Buscando la luz
Reflexiones creyentes


Inicio
Enviar artículo

Acerca de
Suscríbete al blog

Categorías
General [4] Sindicar categoría
Comentarios al Evangelio [747] Sindicar categoría
Reflexiones creyentes [42] Sindicar categoría
Testimonios [6] Sindicar categoría
Textos [8] Sindicar categoría

Archivos
Mayo 2010 [5]
Abril 2010 [5]
Marzo 2010 [7]
Febrero 2010 [6]
Enero 2010 [16]
Diciembre 2009 [22]
Noviembre 2009 [19]
Octubre 2009 [19]
Septiembre 2009 [6]
Agosto 2009 [8]
Julio 2009 [4]
Junio 2009 [15]
Mayo 2009 [20]
Abril 2009 [25]
Marzo 2009 [24]
Febrero 2009 [22]
Enero 2009 [24]
Diciembre 2008 [27]
Noviembre 2008 [24]
Octubre 2008 [26]
Septiembre 2008 [17]
Agosto 2008 [24]
Julio 2008 [23]
Junio 2008 [30]
Mayo 2008 [30]
Abril 2008 [30]
Marzo 2008 [31]
Febrero 2008 [29]
Enero 2008 [31]
Diciembre 2007 [31]
Noviembre 2007 [29]
Octubre 2007 [31]
Septiembre 2007 [25]
Agosto 2007 [20]
Julio 2007 [30]
Junio 2007 [31]
Mayo 2007 [29]
Abril 2007 [12]

Sindicación (RSS)
Artículos
Comentarios

 


Junio del 2009


Sálvanos, que tenemos miedo

Mt 8,23-27):   En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». Díceles: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?». Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?».

 

La barca estaba agitada, las olas la movían de un sitio para otro. Era lógico el miedo. La tormenta en el mar debe ser un drama que, para los que lo viven, va de aumento en aumento. Cada minuto se hace una hora, cada segundo un minuto. En otro tiempo los discípulos de Jesús mientras pescaban. Hoy, en tiempo presente, miles de personas cada año abandonan su hogar en busca de un trabajo digno, de una vida con comida, de un lugar con techo, y después de largas caminatas por los desiertos, como también Jesús un día, atraviesan el mar en lanchas, pateras o cayucos, como queramos llamarle, sin condiciones físicas ni psíquicas. Hoy traemos aquí su grito desesperado: Señor, sálvanos que perecemos.

 

Traemos también nuestros gritos y miedos: el miedo de no tener trabajo, de que el dinero no nos llegue a final de mes, de los amigos y familiares que han tenido que ausentarse en busca de algo mejor, el miedo de nuestros egoísmos y el de los demás que impiden desarrollarnos, el miedo de las guerras e injusticias, el miedo de nuestra superficialidad, el miedo a nosotros mismos, y, sobre todo, traemos también el miedo que nosotros, personalmente, nuestras comunidades, la propia Iglesia, tiene o puede tener al Evangelio, a su desarrollo entre nosotros, a vivir las bienaventuranzas, a practicar sus valores que nos llevarían a amar sin medida y sin esperar nada a cambio.

 

Nuestros miedos, sí, pero también los miedos de los que físicamente atraviesan las tormentas del amor se convierte hoy en grito: Sálvanos, Señor, que perecemos, con la confianza de quedarnos maravillados pues los vientos y el mar le siguen obedeciendo. Eso sí, hay vientos que para que dejen de soplar con fuerza, necesitan de nuestra entereza y firmeza, y, sobre todo, de nuestra fidelidad.

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 30 de Junio, 2009, 11:07, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Heridas secretas

Mc 5,21-43):  En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva». Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?». Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’». Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?». Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe». Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate». La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.

 

HERIDAS SECRETAS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 24/06/09.-( www.eclesalia.net) No conocemos su nombre. Es una mujer insignificante, perdida en medio del gentío que sigue a Jesús. No se atreve a hablar con él como Jairo, el jefe de la sinagoga, que ha conseguido que Jesús se dirija hacia su casa. Ella no podrá tener nunca esa suerte.

Nadie sabe que es una mujer marcada por una enfermedad secreta. Los maestros de la Ley le han enseñado a mirarse como una mujer «impura», mientras tenga pérdidas de sangre. Se pasado muchos años buscando un curador, pero nadie ha logrado sanarla. ¿Dónde podrá encontrar la salud que necesita para vivir con dignidad?

Muchas personas viven entre nosotros experiencias parecidas. Humilladas por heridas secretas que nadie conoce, sin fuerzas para confiar a alguien su «enfermedad», buscan ayuda, paz y consuelo sin saber dónde encontrarlos. Se sienten culpables cuando muchas veces solo son víctimas.

Personas buenas que se sienten indignas de acercarse a recibir a Cristo en la comunión; cristianos piadosos que han vivido sufriendo de manera insana porque se les enseñó a ver como sucio, humillante y pecaminoso todo lo relacionado con el sexo; creyentes que, al final de su vida, no saben cómo romper la cadena de confesiones y comuniones supuestamente sacrílegas... ¿No podrán conocer nunca la paz?

Según el relato, la mujer enferma «oye hablar de Jesús» e intuye que está ante alguien que puede arrancar la «impureza» de su cuerpo y de su vida entera. Jesús no habla de dignidad o indignidad. Su mensaje habla de amor. Su persona irradia fuerza curadora.

La mujer busca su propio camino para encontrarse con Jesús. No se siente con fuerzas para mirarle a los ojos: se acercará por detrás. Le da vergüenza hablarle de su enfermedad: actuará calladamente. No puede tocarlo físicamente: le tocará solo el manto. No importa. No importa nada. Para sentirse limpia basta esa confianza grande en Jesús.

Lo dice él mismo. Esta mujer no se ha de avergonzar ante nadie. Lo que ha hecho no es malo. Es un gesto de fe. Jesús tiene sus caminos para curar heridas secretas, y decir a quienes lo buscan: «Hija, hijo, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud».

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 28 de Junio, 2009, 8:54, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Denunciar con coherencia

(Mt 5,38-42):   En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: ‘Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano».

 

No se trata de que callemos ante el mal, de que no denunciemos la injusticia, de que no actuemos contra las acciones egoístas que buscan los intereses de unos pocos descuidando los de la colectividad. Se trata de que a la hora de intentar cambiar o corregir lo que hay en nuestro entorno, comencemos por nosotros mismos o lo hagamos a la par. Se trata de no ser hipócritas, de no aparentar, de evitar falsedades con nosotros mismos.

 

Hace poco leía que:”Cada minuto mueren peces por nuestra contaminación. Cada minuto un árbol es derribado por nuestras propias manos. Cada minuto desaparece un ejemplar animal por nuestra arrogancia. Cada minuto el aire es contaminado por nosotros mismos. Cada minuto el agua se hace menos potable. Cada minuto el planeta se deteriora y va muriendo a causa nuestra.” Con lo cual podemos deducir que nosotros mismos somos algo dañinos para nuestro planeta. Podemos denunciar esta situación y exigir de los que nos gobiernan acciones que favorezcan la sostenibilidad del medio ambiente, que hoy se dice. Pero si al mismo tiempo nosotros no somos capaces de reciclar la basura, o tiramos papeles a la calle, o dejamos bolsas semiperdidas porque son una carga para nosotros en el asiento del autobús, algo de hipocresía hay en nuestra vida.

 

Y, sobre todo, es una llamada para intentar comprender a las personas, escucharlas, conocerlas mejor, saber lo que les motiva antes de emitir juicios superficiales y, sobre todo, condenatorios.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 25 de Junio, 2009, 9:56, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Comentarios 1 | Referencias (0)

¿Por qué somos tan cobardes?

(Mc 4,35-41):  Un día, al atardecer, Jesús dijo a los discípulos: «Pasemos a la otra orilla». Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con Él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!». El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?». Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?».

 

 

¿POR QUÉ SOMOS TAN COBARDES?

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

www.eclesalia.net  17/06/09.- «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?». Estas dos preguntas que Jesús dirige a sus discípulos no son, para el evangelista Marcos, una anécdota del pasado. Son las preguntas que han de escuchar los seguidores de Jesús en medio de sus crisis. Las preguntas que nos hemos de hacer también hoy: ¿Dónde está la raíz de nuestra cobardía? ¿Por qué tenemos miedo ante el futuro? ¿Es porque nos falta fe en Jesucristo?

El relato es breve. Todo comienza con una orden de Jesús: «Vamos a la otra orilla ». Los discípulos saben que en la otra orilla del lago Tiberíades está el territorio pagano de la Decápolis. Un país diferente y extraño. Una cultura hostil a su religión y creencias.

De pronto se levanta una fuerte tempestad, metáfora gráfica de lo que sucede en el grupo de discípulos. El viento huracanado, las olas que rompen contra la barca, el agua que comienza a invadirlo todo, expresan bien la situación: ¿Qué podrán los seguidores de Jesús ante la hostilidad del mundo pagano? No sólo está en peligro su misión, sino incluso la supervivencia misma del grupo.

Despertado por sus discípulos, Jesús interviene, el viento cesa y sobre el lago viene una gran calma. Lo sorprendente es que los discípulos «se quedan espantados».

Antes tenían miedo a la tempestad. Ahora parecen temer a Jesús. Sin embargo, algo decisivo se ha producido en ellos: han recurrido a Jesús; han podido experimentar en él una fuerza salvadora que no conocían; comienzan a preguntarse por su identidad. Comienzan a intuir que con él todo es posible.

El cristianismo se encuentra hoy en medio de una «fuerte tempestad» y el miedo comienza a apoderarse de nosotros. No nos atrevemos a pasar a «a otra orilla».

La cultura moderna nos resulta un país extraño y hostil. El futuro nos da miedo. La creatividad parece prohibida. Algunos creen más seguro mirar hacia atrás para mejor ir adelante.

Jesús nos puede sorprender a todos. El Resucitado tiene fuerza para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Solo se nos pide fe. Una fe que nos libere de tanto miedo y cobardía, y nos comprometa a caminar tras las huellas de Jesús.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 21 de Junio, 2009, 9:35, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

¿Por qué somos tan cobardes?

(Mc 4,35-41):  Un día, al atardecer, Jesús dijo a los discípulos: «Pasemos a la otra orilla». Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con Él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!». El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?». Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?».

 

 

¿POR QUÉ SOMOS TAN COBARDES?

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

www.eclesalia.net  17/06/09.- «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?». Estas dos preguntas que Jesús dirige a sus discípulos no son, para el evangelista Marcos, una anécdota del pasado. Son las preguntas que han de escuchar los seguidores de Jesús en medio de sus crisis. Las preguntas que nos hemos de hacer también hoy: ¿Dónde está la raíz de nuestra cobardía? ¿Por qué tenemos miedo ante el futuro? ¿Es porque nos falta fe en Jesucristo?

El relato es breve. Todo comienza con una orden de Jesús: «Vamos a la otra orilla ». Los discípulos saben que en la otra orilla del lago Tiberíades está el territorio pagano de la Decápolis. Un país diferente y extraño. Una cultura hostil a su religión y creencias.

De pronto se levanta una fuerte tempestad, metáfora gráfica de lo que sucede en el grupo de discípulos. El viento huracanado, las olas que rompen contra la barca, el agua que comienza a invadirlo todo, expresan bien la situación: ¿Qué podrán los seguidores de Jesús ante la hostilidad del mundo pagano? No sólo está en peligro su misión, sino incluso la supervivencia misma del grupo.

Despertado por sus discípulos, Jesús interviene, el viento cesa y sobre el lago viene una gran calma. Lo sorprendente es que los discípulos «se quedan espantados».

Antes tenían miedo a la tempestad. Ahora parecen temer a Jesús. Sin embargo, algo decisivo se ha producido en ellos: han recurrido a Jesús; han podido experimentar en él una fuerza salvadora que no conocían; comienzan a preguntarse por su identidad. Comienzan a intuir que con él todo es posible.

El cristianismo se encuentra hoy en medio de una «fuerte tempestad» y el miedo comienza a apoderarse de nosotros. No nos atrevemos a pasar a «a otra orilla».

La cultura moderna nos resulta un país extraño y hostil. El futuro nos da miedo. La creatividad parece prohibida. Algunos creen más seguro mirar hacia atrás para mejor ir adelante.

Jesús nos puede sorprender a todos. El Resucitado tiene fuerza para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Solo se nos pide fe. Una fe que nos libere de tanto miedo y cobardía, y nos comprometa a caminar tras las huellas de Jesús.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 21 de Junio, 2009, 9:35, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

¿Por qué somos tan cobardes?

(Mc 4,35-41):  Un día, al atardecer, Jesús dijo a los discípulos: «Pasemos a la otra orilla». Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con Él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!». El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?». Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?».

 

 

¿POR QUÉ SOMOS TAN COBARDES?

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

www.eclesalia.net  17/06/09.- «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?». Estas dos preguntas que Jesús dirige a sus discípulos no son, para el evangelista Marcos, una anécdota del pasado. Son las preguntas que han de escuchar los seguidores de Jesús en medio de sus crisis. Las preguntas que nos hemos de hacer también hoy: ¿Dónde está la raíz de nuestra cobardía? ¿Por qué tenemos miedo ante el futuro? ¿Es porque nos falta fe en Jesucristo?

El relato es breve. Todo comienza con una orden de Jesús: «Vamos a la otra orilla ». Los discípulos saben que en la otra orilla del lago Tiberíades está el territorio pagano de la Decápolis. Un país diferente y extraño. Una cultura hostil a su religión y creencias.

De pronto se levanta una fuerte tempestad, metáfora gráfica de lo que sucede en el grupo de discípulos. El viento huracanado, las olas que rompen contra la barca, el agua que comienza a invadirlo todo, expresan bien la situación: ¿Qué podrán los seguidores de Jesús ante la hostilidad del mundo pagano? No sólo está en peligro su misión, sino incluso la supervivencia misma del grupo.

Despertado por sus discípulos, Jesús interviene, el viento cesa y sobre el lago viene una gran calma. Lo sorprendente es que los discípulos «se quedan espantados».

Antes tenían miedo a la tempestad. Ahora parecen temer a Jesús. Sin embargo, algo decisivo se ha producido en ellos: han recurrido a Jesús; han podido experimentar en él una fuerza salvadora que no conocían; comienzan a preguntarse por su identidad. Comienzan a intuir que con él todo es posible.

El cristianismo se encuentra hoy en medio de una «fuerte tempestad» y el miedo comienza a apoderarse de nosotros. No nos atrevemos a pasar a «a otra orilla».

La cultura moderna nos resulta un país extraño y hostil. El futuro nos da miedo. La creatividad parece prohibida. Algunos creen más seguro mirar hacia atrás para mejor ir adelante.

Jesús nos puede sorprender a todos. El Resucitado tiene fuerza para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Solo se nos pide fe. Una fe que nos libere de tanto miedo y cobardía, y nos comprometa a caminar tras las huellas de Jesús.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 21 de Junio, 2009, 9:30, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

La rectitud de intención

 

(Mt 6,1-6.16-18):   En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

 

»Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».

 

Aparentar, lucirnos, parecer mejor que el vecino, tener más que el otro, afán de competición y cosas similares son valores - ¿valores?- muy al uso en nuestra sociedad actual. Jesús, el Maestro, nos habla, sin embargo, de la rectitud de intención. Las cosas hay que hacerlas porque nos salen de dentro, del corazón, sin estar buscando recompensa. Desde la motivación interior: hacer el bien, vivir en la generosidad, no hacer de nuestra vida propia el círculo de todo.

 

Es vivir de alguna forma tanto a nivel personal como eclesial y social el sueño de que otras personas somos posibles, otras comunidades son posibles, otro mundo es posible, donde lo que nace de la recta intención y de la limpieza de corazón es lo que realmente ilumina el mundo.

 

En palabras de Pedro Casaldáliga,  (http://www.redescristianas.net/2009/06/16/el-cardenal-martini-y-millones-de-personas-en-la-iglesia-sonamos-con-la-%c2%abotra-iglesia-posible%c2%bb-al-servicio-del-%c2%abotro-mundo-posible%c2%bbpedro-casaldaliga-obispo-circular-2009/)  hoy prelado jubilado y compañero del Parkinson, como él mismo se dice “hoy, nosotros, en la convulsa coyuntura actual, profesamos la vigencia de muchos sueños, sociales, políticos, eclesiales, a los que de ningún modo podemos renunciar. Seguimos rechazando el capitalismo neoliberal, el neoimperialismo del dinero y de las armas, una economía de mercado y de consumismo que sepulta en la pobreza y en el hambre a una grande mayoría de la Humanidad. Y seguiremos rechazando toda discriminación por motivos de género, de cultura, de raza. Exigimos la transformación sustancial de los organismos mundiales (ONU, FMI, Banco Mundial, OMC…).

…como Iglesia queremos vivir, a la luz del Evangelio, la pasión obsesiva de Jesús, el Reino. Queremos ser Iglesia de la opción por los pobres, comunidad ecuménica y macroecuménica también. El Dios en quien creemos, el Abbá de Jesús, no puede ser de ningún modo causa de fundamentalismos, de exclusiones, de inclusiones absorbentes, de orgullo proselitista. Ya basta con hacer de nuestro Dios el único Dios verdadero. «Mi Dios, ¿me deja ver a Dios?>...

…exigiremos, corrigiendo siglos de discriminación, la plena igualdad de la mujer en la vida y en los ministerios de la Iglesia. Estimularemos la libertad y el servicio reconocido de nuestros teólogos y teólogas. La Iglesia será una red de comunidades orantes, servidoras, proféticas, testigos de la Buena Nueva: una Buena Nueva de vida, de libertad, de comunión feliz. Una Buena Nueva de misericordia, de acogida, de perdón, de ternura, samaritana a la vera de todos los caminos de la Humanidad.

Seguiremos haciendo que se viva en la práctica eclesial la advertencia de Jesús: «No será así entre vosotros» (Mt 21,26). Sea la autoridad servicio..., ….La Iglesia se comprometerá, sin miedo, sin evasiones, en las grandes causas de la justicia y de la paz, de los derechos humanos y de la igualdad reconocida de todos los pueblos. Será profecía de anuncio, de denuncia, de consolación.

…leí hace unos días esta definición: «La vejez es una especie de posguerra»; no necesariamente de claudicación.

El Parkinson es sólo un percance del camino y seguimos Reino adentro.”

Y seguimos todos, con testimonios como éste, viviendo en la rectitud de intención, donde la única apariencia externa es la demostración, con nuestros hechos, de la práctica del amor y de la solidaridad.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 18 de Junio, 2009, 12:10, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

La maldad consciente

(Mt 5,43-48):   En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».

 

Eso, ser perfectos. Nada sencillo. Y la medida de la perfección se pone en el trato a los enemigos. Nos recomienda que les amemos y tengamos en cuenta para ellos también el desborde del bien. Dicen que no es lo mismo no desearles mal que amarles. Que lo segundo implica una carga más positiva hacia las personas. Nosotros nos solemos contentar con lo primero. Aunque en ocasiones pensamos que si bien no deseamos mal al que nos ha hecho daño, al menos que se dé cuenta por experiencia vital de lo que es lo que ha generado. Pero nos insiste en amar a los enemigos.

 

Quizá estas expresiones o reflexiones de Luis Alemán nos pueden sacar de la duda anterior y ofrecernos un criterio de discernimiento:

“Si ofendes u olvidas a tu hermano

no te hagas la ilusión de creerte cristiano.

El pecado no es infringir una ley.

 

El pecado. Es decir: no la imperfección, no el mal en abstracto, no la fragilidad, no el descuido. Sino la maldad consciente e individualizada. El egoísmo que mata al hermano, lo utiliza, aplasta, viola, olvida, manipula, margina, la locura autodestructiva. “

 

Es desear conscientemente lo malo para el otro lo que nos puede impedir amar a los enemigos.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 16 de Junio, 2009, 7:55, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

La Cena del Señor

(Mc 14,12-16.22-26):  El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?». Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle y allí donde entre, decid al dueño de la casa: ‘El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’. Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros». Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.

Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, éste es mi cuerpo». Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos. Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba de nuevo en el Reino de Dios».

Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.

LA CENA DEL SEÑOR

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

 

ECLESALIA, www.eclesialia.net .- Los estudios sociológicos lo destacan con datos contundentes: los cristianos de nuestras iglesias occidentales están abandonando la misa dominical. La celebración, tal como ha quedado configurada a lo largo de los siglos, ya no es capaz de nutrir su fe ni de vincularlos a la comunidad de Jesús.

Lo sorprendente es que estamos dejando que la misa « se pierda » sin que este hecho apenas provoque reacción alguna entre nosotros. ¿No es la eucaristía el centro de la vida cristiana? ¿Cómo podemos permanecer pasivos, sin capacidad de tomar iniciativa alguna? ¿Por qué la jerarquía permanece tan callada e inmóvil? ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación con más fuerza y dolor?

La desafección por la misa está creciendo incluso entre quienes participan en ella de manera responsable e incondicional. Es la fidelidad ejemplar de estas minorías la que está sosteniendo a las comunidades, pero ¿podrá la misa seguir viva sólo a base de medidas protectoras que aseguren el cumplimiento del rito actual?

Las preguntas son inevitables: ¿No necesita la Iglesia en su centro una experiencia más viva y encarnada de la cena del Señor, que la que ofrece la liturgia actual? ¿Estamos tan seguros de estar haciendo hoy bien lo que Jesús quiso que hiciéramos en memoria suya?

¿Es la liturgia que nosotros venimos repitiendo desde siglos la que mejor puede ayudar en estos tiempos a los creyentes a vivir lo que vivió Jesús en aquella cena memorable donde se concentra, se recapitula y se manifiesta cómo y para qué vivió y murió Jesús? ¿Es la que más nos puede atraer a vivir como discípulos suyos al servicio de su proyecto del reino del Padre?

Hoy todo parece oponerse a la reforma de la misa. Sin embargo, cada vez será más necesaria si la Iglesia quiere vivir del contacto vital con Jesucristo. El camino será largo. La transformación será posible cuando la Iglesia sienta con más fuerza la necesidad de recordar a Jesús y vivir de su Espíritu. Por eso también ahora lo más responsable no es ausentarse de la misa sino contribuir a la conversión a Jesucristo.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 14 de Junio, 2009, 9:00, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

En torno al Sacramento por excelencia

Meditación-contemplación

Esto soy yo, pan que me parto y me reparto.

Esto tenéis que ser vosotros.

Todo el mensaje de Jesús esta aquí.

Todo lo que hay que saber y hay que hacer.

………………

Celebrar la eucaristía no es una devoción.

Su objetivo no es potenciar nuestras relaciones con Dios.

Celebrar la eucaristía es comprometerme con los demás.

Es aprender de Jesús, el camino del verdadero amor.

………………

Si la celebración es compatible con mi egoísmo.

Si sigo desentendiéndome de los que me necesitan,

mis eucaristías no son más que un rito vacío.

El pan que Jesús da nos salvará,

si al comerlo, aprendo a dejarme comer como hizo él.

…………………..

Fray Marcos

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 13 de Junio, 2009, 9:51, Categoría: Reflexiones creyentes
Enlace Permanente | Referencias (0)

En la fiesta del CORPUS

Extracto de la carta de los obispos de Bilbao con motivo de esta solemnidad
Queridos hermanos y hermanas:

1. En la solemnidad del Corpus Christi conmemoramos la presencia de Jesús como cuerpo entregado y sangre derramada para la vida del mundo (cfr. Jn 6, 51). El Señor es el pan de vida y en la Eucaristía se contiene el memorial del "amor «más grande», aquel que impulsa a dar la vida por los propios amigos”.

2. En este día del Corpus, la Iglesia celebra también el Día de la Caridad. Como afirma el Papa, "el amor del prójimo es un camino para encontrar también a Dios, y cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios'", Por este motivo es necesario subrayar la dimensión social del Sacramento. Eucaristía y caridad desde la justicia son dos dimensiones de una misma realidad. Ello nos conduce a servir al prójimo con las mismas entrañas de amor y misericordia de Jesús".

3. El amor que se entrega y que sirve constituye un elemento esencial de la misión del cristiano y de la Iglesia. Para ello, "el amor necesita también una organización, como presupuesto para un servicio comunitario ordenado". En este sentido, Caritas constituye el rostro eclesial de la caridad.

4. Celebrar con verdad el día del Corpus Christi implica el servicio solícito a nuestros hermanos y el compromiso por atender sus necesidades. Constatamos con gozo que nuestra Iglesia particular es sensible ante el sufrimiento de quienes padecen de modo más directo las consecuencias de la crisis. Signo de ello es que ha aumentado en un 40% la colaboración económica de los fieles. Aun así, quienes dedican tiempo y disponibilidad personal para acoger a los hermanos necesitados se sienten desbordados y, en ocasiones, impotentes ante tanta demanda. A vosotros, voluntarios, socios, bienhechores y colaboradores, queremos dirigir una palabra de ánimo y profundo agradecimiento.

5. Con todo, más importante que el dar, es el darse: ''para que el don no humille al otro, no solamente debo darle algo mío, sino a mí mismo; he de ser parte del don como persona”. En este sentido, Cáritas necesita fortalecer su voluntariado; precisa de nuestro tiempo y de nuestra disponibilidad para acoger y mostrar el rostro más cercano y compasivo de la comunidad cristiana.

6. Junto a ello, no olvidemos la oración persistente y confiada: "Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá" (Mt 7, 7). La oración personal, familiar y comunitaria nos abren a la esperanza cierta y al amor sincero, para poder aliviar las situaciones dolorosas y recorrer los caminos adecuados para la resolución de la crisis y de sus causas más profundas. Vivamos atentos a las necesidades de quienes nos rodean. Contribuyamos activamente a la humanización de las estructuras en la medida en que tengamos responsabilidades en ámbitos económicos, políticos, financieros o sociales. Potenciemos el espíritu de participación y fraternidad.

7. Quisiéramos dirigir una palabra de aliento a quienes sufren directamente las consecuencias de la crisis. No os sintáis solos ni fracasados, sino más bien víctimas de un sistema económico centrado en el consumismo y el afán de lucro sin medida, que no respeta valores fundamentales tales como la dignidad de la persona humana, el valor del trabajo, la solidaridad y la fraternidad, la corresponsabilidad en el sistema económico y financiero, o el destino universal de los bienes. La Iglesia quiere estar con vosotros, para ser ánimo y aliento, compañía y ayuda, en la medida de sus posibilidades.

8. Queremos invitar a todos a la esperanza. Dios es nuestra esperanza cierta. Él mueve en nosotros el querer y el obrar. Por medio de la Eucaristía se nos da para que, al mismo tiempo todos seamos un don para los demás en el servicio fraterno y la edificación de un mundo nuevo. Pedimos para ello la intercesión materna y poderosa de la Virgen María. Ella, como Madre nuestra, cuida de nosotros y nos alcanzará del Corazón de su Hijo todo aquello que necesitamos.

Ricardo Blázquez, Obispo

Mario Iceta, Obispo Auxiliar

Por ´María Consuelo Mas y Armando Quintana - 12 de Junio, 2009, 12:44, Categoría: Reflexiones creyentes
Enlace Permanente | Referencias (0)

Intuciones

(Mt 5,13-16):   En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».

 

La llamada que nos hace el Evangelio a ser sal y luz, es una llamada a salir de la rutina, a crecer, a seguir preguntándonos e interpelándonos, a refrescar nuestras intuiciones espirituales y ponerlas al aire. Ningún mejor momento mejor que el contexto de este mensaje para compartir la reflexión de Luis Sandalio, el cual desde el boletón Eclesalia, y aprovechando la inspiración del tiempo de Pentecostés, en un deseo por crecer y arriesgar junto a la comunidad creyente, trazando desde ella nuevas sendas de luz para este mundo, se interpela y nos interpela con unas cuantas intuiciones cristianas que compartimos con ustedes en este comentario:

 

ECLESALIA, 01/06/09.- (www.eclesalia.net) A veces no nos atrevemos a compartir aquellas intuiciones que nos parece que pueden sacarnos de nuestra vida normalizada y ponernos en una situación de inestable inseguridad. Sin embargo, es posible que precisamente por ahí esté soplando el Espíritu que no sabemos muy bien de dónde viene ni a dónde va; pero sí que presentimos por dónde pasa cuando nos enciende, ilumina y nos traspasa.

¿Por qué no nos juntamos para hablar de aquellas cosas que nos hacen cosquillas por dentro y nos invitan a arriesgar algo más... o mucho más? ¿A qué personas podríamos invitar a compartir estas reflexiones?

¿Por qué tenemos tanto miedo a entrelazar nuestras vidas en un mismo rumbo? ¿Será que nos da miedo ser manipulados o que estimamos excesivamente nuestra autonomía personal o familiar? ¿Será que no tenemos muy claro el carisma de la autoridad y nos resulta difícil reconocer y conjugar otros dones también para el servicio? ¿Será que nos resulta difícil concretar nuestro propio rumbo?

Si tuviéramos que concretarlo (para ver si se puede poner en común con otros e ir así juntos)… ¿Qué características fundamentales y concretas tendríamos que poner sobre la mesa? ¿Nos atreveríamos a concretar con nombres y apellidos el don de la comunidad? ¿O tal vez los trampantojos, con los que nos han cerrado el horizonte, han puesto techo, límite, contención, sentido común y cordura a nuestra ansia de altura, anchura y profundidad? ¿Seríamos capaces de atrevernos con un planteamiento nuevo, con una sed de crecimiento que nos desasosiega y nos empuja a una más auténtica aventura espiritual? ¿O nos parece que lo esencial ya lo hemos comprendido y no tenemos necesidad de desaprender? ¿Será que no vemos claramente la necesidad de “decrecer”? ¿A qué aspectos de nuestra vida tendríamos que aplicar esta necesidad para experimentar el increíble crecimiento que nos proporcionaría en otros campos? ¿O será que tenemos que esperar una crisis, una desestabilización que nos ponga a la intemperie y nos obligue a buscar una nueva forma de posicionarnos y de funcionar, para poder pronunciar sinceramente: “Nazareno, llévame en tu partida...”?

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 9 de Junio, 2009, 8:48, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

La Trinidad

(Mt 28,16-20):   En aquel tiempo, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Fuente: http://www.servicioskoinonia.org/biblico/090607.htm

 

Esto de la Trinidad, tal y como lo han predicado, suena a «música celestial». Es un misterio, se ha dicho; no hay quien lo entienda.

Al fin y al cabo, por mucho que nos esforcemos, nunca vamos a poder desvelarlo. «Un sólo Dios y tres personas distintas. El Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios. Tres personas distintas y un solo Dios verdadero».

Cuando para la mayoría de los cristianos el misterio de la Trinidad está entre paréntesis, hablar ahora de ella y de sus implicaciones en la vida ciudadana puede parecer el colmo de la paradoja. Pero, a pesar de ello, vamos a intentarlo porque, si creemos que estamos hechos a imagen de Dios, nos debe preocupar conocer su verdadero rostro para entender el nuestro.

Las ideas que tenemos de Dios, por regla general, no son demasiado cristianas, digámoslo abiertamente. Se han infiltrado en el cristianismo cuando éste se sumergió en la cultura griega. En el mejor de los casos son herencia del judaísmo.

Para unos Dios es “ese algo que mueve todo esto por ahí arriba”, «el principio y fin de todo», el “motor inmóvil” de Aristóteles, o aquello de la “inteligencia creadora” que apunta Platón. Para otros, Dios es un ser personal, alguien, pero implacable, irascible, celoso, vengativo, justiciero, aguafiestas, tapahuecos, inmóvil, impasible… Imágenes de un Dios cancelado por Jesús hace veintiún siglos. Dios no es así.

Dios no es algo, sino alguien. Nos lo dijo Jesús: “Cuando oréis decid: Padre…” (en arameo, la lengua de Jesús: «abbá»). Que a Dios se le llamaba «padre» estaba dicho y descubierto muchos siglos antes de Jesús. En oraciones sumerias como el Himno de Ur a Sin, dios lunar, el orante lo invoca como “Padre magnánimo y misericordioso en cuya mano está la vida de la nación entera”. Pero parece que se había olvidado.

Hoy que está en crisis la imagen del padre, que hay crisis de autoridad, ¿debemos seguir hablando de Dios como Padre? ¿No será contraproducente? ¿Qué clase de padre es Dios?

Dios, el Dios de Jesús, es padre, pero no paternalista ni autoritario. En esto radica la crisis de autoridad que atravesamos. Juan dice en su Evangelio: “El padre y yo somos una misma cosa” y Jesús dice a su Padre: “Yo sé que siempre me escuchas”. La primacía del Padre en la Trinidad no se ejerce en menosprecio o anulación del Hijo, sino con una autoridad que resulta paradójica: “El Padre ama al Hijo y lo ha puesto todo en sus manos”. Confianza y entrega plena es el clima de las relaciones entre Padre e Hijo.

Dios es también Hijo (palabra que proviene del latin “filius” y ésta de “filum”, hilo). Dicho de otro modo, Dios es dependiente. En toda familia, el hijo depende al nacer de los padres, pero, para subsistir como persona, tiene que cortar el cordón umbilical. Dependencia originaria y autonomía consecuente. En nuestra sociedad se da actualmente un rechazo del padre por parte de los hijos, de la autoridad por parte de los gobernados; se puede hablar ya de un mundo que abandona su ser patriarcal. ¿Y no será porque el padre corta la aspiración del hijo y porque el hijo, al subrayar su libertad, no reconoce su dependencia del padre? En la Trinidad divina no sucede así.

El Hijo no rechaza al Padre. Es camino e imagen del mismo. “Quien me ve a mí ve al Padre”. No hay dominación sufrida por el hijo, ni anarquía reivindicada en Jesús. Hay amor que lo iguala todo, gracias al Espíritu. Pablo, lo dice claramente en la carta a los Romanos: el hecho de llamar a Dios «Padre» lejos de esclavizarnos, nos libera de toda esclavitud, pues si Dios es nuestro Padre, ningún ser humano podrá sentirse señor y dueño nuestro; todos nos consideraremos hermanos y herederos de la promesa divina.

Dios, finalmente, es Espíritu. Como viento y fuego, calor, libertad, amor. Sin el Espíritu la relación Padre-Hijo se convertiría en tortura y martirio de frialdad y desamor.

Y aquí es donde la Trinidad se convierte en lección de vida ciudadana. Autoridad y paternidad en nuestra sociedad, sí; pero no autoritarismo ni paternalismo. Dependencia de hijos a padres, pero sin atentar contra la autonomía de cada uno. Y sobre todo amor, libertad, escucha, calor de hogar.

En el evangelio Jesús envía a sus discípulos para que hagan discípulos de entre todas las naciones y los consagren a este Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. A estos nuevos discípulos no les enseñarán una doctrina, sino «todo lo que él les mandó». Y lo que él les mandó fue poner en práctica los «mandamientos mínimos», esto es, la bienaventuranzas, que han tomado el puesto de los antiguos mandamientos de Moisés. Con la práctica de las bienaventuranzas, nacerá una sociedad alternativa, austera, solidaria, cargada de amor y apertura, libre de autoritarismo y respetuosa con las diferencias. En esa sociedad estará por siempre presente Jesús que ahora cumple la función de Enmanuel (Dios con nosotros): «Miren que yo estoy con ustedes cada día hasta el fin del mundo».

Acabemos recordando aquel lema que las Comunidades Eclesiales de Base brasileñas acuñaron hace unos 20 años: «A Trindade é a melhor Comunidade», la Trinidad es la mejor Comunidad

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 7 de Junio, 2009, 9:06, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

La fraternidad y el amor en épocas electorales

(Mc 12,28-34):   En aquel tiempo, se llego uno de los escribas y le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos».

Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

 

 

Vale más que todos los sacrificios y promesas. La relación con Dios viene marcada por la relación con los demás, no solo el vecino de enfrente, o el compañero de trabajo, o el indigente con el que nos encontramos en la calle, sino con todos los seres humanos, con la humanidad entera. Amar a los demás es amar a la humanidad, es desearle lo mejor, como es la vida, la paz, la ausencia de muertes, de guerras y conflictos, la eliminación del hambre.

 

Hacemos con frecuencia de este precepto del Señor algo individual, con tal persona que nos encontramos o con cual que aparece en nuestra vida, pero no hacemos de ella un criterio comunitario, ni tampoco de nuestras comunidades. Con frecuencia nuestras propias instituciones religiosas salen a la palestra condenando el aborto, pues está en juego la vida de un ser, pero con esa misma intensidad y fuerza no se condena la injusticia, la guerra, la pena de muerte, el hambre, el genocidio social al que están sometidos muchísimas personas por el comercio injusto, por el tráfico de armas y un largo etcétera. Produce un sentimiento de observar la hipocresía con la que manejamos lo religioso. Lo vemos ahora con mas intensidad en aquellos países que están en contienda electoral. Hay grupos que, por aliarse con la Iglesia o sacar votos de sus miembros, hacen propaganda en contra de unas cosas pero defienden las otras. Condenan el aborto pero justifican la pena de muerte. Atacan el matrimonio homosexual pero no salen a la calle para protestar por las injusticias sociales o defienden el despido libre del trabajador, que suelen ser los más pobres. Condenan la eutanasia pero con el mismo vigor no lo hacen de las causas que originan el hambre en el mundo.

 

O no he entendido el precepto de la fraternidad del que habla el Evangelio de hoy, o son unos hipócritas que utilizan lo religioso para sus conveniencias.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 4 de Junio, 2009, 9:24, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Comentarios 1 | Referencias (0)

Edificando sobre roca

(Mc 12,1-12):   En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó.

»Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: ‘Éste es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia’. Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña.

»¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído esta Escritura: ‘La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?’».

Trataban de detenerle —pero tuvieron miedo a la gente— porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.

La tradición cristiana nos narra que cuando el Templo estaba siendo construído, hubo una piedra que por su singular forma, no pudo ser colocada en ningún lugar y fue desechada a los escombros: "Piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en piedra de ángulo", o, más exactamente, "en cabeza de ángulo" (caput anguli) ". Este es el origen de la "Piedra Angular", que más que ser una de las cuatro piedras de esquina, es la "clave o cabeza de bóveda”.

A Cristo se le llama a la vez "piedra de esquina", o más literalmente "Piedra Angular", significando con ello que es la cabeza que sustenta el edificio de la Iglesia como Cuerpo de Cristo o comunidad de creyentes. Es el centro de la vida de la comunidad, el punto de referencia. Nosotros somos como arrendatarios de ese edificio que hemos de dar frutos, al igual que lo ha dado el que ejemplo nos ha dado.

En repetidas ocasiones aparecerá el símbolo de la piedra. No solo Jesús. También Pedro e igualmente nosotros. Acerquémonos nos dice Pedro al Maestro que es la piedra vida, desechada por los hombres, pero elegida y preciosa ante Dios. Y nos recuerda que nosotros, como piedras vivas, tenemos parte de la construcción de un edificio espiritual en medio del mundo a través de nuestros signos, comportamientos, acciones y conductas.

En otro lugar del Evangelio se nos dice también: "Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca"

La reflexión que se nos sugiere hoy es intentar descubrir cuál es el cimiento donde estamos edificando ese edificio espiritual. Si el cimiento es el Maestro, su persona, sus enseñanzas, el edificio resistirá los embates y embestidas, el viento y los oleajes. Con ese cimiento bien aderezado en nosotros, la confianza y serenidad interior deben brillar en nuestras vidas.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 1 de Junio, 2009, 10:19, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)




<<   Junio 2009  >>
LMMiJVSD
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
29 30      

Enlaces
eGrupos
ZoomBlog

Otros blogs
Para ser diferentes
Pequeñas semillitas
Restauración de lo alto
Testigos del Evangelio

 

Blog alojado en ZoomBlog.com