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Agosto del 2009


Un buen programa, todavía vigente

Lucas 4,16-30.
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de
costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.
Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el
pasaje donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción.
El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la
liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los
oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la
sinagoga tenían los ojos fijos en él.
Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de
la
Escritura
que acaban de oír".
Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las
palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es este el hijo de
José?".
Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico,
cúrate a ti mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos
oído que sucedió en Cafarnaún".
Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su
tierra.
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías,
cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre
azotó a todo el país.
Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de
Sarepta, en el país de Sidón.
También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo,
pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio".
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron
y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado
de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de
despeñarlo.
Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

 

………………………………………….

Se siente enviado, trae una noticia buena, nada de tristezas ni angustias, nada de sufrimientos, es para los pobres, no para hacer ricos a los que ya tienen, sino para que todos sean iguales y fraternos, para que a nadie le falte lo necesario y posible, es para la libertad y para acabar con la opresión.

 

¿Conocemos hoy algún lugar en el mundo, algún país, algún espacio humano, algunos grupos de personas, seres en particular necesitados de que este mensaje se haga realidad en sus vidas?

 

Pues también somos enviados para ello. Aunque seamos los hijos de José o de Francisco, de María o de Antonia. No hace falta títulos honoríficos ni universitarios, solo la buena voluntad de caminar en la senda de un programa de paz y de libertad.

 

Para Jesús no fue nada fácil, pero El no pactó con las dificultades. Continuó con su camino, sin mirar hacia atrás

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 31 de Agosto, 2009, 10:18, Categoría: Comentarios al Evangelio
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No aferrarnos a tradiciones humanas

NO aferrarnos a tradiciones humanas
José Antonio Pagola

Domingo 22 del tiempo ordinario

Marcos 7.1-23

http://www.redescristianas.net/2009/08/27/domingo-30-de-agosto-22%c2%ba-del-tiempo-ordinario-no-aferrarnos-a-tradiciones-humanasjose-antonio-pagola/
No sabemos cuándo ni dónde ocurrió el enfrentamiento. Al evangelista solo le interesa evocar la atmósfera en la que se mueve Jesús, rodeado de maestros de la ley, observantes escrupulosos de las tradiciones, que se resisten ciegamente a la novedad que el Profeta del amor quiere introducir en sus vidas.
Los fariseos observan indignados que sus discípulos comen con manos impuras. No lo pueden tolerar:«¿ Por qué tus discípulos no siguen las tradiciones de los mayores ?».

Aunque hablan de los discípulos, el ataque va dirigido a Jesús. Tienen razón. Es Jesús el que está rompiendo esa obediencia ciega a las tradiciones al crear en torno suyo un “espacio de libertad” donde lo decisivo es el amor.

Aquel grupo de maestros religiosos no ha entendido nada del reino de Dios que Jesús les está anunciando. En su corazón no reina Dios. Sigue reinando la ley, las normas, los usos y las costumbres marcadas por las tradiciones. Para ellos lo importante es observar lo establecido por “los mayores”. No piensan en el bien de las personas. No les preocupa “buscar el reino de Dios y su justicia”.
El error es grave. Por eso, Jesús les responde con palabras duras: «Vosotros dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres ».

Los doctores hablan con veneración de “tradición de los mayores” y le atribuyen autoridad divina. Pero Jesús la califica de “tradición humana”. No hay que confundir jamás la voluntad de Dios con lo que es fruto de los hombres.

Sería también hoy un grave error que la Iglesia quedara prisionera de tradiciones humanas de nuestros antepasados, cuando todo nos está llamando a una conversión profunda a Jesucristo, nuestro único Maestro y Señor. Lo que nos ha de preocupar no es conservar intacto el pasado, sino hacer posible el nacimiento de una Iglesia y de unas comunidades cristianas capaces de reproducir con fidelidad el Evangelio y de actualizar el proyecto del reino de Dios en la sociedad contemporánea.


Nuestra responsabilidad primera no es repetir el pasado, sino hacer posible en nuestros días la acogida de Jesucristo, sin ocultarlo ni oscurecerlo con tradiciones humanas, por muy venerables que nos puedan parecer.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 29 de Agosto, 2009, 21:49, Categoría: Comentarios al Evangelio
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¿También Uds quieren marcharse?

 ¿También ustedes quieren marcharse?
José Antonio Pagola

Jn 6, 61-70
Leer con fe ¿A quién acudiremos?
Cuando los primeros discípulos de Jesús se convencieron de que Dios lo había resucitado desautorizando a cuantos lo habían condenado, tomaron conciencia de que en la vida y el mensaje y de Jesús se encerraba algo único, confirmado por el mismo Dios.
Entonces sucedió un hecho singular y desconocido en toda la literatura universal.

Los discípulos comenzaron a recoger las palabras que le habían escuchado a Jesús durante su vida terrestre, pero no como se recoge el testamento de un maestro muerto ya para siempre, sino como palabras de alguien que está vivo y sigue hablando ahora mismo a los que creen en él. Nació así un género literario nuevo y desconocido: los evangelios.

En las primeras comunidades cristianas se leía el evangelio no como palabras que dijo Jesús en otros tiempos en Galilea, sino como palabras que ahora mismo nos está diciendo el resucitado para iluminar nuestros problemas de hoy. Las escuchaban como palabras que son «espíritu y vida», «palabras de vida eterna», un mensaje que nos hace vivir en la verdad y nos da vida.

Un cristiano no confunde nunca el evangelio con ningún otro escrito. Cuan do se dispone a leer las palabras de Jesús sabe que no va a leer un libro, sino que va a escuchar a Cristo que le habla al corazón. El concilio Vaticano II quiso despertar de nuevo esta fe de los primeros cristianos proclamando solemnemente que «Cristo está presente en la Palabra pues es él mismo quien habla mientras se leen en la Iglesia las sagradas escrituras».

Hemos de aprender de nuevo el arte de leer los evangelios con esta fe. Aquel Jesús que, en Cafarnaum, le declaró a un paralítico: «Perdonados te son tus pecados. Vive siempre sostenido por la bondad y el perdón de Dios». Aquel Jesús que, a orillas del Tiberiades, llamó un día a Pedro con una sola palabra: «Sígueme», hoy, me está diciendo a mí: «Ten fe, no vivas perdido, sigue mis pasos».

Cuando los creyentes abrimos los evangelios, no estamos leyendo la biografía de un personaje difunto. No nos acercamos a Jesús como a algo acabado. Su vida no ha terminado con su muerte. Sus palabras no han quedado silenciadas para siempre. Jesús sigue vivo. Quien saber leer el Evangelio con fe, lo escucha en el fondo de su corazón. Nunca se sentirá sólo.

¿A QUIEN ACUDIREMOS?

Quien se acerca a Jesús tiene, con frecuencia, la impresión de encontrarse con alguien extrañamente actual y más presente a nuestros problemas de hoy que muchos de nuestros contemporáneos.

Hay gestos y palabras de Jesús que nos impactan todavía hoy porque tocan el nervio de nuestros problemas y preocupaciones más vitales.

Son gestos y palabras que se resisten al paso de los tiempos y al cambio de ideologías. Los siglos transcurridos no han amortiguado la fuerza y la vida que encierran, a poco que estemos atentos y abramos sinceramente nuestro corazón.

Sin embargo, son muchos los hombres y mujeres que no logran encontrarse con su evangelio. No han tenido nunca la suerte de escuchar con sencillez y directamente sus palabras. Su mensaje les ha llegado desfigurado por demasiadas capas de doctrinas, fórmulas, conceptualizaciones y discursos interesados.

A lo largo de veinte siglos es mucho el polvo que inevitablemente se ha ido acumulando sobre su persona, su actuación y su mensaje. Un cristianismo lleno de buenas intenciones y fervores venerables ha impedido, a veces, a muchos cristianos sencillos encontrarse con la frescura llena de vida de aquel que perdonaba a las prostitutas, abrazaba a los niños, lloraba con los amigos, contagiaba esperanza e invitaba a los hombres a vivir con la libertad y el amor de los hijos de Dios.

Cuántos hombres y mujeres han tenido que escuchar las disquisiciones de moralistas bien intencionados y las exposiciones de predicadores ilustrados, sin lograr encontrarse con El.

No nos ha de extrañar la interpelación de J. Onimus: «¿Por qué vas a ser tú propiedad privada de predicadores, doctores y de algunos eruditos, tú que has dicho cosas tan simples, tan directas, palabras que siguen siendo palabras de vida para todos los hombres?».

Sin duda, uno de los mayores servicios que podemos realizar en la Iglesia actual es poner la persona y el mensaje de Jesús al alcance de los hombres y mujeres de nuestros días. Ayudarles a abrirse camino hacia él. Acercarles a su mensaje.

Muchos cristianos que se han ido alejando estos años de la Iglesia, quizás, porque no siempre han encontrado en ella a Jesucristo, sentirían de nuevo aquello expresado un día por Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos».

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 22 de Agosto, 2009, 21:56, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Lo decisivo es tener hambre

 

Lo decisivo es tener hambre
José Antonio Pagola

http://www.redescristianas.net/2009/08/13/domingo-16-de-agosto-20%c2%ba-del-tiempo-ordinario-lo-decisivo-es-tener-hambrejose-antonio-pagola/

El evangelista Juan utiliza un lenguaje muy fuerte para insistir en la necesidad de alimentar la comunión con Jesucristo. Sólo así experimentaremos en nosotros su propia vida. Según él, es necesario comer a Jesús:« El que me come a mí, vivirá por mí».
El lenguaje adquiere un carácter todavía más agresivo cuando dice que hay que comer la carne de Jesús y beber su sangre.

El texto es rotundo.« Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él».
Este lenguaje ya no produce impacto alguno entre los cristianos. Habituados a escucharlo desde niños, tendemos a pensar en lo que venimos haciendo desde la primera comunión. Todos conocemos la doctrina aprendida en el catecismo: en el momento de comulgar, Cristo se hace presente en nosotros por la gracia del sacramento de la eucaristía.

Por desgracia, todo puede quedar más de una vez en doctrina pensada y aceptada piadosamente. Pero, con frecuencia, nos falta la experiencia de incorporar a Cristo a nuestra vida concreta. No sabemos cómo abrirnos a él para que nutra con su Espíritu nuestra vida y la vaya haciendo más humana y más evangélica.

Comer a Cristo es mucho más que adelantarnos distraidamente a cumplir el rito sacramental de recibir el pan consagrado. Comulgar con Cristo exige un acto de fe y apertura de especial intensidad, que se puede vivir sobre todo en el momento de la comunión sacramental, pero también en otras experiencias de contacto vital con Jesús.

Lo decisivo es tener hambre de Jesús. Buscar desde lo más profundo encontrarnos con él. Abrirnos a su verdad para que nos marque con su Espíritu y potencie lo mejor que hay en nosotros. Dejarle que ilumine y transforme las zonas de nuestra vida que están todavía sin evangelizar.

Entonces, alimentarnos de Jesús es volver a lo más genuino, lo más simple y más auténtico de su Evangelio; interiorizar sus actitudes más básicas y esenciales; encender en nosotros el instinto de vivir como él; despertar nuestra conciencia de discípulos y seguidores para hacer de él el centro de nuestra vida. Sin cristianos que se alimenten de Jesús, la Iglesia languidece sin remedio.

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Despierta el hambre de Jesús. Pásalo
Juan 6, 51-58

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 16 de Agosto, 2009, 14:47, Categoría: Comentarios al Evangelio
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En la fiesta de la Asunción

A MIS HERMANAS Y HERMANOS

EN LA FIESTA DE LA ASUNCIÓN

http://www.feadulta.com/ventana-asuncion-emma-mtnez.htm

Hoy día en que la Iglesia celebra mi triunfo definitivo, mi vivir ya en Dios para siempre y de un modo pleno, quiero dirigirme a vosotros para deciros algo de lo que significa esta fiesta.

Es una Buena Noticia para toda la comunidad cristiana y de un modo especial para nosotras las mujeres que, a raíz de la definición de este dogma, se habla de mí de una manera unificada (en cuerpo y alma). Esta fiesta celebra que todo mi ser ha sido acogido en el seno de Dios Madre-Padre.

¿Por qué es una buena noticia? Porque durante muchos siglos, en el pasado y hay quien aún están ahí, el cuerpo, especialmente el cuerpo de nosotras las mujeres, ha sido denigrado como algo malo, “peligroso”, “tentador”…algo que había que castigar, someter, dominar.

Hoy gracias a un progresivo abandono del dualismo imperante, se va reconociendo que no tenemos un cuerpo sino que somos un cuerpo. Un cuerpo físico, un cuerpo psíquico, un cuerpo energético, un cuerpo relacional, un cuerpo espiritual…

Por eso me alegra mucho ver, en este día, a toda la Iglesia, celebrando que yo, como símbolo de lo que os espera a tod@s, soy abrazada en mi totalidad personal, sin que nada sea rechazable, ni recusable.

Es ésta una fiesta humana y divina. En ella celebramos la fidelidad de Dios que nunca abandona lo que ha creado (personas, animales, plantas, tierra, cosmos), todo al final lo recapitulará y abrazará en y por Cristo, su Hijo primogénito, el amado.

Y es también una fiesta nuestra, de los seres humanos, de la creación entera, en ella se nos anuncia, en mi persona, que la última palabra sobre nuestro ser, y sobre toda la creación es Vida Plena, Vida en Dios. Se proclama, en esta fiesta, que el amor es más fuerte que la muerte. Que como dice bellamente el cantar de los cantares:

            "las aguas torrenciales

            no podrán apagar el amor,

            ni anegarlo los ríos" (C.C. 8,7a)

Por eso hoy ¡alegraos conmigo! y desde ya vivid como personas unificadas, como cuerpos espirituales porque ésta es nuestra vocación humana y divina: ser transparencia, en el cuerpo que somos, del Dios amor en esta Historia nuestra que tanto ama.

Emma Martínez Ocaña 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 15 de Agosto, 2009, 9:18, Categoría: Reflexiones creyentes
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San Lorenzo y los tesoros de la Iglesia

Hoy es día de San Lorenzo. Fue quemado en la hoguera, tres días después de su obispo. Le pidieron llevara con él los tesoros de la Iglesia, y se presentó seguido de un grupo de pobres. Los verdaderos tesoros que los cristianos hemos de cultivar para que trabajando por ellos dejen de serlo, siguiendo aquello del Maestro: Lo que hagan por uno de éstos, por Mí lo están haciendo.

 

“Como dice la Escritura: el justo ha prodigado sus bienes: dio a los pobres y su justicia permanece eternamente”. Siempre hemos dicho y escuchado que de lo que se siembra se recoge. Las semillas de generosidad son las que prenderán un fuego que salte a la vida para siempre. Y de ello nos da ejemplo el hombre a quien hoy recordamos, como seguidor del Evangelio. No tuvo apego a su vida, e hizo del seguimiento del mensaje evangélico su vida y su tesón. Por eso ha sido honrado por Dios.

 

Nosotros muriendo a nosotros mismos daremos también fruto. Y morimos creando vida a nuestro lado, haciendo las cosas que tenemos que hacer cada día, no buscando excusas para demorarnos en nuestras tareas, sean las que fueren y del tipo que sea. Por eso dado que tenemos el privilegio de haber sido llamados y elegidos, no podemos quedarnos en los tropiezos que la vida nos pone delante, sino que hemos de saber levantarnos en todo momento. Sabiendo corregir el camino, rectificando no solo los errores personales sino también los de nuestra sociedad, proponiéndonos el cambio personal y el cambio social. Y siempre con los ojos levantados hacia el horizonte que es la altura mas cercana de donde nos viene la fuerza y como podemos elevar nuestro espíritu, dado que siempre vamos a seguir teniendo la oportunidad de hacer algo en la vida para que los pobres dejen de serlo, para que nuestra ayuda, colaboración en ello no falte. Como han hecho otros delante de nosotros, entre ellos Lorenzo, a quien hoy, 10 de agosto, recordamos

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 10 de Agosto, 2009, 10:47, Categoría: Reflexiones creyentes
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Atracción por Jesús

Jn 6, 41-51

ATRACCIÓN POR JESÚS

http://www.feadulta.com/Ev-jn-06-41-51-Pag-B.htm

El evangelista Juan repite una y otra vez expresiones e imágenes de gran fuerza para grabar bien en las comunidades cristianas que han de acercarse a Jesús para descubrir en él una fuente de vida nueva. Un principio vital que no es comparable con nada que hayan podido conocer con anterioridad.

Jesús es «pan bajado del cielo». No ha de ser confundido con cualquier fuente de vida. En Jesucristo podemos alimentarnos de una fuerza, una luz, una esperanza, un aliento vital... que vienen del misterio mismo de Dios, el Creador de la vida. Jesús es «el pan de la vida».

      

Por eso, precisamente, no es posible encontrarse con él de cualquier manera. Hemos de ir a lo más hondo de nosotros mismos, abrirnos a Dios y «escuchar lo que nos dice el Padre». Nadie puede sentir verdadera atracción por Jesús, «si no lo atrae el Padre que lo ha enviado».

Lo más atractivo de Jesús es su capacidad de dar vida. El que cree en Jesucristo y sabe entrar en contacto con él, conoce una vida diferente, de calidad nueva, una vida que, de alguna manera, pertenece ya al mundo de Dios. Juan se atreve a decir que «el que coma de este pan, vivirá para siempre».

Si, en nuestras comunidades cristianas, no nos alimentamos del contacto con Jesús, seguiremos ignorando lo más esencial y decisivo del cristianismo. Por eso, nada hay pastoralmente más urgente que cuidar bien nuestra relación con Jesús el Cristo.

Si, en la Iglesia, no nos sentimos atraídos por ese Dios encarnado en un hombre tan humano, cercano y cordial, nadie nos sacará del estado de mediocridad en que vivimos sumidos de ordinario. Nadie nos estimulará para ir más lejos que lo establecido por nuestras instituciones. Nadie nos alentará para ir más adelante que lo que nos marcan nuestras tradiciones.

Si Jesús no nos alimenta con su Espíritu de creatividad, seguiremos atrapados en el pasado, viviendo nuestra religión desde formas, concepciones y sensibilidades nacidas y desarrolladas en otras épocas y para otros tiempos que no son los nuestros. Pero, entonces, Jesús no podrá contar con nuestra cooperación para engendrar y alimentar la fe en el corazón de los hombres y mujeres de hoy.

      

José Antonio Pagola

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 9 de Agosto, 2009, 13:45, Categoría: Comentarios al Evangelio
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El corazón del cristianismo

Juan 6, 24-35
EL CORAZÓN DEL CRISTIANISMO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

www.eclesalia.net 29/07/09.- La gente necesita a Jesús y lo busca. Hay algo en él que los atrae, pero todavía no saben exactamente por qué lo buscan ni para qué. Según el evangelista, muchos lo hacen porque el día anterior les ha distribuido pan para saciar su hambre.

Jesús comienza a conversar con ellos. Hay cosas que conviene aclarar desde el principio. El pan material es muy importante. Él mismo les ha enseñado a pedir a Dios «el pan de cada día» para todos. Pero el ser humano necesita algo más. Jesús quiere ofrecerles un alimento que puede saciar para siempre su hambre de vida.

La gente intuye que Jesús les está abriendo un horizonte nuevo, pero no saben qué hacer, ni por dónde empezar. El evangelista resume sus interrogantes con estas palabras: «y ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?». Hay en ellos un deseo sincero de acertar. Quieren trabajar en lo que Dios quiere, pero, acostumbrados a pensarlo todo desde la Ley, preguntan a Jesús qué obras, prácticas y observancias nuevas tienen que tener en cuenta.

La respuesta de Jesús toca el corazón del cristianismo: «la obra (¡en singular!) que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado». Dios sólo quiere que crean en Jesucristo pues es el gran regalo que él ha enviado al mundo. Ésta es la nueva exigencia. En esto han de trabajar. Lo demás es secundario.

Después de veinte siglos de cristianismo, ¿no necesitamos descubrir de nuevo que toda la fuerza y la originalidad de la Iglesia está en creer en Jesucristo y seguirlo? ¿No necesitamos pasar de la actitud de adeptos de una religión de "creencias" y de "prácticas" a vivir como discípulos de Jesús?

La fe cristiana no consiste primordialmente en ir cumpliendo correctamente un código de prácticas y observancias nuevas, superiores a las del antiguo testamento. No. La identidad cristiana está en aprender a vivir un estilo de vida que nace de la relación viva y confiada en Jesús el Cristo. Nos vamos haciendo cristianos en la medida en que aprendemos a pensar, sentir, amar, trabajar, sufrir y vivir como Jesús.

Ser cristiano exige hoy una experiencia de Jesús y una identificación con su proyecto que no se requería hace unos años para ser un buen practicante. Para subsistir en medio de la sociedad laica, las comunidades cristianas necesitan cuidar más que nunca la adhesión y el contacto vital con Jesús el Cristo.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 2 de Agosto, 2009, 13:54, Categoría: Comentarios al Evangelio
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