero al mismo defienden con uñas y dientes un rango, que no tenemos, pero al que todos nos hemos atado. Se trata sencillamente del encanto y el escándalo de una Navidad de la que hemos hecho una gran mentira. Es, en definitiva, la ilusión perdida. Una vez más.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 28 de Diciembre, 2009, 9:14, Categoría: Reflexiones creyentes
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¿Qué familia?

Sagrada Familia (c) Lucas 2, 41-52
¿QUÉ FAMILIA?
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

http://eclesalia.blogia.com/2009/122301-hogares.php

ECLESALIA, 23/12/09.- Hoy es el Día de la familia cristiana. Una fiesta establecida recientemente para que los cristianos celebremos y ahondemos en lo que puede ser un proyecto familiar entendido y vivido desde el espíritu de Jesús.

No basta defender de manera abstracta el valor de la familia. Tampoco es suficiente imaginar la vida familiar según el modelo de la familia de Nazaret, idealizada desde nuestra concepción de la familia tradicional. Seguir a Jesús puede exigir a veces cuestionar y transformar esquemas y costumbres muy arraigados en nosotros.

La familia no es para Jesús algo absoluto e intocable. Más aún. Lo decisivo no es la familia de sangre, sino esa gran familia que hemos de ir construyendo los humanos escuchando el deseo del único Padre de todos. Incluso sus padres lo tendrán que aprender, no sin problemas y conflictos.

Según el relato de Lucas, los padres de Jesús lo buscan acongojados, al descubrir que los ha abandonado sin preocuparse de ellos. ¿Cómo puede actuar así? Su madre se lo reprocha en cuanto lo encuentra: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados». Jesús los sorprende con una respuesta inesperada: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre ?».

Sus padres «no le comprendieron ». Solo ahondando en sus palabras y en su comportamiento de cara a su familia, descubrirán progresivamente que, para Jesús, lo primero es la familia humana: una sociedad más fraterna, justa y solidaria, tal como la quiere Dios.

No podemos celebrar responsablemente la fiesta de hoy sin escuchar el reto de nuestra fe. ¿Cómo son nuestras familias? ¿Viven comprometidas en una sociedad mejor y más humana, o encerradas exclusivamente en sus propios intereses? ¿Educan para la solidaridad, la búsqueda de paz, la sensibilidad hacia los necesitados, la compasión, o enseñan a vivir para el bienestar insaciable, el máximo lucro y el olvido de los demás?

¿Qué está sucediendo en nuestros hogares? ¿Se cuida la fe, se recuerda a Jesucristo, se aprende a rezar, o sólo se transmite indiferencia, incredulidad y vacío de Dios? ¿Se educa para vivir desde una conciencia moral responsable, sana, coherente con la fe cristiana, o se favorece un estilo de vida superficial, sin metas ni ideales, sin criterios ni sentido último?

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 27 de Diciembre, 2009, 13:52, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Dios llega como regalo

 

DIOS LLEGA COMO REGALO

 

Señor, Tú eres un regalo para la humanidad,

una sorpresa para el rutinario,

una novedad para el que está triste,

una caricia para el que sufre,

un mapa para el vive sin sentido,

una sonrisa para el que está solo,

una mano tendida para el que necesita algo,

una llamada al teléfono para el que la espera,

una rato de familia para cada casa,

un detallito para el que le falta amor,

un amigo para el que necesita charlar un rato,

una escucha para el que quiere desahogarse,

un compromiso para el que está perdido,

una misión para el que le importa el mundo,

un hermano para el que se cree hijo único,

un impulso para los que nos dejamos mover por Tí...

 

Conforme leía  esta idea he pensado que para cada uno llega la Navidad con un Dios distinto; a cada uno le trae aquello que necesita...

Y he pensado que debíamos colgarlo en el blog  por si hubiera alguien a quien la Navidad le parece que es "para otros "

Y sigue:

 

Tú llegas a este mundo

para encargarnos que seamos tu presencia,

que actuemos como Tú,

que entreguemos la vida a los hermanos,

que llenemos el mundo de detalles,

que nos regalemos en ternuras,
que salgamos el encuentro del otro,

que adivinemos los que nos necesitan,

que llenemos la vida e tu fiesta y de tu amor,

y que pintemos el mundo de ternura y de color.

 

Vienes a ponernos en marcha,

a movilizarnos a todos,

a remover el amor,

a continuar la revolucion de la igualdad,

la construccion de tu Reino,

a generar felicidad, bienestar y paz ...

      ¡CUENTA CONMIGO, SEÑOR !!

 

 Es un texto que está en un libro que se titula  "Homilia y Oración", no pone nombre del autor, pero la editorial es CCS.

 

Cuando una cosa hace pensar, uno recuerda que puede hacer lo mismo con los amigos

Un abrazo navideño

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 26 de Diciembre, 2009, 13:28, Categoría: Reflexiones creyentes
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Natividad del Señor

Lc 2, 1-14
En aquel tiempo, salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero. Éste fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, subió desde su ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta.

Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: “No temáis, os traigo una buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama”.

José María CAstillo

http://www.redescristianas.net/2009/12/25/25-de-diciembre-natividad-del-senorjose-maria-castillo-teologo/

1. Jesús no nació en Belén. No hay noticia histórica alguna sobre el censo de Augusto. De ahí que no se puede demostrar lo del viaje de José y María de Nazaret a Belén. El empeño de Lucas es afirmar que Jesús nació en la ciudad de David y era de la casa y familia de David. Pero esto es un asunto de la teología Israelita que a nosotros no nos concierne. Jesús fue siempre visto como un originario y ciudadano de Nazaret (Mc 1, 24; Lc 4, 34; Mc 10, 47; 14, 67; 16, 6; Lc 24, 19) (J. D. G. Dunn).

2. En todo caso, lo que el Evangelio quiere dejar muy claro - y así lo ha entendido siempre la tradición de los cristianos a lo largo de los siglos - es que Jesús nació y, por tanto entró en la historia humana, en condiciones, no solo de “pobreza” y “marginación”, sino sobre todo de “exclusión”. Nació en un establo, donde viven, no los humanos, sino los animales. Por tanto, vino a este mundo “excluido” de la convivencia humana.

3. El oficio de “pastor” no era simplemente oficio de pobres. Era uno de los “oficios” despreciados y despreciables en tiempo de Jesús. A los pastores se les tenía por tramposos y ladrones (J. Jeremias). Y sin embargo, ellos son los primeros que los ángeles convocan para estar junto a Jesús. Sin duda alguna, la Navidad, tal como la presenta el Evangelio, es el punto de partida de una “revolución de valores”. Sólo si cambiamos de mentalidad, según las convicciones del Evangelio, este mundo podrá tener arreglo. No por lo que el Evangelio nos ofrece de “religiosidad”, sino por lo que nos enseña de “humanidad”.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 25 de Diciembre, 2009, 10:19, Categoría: Comentarios al Evangelio
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24 de diciembre. Llega la Navidad

24 de Diciembre Jueves

Lc 1, 67-79

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno de Espíritu Santo profetizó diciendo: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro Padre Abrahán. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos en santidad y justicia, en su presencia todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor, a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte; para guiar nuestros pasos en el camino de la paz”.

Autor: José María Castillo http://www.somosiglesiaandalucia.net/spip/spip.php?article1299

1. El himno de Zacarías es el ideario de la espiritualidad de un buen sacerdote. En este caso, como se trataba de judío, estamos hablando de la espiritualidad de un buen sacerdote de Israel. Este buen sacerdote tiene, entre sus convicciones más firmes, la idea de la misericordia y la bondad de Dios, que salvará a su pueblo y le concederá el perdón de sus pecados. Se trata, por tanto, de una espiritualidad de esperanza y confianza en la intervención del Señor en la vida y en los problemas de la vida cotidiana de la gente.

2. Pero Zacarías ve todo eso - que es tan positivo - como lo podía ver un sacerdote israelita: limitado al pueblo elegido. Y además ve la salvación como liberación de “enemigos”, arrancando así el “temor” del “pueblo santo de Dios”. Una vez más, la religión, por boca de sus representantes oficiales, confiesa la división y los enfrentamientos que inevitablemente produce el hecho religioso, en cuanto hecho vivido por muchas religiones, que todas aspiran a ser la verdadera, y que por eso todas se suelen enfrentar mutuamente, creando enemigos y fracturas.

3. Si algo hay claro en los evangelios, es que Jesús se dio cuenta perfectamente de este problema. Y aunque hay textos evangélicos en los que Jesús se muestra como un buen israelita, también es cierto que Jesús superó la visión estrecha y limitada de las religiones. Precisamente por eso, desde el comienzo al fin, los evangelios son el gran relato de un conflicto mortal: el conflicto de Jesús con la religión, que antepone sus creencias y sus ceremoniales a la fuerza del amor y de la vida, que es lo que une a los seres humanos y los hace más felices.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 24 de Diciembre, 2009, 8:29, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Proclama mi alma la grandeza del Señor

Lc 1, 46-56

En aquel tiempo, María dijo: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia - como lo había prometido a nuestro padres - en favor de Abrahán y su descendencia para siempre”. María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

http://www.somosiglesiaandalucia.net/spip/spip.php?article1295

José María Castillo

1. Prescindiendo de cuestiones técnicas que plantea este himno (su origen, su estructura literaria...), lo que más interesa es caer en la cuenta de que, en esta “proclama” que hace María, la madre de Jesús, expresa los grandes temas que motivaban su espiritualidad. Lo cual es importante. Porque la devoción a la Virgen es central en la vida de muchos cristianos. Pero esa devoción, rectamente orientada, debe buscar no sólo la “protección” de María, sino antes que eso la “ejemplaridad” de María. ¿Cómo era la espiritualidad de la madre de Jesús? ¿Qué ideas le inculcó aquella madre a su hijo?

2. Lo primero, la idea de la misericordia de Dios, que se perpetúa de generación en generación. Es una misericordia que no cesa, que no se cansa, que siempre está a favor de los humanos. El Dios de María es, ante todo, un Dios misericordioso, bondadoso, cercano. No es el Dios lejano, terrible, amenazante, que muchos israelitas tenían en sus sentimientos religiosos. Es el Dios que a todos nos supera en ternura, respeto y bondad.

3. Es también un Dios fuerte, que “hace proezas con su brazo”. Pero, ¿cómo? ¿para qué? Sencillamente, para cambiar radicalmente el mal “orden” que los hombres hemos organizado en este mundo. El Dios de María actúa como un subversivo del sistema: a los grandes y poderosos los tira por tierra, mientras que a los humildes y hambrientos los colma de pan, de satisfacción, de alegría y de esperanza. Sin duda, éstas fueron las ideas religiosas y sociales que María inculcó a Jesús. Esto es el que Jesús debió aprender de su madre.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 22 de Diciembre, 2009, 13:50, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Rasgos de María

(Lc 1,39-45): En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

 

RASGOS DE MARÍA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA). www.eclesalia.net

 

ECLESALIA, 16/12/09.- La visita de María a Isabel le permite al evangelista Lucas poner en contacto al Bautista y a Jesús antes incluso de haber nacido. La escena está cargada de una atmósfera muy especial. Las dos van a ser madres. Las dos han sido llamadas a colaborar en el plan de Dios. No hay varones. Zacarías ha quedado mudo. José está sorprendentemente ausente. Las dos mujeres ocupan toda la escena.

María que ha llegado aprisa desde Nazaret se convierte en la figura central. Todo gira en torno a ella y a su Hijo. Su imagen brilla con unos rasgos más genuinos que muchos otros que le han sido añadidos posteriormente a partir de advocaciones y títulos más alejados del clima de los evangelios.

María, «la madre de mi Señor». Así lo proclama Isabel a gritos y llena del Espíritu Santo. Es cierto: para los seguidores de Jesús, María es, antes que nada, la Madre de nuestro Señor. Éste es el punto de partida de toda su grandeza. Los primeros cristianos nunca separan a María de Jesús. Son inseparables. « Bendecida por Dios entre todas las mujeres», ella nos ofrece a Jesús, «fruto bendito de su vientre».

María, la creyente. Isabel la declara dichosa porque «ha creído». María es grande no simplemente por su maternidad biológica, sino por haber acogido con fe la llamada de Dios a ser Madre del Salvador. Ha sabido escuchar a Dios; ha guardado su Palabra dentro de su corazón; la ha meditado; la ha puesto en práctica cumpliendo fielmente su vocación. María es Madre creyente.

María, la evangelizadora. María ofrece a todos la salvación de Dios que ha acogido en su propio Hijo. Ésa es su gran misión y su servicio. Según el relato, María evangeliza no sólo con sus gestos y palabras, sino porque allá a donde va lleva consigo la persona de Jesús y su Espíritu. Esto es lo esencial del acto evangelizador.

María, portadora de alegría. El saludo de María contagia la alegría que brota de su Hijo Jesús. Ella ha sido la primera en escuchar la invitación de Dios: «Alégrate... el Señor está contigo». Ahora, desde una actitud de servicio y de ayuda a quienes la necesitan, María irradia la Buena Noticia de Jesús, el Cristo, al que siempre lleva consigo. Ella es para la Iglesia el mejor modelo de una evangelización gozosa

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 20 de Diciembre, 2009, 10:01, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Hombre como nosotros y entre nosotros

Texto del Evangelio (Mt 1,1-17): Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:

 

 

“Rastreando los personajes de la lista, podemos apreciar que Jesús —por lo que se refiere a su genealogía familiar— no presenta un “expediente inmaculado”. Como escribió el Cardenal Nguyen van Thuan, «en este mundo, si un pueblo escribe su historia oficial, hablará de su grandeza... Es un caso único, admirable y espléndido encontrar un pueblo cuya historia oficial no esconde los pecados de sus antepasados». Aparecen pecados como el homicidio (David), la idolatría (Salomón) o la prostitución (Rahab). Y junto con ello hay momentos de gracia y de fidelidad a Dios, y sobre todo las figuras de José y María, «de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo» (Mt 1,16).

 

En definitiva, la genealogía de Jesús nos ayuda a contemplar el misterio que estamos próximos a celebrar: que Dios se hizo Hombre, verdadero Hombre, que «habitó entre nosotros» (Jn 1,14).” -Rev. D. Vicenç GUINOT i Gómez (Sitges, Barcelona, España)-

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 17 de Diciembre, 2009, 10:41, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Nuestras acciones de cada dia

(Lc 7,19-23): En aquel tiempo, Juan envió a dos de sus discípulos a decir al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?». Llegando donde Él aquellos hombres, dijeron: «Juan el Bautista nos ha enviado a decirte: ‘¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?’».

En aquel momento curó a muchos de sus enfermedades y dolencias, y de malos espíritus, y dio vista a muchos ciegos. Y les respondió: «Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!».

 

A la pregunta de quien era, Jesús responde con lo que hacía. Son las obras, las acciones, el quehacer de cada día, nuestras actitudes, lo que nos reconocerá como creyentes, y no el que nosotros lo digamos.

 

Nuestras obras serán la luz que ilumine las mentes que aun no ven. Y es que también en nuestra sociedad actual, el hombre moderno, está muy harto de palabras y propagandas, lo que hace es demandar hechos, testimonios, comprobaciones. Para muchos contemporáneos nuestros el único camino para reconocer a Jesús como liberador y redentor es que nos vean a nosotros liberados y redimidos. Nuestras vidas serán la mejor predicación .

 

El Adviento es un tiempo de esperanza, justo una virtud en la que todos ansiamos crecer en estos momentos donde todo se pone en crisis, hasta nuestro futuro y el de la humanidad. Y solo las obras, las decisiones son las que pondrán en marcha un futuro mejor para nuestros hijos. Pensemos en todas las deliberaciones, problemas y consecuencias del famoso cambio climático y lo difícil que es ser operativos en materias tan cruciales.

 

El deseo de Isaías: “Destilen, cielos, desde lo alto, y que las nubes derramen la justicia! ¡Que se abra la tierra y produzca la salvación, y que también haga germinar la justicia! “, que se lee hoy en la primera lectura de la liturgia, es el deseo de la humanidad y el canto común a la esperanza de nuevas acciones que nos lleven a vivir en condiciones de igualdad para todos los seres humanos. Y es que ayer como hoy donde se anuncia y llega la Buena Noticia a los pobres, llega el Reino de Dios

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 16 de Diciembre, 2009, 9:57, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Actitudes de Jesús

(Mt 21,23-27): En aquel tiempo, Jesús entró en el templo. Mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?». Jesús les respondió: «También yo os voy a preguntar una cosa; si me contestáis a ella, yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?». Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: ‘Del cielo’ , nos dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Y si decimos: ‘De los hombres’, tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta». Respondieron, pues, a Jesús: «No sabemos». Y Él les replicó asimismo: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».

 

 

 

Sumos sacerdotes, maestros de la ley, ancianos quieren saber qué autoridad tiene Jesús para hacerlo que hace. En el fondo tienen miedo a que El pueda tener más poder o se les pueda caer el suyo. Por eso, no solo se acercan a Jesús, sino que casi le piden el carnet de identidad. Algo que también nos suele pasar a todos nosotros. No somos admitidos en todos los ambientes, echados de uno, anulados de otro, perseguidos en alguno. Y en ocasiones quejarnos y protestar es perder el tiempo, se han ido haciendo con el poder humano y nos hacen el vacío o prescinden de nosotros. Jesús también quiso evadirse de estos temas, pero al final afrontó los problemas y subió a la Cruz.

 

Como comenta José Antonio Pagola: “Jesús no era sacerdote del Templo. Tampoco maestro de la ley. No había sido autorizado por nadie para anunciar el pueblo mensaje alguno. Era un trabajador de la construcción de un pueblo desconocido de Galilea. Su autoridad venía de Dios, lo mismo que la del Bautista. Y esto es lo que no quiere reconocer los sacerdotes del Templo. Nosotros no escuchamos a Jesús como escuchamos las palabras y opiniones de tanto hombres y mujeres importantes. Al escuchar a Jesús, estamos escuchando a Dios. Estamos escuchando su llamada, su amor y su perdón.”

 

 

Pero también Jesús, por su conocimiento de la realidad y de las personas, sabe actuar con astucia frente a aquellos que intentan ponerle zancadillas. Algo que debemos aprender sus seguidores, pues ser buenas personas tampoco es aceptar un trato injusto por parte de terceros.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 14 de Diciembre, 2009, 10:10, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Repartir con el que no tiene

Lc 3,10-18): En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «Pues ¿qué debemos hacer?». Y él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo». Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?». Él les dijo: «No exijáis más de lo que os está fijado». Preguntáronle también unos soldados: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Él les dijo: «No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada».

Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga». Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.

 

REPARTIR CON EL QUE NO TIENE

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

www.eclesalia.net

 

 

ECLESALIA, 09/12/09.- La Palabra del Bautista desde el desierto tocó el corazón de las gentes. Su llamada a la conversión y al inicio de una vida más fiel a Dios despertó en muchos de ellos una pregunta concreta: ¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que brota siempre en nosotros cuando escuchamos una llamada radical y no sabemos cómo concretar nuestra respuesta.

El Bautista no les propone ritos religiosos ni tampoco normas ni preceptos. No se trata propiamente de hacer cosas ni de asumir deberes, sino de ser de otra manera, vivir de forma más humana, desplegar algo que está ya en nuestro corazón: el deseo de una vida más justa, digna y fraterna.

Lo más decisivo y realista es abrir nuestro corazón a Dios mirando atentamente a las necesidades de los que sufren. El Bautista sabe resumirles su respuesta con una fórmula genial por su simplicidad y verdad: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». Así de simple y claro.

¿Qué podemos decir ante estas palabras quienes vivimos en un mundo donde más de un tercio de la humanidad vive en la miseria luchando cada día por sobrevivir, mientras nosotros seguimos llenando nuestros armarios con toda clase de túnicas y tenemos nuestros frigoríficos repletos de comida?

Y ¿qué podemos decir los cristianos ante esta llamada tan sencilla y tan humana? ¿No hemos de empezar a abrir los ojos de nuestro corazón para tomar conciencia más viva de esa insensibilidad y esclavitud que nos mantiene sometidos a un bienestar que nos impide ser más humanos?

Mientras nosotros seguimos preocupados, y con razón, de muchos aspectos del momento actual del cristianismo, no nos damos cuenta de que vivimos "cautivos de una religión burguesa". El cristianismo, tal como nosotros lo vivimos, no parece tener fuerza para transformar la sociedad del bienestar. Al contrario, es ésta la que está desvirtuando lo mejor de la religión de Jesús, vaciando nuestro seguimiento a Cristo de valores tan genuinos como la solidaridad, la defensa de los pobres, la compasión y la justicia.

Por eso, hemos valorar y agradecer mucho más el esfuerzo de tantas personas que se rebelan contra este "cautiverio", comprometiéndose en gestos concretos de solidaridad y cultivando un estilo de vida más sencillo, austero y humano

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 13 de Diciembre, 2009, 9:39, Categoría: Comentarios al Evangelio
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La contracultura de la esperanza

(Mt 11,16-19): En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os habéis lamentado’. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘Demonio tiene’. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras».

 

La sabiduría, la fe se acredita por las obras. Ya lo dice el refrán “obras son amores, y no buenas razones”. También por eso en Adviento se nos invita a preparar el camino del Señor, no solo a esperarlo pasivamente. Porque la esperanza es activa. De ella, la esperanza, nos habla esta reflexión que compartimos hoy con uds en sintonía con el texto evangélico:

 

LA (CONTRA)CULTURA DE LA ESPERANZA

JUAN YZUEL SANZ, teólogo y educador

www.eclesalia.net

 

 

 

“Desde niños nos enseñaron que hay tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad. La fe la entendíamos bien y, más aún, la caridad, pero la esperanza se quedaba en poco más que una criada de la fe, una especie de corolario: si uno creía en Dios, era lógico que esperara en Él y confiara en su auxilio.

 

Pero, andando el tiempo, la esperanza y la fe se han ido distanciando. Según las encuestas, resulta que cada vez hay más personas –y cristianos- que, creyendo en que “algo tiene que haber”, o incluso en un Dios personal, hecho y derecho, andan flojos de esperanza. Muchos no esperan que haya un más allá, ni una resurrección, ni probabilidad de que Dios responda a sus oraciones. Así hemos ido aterrizando en un mundo de cristianos “desesperanzados”.

 

Parte de este fenómeno se debe a la visión que diversas ciencias proyectan. Antes creíamos que éramos el ombligo del universo, los únicos seres inteligentes en un universo creado para nosotros expresamente. Ahora sabemos que somos un granito de arena perdido en la inmensidad de nuestra galaxia, según se sale a mano derecha. Sobre este planeta, que podría estar tan seco y muerto como los demás, hay un fino musgo, de tamaño infinitesimal respecto a la Tierra, compuesto por un capricho evolutivo de la Materia llamado “Vida”. En él está el ser humano, una mutación genética de un primate al que, un día, se le ocurrió coger una quijada de burro y hacerse la primera herramienta. De allí al acelerador de partículas de Ginebra hay unos miles de años que, en tiempo geológico, es un abrir y cerrar de ojos. Con Google Earth nos vemos como células de un tejido que invade el planeta hasta asfixiarlo, derritiendo los polos y colocando a las castañeras al borde de la extinción. ¿Qué esperanza podemos tener si estamos a merced del comportamiento aleatorio de las placas tectónicas, el anticiclón de las Azores, el Euribor, la nueva Ministra, la parrilla de TVE, el responsable de selección de personal o la quiniela? Desde esta visión dejan de ser significativas una conciencia moral personal o un compromiso a largo plazo, desaparecen las utopías sociales y el trabajar por alentar cambios radicales que nos hagan mejores. Solo existe el Presente, donde hay que buscarse la vida, que es un ratico.

 

De allí que la Esperanza, con mayúsculas, sea hoy contracultural, casi “contrarreligiosa”. Porque la religión a la carta que impera hoy, la de la “nueva era”, habla más de voluntarismo personal (“Usted puede ser feliz -si quiere, claro-“) que de confianza y entereza cuando, a pesar de todo nuestro esfuerzo, las cosas salen mal y los inocentes sufren, mueren y caen en el olvido. No es fácil levantar los ojos a los montes esperando que venga el auxilio, reconociendo que Dios tiene la última palabra sobre nuestra maltrecha realidad y en Él podemos confiar. No es sencillo seguir dándole al mazo, construyendo Historia, mientras rogamos. A veces, como a los discípulos de Emaús, se nos ve por los bares tomando un café con los amigos mientras repetimos la letanía del “nosotros esperábamos…”. Escasean hoy quienes apuestan integralmente por Jesús y, cuando les asaltan las dudas, responden como los apóstoles: “¿A quién iremos, si sólo Tú tienes palabras de vida eterna?”

 

Para todas y todos los pequeños, los pobres, los sencillos, los limpios de corazón, los pacíficos, los perseguidos, los que lloran y los misericordiosos que esperan, resuenan frescas en este adviento las palabras del profeta: “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz intensa: habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló” (Is 9,1). Metidos ya en el fragor de la navidad comercial, resistamos y esperemos hincando la rodilla. Otro mundo es posible. ¡Maranatha! 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 11 de Diciembre, 2009, 12:52, Categoría: Comentarios al Evangelio
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En el día de los Derechos Humanos

(Mt 11,11-15): En aquel tiempo, dijo Jesús a las turbas: «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron. Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir. El que tenga oídos, que oiga».

 

Jesús habla de un Reino donde todos son iguales desde Juan el Bautista a cualquiera de los nacidos de mujer, y recuerda que hay que hacer un esfuerzo para lograr esa realidad en la vida de cada día.  Juan, denunciando lo impropio, lo injusto, lo desigual, lo que estaba mal, sufrió el castigo y la represalia, pero hizo lo que tenía que hacer.

 

Curiosamente hoy, cuando se proclama este Evangelio, en el mundo se celebra que han pasado 60 años, ayer mismo, en que nos dimos una carta de convivencia entre todos los humanos que se llama la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los 10 de diciembre celebramos esta fecha. Y decimos “curiosamente” porque el artículo primero de esta declaración dice así: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. " ¿No nos suena todo esto a Evangelio?

 

Suena a imaginarse un mundo donde todos podamos acceder a los bienes de la tierra que Dios ha creado para todos. Suena a un mundo donde los poderosos sirvan a los débiles fomentando la igualdad entre todos. Suena a un mundo donde los países sean libres y decidan su destino de acuerdo al bien común. Suena a un mundo donde la libertad, la igualdad y la fraternidad campen por sus anchas. ¿No es eso lo que hizo Jesús en su muestra de amor por todos y cada uno y en su enseñanza de aquel famoso “ámense unos a otros como YO les he amado”?. Suena a un mundo donde el hambre desaparezca, donde la equidad florezca, donde cada uno pueda vivir libremente en su país con su familia y arraigados en su historia. Suena a ética, a moral, a comportamiento digno y respetuoso. En definitiva, suena a Evangelio, con un lenguaje de hoy.

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 10 de Diciembre, 2009, 11:26, Categoría: Comentarios al Evangelio
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En el día de María

Lc 1, 26-38

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres”. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”. María dijo al ángel: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible”. María contestó: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Y la dejó el ángel.

Autor: José María Castillo en http://www.somosiglesiaandalucia.net/spip/spip.php?article1269

1. La fiesta de la Inmaculada Concepción nos recuerda uno de los dogmas que la Iglesia nos enseña sobre María, la Madre de Jesús. Este dogma fue definido por el papa Pío IX, el 8 del XII de 1854. Y nos indica la singular santidad de María, liberada del pecado original, “en atención a los méritos de Cristo Jesús” (DH 2803). La ejemplaridad de María, que celebramos en esta fiesta, es un motivo de piedad, devoción y, sobre todo, de conducta ética en una vida de generosidad y amor.

2. Este dogma fue definido después de largas controversias teológicas. En el estado actual de los estudios teológicos, conviene evitar dos posibles interpretaciones incorrectas de este dogma. Ante todo, se debe recordar que el “pecado original” es la denominación que la teología ha dado a la limitación inherente a la condición humana, que se manifiesta en “la privación de la gracia querida por Dios” en cuanto que no es el amor el que, con tanta frecuencia, rige nuestros comportamientos (cf. L. F. Ladaria).

3. La otra interpretación incorrecta del dogma de la Inmaculada es la que presupone el “puritanismo griego” como criterio determinante del pecado original y, por tanto, de este dogma. Para los griegos, como es sabido, “la pureza, más bien que la justicia, se ha convertido en el medio cardinal de la salvación” (E. R. Dodds). Este “puritanismo” dejó su sello en la misma definición del dogma cuando afirma que María fue liberada “de toda mancha de culpa desde el primer instante de su concepción” (DH 2803). Las ideas de san Agustín, sobre la generación humana manchada por la culpa, dejaron su sello en la formulación del dogma. Lo que nos santifica no es acercarnos a la pureza de los ángeles, sino al sufrimiento de los humanos.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 8 de Diciembre, 2009, 8:45, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Porque está lleno de Dios

(Lc 5,17-26): Un día que Jesús estaba enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Señor le hacía obrar curaciones. En esto, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirle, para ponerle delante de Él. Pero no encontrando por dónde meterle, a causa de la multitud, subieron al terrado, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados».

Los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?». Conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te quedan perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dijo al paralítico- ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’». Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios. El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto cosas increíbles

 

Vivir el Adviento es reconocernos como necesitados de salvación. Es reconocer nuestra situación, sabernos enfermos, débiles y esclavos y acudir así, a Jesús.

Porque El tiene poder... "¿Quien es este?" que cura los males del cuerpo y perdona los pecados, se preguntaban aquellas gentes.

Nosotros sabemos quien es. Por eso le buscamos...

"A quien iremos, Señor? le dijeron también sus mismos discípulos...

 

 

Como comenta José Antonio Pagola: “Jesús no era un médico profesional que curaba sólo enfermedades y dolencias del cuerpo. Los  Evangelios lo presentan como un curador lleno de Dios que sanaba a las personas desde su raíz.  Curaba los cuerpos y las almas. Liberaba de la enfermedad  del pecado. Reconciliaba a las personas consigo mismas y con Dios.

Es lo que hace Jesús con aquel enfermo de Cafarnaún: Lo cura de su enfermedad y le ofrece el perdón de Dios.

Si le dejas entrar a Jesús en tu vidas, te curará de heridas, sufrimientos y dolencias que dañan tu cuerpo y tu alma.”

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 7 de Diciembre, 2009, 11:26, Categoría: Comentarios al Evangelio
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En el marco del desierto

(Lc 3,1-6):  En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios».

 

EN EL MARCO DEL DESIERTO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA.-,www.eclesalia.net

 02/12/09.- Lucas tiene interés en precisar con detalle los nombres de los personajes que controlan en aquel momento las diferentes esferas del poder político y religioso. Ellos son quienes lo planifican y dirigen todo. Sin embargo, el acontecimiento decisivo de Jesucristo se prepara y acontece fuera de su ámbito de influencia y poder, sin que ellos se enteren ni decidan nada.

Así aparece siempre lo esencial en el mundo y en nuestras vidas. Así penetra en la historia humana la gracia y la salvación de Dios. Lo esencial no está en manos de los poderosos. Lucas dice escuetamente que «la Palabra de Dios vino sobre Juan en el desierto», no en la Roma imperial ni en el recinto sagrado del Templo de Jerusalén.

En ninguna parte se puede escuchar mejor que en el desierto la llamada de Dios a cambiar el mundo. El desierto es el territorio de la verdad. El lugar donde se vive de lo esencial. No hay sitio para lo superfluo. No se puede vivir acumulando cosas sin necesidad. No es posible el lujo ni la ostentación. Lo decisivo es buscar el camino acertado para orientar la vida.

Por eso, algunos profetas añoraban tanto el desierto, símbolo de una vida más sencilla y mejor enraizada en lo esencial, una vida todavía sin distorsionar por tantas infidelidades a Dios y tantas injusticias con el pueblo. En este marco del desierto, el Bautista anuncia el símbolo grandioso del «Bautismo», punto de partida de conversión, purificación, perdón e inicio de vida nueva.

¿Cómo responder hoy a esta llamada? El Bautista lo resume en una imagen tomada de Isaías:«Preparad el camino del Señor». Nuestras vidas están sembradas de obstáculos y resistencias que impiden o dificultan la llegada de Dios a nuestros corazones y comunidades, a nuestra Iglesia y a nuestro mundo. Dios está siempre cerca. Somos nosotros los que hemos de abrir caminos para acogerlo encarnado en Jesús.

Las imágenes de Isaías invitan a compromisos muy básicos y fundamentales: cuidar mejor lo esencial sin distraernos en lo secundario; rectificar lo que hemos ido deformando entre todos; enderezar caminos torcidos; afrontar la verdad real de nuestras vidas para recuperar un talante de conversión. Hemos de cuidar bien los bautizos de nuestros niños, pero lo que necesitamos todos es un «bautismo de conversión».

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 6 de Diciembre, 2009, 10:04, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Bienaventuranzas del Adviento

BIENAVENTURANZAS DEL ADVIENTO
MIGUEL ÁNGEL MESA, arumami@hotmail.com
MADRID.

www.eclesalia.net

Felices quienes siguen confiando, a pesar de las muchas circunstancias adversas de la vida.

Felices quienes tratan de allanar todos los senderos: odios, marginaciones, discordias, enfrentamientos, injusticias.

Felices quienes bajan de sus cielos particulares para ofrecer esperanza y anticipar el futuro, con una sonrisa en los labios y con mucha ternura en el corazón.

Felices quienes aguardan, contemplan, escuchan, están pendientes de recibir una señal, y cuando llega el momento decisivo, dicen: sí, quiero, adelante, sea, en marcha…

Felices quienes denuncian y anuncian con su propia vida y no sólo con meras palabras.

Felices quienes rellenan los baches, abren caminos, abajan las cimas, para que la existencia sea para todos más humana.

Felices quienes acarician la rosa, acercan la primavera, regalan su amistad y reparten ilusión a manos llenas con su ejemplo y sus obras.

Felices quienes cantan al levantarse, quienes proclaman que siempre hay un camino abierto a la esperanza, diciendo: “No tengáis miedo, estad alegres. Dios es como una madre, como un padre bueno que no castiga nunca, sino que nos acompaña y nos alienta, pues únicamente desea nuestra alegría y nuestra felicidad”.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 5 de Diciembre, 2009, 9:50, Categoría: Reflexiones creyentes
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