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Octubre del 2009


¿Quiénes son los primeros?

Lc 14, 1. 7-11“En aquel tiempo, entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo: “Cuando te conviden a una boda no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá: Cédele el puesto a éste. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humille será enaltecido”.

José María Castillo en http://www.somosiglesiaandalucia.net/spip/spip.php?article1224

1. Para comprender debidamente lo que representa este relato, es necesario recordar, una vez más, que el valor más apreciado, en las culturas mediterráneas del s. I, no era la riqueza, sino el honor. Además, las distinciones y la categorías se manifestaban sobre todo con ocasión de las comidas y banquetes. Se ha dicho con razón que “precisamente debido a la compleja interrelación de las categorías culturales, la comida es habitualmente una de las principales formas de marcar las diferencias entre los distintos grupos sociales” (G. Feeley-Harnik).

2. Es importante también tener en cuenta que este evangelio comienza, como el de ayer, recordando que todo esto sucede en casa de uno de los principales fariseos y con asistencia de bastantes de ellos. Es decir, lo que nota Jesús es que los observantes integristas, que eran tan rigurosos para el cumplimiento de las normas religiosas, se daban prisa para ponerse los primeros y, por tanto, para dejar a los demás detrás de ellos. De nuevo nos encontramos con lo de siempre: la religiosidad integrista endurece el corazón humano. Desde el momento que antepone la norma a la dignidad o felicidad del otro, el corazón del hombre, en la misma mediad en que se sacraliza, en esa misma medida se deshumaniza.

3. Decididamente, la vida que llevó Jesús, los valores que defendió, los criterios que expuso, todo eso resulta insoportable, increíble, impracticable para todo el que no tiene la firme convicción de que lo primero y lo esencial en la vida es el ser humano, cada ser humano, el respeto, la dignidad, los derechos, la felicidad y el disfrute de la vida de cada persona. Eso es lo primero y lo esencial porque sólo haciendo eso podemos encontrarnos a nosotros mismos, podemos encontrar el sentido de la vida y, en definitiva, podemos encontrar esa realidad última que los creyentes llamamos Dios.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 31 de Octubre, 2009, 10:20, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Elegidos y llamados

(Lc 6,12-19): En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.

Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.

 

No les pidió curriculums, ni títulos universitarios, ni experiencia en el trabajo. Simplemente les llamó porque los eligió. Se fijó en ellos y les propuso que le siguieran. Solo leyendo este trozo descubrimos que los planes de Dios no tienen nada que ver con los nuestros, que sus puntos de vista son diferentes. Nosotros analizamos lo más conveniente, lo que puede ser oportuno, lo políticamente correcto, se dice hoy, o si son o no amigos y pueden defendernos y apoyarnos. Si los políticos de hoy eligieran a sus grupos de la misma manera, igual, según el dicho, otro gallo cantaría. Con los criterios de los grandes ejecutivos de hoy da pena ver el grupo que elige el Maestro. Igual con los criterios del Maestro daría pena ver el grupo que hoy elegimos nosotros o los grandes ejecutivos. Son dos maneras de ver las cosas, y una es la que nos propone el Nazareno.

 

Otra cosa importante es que comienza el texto recordándonos el tiempo de silencio, reflexión u oración que se impone Jesús, y que termina haciéndonos ver como se impulsa, ahora con el grupo de discípulos, a la acción y a procurar la salud y el bien a su alrededor. Ambas cosas van unidas, querer separarlas ha sido siempre un error.

 

A este trabajo, a esta construcción hemos sido incorporados nosotros. Habremos de seguir haciendo lo que nos toca con los mismos criterios, con el mismo estilo. Eso sí, lo que quiera que nos toque hacer, en la condición que cada uno tenga, desde el Papa hasta el último de los creyentes, ha de hacerse en una postura de servicio, y sin esperar que nos devuelvan lo realizando. “Siervos inútiles somos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 28 de Octubre, 2009, 13:06, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Llamados a ser libres

(Lc 13,10-17): En aquel tiempo, estaba Jesús un sábado enseñando en una sinagoga, y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios.

 

Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: «Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado». Le replicó el Señor: «¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?». Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.

 

Hoy se nos habla, entre otras cosas, de libertad. Libre quedó aquella mujer no solo de la enfermedad sino también de las normas y leyes que no ponen por encima de todo y en primer lugar a las personas, como aquella que prohibía hacer el bien un sábado. De la libertad, don preciado que se nos ha dado para que podamos hacer acciones y tomar estilos de vida desde la opción personal y no desde la imposición. De la libertad que nos propugna Jesús que ni siquiera obligaba a seguirle: el que quiera seguirme, que lo haga. De la libertad de las personas y de los pueblos. “La causa de la libertad se convierte en una burla si el precio a pagar es la destrucción de quienes deberían disfrutar la libertad”- Ghandi. Hoy que muchos nos ponen por delante el dilema de seguridad o libertad, habrá que decir bien algo que estamos a favor de la seguridad de la libertad.

 

Las mediaciones que siempre han existido entre Dios y las personas y las que seguirán existiendo para comunicarnos –como el sábado, en un momento- no pueden ser absolutas. Siempre van a depender, en la mayoría de los casos, de las culturas del momento. Lo importante es la relación interpersonal y el seguimiento personal fruto también de las opciones personales. Viene a ser aquello de San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”.

 

El mismo texto de Pablo que acompaña al Evangelio de hoy insiste en la misma idea: “Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ¡Abba!, es decir, ¡Padre!”. Y un padre no hace esclavos, siempre hace personas libres, fruto de la misma vida y de la evolución humana. Se nos ha dado el don de discernir, y ello nos impele a luchar contra todo tipo de sometimiento y de imposición.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 26 de Octubre, 2009, 11:45, Categoría: Comentarios al Evangelio
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La dignidad de las personas

Mc 10, 46-52
“En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: “Hijo de David, ten compasión de mí. Muchos le regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: “Hijo de David, ten compasión de mí”. Jesús se detuvo y dijo: “Llamadlo”. Llamaron al ciego diciéndole: “Ánimo, levántate, que te llama”. Soltó el mando, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le contestó: “Maestro, que pueda ver”. Jesús le dijo: “Anda, tu fe te ha curado”. Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino”.

http://www.somosiglesiaandalucia.net/spip/spip.php?article1216 Autor: José María Castillo

1. Este relato está redactado de forma que en él se destacan tres cosas: 1) la situación de Bartimeo: era ciego y mendigo; 2) la fe firme e insistente que tuvo este hombre; 3) cuando la fe es así de fuerte, el que la tiene vence su condición de invidente y de pordiosero, pasando al discipulado de los que “siguen” a Jesús.

2. Pero la fuerza de este relato se comprende si se tiene en cuenta: 1) que la ceguera era considerada entonces como un castigo de Dios (Ex 4, 11; Jn 9, 2; Hech 13, 11); 2) que los ciegos se veían obligados con frecuencia a mendigar (Mc 10, 46; Jn 9, 1); 3) que la curación de un ciego se veía cono un hecho portentoso (Jn 9, 16); 4) que la ceguera simbolizaba las tinieblas del espíritu y la dureza del corazón (Is 6, 9 s; Mt 15, 14; 23, 16-26; Jn 9, 41; 12, 40) (X. Léon-Dufour).

3. Es evidente que Jesús le devolvió a este hombre la vista, lo liberó de su condición de mendigo y le restituyó la dignidad que las creencias religiosas y la sociedad le habían arrebatado. La religión atribuye a castigos divinos lo que son desgracias humanas. Y la sociedad margina y desprecia al que no es reconocido y estimado, bien sea por su mísera posición económica, por su indignidad ética o por su mala imagen como creyente. Jesús rompe con todo eso. Para Jesús, lo decisivo es la integridad de la vida, la felicidad de las personas y la dignidad de los que la “buena” sociedad y la religión más “ortodoxa” considera indignos.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 24 de Octubre, 2009, 21:24, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Los signos de los tiempos

(Lc 12,54-59): En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: ‘Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: ‘Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? ¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo».

 

Explorar este tiempo, es la invitación que se nos hace. Descubrir los signos de los tiempos, era una de las máximas del conocido como Papa bueno, Juan XXIII, quien impulsó una renovación eclesial para dar respuesta a los tiempos que vivimos. Como aquello de “a vino nuevo, odres nuevos”.

 

Explorar el tiempo climático no es nada fácil hoy. Es cambiante cada día, en cada etapa. El otoño parece verano, y el invierno se prolonga dentro de la primavera. Los tiempos climáticos han cambiado. También los tiempos sociales, los tiempos políticos, los tiempos de costumbres. Nunca fue todo igual. Siempre ha habido modificaciones. Estar alerta a esos cambios para proceder de forma diferente, pero con el talante del amor, de la justicia, de la libertad, de la igualdad, de los valores del Nazareno que son los que no deben cambiar. Otra cosa es la forma de aplicarlos y cuando.

 

Otros comentaristas del evangelio de hoy nos recuerdan este hecho basado en lo que nos advierte el Vaticano II : El Concilio Vaticano II, en la Constitución Gaudium et Spes (n. 4), actualiza el Evangelio de hoy: «Pesa sobre la Iglesia el deber permanente de escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio (…). Es necesario, por tanto, conocer y comprender el mundo en que vivimos y sus esperanzas, sus aspiraciones, su modo de ser, frecuentemente dramático».

 

Si Dios anduvo entre nosotros, hoy también sigue andando. En un reciente programa televisivo preguntaban a la gente acerca de si Dios estuviera hoy andando en nuestras calles sería de izquierdas o de derechas. Muchos decían que de derechas, algunos de izquierda, pocos que andaría en el corazón de todas las personas de buena voluntad. Estaría como estuvo en aquel entonces donde estén los valores del Reino de Dios, algunos de ellos son defendidos por la derecha, algunos por la izquierda, todos son valorados y defendidos por la gente que, más allá de las ideologías, ven en el próximo a un hermano, a otro yo.

 

“En una sociedad en vías de globalización, el bien común y el compromiso en su favor no pueden dejar de asumir las dimensiones de toda la familia humana, es decir, de la comunidad de los pueblos y naciones hasta el punto de poder dar forma de unidad y de paz a la ciudad de los hombres, y hacer de ella, en cierta manera, la prefiguración anticipada de la ciudad sin fronteras de Dios.” (Benedicto XVI)

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 23 de Octubre, 2009, 9:45, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Un NO a la codicia y ambición

(Lc 12,13-21): En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo». Él le respondió: «¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?». Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes».

 

Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios».

 

 

¿No es cuestión de tener más? Y si es posible, ¿mas y mejor que el vecino? ¿No es asunto lo de competir? Competitivo, es una de las actitudes que se reclaman en nuestra sociedad. Acostumbrados también a participar en premios donde la competición es la base fundamental para ganar, siempre gana el que mas puntos acumula, el que mas sabe, el que es mas fuerte, el que tiene mas de esto o de aquello.

 

La reflexión evangélica de hoy nos recuerda que la fama, la posición social, el poder son cosas temporales que aquí se realizan y aquí se quedan. Solo son herramientas para llegar al dintel de un estilo de vida nuevo, donde la solidaridad, la libertad y similares serán los valores más densos y fundamentales. “En tus manos muertas tendrás lo que diste con tus manos vivas”, dice un refrán conocido que puede ilustrarnos en esta enseñanza de hoy.

 

Es, justo, pues la codicia lo que no nos va a asegurar esa vida nueva y diferente, ni tampoco ese otro mundo nuevo por que el que muchos en el mundo suspiramos, deseamos y luchamos. No tiene sentido reservar cosas, dones, cualidades, si no es para compartir.

 

Es también San Basilio quien sabiamente nos recuerda: “Imita la tierra: como ella, da frutos y no te comportes de manera más mala que ella, la cual, sin embargo, está desprovista de alma. La tierra da su cosecha no para gozar de ella, sino para hacerte un servicio a ti.” Y continúa: “Así como el grano de trigo que cae en tierra aprovecha a aquel que lo ha sembrado, el pan dado al que tiene hambre será más tarde para ti un provecho mucho mayor”

 

Habitualmente condicionamos el amor. O somos intransigentes, exigiendo más de lo que damos. La sociedad nos presenta también muchas murallas que nos hacen difícil saltar desde nosotros mismos hacia los demás. Murallas sociales, políticas, ideológicas y hasta religiosas. Cuando nos creemos mejor, cuando somos prepotentes, cuando buscamos el primero yo y más tarde yo también. A veces jugamos muy livianamente a todo ello en la vida, sin tener en cuenta el dolor o sufrimiento que otros puedan estar padeciendo cuando hemos de tomar decisiones o prácticas en la vida donde lo único que cuenta es nuestra idea, o el acabar más rápido con el problema sin solucionarlo de raíz.

 

Y es que de la misma forma que si no nos queremos no podemos querer a los demás, tampoco podemos amarnos a nosotros mismos si no somos capaces día a día de apreciar y valorar al amigo, al hermano, al vecino, eliminando de nuestro hacer diario cualquier sombra de injusticia. Cerrando las puertas a la codicia, a la tiranía, a la ambición, vamos abriendo la vía de la solidaridad y el camino interior a otra nueva vida, a otro mundo nuevo diferente.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 19 de Octubre, 2009, 10:46, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Nada de eso entre nosotros

(Mc 10,35-45): En aquel tiempo, Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercan a Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos». Él les dijo: «¿Qué queréis que os conceda?». Ellos le respondieron: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda». Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?». Ellos le dijeron: «Sí, podemos». Jesús les dijo: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado».

Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: «Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

NADA DE ESO ENTRE NOSOTROS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 14/10/09.-  www.eclesalia.net Camino de Jerusalén, Jesús va advirtiendo a sus discípulos del destino doloroso que le espera a él y a los que sigan sus pasos. La inconsciencia de quienes lo acompañan es increíble. Todavía hoy se sigue repitiendo.

Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo, se separan del grupo y se acercan ellos solos a Jesús. No necesitan de los demás. Quieren hacerse con los puestos más privilegiados y ser los primeros en el proyecto de Jesús,tal como ellos lo imaginan. Su petición no es una súplica sino una ridícula ambición:«Queremos que hagas lo que te vamos a pedir». Quieren que Jesús los ponga por encima de los demás.

Jesús parece sorprendido. «No sabéis lo que pedís». No le han entendido nada. Con paciencia grande los invita a que se pregunten si son capaces de compartir su destino doloroso. Cuando se enteran de lo que ocurre, los otros diez discípulos se llenan de indignación contra Santiago y Juan. También ellos tienen las mismas aspiraciones. La ambición los divide y enfrenta. La búsqueda de honores y protagonismos interesados rompen siempre la comunión de la comunidad cristiana. También hoy. ¿Qué puede haber más contrario a Jesús y a su proyecto de servir a la liberación de las gentes?

El hecho es tan grave que Jesús «los reúne» para dejar claro cuál es la actitud que ha de caracterizar siempre a sus seguidores. Conocen sobradamente cómo actúan los romanos, «jefes de los pueblos» y «grandes » de la tierra: tiranizan a las gentes, las someten y hacen sentir a todos el peso de su poder. Pues bien, «vosotros nada de eso».

Entre sus seguidores, todo ha de ser diferente:«El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos». La grandeza no se mide por el poder que se tiene, el rango que se ocupa o los títulos que se ostentan. Quien ambiciona estas cosas, en la Iglesia de Jesús, no se hace más grande sino más insignificante y ridículo. En realidad, es un estorbo para promover el estilo de vida querido por el Crucificado. Le falta un rasgo básico para ser seguidor de Jesús.

En la Iglesia todos hemos de ser servidores. Nos hemos de colocar en la comunidad cristiana, no desde arriba, desde la superioridad, el poder o el protagonismo interesado, sino desde abajo, desde la disponibilidad, el servicio y la ayuda a los demás. Nuestro ejemplo es Jesús. No vivió nunca «para ser servido, sino para servir». Éste es el mejor y más admirable resumen de lo que fue él: SERVIR.

NADA DE ESO ENTRE NOSOTROS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 14/10/09.-  www.eclesalia.net Camino de Jerusalén, Jesús va advirtiendo a sus discípulos del destino doloroso que le espera a él y a los que sigan sus pasos. La inconsciencia de quienes lo acompañan es increíble. Todavía hoy se sigue repitiendo.

Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo, se separan del grupo y se acercan ellos solos a Jesús. No necesitan de los demás. Quieren hacerse con los puestos más privilegiados y ser los primeros en el proyecto de Jesús,tal como ellos lo imaginan. Su petición no es una súplica sino una ridícula ambición:«Queremos que hagas lo que te vamos a pedir». Quieren que Jesús los ponga por encima de los demás.

Jesús parece sorprendido. «No sabéis lo que pedís». No le han entendido nada. Con paciencia grande los invita a que se pregunten si son capaces de compartir su destino doloroso. Cuando se enteran de lo que ocurre, los otros diez discípulos se llenan de indignación contra Santiago y Juan. También ellos tienen las mismas aspiraciones. La ambición los divide y enfrenta. La búsqueda de honores y protagonismos interesados rompen siempre la comunión de la comunidad cristiana. También hoy. ¿Qué puede haber más contrario a Jesús y a su proyecto de servir a la liberación de las gentes?

El hecho es tan grave que Jesús «los reúne» para dejar claro cuál es la actitud que ha de caracterizar siempre a sus seguidores. Conocen sobradamente cómo actúan los romanos, «jefes de los pueblos» y «grandes » de la tierra: tiranizan a las gentes, las someten y hacen sentir a todos el peso de su poder. Pues bien, «vosotros nada de eso».

Entre sus seguidores, todo ha de ser diferente:«El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos». La grandeza no se mide por el poder que se tiene, el rango que se ocupa o los títulos que se ostentan. Quien ambiciona estas cosas, en la Iglesia de Jesús, no se hace más grande sino más insignificante y ridículo. En realidad, es un estorbo para promover el estilo de vida querido por el Crucificado. Le falta un rasgo básico para ser seguidor de Jesús.

En la Iglesia todos hemos de ser servidores. Nos hemos de colocar en la comunidad cristiana, no desde arriba, desde la superioridad, el poder o el protagonismo interesado, sino desde abajo, desde la disponibilidad, el servicio y la ayuda a los demás. Nuestro ejemplo es Jesús. No vivió nunca «para ser servido, sino para servir». Éste es el mejor y más admirable resumen de lo que fue él: SERVIR.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 17 de Octubre, 2009, 22:25, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Líbrense de la hipocresía

(Lc 12,1-7): En aquel tiempo, habiéndose reunido miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros, Jesús se puso a decir primeramente a sus discípulos: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse. Porque cuanto dijisteis en la oscuridad, será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones privadas, será proclamado desde los terrados. Os digo a vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése. ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos».

 

Simplicidad, sencillez, coherencia, búsqueda de lo esencial que está en el corazón son los llamados en los que en estos días nos incide el Evangelio, frente al aparentar, la hipocresía, la mentira, la falsedad y similares. Por eso lo importante no es el exterior, los que puedan matar el cuerpo, lo fundamental es lo que puedan destrozar nuestro interior y que nosotros los dejemos, sabiendo que, siendo como somos como los pajarillos, estamos en las manos de Dios. Tenemos un guía que nos conduce y nos orienta. Confiemos en El, en sus enseñanzas, en su Palabra, en una sabiduría que no va contra la propia naturaleza y sentido común de las cosas y de la vida.

 

Es uno de los grandes males de nuestro tiempo, y lo ha sido siempre: la hipocresía. De ella se han dicho cosas tales como : “No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto.”- Aristóteles- o tal es el daño que hace que se nos ha advertido: “Más vale un minuto de vida franca y sincera que cien años de hipocresía.” –Angel Gavinet-. Pensadores de todos los tiempos han incidido en el sentir de Jesús contra este mal que, según Moliére, “es el colmo de todas las maldades”. A pesar de que muchos la pueden usar hoy como una virtud o arma política, hemos de estar siempre a su acecho para denunciarla y no quedarnos saturados de su vicio, pues la llamada es para todos los tiempos: Guárdense de la levadura de los fariseos

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 16 de Octubre, 2009, 10:07, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Ser coherentes

 

 

(Lc 11,42-46): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!». Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!». Pero Él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!».

 

 

Es como un grito a la sinceridad, que coincide esencialmente en esforzarse para que lo externo nuestro esté de acuerdo con nuestro interior, nuestra manera de pensar y nuestro de exigir a los demás.

 

San Pablo dice: No me importa nada el ser juzgado injustamente por los demás; lo que me importa es que no me condene Dios. ni mi conciencia (1 Co.4, 3-4). Y en este mismo sentido, oraba K.Rahner: “Dios mío, ayúdame a no contentarme con creer que soy cristiano, sino haz que llegue a serlo de verdad”

 

En definitiva, como en días anteriores, es una llamada a la coherencia personal. A no vivir según las apariencias. En las cosas grandes y en las pequeñas. En la vida familiar y en nuestras relaciones con los vecinos. En el mundo laboral y en cada una de las relaciones sociales de nuestra vida.

 

Por otro lado es una llamada a no echarnos a nosotros mismos ni a los demás cargas insoportables, abrumándonos con exigencias que en si mismas son antinaturales. Lo que no es natural, lo que no va con el devenir de la naturaleza, no puede ser religioso ni evangélico.

 

Una advertencia a no ser juez de los demás, a evitar juzgar y condenar a otros, recordando la bondad y la tolerancia del Padre común. Tenemos para ello una receta que nos da el mismo Evangelio, cual es la corrección fraterna. Lo cual, sí que es una muestra de sencillez, de dar la cara, de coherencia interna que es, a nuestro juicio, el llamado evangélico de hoy

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 14 de Octubre, 2009, 10:07, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Sin prejuicios

Lc 11,37-41): En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros».

Jesús va por la vida sin prejuicios ni contra las personas (va a casa de un fariseo, cosa mal vista) ni a los ritos o costumbres que se hacen religiosas por encima del bien y del sentido común (no hace las abluciones antes de comer). Y es que normalmente nos fijamos más en el exterior que en el corazón, más en lo que la gente pueda opinar y comentar, desde sus criterios, que en nuestra propia coherencia interior o felicidad personal. Por eso nos grita, "el que hizo el exterior, hizo también el interior". Y les llama insensatos, porque realmente Jesús da mas importancia a lo que sale de dentro hacia fuera, es lo que mancha el corazón, que a lo que entra de fuera hacia dentro, normas y ritos.

A veces convertimos en valores lo políticamente correcto, lo socialmente aceptable, las normas de consumo vigentes, olvidándonos de que lo esencial es dar y darse, no importa dónde ni cómo. «De nada debe huir el hombre prudente tanto como de vivir según la opinión de los demás». Justo en estos días uno de nosotros asistía a un espectáculo contrario, una mamá rechazaba y se enfrentaba a las opciones de su hija por temor a lo que pudiera decir la gente, no importándole para nada la felicidad personal de su hija y el cariño y fortaleza a darle que es con lo que va a vivir el resto de su vida. Ella, con el cariño de la hija, esta con el cariño de la madre.

Por otro lado era Teresa de Calcuta quien, remedando al Maestro en el texto de hoy, decía  : «Dad limosna de lo de dentro y así lo tendréis limpio todo». Como diciéndonos también que el dinero no es lo único a dar, y que no podemos tranquilizar nuestra conciencia con un poco o mucho de dinero.  Y en la misma línea es San Pablo quien afirma: "Haciendo alarde de sabios se convirtieron en necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes que representan a hombres corruptibles, aves, cuadrúpedos y reptiles. Por eso, dejándolos abandonados a los deseos de su corazón, Dios los entregó a una impureza que deshonraba sus propios cuerpos, ya que han sustituido la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a las criaturas en lugar del Creador, que es bendito eternamente."

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 13 de Octubre, 2009, 10:00, Categoría: Comentarios al Evangelio
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En el día de la Virgen del Pilar

(Lc 11,29-32): En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente alrededor de Jesús, Él comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás».

 

Como si quisieran un certificado de entrada en el paraíso. Algo así puede pasar hoy también en nosotros y en nuestra sociedad. Y no habrá mas señal que la de Jonás, saber morir cada día al egoísmo, hipocresía y similares y volver a vivir a la verdad, la paz y el amor.

 

De lo que estamos seguros es que El quiere que todos consigamos la salud interior, que por El no va a faltar y que se necesita nuestra colaboración.

 

En este contexto hoy en muchos lugares, en España bajo la advocación de Ntra Sra del Pilar, recordamos a María, la madre de Jesús. Una vez mas llega Ella y se aproxima a nuestros entornos. No dice la tradición si Ella nos ha hablado y sus palabras nos han dado ánimo. En las múltiples tradiciones, leyendas o hitos que ha habido sobre su presencia en medio de la humanidad. Solo sabemos que el recuerdo de sus visitas, como en el pilar de Zaragoza en este caso, dejó consuelo, ánimo, ilusión, ganas de crecer la fe. Y hoy una vez mas la gente que se apiña a su lado, como ayer en Bilbao con la Begoña, intentan hacerse fuertes para seguir en la lucha de cada día en pro de esa salud interior que todos necesitamos y a la que llamamos salvación. Es bueno recordar en días como éstos que ella sigue acudiendo allí donde hay un hijo que está abatido, que siente la soledad, que teme al fracaso, …y el pilar es eso, el símbolo de la fuerza que se precisa

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 12 de Octubre, 2009, 9:49, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Una cosa nos falta

(Mc 10,17-30): En aquel tiempo, cuando Jesús se ponía en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre». Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud». Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme».

Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!». Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja que un rico entre en el Reino de Dios». Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios». Pedro se puso a decirle: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna».

 

UNA COSA NOS FALTA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 07/10/09.- www.eclesalia.net  El episodio está narrado con intensidad especial. Jesús se pone en camino hacia Jerusalén, pero antes de que se aleje de aquel lugar, llega "corriendo" un desconocido que "cae de rodillas" ante él para retenerlo. Necesita urgentemente a Jesús.

No es un enfermo que pide curación. No es un leproso que, desde el suelo, implora compasión. Su petición es de otro orden. Lo que él busca en aquel maestro bueno es luz para orientar su vida: «¿Qué haré para heredar la vida eterna?». No es una cuestión teórica, sino existencial. No habla en general; quiere saber qué ha de hacer él personalmente.

Antes que nada, Jesús le recuerda que «no hay nadie bueno más que Dios». Antes de plantearnos qué hay que "hacer", hemos de saber que vivimos ante un Dios

Bueno como nadie: en su bondad insondable hemos de apoyar nuestra vida. Luego, le recuerda «los mandamientos» de ese Dios Bueno. Según la tradición bíblica, ése es el camino para la vida eterna.

La respuesta del hombre es admirable. Todo eso lo ha cumplido desde pequeño, pero siente dentro de sí una aspiración más honda. Está buscando algo más. «Jesús se le queda mirando con cariño». Su mirada está ya expresando la relación personal e intensa que quiere establecer con él.

Jesús entiende muy bien su insatisfacción: «una cosa te falta». Siguiendo esa lógica de "hacer" lo mandado para "poseer" la vida eterna, aunque viva de manera intachable, no quedará plenamente satisfecho. En el ser humano hay una aspiración más profunda.

Por eso, Jesús le invita a orientar su vida desde una lógica nueva. Lo primero es no vivir agarrado a sus posesiones («vende lo que tienes»). Lo segundo, ayudar a los pobres («dales tu dinero»). Por último, «ven y sígueme». Los dos podrán recorrer juntos el camino hacia el reino de Dios (!).

El hombre se levanta y se aleja de Jesús. Olvida su mirada cariñosa y se va triste. Sabe que nunca podrá conocer la alegría y la libertad de quienes siguen a Jesús. Marcos nos explica que "era muy rico".

¿No es ésta nuestra experiencia de cristianos satisfechos de los países ricos? ¿No vivimos atrapados por el bienestar material? ¿No le falta a nuestra religión el amor práctico a los pobres? ¿No nos falta la alegría y libertad de los seguidores de Jesús

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 10 de Octubre, 2009, 20:32, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Somos de la misma familia

(Lc 11,27-28): En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, sucedió que una mujer de entre la gente alzó la voz, y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!». Pero Él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan»

 

Quiere mucho a su madre, la valora y la aprecia, sabe de su silencio, de su saber estar, de cumplir la voluntad del Padre, de escuchar las llamadas interiores, de su fidelidad… Sabe todo ello, y aunque no lo diga, la tiene como en un trono. Como todos los hijos con las suyas. Pero mas felices y dichosos los que en cada momento, ayer y hoy, siguen sabiendo escuchar y practicar la Palabra de Dios.

 

Jesús quiere que seamos dichosos, felices. No ha venido a traer el sufrimiento. Por eso valora también a su madre, no solo por haberlo traído al mundo, sino porque Ella fue una fiel cumplidora de la voluntad del Padre, aun cuando pudiera ir contra sus intereses personales, cual era el saberse desprender de su hijo, y animarle en la tarea tan difícil que le venía por delante y que acabaría con la Cruz.

 

Y nosotros escuchando y guardando la Palabra es como si lleváramos a Jesús en nuestro corazón y lo estuviéramos manifestando, dando a la luz en nuestra sociedad. Nos pareceríamos a su madre, a María. Si alguno escucha mi voz y abre su puerta, entraré y cenaré con el. Que esa cena la podamos celebrar día a día y podamos invitar cada vez a más gente. Y que la familia crezca.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 10 de Octubre, 2009, 10:37, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Por la unión

(Lc 11,15-26): En aquel tiempo, después de que Jesús hubo expulsado un demonio, algunos dijeron: «Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios». Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del  cielo.

Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.

»Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: ‘Me volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio».

 

Siempre andan buscando donde pillarle, poniéndole alguna zancadilla, intentando dividir a unos contra otros. ¿Nos resulta familiar este comportamiento en la sociedad actual que nos toca vivir? Por eso es necesario estar fuertes y bien armados. Y es cuestión de opciones personales positivas y salvadoras, los que nos dará motivación para seguir y para la constancia.

 

Seguir luchando contra el mal, eso es hoy expulsar demonios, y con los métodos que nos enseña el Evangelio. Entre otros contra males como la intolerancia o el fanatismo que es lo que divide grandemente a las sociedades y a las personas, creyéndonos a veces superiores o mejores que los otros. Sobre todo en el mundillo político que nos toca vivir vemos con frecuencia este tipo de comportamientos. Eso sí, sin manipular el Evangelio a nuestro favor intentando ponerlo de nuestra parte en posturas que pudieran ser partidistas, pues el mensaje del Nazareno no es causa de división, sino de ecumenismo práctico tanto religioso, como social o político. Lo contrario, sería tergiversarlo

 

“¡Día de tinieblas y oscuridad, día nublado y de sombríos nubarrones! Como la aurora que se extiende sobre las montañas, avanza un pueblo numeroso y fuerte como no lo hubo jamás, ni lo habrá después de él, hasta en las generaciones más lejanas”, advierte Joel que se ciernen sobre nuestra realidad. No viene de ahora esta situación. No será el final cuando lo estemos deseando. Nos toca seguir luchando por la unión, la igualdad y la fraternidad

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 9 de Octubre, 2009, 8:56, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Con esperanza

 

 

(Lc 11,5-13): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: ‘Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle’, y aquél, desde dentro, le responde: ‘No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos’, os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite.

 

»Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!».

 

Con confianza, sin desánimo, sin desalentarnos, permaneciendo constantes, con la confianza de saber que El sabe lo que nos viene bien y que es un buen padre preocupado por sus hijos, y a lo mejor parece que no responde hoy, y su respuesta la vemos visible en el momento menos esperado pero cuando más nos convenía. Nosotros como el amigo inoportuno. El como quien solo se preocupa en dar cosas buenas.

 

 

Por algo habrá hecho Jesús esta promesa, por algo nos ha confiado este secreto suyo. Busquen y hallarán. Eso sí, hay que ponerse en actitud de búsqueda confiada en el hallazgo. No puede ser cierto para nosotros lo que mucha gente dice en la calle de que el que se porta mal, tiene mejor suerte. La suerte en este caso es el trabajo confiado de cada día, sabiendo que El está de nuestra parte. Sentirse pobre y pedir lo que le falta. Además, dato curioso, en el ejemplo del texto de hoy el “inoportuno” no pide para si mismo, sino para un amigo. El ejemplo no está puesto al azar. Seguro que no.

 

Es, además, como una llamada a la esperanza. Nunca más necesaria que hoy, tanto a niveles personales, cada uno sabe lo que vive, sufre y le preocupa, sino también a nivel social y mundial en un momento en el que las culturas parece que siguen chocando, la guerra sigue aumentando sus víctimas cada día, el hambre no deja de estar presente, la crisis no parece tener una solución rápida, la violencia familiar rompe nuestros ojos cada día ante el telediario. En momentos así, pidan y se les dará, busquen y hallarán, es como si tomáramos de la mano a la esperanza y ella nos conduzca a confiar en que mas tarde o mas temprano triunfará la verdad y el bien, porque el Padre sabe lo que le conviene a sus hijos. Pero hay que buscar por el sitio adecuado, y no por el de la insolidaridad y la falta de respeto a los demás.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 8 de Octubre, 2009, 9:48, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Como en familia

(Lc 11,1-4): Sucedió que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos». Él les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación».

 

Jesús nos enseña que el trato con Dios en la oración debe ser como a un padre, como si en familia estuviéramos, con toda confianza, sin secretos.  En intimidad. Sin recelos, llamando a las cosas por su nombre, como a un buen padre, en un ambiente cordial y de sencillez, sin miramientos ni formalismos.

 

Por tanto no es una cosa exterior, sino que depende del interior de las personas. No son tanto ritos externos y formularios, sino algo que sale del corazón, y que se puede hacer tanto en la sala de estar como cuando se va caminando por la calle, acompañado de los padres que nos valoran y aceptan tal como somos.

 

Este clima puede crearnos una sensación interior de gozo y paz. Lógico. Es consecuencia de la oración.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 7 de Octubre, 2009, 9:27, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Donde hay amor, allí está Dios

(Lc 10,25-37): En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y dijo para poner a prueba a Jesús: «Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?». Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás».

Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?». Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: ‘Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva’. ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo».

 

Digamos que en esto se resumen todas las grandes doctrinas religiosas que circulan por nuestro mundo y que podría ser la fuente o el fundamento de un ecumenismo práctico en nuestras relaciones con personas de diferente creencia. Lo que nos une es que todos hemos recibido el mismo mensaje: Amar y honrar a Dios, amar y honrar al prójimo. Ningún mensaje religioso nos llama a la práctica de la injusticia o la desigualdad. Todos hablan de la solidaridad y la fraternidad, y el respeto mutuo.

 

Y es que la calidad de nuestras relaciones es el amor. El fundamento último de aquello que vivimos o creemos pasa por amar. La calidad de nuestras relaciones se fundamenta en el amor. Tal que podríamos decir cuando queremos saber si algo en nuestra sociedad, cualquier tipo de práctica es buena o no, es bueno, sería preguntarnos: ¿Hay amor ahí? Pues si hay amor allí está Dios. Lo dice también una de las cartas apostólicas “donde hay amor, allí está Dios”. A veces incluso podríamos vivir o realizar prácticas religiosas, que están establecidas normativamente, pero si no hay amor, allí no está Dios.

 

El Evangelio nos pone el ejemplo conocido del buen samaritano. Los que oficialmente eran religiosos no amaron. Quien no lo era de título, sí que amó y ese fue el mas religioso.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 5 de Octubre, 2009, 9:13, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Acogiendo a los pequeños

(Mc 10,2-16): En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: «¿Puede el marido repudiar a la mujer?». Él les respondió: «¿Qué os prescribió Moisés?». Ellos le dijeron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla». Jesús les dijo: «Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, Él los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre». Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él». Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.


ACOGER A LOS PEQUEÑOS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

www.eclesalia.net

 30/09/09.- El episodio parece insignificante. Sin embargo, encierra un trasfondo de gran importancia para los seguidores de Jesús. Según el relato de Marcos, algunos tratan de acercar a Jesús a unos niños y niñas que corretean por allí. Lo único que buscan es que aquel hombre de Dios los pueda tocar para comunicarles algo de su fuerza y de su vida. Al parecer, era una creencia popular.

Los discípulos se molestan y tratan de impedirlo. Pretenden levantar un cerco en torno a Jesús. Se atribuyen el poder de decidir quiénes pueden llegar hasta Jesús y quiénes no. Se interponen entre él y los más pequeños, frágiles y necesitados de aquella sociedad. En vez de facilitar su acceso a Jesús, lo obstaculizan.

Se han olvidado ya del gesto de Jesús que, unos días antes, ha puesto en el centro del grupo a un niño para que aprendan bien que son los pequeños los que han de ser el centro de atención y cuidado de sus discípulos. Se han olvidado de cómo lo ha abrazado delante de todos, invitándoles a acogerlos en su nombre y con su mismo cariño.

Jesús se indigna. Aquel comportamiento de sus discípulos es intolerable. Enfadado, les da dos órdenes: «Dejad que los niños se acerquen a mí. No se lo impidáis». ¿Quién les ha enseñado a actuar de una manera tan contraria a su Espíritu? Son, precisamente, los pequeños, débiles e indefensos, los primeros que han de tener abierto el acceso a Jesús.

La razón es muy profunda pues obedece a los designios del Padre: «De los que son como ellos es el reino de Dios». En el reino de Dios y en el grupo de Jesús, los que molestan no son los pequeños, sino los grandes y poderosos, los que quieren dominar y ser los primeros.

El centro de su comunidad no ha de estar ocupado por personas fuertes y poderosas que se imponen a los demás desde arriba. En su comunidad se necesitan hombres y mujeres que buscan el último lugar para acoger, servir, abrazar y bendecir a los más débiles y necesitados.

El reino de Dios no se difunde desde la imposición de los grandes sino desde la acogida y defensa a los pequeños. Donde éstos se convierten en el centro de atención y cuidado, ahí está llegando el reino de Dios, la sociedad humana que quiere el Padre

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 4 de Octubre, 2009, 9:08, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Como niños

Mateo 18,1-5.10.

 

En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle:

"¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?".

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos

y dijo: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no

entrarán en el Reino de los Cielos.

Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en

el Reino de los Cielos.

El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.

Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro

que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre

celestial.

 

 

Sus ángeles en el cielo están viendo siempre el rostro de Dios. Hoy, que celebramos el día de los Angeles Custodios, se nos pone delante la imagen de un niño , con todo lo que el niño lleva consigo de espontaneidad, de alegría, de compañía, de ternura, de sonrisa, de sentirse bien a su lado, de búsqueda de consuelo. Igual es que tenemos ángeles con nosotros, en la familia o entre los vecinos o en el parque que da a nuestra vivienda o cuando nos tropezamos con ellos en la calle, y miran hacia nosotros sonriéndonos, y no nos damos cuenta. Esos son los más grandes en el Reino, se nos dice.

 

Hacernos como niños puede que sea también ser ángeles custodios para los demás. Al menos saludando cuando entramos en un sitio o sonriendo cuando nos encontramos al vecino en la escalera.

 

Valentín Arteaga nos recuerda ese milagro de poder entenderlo cada uno, con el color de su alma en este día. En uno de sus textos que titula "Deseo" dice:

 

D E S E O

 

Sencillo quiero ser como Tú eres.

El alma tansparente como el día.

La voz sin falsear, y la mirada

profunda como el mar pero serena.

 

No herir, pero inquietar a cada humano

que acuda a preguntarme por tus señas.

Amar, amar, amar, darme a mí mismo

de balde cada día y sin respuesta.

 

Ser puente y no llegada, ser camino

que se anda y que se olvida, ser ventana

al campo de tus ojos y quererte.

 

Descanso quiero ser, vaso de vino

de Dios para los hombres cuando vengan

con polvo sobre el alma de buscarte.

 

 

Algo de todo ello es ser como niño, es ser ángel para los demás. Con ese deseo, reflexionemos hoy el texto evangélico del día, siendo puentes o caminos, pero no llegadas.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 2 de Octubre, 2009, 12:23, Categoría: Comentarios al Evangelio
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