Buscando la luz
Reflexiones creyentes


Inicio
Enviar artículo

Acerca de
Suscríbete al blog

Categorías
General [4] Sindicar categoría
Comentarios al Evangelio [747] Sindicar categoría
Reflexiones creyentes [42] Sindicar categoría
Testimonios [6] Sindicar categoría
Textos [8] Sindicar categoría

Archivos
Mayo 2010 [5]
Abril 2010 [5]
Marzo 2010 [7]
Febrero 2010 [6]
Enero 2010 [16]
Diciembre 2009 [22]
Noviembre 2009 [19]
Octubre 2009 [19]
Septiembre 2009 [6]
Agosto 2009 [8]
Julio 2009 [4]
Junio 2009 [15]
Mayo 2009 [20]
Abril 2009 [25]
Marzo 2009 [24]
Febrero 2009 [22]
Enero 2009 [24]
Diciembre 2008 [27]
Noviembre 2008 [24]
Octubre 2008 [26]
Septiembre 2008 [17]
Agosto 2008 [24]
Julio 2008 [23]
Junio 2008 [30]
Mayo 2008 [30]
Abril 2008 [30]
Marzo 2008 [31]
Febrero 2008 [29]
Enero 2008 [31]
Diciembre 2007 [31]
Noviembre 2007 [29]
Octubre 2007 [31]
Septiembre 2007 [25]
Agosto 2007 [20]
Julio 2007 [30]
Junio 2007 [31]
Mayo 2007 [29]
Abril 2007 [12]

Sindicación (RSS)
Artículos
Comentarios

 


Mayo del 2009


Llamadas

(Jn 20,19-23):   Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

 

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

 

www.eclesalia.net

 

 Ven Espíritu Santo. Despierta nuestra fe débil, pequeña y vacilante. Enséñanos a vivir confiando en el amor insondable de Dios nuestro Padre a todos sus hijos e hijas, estén dentro o fuera de tu Iglesia. Si se apaga esta fe en nuestros corazones, pronto morirá también en nuestras comunidades e iglesias.

Ven Espíritu Santo. Haz que Jesús ocupe el centro de tu Iglesia. Que nada ni nadie lo suplante ni oscurezca. No vivas entre nosotros sin atraernos hacia su Evangelio y sin convertirnos a su seguimiento. Que no huyamos de su Palabra, ni nos desviemos de su mandato del amor. Que no se pierda en el mundo su memoria.

Ven Espíritu Santo. Abre nuestros oídos para escuchar tus llamadas, las que nos llegan hoy, desde los interrogantes, sufrimientos, conflictos y contradicciones de los hombres y mujeres de nuestros días. Haznos vivir abiertos a tu poder para engendrar la fe nueva que necesita esta sociedad nueva. Que, en tu Iglesia, vivamos más atentos a lo que nace que a lo que muere, con el corazón sostenido por la esperanza y no minado por la nostalgia.

Ven Espíritu Santo y purifica el corazón de tu Iglesia. Pon verdad entre nosotros. Enséñanos a reconocer nuestros pecados y limitaciones. Recuérdanos que somos como todos: frágiles, mediocres y pecadores. Libéranos de nuestra arrogancia y falsa seguridad. Haz que aprendamos a caminar entre los hombres con más verdad y humildad.

Ven Espíritu Santo. Enséñanos a mirar de manera nueva la vida, el mundo y, sobre todo, a las personas. Que aprendamos a mirar como Jesús miraba a los que sufren, los que lloran, los que caen, los que viven solos y olvidados. Si cambia nuestra mirada, cambiará también el corazón y el rostro de tu Iglesia. Los discípulos de Jesús irradiaremos mejor su cercanía, su comprensión y solidaridad hacia los más necesitados. Nos pareceremos más a nuestro Maestro y Señor.

Ven Espíritu Santo. Haz de nosotros una Iglesia de puertas abiertas, corazón compasivo y esperanza contagiosa. Que nada ni nadie nos distraiga o desvíe del proyecto de Jesús: hacer un mundo más justo y digno, más amable y dichoso, abriendo caminos al reino de Dios. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 31 de Mayo, 2009, 9:12, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Tú sabes que te quiero

(Jn 21,15-19):   Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y comiendo con ellos, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».

 

Es una conversación interpersonal donde la muestra de cariño va seguida de la entrega o confirmación de una responsabilidad. Pedro manifiesta su adhesión personal al Maestro. Jesús le confiere una tarea, y todo ello en una relación interpersonal, amistosa. Como todas las cosas del Maestro que confiere un tinte personal a su mensaje, a sus ideas, a su espiritualidad, a su relación con los demás. Los demás no son gente, son personas con nombre y apellidos, con fallos y limitaciones, con aciertos y buenos sentimientos, con disposiciones interiores. Todo ello entra dentro de los planes del Maestro: la personalización de su mensaje. Lo ha personalizado e interiorizado en si mismo, en su conducta, en su forma de comportarse. Lo personaliza también a la hora de dar responsabilidades y delegar tareas y funciones en los demás.

 

Lo sigue personalizando hoy en cada uno de nosotros, cuando en el silencio interior, o en la reflexión personal desahogada, habla a nuestra conciencia y nos pide, sintiendo nosotros ese llamamiento de una u otra forma. Un llamamiento que siempre va precedido de una muestra de confianza, de cariño, de relación mutua: ¿Me amas?, nos sigue preguntando. Pedro fue algo más recatado y no dijo un sí rotundo, sino “tú sabes que te amo, Señor”.

 

En este texto se ha hablado siempre de la entrega por parte de Jesús a Pedro de las llaves de su iglesia. No son llaves para cerrar, ni para ejercer un poder sobre los demás. Son llaves para abrir, para apacentar, para servir, para dar, para darse. El llamado “poder” en el lenguaje evangélico es servir. Y si no se hace como servicio generoso, entregándose a los demás y poniendo a los demás como principal referente, no tiene sentido alguno.

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 29 de Mayo, 2009, 10:39, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

¡Animo¡ ¡ Yo he vencido al mundo!

(Jn 16,29-33):   En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios». Jesús les respondió: «¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo».

Comentario: Rev. D. Jordi Castellet i Sala (Sant Hipòlit de Voltregà-Barcelona, España)

«¡Ánimo!: yo he vencido al mundo»

Hoy podemos tener la sensación de que el mundo de la fe en Cristo se debilita. Hay muchas noticias que van en contra de la fortaleza que querríamos recibir de la vida fundamentada íntegramente en el Evangelio. Los valores del consumismo, del capitalismo, de la sensualidad y del materialismo están en boga y en contra de todo lo que suponga ponerse en sintonía con las exigencias evangélicas. No obstante, este conjunto de valores y de maneras de entender la vida no dan ni la plenitud personal ni la paz, sino que sólo traen más malestar e inquietud interior. ¿No será por esto que, hoy, las personas van por la calle enfurruñadas, cerradas y preocupadas por un futuro que no ven nada claro, precisamente porque se lo han hipotecado al precio de un coche, de un piso o de unas vacaciones que, de hecho, no se pueden permitir?

Las palabras de Jesús nos invitan a la confianza: «¡Ánimo!: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33), es decir, por su Pasión, Muerte y Resurrección ha alcanzado la vida eterna, aquella que no tiene obstáculos, aquella que no tiene límite porque ha vencido todos los límites y ha superado todas las dificultades.

Los de Cristo vencemos las dificultades tal y como Él las ha vencido, a pesar de que en nuestra vida también hayamos de pasar por sucesivas muertes y resurrecciones, nunca deseadas pero sí asumidas por el mismo Misterio Pascual de Cristo. ¿Acaso no son “muertes” la pérdida de un amigo, la separación de la persona amada, el fracaso de un proyecto o las limitaciones que experimentamos a causa de nuestra fragilidad humana?

Pero «sobre todas estas cosas triunfamos por Aquel que nos amó» (Rom 8,37). Seamos testigos del amor de Dios, porque Él en nosotros «ha hecho (...) cosas grandes» (Lc 1,49) y nos ha dado su ayuda para superar toda dificultad, incluso la muerte, porque Cristo nos comunica su Espíritu Santo.

Fuente: evangeli@r.evangeli.net

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 25 de Mayo, 2009, 12:13, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Confianza y responsabilidad

(Mc 16,15-20):   En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien».

Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

CONFIANZA Y RESPONSABILIDAD
Ascensión del Señor

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

www.eclesalia.net  20/05/09.- Al evangelio original de Marcos se le añadió en algún momento un apéndice donde se recoge este mandato final de Jesús: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación». El Evangelio no ha de quedar en el interior del pequeño grupo de sus discípulos. Han de salir y desplazarse para alcanzar al «mundo entero» y llevar la Buena Noticia a todas las gentes, a «toda la creación».

Sin duda, estas palabras eran escuchadas con entusiasmo cuando los cristianos estaban en plena expansión y sus comunidades se multiplicaban por todo el Imperio, pero ¿cómo escucharlas hoy cuando nos vemos impotentes para retener a quienes abandonan nuestras iglesias porque no sienten ya necesidad de nuestra religión?

Lo primero es vivir desde la confianza absoluta en la acción de Dios. Nos lo ha enseñado Jesús. Dios sigue trabajando con amor infinito el corazón y la conciencia de todos sus hijos e hijas, aunque nosotros los consideremos «ovejas perdidas». Dios no está bloqueado por ninguna crisis.

No está esperando a que desde la Iglesia pongamos en marcha nuestros planes de restauración o nuestros proyectos de innovación. Él sigue actuando en la Iglesia y fuera de la Iglesia. Nadie vive abandonado por Dios, aunque no haya oído nunca hablar del Evangelio de Jesús.

Pero todo esto no nos dispensa de nuestra responsabilidad. Hemos de empezar a hacernos nuevas preguntas: ¿Por qué caminos anda buscando Dios a los hombres y mujeres de la cultura moderna? ¿Cómo quiere hacer presente al hombre y a la mujer de nuestros días la Buena Noticia de Jesús?

Hemos de preguntarnos todavía algo más: ¿Qué llamadas nos está haciendo Dios para transformar nuestra forma tradicional de pensar, expresar, celebrar y encarnar la fe cristiana de manera que propiciemos la acción de Dios en el interior de la cultura moderna? ¿No corremos el riesgo de convertirnos, con nuestra inercia e inmovilismo, en freno y obstáculo cultural para que el Evangelio se encarne en la sociedad contemporánea?

Nadie sabe cómo será la fe cristiana en el mundo nuevo que está emergiendo, pero, difícilmente será «clonación» del pasado. El Evangelio tiene fuerza para inaugurar un cristianismo nuevo.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 24 de Mayo, 2009, 10:14, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Que nadie les quite la alegría

 (Jn 16,20-23a):   En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».

 

Ya nadie nos podrá quitar la alegría. Vivimos la vida corriendo, deprisa, sin pararnos a reflexionar y sentir lo que hacemos. Olvidándonos de las motivaciones para seguir luchando en el día a día. Y sin reconocernos en la vida vagamos tristes y cabizbajos. Desde la mentalidad de la actitud positiva que inunda nuestro ambiente y la psicología o manera de afrontar la vida se nos insiste en el vivir el día, el momento, y que en ello encontraremos el disfrute, el gozo y la alegría. Si pensamos bien no es nada nuevo. El propio Maestro nos lo recuerda en su mensaje: A cada día le basta con su afán.

 

Y en ese vivir cada día no podemos detenernos en aquello que produce sufrimiento o dolor, sino como la mujer al parir también nosotros hemos de buscar la oportunidad de aquel problema para, afrontándolo –solucionado o no, si el no fuera parte de la vida- recuperar la alegría interior que es la que nos dará fuerzas para seguir caminando con bríos e inusitada esperanza. Nada hay, nos viene a decir el Maestro, que nos haga llorar o lamentarnos que no pueda trocarse en alegría y gozo. Depende de la actitud interior y de saber con Quien contamos. Nos dice que volverá. En realidad, no se ha ido. Su Espíritu ha quedado con nosotros; vino, viene y vendrá. Es el motivo más intenso que se nos da desde su mensaje y vivencia interior para conservar la alegría en nuestro corazón.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 22 de Mayo, 2009, 10:48, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Hacia una madurez en la fe

(Jn 16,12-15):   En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros».

 

Hace días que se nos está hablando de la venida del Espíritu de Dios y de la necesidad que tenemos de ello. Es como el paso que hemos de dar para ser adultos en la fe. Recibirlo, aceptarlo y actuar en consecuencia. Recibirá de lo dejado por el Maestro y nos lo volverá a anunciar, desde el interior de cada uno y desde los acontecimientos de la vida, desde la Palabra escrita en el testimonio de los libros sagrados y de la escrita en el muro de la vida de muchas personas de cada tiempo y época de la historia.

 

Hoy más que nunca es necesaria la conciencia de su venida y presencia entre nosotros pues los tiempos que vivimos plantean expectativas y retos nuevos, donde no podemos repetir los mismos esquemas de acción, pero si renovar los valores del Evangelio posiblemente con acciones y métodos diferentes.

 

Entre nosotros sigue habiendo gente que se sube a los árboles, como Zaqueo, o que andan de noche, como Nicodemo, pero todos con el afán interior de renacer a una vida diferente, más acorde con su propio interior y en paz consigo mismos y con los demás. Son tiempos nuevos, personas con problemas diferentes, pero todos necesitados de las mismas respuestas adaptadas a su realidad. Renovar nuestra fe es también reactualizar su respuesta en nuestra sociedad. Son los tiempos nuevos en los que el viento y la fuerza del Espíritu pueden dejar su nuevo ímpetu, como fuego que quema lo viejo y caduco. Posiblemente existan concepciones falsas del Dios de Jesucristo que hemos ido montando, consciente o inconscientemente. Posiblemente nos encontramos con muchos prejuicios, construidos a veces por los propios creyentes, que impiden a otros dejarse seducir por el valor del Evangelio. Posiblemente nos encontremos con gente que no necesitan respuestas generales, uniformes y de enciclopedia, sino respuestas adaptadas a sus peculiaridades y perfiles personales.

 

Ser creyente adulto en esta sociedad de hoy nos va a obligar a reestructurar comportamientos y maneras de situarnos ante la sociedad. Una sociedad diferente y en cambio necesita también respuestas nuevas, abiertas, tolerantes, sin perder de vista los criterios básicos de amor, fraternidad, justicia, libertad interior y similares ya conocidos por todos nosotros. De hecho no hemos nacido creyentes, sino que nos hemos ido haciendo poco a poco. Igual opción tienen los que nos rodean. Irse haciendo progresivamente.

 

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 20 de Mayo, 2009, 10:21, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Estatutos del ser humano

(Jn 15,26—16,4):   En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho».

 

De muchas maneras y modos su Espíritu ha seguido hablando a la humanidad y a través de la humanidad, entre otras formas a través de la poesía y sus poetas, que de manera directa unas veces e indirecta otras, nos han transmitido su mensaje, en forma de sentimientos humanitarios que acercan los corazones de la gente. Entre ellos, no cabe duda, uno ha sido el gran Mario Benedetti, que anoche se despidió de nosotros en la vida terrenal. En su homenaje y como testimonio de sus sentimientos de fraternidad para el mundo que ha habitado dejamos aquí los famosos estatutos del ser humano a los que un día dio publicidad, y que todavía siguen vigentes. Son, a nuestro juicio, y con expresiones de nuestro tiempo, una traducción del sentir de los valores evangélicos:

Artículo I
Queda decretado que ahora vale la vida,
que ahora vale la verdad,
y que de manos dadas
trabajaremos todos por la vida verdadera.

Artículo II
Queda decretado que todos los días de la semana,
inclusive los martes más grises,
tienen derecho a convertirse en mañanas de domingo.

Artículo III
Queda decretado que, a partir de este instante,
habrá girasoles en todas las ventanas,
que los girasoles tendrán derecho
a abrirse dentro de la sombra;
y que las ventanas deben permanecer el día entero
abiertas para el verde donde crece la esperanza.

Artículo IV
Queda decretado que el hombre
no precisará nunca más
dudar del hombre.
Que el hombre confiará en el hombre
como la palmera confía en el viento,
como el viento confía en el aire,
como el aire confía en el campo azul del cielo.
Parágrafo único:
El hombre confiará en el hombre
como un niño confía en otro niño.

Artículo V
Queda decretado que los hombres
están libres del yugo de la mentira.
Nunca más será preciso usar
la coraza del silencio
ni la armadura de las palabras.
El hombre se sentará a la mesa
con la mirada limpia,
porque la verdad pasará a ser servida
antes del postre.

Artículo VI
Queda establecida, durante diez siglos,
la práctica soñada por el profeta Isaías,
y el lobo y el cordero pastarán juntos
y la comida de ambos tendrá el mismo gusto a aurora.

Artículo VII
Por decreto irrevocable
queda establecido
el reinado permanente
de la justicia y de la claridad.
Y la alegría será una bandera generosa
para siempre enarbolada
en el alma del pueblo.

Artículo VIII
Queda decretado que el mayor dolor
siempre fue y será siempre
no poder dar amor a quien se ama,
sabiendo que es el agua
quien da a la planta el milagro de la flor.

Artículo IX
Queda permitido que el pan de cada día
tenga en el hombre la señal de su sudor.
Pero que sobre todo tenga siempre
el caliente sabor de la ternura.

Artículo X
Queda permitido a cualquier persona,
a cualquier hora de la vida,
el uso del traje blanco.

Artículo XI
Queda decretado, por definición,
que el hombre es un animal que ama,
y que por eso es bello,
mucho más bello que la estrella de la mañana.

Artículo XII
Decrétese que nada estará obligado ni prohibido,
todo será permitido,
incluso brincar con los rinocerontes
y caminar por las tardes
con una inmensa begonia en la solapa.
Parágrafo único:
Solo una cosa queda prohibida:
amar sin amor.

Artículo XIII
Queda decretado que el dinero
no podrá nunca más comprar
el sol de las mañanas venideras.
Expulsado del gran baúl del miedo,
el dinero se transformará en una espada fraternal
para defender el derecho de cantar
y la fiesta del día que llegó.

Artículo Final
Queda prohibido el uso de la palabra libertad,
la cual será suprimida de los diccionarios
y del engañoso pantano de las bocas.
A partir de este instante
la libertad será algo vivo y transparente
como un fuego o un río,
y su morada será siempre
el corazón del hombre.

Mario Benedetti

Que descanse en paz

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 18 de Mayo, 2009, 11:32, Categoría: Reflexiones creyentes
Enlace Permanente | Referencias (0)

No desviarnos del amor

(Jn 15,9-17):   En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.

»Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».

 

NO DESVIARNOS DEL AMOR

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

www.eclesalia.net

 

El evangelista Juan pone en boca de Jesús un largo discurso de despedida en el que se recogen con una intensidad especial algunos rasgos fundamentales que han de recordar sus discípulos a lo largo de los tiempos, para ser fieles a su persona y a su proyecto. También en nuestros días.

«Permaneced en mi amor». Es lo primero. No se trata sólo de vivir en una religión, sino de vivir en el amor con que nos ama Jesús, el amor que recibe del Padre. Ser cristiano no es en primer lugar un asunto doctrinal, sino una cuestión de amor. A lo largo de los siglos, los discípulos conocerán incertidumbres, conflictos y dificultades de todo orden. Lo importante será siempre no desviarse del amor.

Permanecer en el amor de Jesús no es algo teórico ni vacío de contenido. Consiste en «guardar sus mandamientos», que él mismo resume enseguida en el mandato del amor fraterno: «Éste es mi mandamiento; que os améis unos a otros como yo os he amado». El cristiano encuentra en su religión muchos mandamientos. Su origen, su naturaleza y su importancia son diversos y desiguales. Con el paso del tiempo, las normas se multiplican. Sólo del mandato del amor dice Jesús: «Este mandato es el mío». En cualquier época y situación, lo decisivo para el cristianismo es no salirse del amor fraterno.

Jesús no presenta este mandato del amor como una ley que ha de regir nuestra vida haciéndola más dura y pesada, sino como una fuente de alegría: «Os hablo de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud». Cuando entre nosotros falta verdadero amor, se crea un vacío que nada ni nadie puede llenar de alegría.

Sin amor no es posible dar pasos hacia un cristianismo más abierto, cordial, alegre, sencillo y amable donde podamos vivir como «amigos» de Jesús, según la expresión evangélica. No sabremos cómo generar alegría. Aún sin quererlo, seguiremos cultivando un cristianismo triste, lleno de quejas, resentimientos, lamentos y desazón.

A nuestro cristianismo le falta, con frecuencia, la alegría de lo que se hace y se vive con amor. A nuestro seguimiento a Jesucristo le falta el entusiasmo de la innovación, y le sobra la tristeza de lo que se repite sin la convicción de estar reproduciendo lo que Jesús quería de nosotros.

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 17 de Mayo, 2009, 9:15, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

PONER AMOR EN EL MUNDO

(Jn 15,18-21):  En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado».

 

El texto de hoy sábado, como el de los días anteriores, nos invita a la práctica de la fraternidad, a vivir en el amor, a realizar el mandado del Maestro que nos amemos los unos a los otos. A poner amor en el mundo, en definitiva.

 

Nuestra reflexión de hoy, para aportar un punto de vista complementario, viene de la mano de una escritora, una poeta colombiana, Victoria Lucia Aristizabal…, ` :

 

PONER AMOR EN EL MUNDO

 

Las raices del amor se hunden profundamente y se extienden

muy lejos. Ellas son arterias  que nutren nuestra vida; por eso

debemos asegurarnos de que reciban el sol y el agua que necesitan

para alimentarnos. Y cuando ponemos algo bueno en el mundo algo

bueno recibimos.

 

Mi gozo actual con el mundo se genera cuando despierto en la

mañana y me siento aca en mi silla como en mi cielo y mi Padre

me entrega su aire que son mi deleite celestial y con mi aprecio

reverencial me dejo llevara por el asombro que me genera cuando

me impulsa a escribirles sintiendo lo fundamental en lo común y simple.

 

Cada uno de nosotros a medida que viaja por la vida tiene la oportunidad

de encontrar y de dar su don, no importa que este sea silencioso o

insignificante a los ojos del mundo, pues es al encontrar y al dar que

podemos conocer la felicidad que contienen tanto las épocas difíciles

como las luminosas y es asi como me he convertido en artista de la

palabra y lo digo con humildad ya que la palabra ARTE su significado

original es ARMAR y todos hacemos eso todos los días. Cada que juntamos

cosas estamos armando, yo junto palabras y hago pequeñas construcciones

diarias pretendiendo hacer sonreir a DIOS y que llegue a sus corazones

o mentes para que logren con ellas algo que sea bueno, amoroso y si

alguno de mis escritos no les dijo nada pues a la papelera irá a parar

y yo no me entero.

 

Ultimamente he recibido dos correos donde incluso me amenazan

con la condenación de mi alma, con el incremento de mi enfermedad

y con el eterno castigo Divino a raíz de mis escritos. Y yo con todo

mi cariño y respeto les digo que únicamente mi intención es lograr que

mis palabras lleguen a sus corazones y se multiplique el amor, la paz

y el bienestar en todo sentido. Si no lo logro directamente se que

algunos de ustedes sin leer lo que escribo lo envian a otros y esos

otros pueden beneficiarse porque somos todos UNA CADENA DE VIDA.

 

No me amparo en ningún credo mas que el del AMOR QUE LE TENGO
A DIOS TODOPODEROSO y al respeto inmenso que les tengo

AMIGOS DE EXISTENCIA. No se hagan daño con mis escritos que

no se hacen para lograr jamás eso. Mi amigo Dios se que me acompaña

en cada cosa que hago y a lo mejor no le gustará algunos de los que escribo

pero se que me dice: Poco a poco lo vas logrando!!!! y sigo escribiendo

con amor.

 

Sigamos poniendo AMOR como cada uno sabe hacerlo. Yo me siento muy

agradecida con todas las cadenas que se unen a mis escritos y que me envían

bellezas que atesoro en mi corazón y conservo en mis carpetas como algo

sagrado y les envío un ETERNO ABRAZO COLOMBIANO de amistad y

afecto, esperando continuar unidos ayudando por este medio a la

humanidad.

 

VICTORIA LUCIA ARISTIZABAL

BOGOTA COLOMBIA

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 16 de Mayo, 2009, 11:51, Categoría: Reflexiones creyentes
Enlace Permanente | Referencias (0)

Esto es lo que les mando

(Jn 15,9-17):   En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

»Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».

 

Es una línea de continuidad. El fue fiel a quien le envió, desea que nosotros lo seamos también en nuestra misión como enviados y seguidores suyos. Permanezcan en mi amor, amense unos a otros, serán mis amigos si hacen lo que les he dicho, han de dar fruto…, solo una cosa les mando: que se amen los unos a los otros. ¿Novedad? No, ya sabido. ¿Novedad? Puede que sí, necesitamos seguirlo practicando en el mejor de los casos. ¿Novedad? Puede que también, igual de vez en cuando nos olvidamos y no sabemos estar en activo: colaborando, siendo justos, practicando la fraternidad, luchando contra el mal, colaborando por la igualdad entre todos, …porque todo esto y muchas cosas similares son y forman parte del amor fraterno que el Maestro nos pide. No son meras palabras, ha de traducirse en acciones, entre otras quitando los muros que nos separan, los muros que se construyen, los muros que ponen fronteras entre las personas y los pueblos, con nuestras acciones y nuestras denuncias. No es amor fraterno las políticas separatistas ni las que privilegian a los que ya tienen. No es amor fraterno las guerras, las barbaries ni las calamidades organizadas. No es amor fraterno hacer caso omiso al hambre y malnutrición en el mundo, mientras gastamos en guerras y armamentos. Amar a los demás es también amar nuestro mundo, nuestro ambiente. Amar a los demás es igualmente mantener las conquistas sociales que se han logrado en la humanidad. Amar a los otros es colaborar para que todos los seres humanos, sea cual fuere su origen, religión, sexo, condición, opciones personales o ideológicas, seamos libres e iguales, porque gozamos todos de la misma dignidad y condición humana, y para nosotros, porque todos somos hijos de Dios, y por tales los reconocemos cuando cada día oramos diciendo: Padre Nuestro…

 

Se pone El como ejemplo. Estamos a años luz de distancia de su forma de amar. Pero en el intento diario va el premio, la consolación, nuestra motivación, y, sobre todo, la práctica de nuestra fe.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 14 de Mayo, 2009, 9:39, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Una paz diferente

(Jn 14,27-31a):   En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado».

 

Les dejo la paz, pero anuncia la conveniencia de irse. Ya sabemos como fue su ida: pasando por la cruz, por el dolor. Pero no porque lo eligiese, lo condenaron por sus palabras, por sus hechos, fue perseguido y encausado. Su conducta no gustaba. La paz del Maestro no es a cualquier precio. En otro momento dice que ha venido a traer fuego a la tierra, y lo que quiere es que arda. El fuego de los valores de su Reino, valores conocidos como la justicia, la igualdad, la libertad, el buen sentir, la honradez, el amor… que conducen a la paz, no siempre bien vista, de esta manera, por todos. No lo fue por la sociedad y los poderes de entonces. No parecen tampoco los valores que se inducen a nuestro lado.

 

El sigue regalando la paz en todos los tiempos porque sigue en el corazón de las personas, como estaba en la barca de Pedro, aunque pueda parecer dormido. Eso sí, como hemos comentado, no es la paz de los cementerios, ni de la injusticia, ni del pasotismo. No es la paz meramente exterior, de sonrisa facilona o superficial.

 

Paz para las personas y los pueblos. Paz también para la Madre Tierra que es la que nos alimenta y sustenta. Los llamados últimos a protegerla y cuidarla, así como respetar a sus pueblos originarios entran también en la paz del Reino. Es la conexión con la naturaleza, en definitiva con la creación y su Creador, y con los ritmos propios que el Universo tiene.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 12 de Mayo, 2009, 9:58, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Obras son amores y no buenas razones

(Jn 14,21-26):   En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él». Le dice Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?». Jesús le respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho».

El resumen de lo que el Maestro plantea no puede ser otro sino lo que nos advierte el dicho popular: "Obras son amores, y no buenas razones". Además tenemos la garantía de su fuerza y ánimo, y la influencia poderosa que su Espíritu ejerce sobre nosotros, motivándonos en el empeño un día y otro, impulsándonos y no dejándonos solos. "El nos recordará todo lo dicho". E impulsará en cada momento de la historia las iniciativas pertinentes para que a niveles personales y a niveles comunitarios –no se nos debe olvidar esta dimensión- intentemos actualizar su Reino con los mismos valores de siempre (amor, perdón, comprensión, justicia, libertad, fraternidad…) pero con concreciones diferentes según los tiempos, porque tanto ayer como hoy "si alguno me ama, guardará mi Palabra".

Así pues cuando nos preguntamos en nuestro interior si estaremos amando a Dios o no, ya tenemos la respuesta que desde dentro también hemos de darnos: hacer sus obras, guardar su Palabra. La respuesta es fácil. Lo que es más complicado es traducirla en el día a día. Nos exige salir del ego, de la comodidad, del mirarnos al ombligo, y de pensar más en la realidad que nos rodea. No pasar a su lado haciéndonos los desapercibidos, los pasotas o los distraídos.

Tenemos que revisar nuestro compromiso y presencia no solo en las parroquias, comunidades cristianas o movimientos apostólicos, sino también en los sindicatos, en la política, en asociaciones de vecinos, movimientos sociales con discapacitados, inmigrantes, empresas de reinserción social o el tercer mundo, con la mira de no permanecer en el paternalismo sino de forzar cambios estructurales en la sociedad. Puede que no todos estemos llamados a una participación activa en estas instituciones, pero sí a estar cercanos de lo que en esos lugares se cuece y prestar nuestra solidaridad a todo lo que huela estar a favor de los más pobres. Es otro de los criterios constantes no solo del Evangelio, sino de toda la Biblia, tanto que en el sentir de muchos teólogos la justicia cristiana no consiste en dar a cada uno lo suyo (los ricos tendrían cada vez más entonces, pues cada día tienen la posibilidad de apropiarse de mas y mas cosas), sino de ponerse siempre del lado del más débil.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 11 de Mayo, 2009, 9:19, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

No desviarnos de Jesús

(Jn 15,1-8):   En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.

»Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».

 

NO DESVIARNOS DE JESÚS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

 

ECLESALIA, 06/05/09.-(www.eclesalia.net)  La imagen es sencilla y de gran fuerza expresiva. Jesús es la «vid verdadera», llena de vida; los discípulos son «sarmientos» que viven de la savia que les llega de Jesús; el Padre es el «viñador» que cuida personalmente la viña para que dé fruto abundante. Lo único importante es que se vaya haciendo realidad su proyecto de un mundo más humano y feliz para todos.

La imagen pone de relieve dónde está el problema. Hay sarmientos secos por los que no circula la savia de Jesús. Discípulos que no dan frutos porque no corre por sus venas el Espíritu del Resucitado. Comunidades cristianas que languidecen desconectadas de su persona.

Por eso se hace una afirmación cargada de intensidad: «el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid»: la vida de los discípulos es estéril «si no permanecen» en Jesús. Sus palabras son categóricas: «Sin mí no podéis hacer nada». ¿No se nos está desvelando aquí la verdadera raíz de la crisis de nuestro cristianismo, el factor interno que resquebraja sus cimientos como ningún otro?

La forma en que viven su religión muchos cristianos, sin una unión vital con Jesucristo, no subsistirá por mucho tiempo: quedará reducida a «folklore» anacrónico que no aportará a nadie la Buena Noticia del Evangelio. La Iglesia no podrá llevar a cabo su misión en el mundo contemporáneo, si los que nos decimos «cristianos» no nos convertimos en discípulos de Jesús, animados por su espíritu y su pasión por un mundo más humano.

Ser cristiano exige hoy una experiencia vital de Jesucristo, un conocimiento interior de su persona y una pasión por su proyecto, que no se requerían para ser practicante dentro de una sociedad de cristiandad. Si no aprendemos a vivir de un contacto más inmediato y apasionado con Jesús, la decadencia de nuestro cristianismo se puede convertir en una enfermedad mortal.

Los cristianos vivimos hoy preocupados y distraídos por muchas cuestiones. No puede ser de otra manera. Pero no hemos de olvidar lo esencial. Todos somos «sarmientos». Sólo Jesús es «la verdadera vid». Lo decisivo en estos momentos es «permanecer en él»: aplicar toda nuestra atención al Evangelio; alimentar en nuestros grupos, redes, comunidades y parroquias el contacto vivo con él; no desviarnos de su proyecto.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 10 de Mayo, 2009, 9:35, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Los cristianos y la crisis

(Jn 14,1-6):   En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino». Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí».

 

¿Cómo vivir en calma y serenidad en los tiempos que corremos? ¿Cómo dejar miedos, preocupaciones y problemas con la que nos está cayendo encima con la crisis que nos asola por todas partes? ¿Cómo vivir serenos y alegres con las tormentas que nos caen, y que se ceban siempre en los más pobres? ¿Cómo estar confortados si hasta la gripe en forma de pandemia sigue haciendo sus destrozos, mientras las grandes industrias farmacéuticas y médicas hacen su agosto, tanto que algunos piensan y analizan manipulaciones en estos temas? Sin embargo, El insiste: Que no se turbe nuestro corazón, que El sigue siendo el Camino, la Verdad y la Vida.

 

En nosotros sigue presente la duda, la incertidumbre y el temor. Y El sigue respondiendo: No se asusten, creen en Dios, pues crean también en Mi.

 

Hace pocas semanas se celebró un foro en Madrid sobre LOS CRISTIANOS Y LA CRISIS. Les ofrecemos de manos de ecclesalia.net el fruto de las reflexiones y diagnóstico del ponente que  fue Pedro José Gómez Serrano, Profesor de Economía Internacional y Desarrollo de la Universidad Complutense y colaborador del Instituto Superior de Pastora, y aunque su análisis está centrado en España tiene su lectura también desde América Latina, desde donde muchos de nuestros receptores nos leen:

 

“Diagnóstico

La crisis acabará, dijo, porque, “no hay mal que cien años dure…” y porque la economía se comporta cíclicamente y habrá una recuperación igual que ha habido una caída. Después de diez años de crecimiento sostenido. Además, en una época de globalización, nadie se libra, como estamos viendo, pero igual que el contagio es más fácil también lo es el reforzar la coordinación internacional, y así estamos viendo ya esfuerzos de cooperación que esperemos que continúen en el futuro. Con todo, toda crisis conlleva graves costes sociales, el paro de forma especial, cuyos efectos nefastos sobre las familias y los trabajadores se prolongarán a medio plazo, aún cuando se inicie la salida de la crisis

En España la crisis tiene características peculiares, para bien y para mal. Aunque no hemos sido inmunes, hemos estado más protegidos de las hipotecas basura que otros países por los controles financieros existentes. Pero la crisis ha coincidido con la explosión de la burbuja inmobiliaria, que nos ha llevado a construir cinco veces más casas que la media de nuestro entorno. Además, otra debilidad es que somos poco competitivos: los nuevos socios comunitarios resultan más baratos que nosotros en cuanto trabajo poco cualificado; y, por otro lado, no estamos suficientemente adelantados en alta tecnología para rivalizar con los países más adelantados.

Pero tenemos también algunas de nuestras fortalezas: somos el cuarto país del mundo en recibir inversión directa, mantenemos un ahorro alto, tenemos algunas empresas punteras, (en energía eólica o solar, por ejemplo) y, aunque insuficiente, hemos aumentado bastante la inversión en I+D.

Posturas ante la crisis

La salida de la crisis será fruto de un esfuerzo conjunto; aunque el gobierno tiene importantes responsabilidades, no es el único agente o actor: viene a ser como el jinete que monta un caballo, que puede dirigirlo bien o mal, pero para ganar es preciso que el caballo de la economía –empresas, banca, fuerza de trabajo, etc.- esté en forma.

Para orientarnos en el debate ideológico y económico actual, hay que saber cuales son las propuestas que se apuntan desde cuatro corrientes de pensamiento: la neoliberal, la conservadora, la socialdemócrata y la alternativa.

El pensamiento neoliberal, dominante mucho tiempo - hoy menos - antepone la libertad a la igualdad, la iniciativa privada al estado, y propone no intervenir, en la fe de que el mercado se regulará a sí mismo; cree que la riqueza debe de ir a quien se la trabaja y en ese convencimiento olvida a los menos favorecidos.

La visión conservadora equilibra más la ecuación libertad-igualdad y no niega el papel del estado aunque cree que algunos de sus servicios los debe de ejecutar la iniciativa privada que gestiona mejor; propone ciertos recortes sociales, endurecer los controles económicos e intervenir los bancos, pero sólo de forma provisional, si fuera necesario.

La postura socialdemócrata defiende la intervención del estado para poner límites al mercado, propiciar la igualdad de oportunidades y mejorar el reparto de la riqueza; en tiempos de crisis, el estado debe de gastar más, aunque se endeude, para ser el motor de la recuperación, invirtiendo sobre todo en nuevas tecnologías, obra pública, medio ambiente y protección social, sectores que crean mucho empleo.

La postura alternativa, finalmente, la de los movimientos antiglobalización, por ejemplo, tiene un valor profético y de denuncia en su crítica al capitalismo, aunque la debilidad de los movimientos que la defienden la hacen más inviable; proponen nacionalizaciones, un apoyo decidido al tercer sector y a la protección del medio ambiente.

¿Qué podemos hacer?

Hecho el diagnóstico y situadas las posturas de unos y otros (lo que agradeció mucho un público poco experto en economía), quedaba la gran pregunta que nos convocaba y que centró el debate: ¿Qué podemos hacer? ¿Qué nos toca hacer a los cristianos desde la sensibilidad de Jesús, que ha de ser la nuestra?

Varias pistas: analizar la realidad con sus ojos, tratar de preguntarnos qué haría Él, cual sería su preocupación, nos ayudará a ver la realidad de otro modo. Luego, cabe actuar en tres niveles: en el nivel estructural, aunque las soluciones están en manos del gobierno, la banca y los agentes económicos, debemos de sumarnos al debate ciudadano sobre las salidas de la crisis, aportando nuestra visión en todos los foros posibles: no menospreciar el aparente poco valor de cada una de esas acciones que va creando opinión pública.

En el terreno comunitario, nos corresponde sobre todo acoger y acompañar a las víctimas de la crisis en todas las maneras posibles, sumándonos al esfuerzo, económico y humano de las instituciones y grupos que las atienden. La Iglesia no tiene los recursos ni la capacidad para resolver un problema de esta magnitud, pero sí puede, como Pedro ante el tullido que pedía limosna, ofrecerle lo que tenía: la curación en nombre de Jesús. Si no podemos aspirar a curar, como el apóstol, podemos ofrecer lo que tenemos, no sólo el dinero, también el apoyo para recupera la autoestima. Misericordia y profecía deben de ir de la mano: más allá de la ayuda inmediata, se trata de realizar gestos de curación que tengan un valor profético, porque avanzan un futuro de justicia. No hay profetismo sin rechazo de la injusticia y sin capacidad de despertar la esperanza. En este sentido, sobre el valor profético de los pequeños gestos, se recordó que tal vez Obama no sería presidente de EE.UU. si muchos años antes una valiente mujer negra no se hubiera negado a levantarse en un autobús ante un blanco, desencadenando un movimiento que llega hasta hoy.

Finalmente, en el terreno personal, nos corresponde de forma especial pensar dónde estamos poniendo nuestro dinero, preguntarnos qué ayuda nos corresponde aportar y ponerla en práctica.” (www.eclesalia.net)

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 8 de Mayo, 2009, 11:40, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Después de lavar los pies...

(Jn 13,16-20):   Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: El que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado».

Comentario: Rev. D. David Compte i Verdaguer (Manlleu-Barcelona, España)

«Después de lavar los pies a sus discípulos...»

Hoy, como en aquellos films que comienzan recordando un hecho pasado, la liturgia hace memoria de un gesto que pertenece al Jueves Santo: Jesús lava los pies a sus discípulos (cf. Jn 13,12). Así, este gesto —leído desde la perspectiva de la Pascua— recobra una vigencia perenne. Fijémonos, tan sólo, en tres ideas.

En primer lugar, la centralidad de la persona. En nuestra sociedad parece que hacer es el termómetro del valor de una persona. Dentro de esta dinámica es fácil que las personas sean tratadas como instrumentos; fácilmente nos utilizamos los unos a los otros. Hoy, el Evangelio nos urge a transformar esta dinámica en una dinámica de servicio: el otro nunca es un puro instrumento. Se trataría de vivir una espiritualidad de comunión, donde el otro —en expresión de Juan Pablo II— llega a ser “alguien que me pertenece” y un “don para mí”, a quien hay que “dar espacio”. Nuestra lengua lo ha captado felizmente con la expresión: “estar por los demás”. ¿Estamos por los demás? ¿Les escuchamos cuando nos hablan?

En la sociedad de la imagen y de la comunicación, esto no es un mensaje a transmitir, sino una tarea a cumplir, a vivir cada día: «Dichosos seréis si lo cumplís» (Jn 13,17). Quizá por eso, el Maestro no se limita a una explicación: imprime el gesto de servicio en la memoria de aquellos discípulos, pasando inmediatamente a la memoria de la Iglesia; una memoria llamada constantemente a ser otra vez gesto: en la vida de tantas familias, de tantas personas.

Finalmente, un toque de alerta: «El que come mi pan ha alzado contra mí su talón» (Jn 13,18). En la Eucaristía, Jesús resucitado se hace servidor nuestro, nos lava los pies. Pero no es suficiente con la presencia física. Hay que aprender en la Eucaristía y sacar fuerzas para hacer realidad que «habiendo recibido el don del amor, muramos al pecado y vivamos para Dios» (San Fulgencio de Ruspe).

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 7 de Mayo, 2009, 9:44, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Luces y sombras

(Jn 12,44-50):   En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí».

 

Lo repite sin cesar: ha venido para salvar al mundo, no para condenarlo. Por eso su misión es iluminar, guiar, dar luz. E igual la de los que le seguimos. Pensar si estamos siendo luz, y cuales son nuestras luces ante los demás y ante nosotros mismos sería una reflexión que nos pudiera ayudar a crecer como personas.

 

Hoy hacemos esta reflexión de manos de una amiga común en la red – Kary Rojas, de quien seguramente hemos leído mas de uno de sus textos. Comentando ese aspecto de nuestra vida “LUCES Y SOMBRAS”, ella nos aporta lo siguiente:

“Así como existe el día y la noche, lo blanco y lo negro, el frío y el calor… en los seres humanos hay luces y sombras, que muestran y ocultan, lo que queremos que otros vean y descubran, o por el contrario, esconcen lo que intentamos proteger o callar.

 

Hay luces que encandilan, son los destellos de todo aquello que pretendemos quizás hasta aparentar; más que iluminar, enceguecen, cuando aparecen, los demás intentan evitarla, desviando su mirada hacia otro lugar.

 

Otros tienen miedo de encender su luz, saben que son poeseedores de ella, tímidamente algunas veces la muestran o la esconden bajo la mesa, donde no logra dejar salir su valor, pasa desapercibida, quiere ser descubierta, iluminar a otros, pero la vence el temor, se sienten cansados, porque experimentan que sus fuerzas desgastan en vano…

 

Están las personas que brillan con luz propia, aquellas que sin mucho esfuerzo y con naturalidad, logran dejar salir su carisma y lo que son; saben iluminar los caminos por donde van; no pasan desapercibidas, siempre son recordadas, y aunque dar luz implique entrega y desgaste, lo hacen con tanto amor, que superan cualquier brisa o huracán que intente su luz apagar.

 

Pero así como hay cosas que pretenden ser vistas y descubiertas, hay muchas otras que prefieren ocultarse en lo más profundo, donde nadie las vea; temores, emociones, reacciones, frustraciones, sentimientos… y las sumergimos en lo más oscuro de nuestro ser, o cuando las vivimos, nos apartamos donde nadie las pueda ver.

 

Esas son nuestras sombras, todo aquello que preferimos nunca decir ni mostrar,; lágrimas que se escapan, tristes, vacíos, soledad; amores callados, experiencias del presente o del pasado, fobias o temores, así como todo aquello que pueda dar muestra de fragilidad. Sucede también muchas veces, que por miedo a no ser valorados, o quizás por ignorar los tesoros que se nos han dado, sentimos que nuestra luz se ha apagado, y la convertimos en sombra, enterrándola en lo mas profundo de nuestro ser, hasta llegar nosotros mismos a olvidarnos de muchas cosas hermosas que hemos de poseer.

 

Has pensado: ¿cuáles son tus luces y tus sombras? ¿cómo puedes hacer de tu sombra una luz” (Kary Rojas)

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 6 de Mayo, 2009, 10:28, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Conocen su voz

(Jn 10,1-10):  En aquel tiempo, Jesús habló así: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba.

Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».

 

 

Conocen la voz del pastor, hasta su silbo y su respiración y sus pasos. La relación ha ido siendo estrecha día a día, y se conocen al dedillo. Tanto el pastor a las ovejas, como estas a aquel. Saben distinguirlo perfectamente de un extraño. Por eso le reconocen como la puerta por donde entrar cuando tienen alguna duda. Saben que por esa puerta irán a un sitio seguro, donde habrá pasto y su hambre y sed quedarán calmadas. La relación es tan intensa e íntima que son conscientes de que su vida está en sus manos. No ha sido algo milagroso, sino que la relación, el contacto, día a día, lo ha ido fraguando, pero tampoco han tenido que esperar al momento de la agonía. Han sabido disfrutar de esa vida y de esa relación vitalmente, en la historia de cada momento y de cada tiempo. Siempre contemplamos en este texto la figura del Pastor, su bondad y su amor generoso. Y hacemos bien. Pero es bueno también, por la parte que nos toca, fijarnos en la actitud y comportamiento de las ovejas.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 4 de Mayo, 2009, 10:06, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Acercarnos y conocernos

(Jn 10,11-18):   En aquel tiempo, Jesús habló así: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.

»También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre».

 

 

Acercarnos y conocernos

 

José Antonio Pagola

Cuando entre los primeros cristianos comenzaron los conflictos y disensiones entre grupos y líderes diferentes, alguien sintió la necesidad de recordar que, en la comunidad de Jesús, sólo él es el Pastor bueno. No un pastor más, sino el auténtico, el verdadero, el modelo a seguir por todos.

Esta bella imagen de Jesús, Pastor bueno, es una llamada a la conversión, dirigida a quienes pueden reivindicar el título de «pastores» en la comunidad cristiana. El pastor que se parece a Jesús, sólo piensa en sus ovejas, no «huye» ante los problemas, no las «abandona».

Al contrario, está junto a ellas, las defiende, se desvive por ellas, «expone su vida» buscando su bien.
Al mismo tiempo, esta imagen es una llamada a la comunión fraterna entre todos. El Buen Pastor «conoce» a sus ovejas y las ovejas le «conocen» a él. Sólo desde esta cercanía estrecha, desde este conocimiento mutuo y esta comunión de corazón, el Buen Pastor comparte su vida con las ovejas. Hacia esta comunión y mutuo conocimiento hemos de caminar también hoy en
la Iglesia.
E
n estos momentos no fáciles para la fe, necesitamos como nunca aunar fuerzas, buscar juntos criterios evangélicos y líneas maestras de actuación para saber en qué dirección hemos de caminar de manera creativa hacia el futuro.

Sin embargo, no es esto lo que está sucediendo. Se hacen algunas llamadas convencionales a vivir en comunión, pero no estamos dando pasos para crear un clima de escucha mutua y diálogo. Al contrario, crecen las descalificaciones y disensiones entre obispos y teólogos; entre teólogos de diferentes tendencias; entre movimientos y comunidades de diverso signo; entre grupos y «blogs» de todo género…

Pero, tal vez, lo más triste es ver cómo sigue creciendo el distanciamiento entre la jerarquía y el pueblo cristiano. Se diría que viven dos mundos diferentes. En muchos lugares los «pastores» y las «ovejas» apenas se conocen. A muchos obispos no les resulta fácil sintonizar con las necesidades reales de los creyentes, para ofrecerles la orientación y el aliento que necesitan. A muchos fieles les resulta difícil sentir afecto e interés hacia unos pastores a los que ven alejados de sus problemas.
Sólo creyentes, llenos del Espíritu del Buen Pastor, pueden ayudarnos a crear el clima de acercamiento, mutua escucha, respeto recíproco y diálogo humilde que tanto necesitamos.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 3 de Mayo, 2009, 9:41, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Dos poemas a María de Nazaret

Mayo, mes en que los creyentes recordamos de manera especial a María de Nazaret, la que supo decir y haer "Hágase en mí según tu palabra"; la que supo dar el mejor consejo habido: "Hagan lo que El les diga". En su recuerdo y para nuestro compromiso traemos hoy a la contemplación de todos dos poemas del obispo español radicado en Brasil desde hace muchos años, Pedro Casaldáliga:

CANCION RECIENTE SOBRE MARÍA DE NAZARET

Tengo tres amores, tres: el Evangelio,
la Patria Grande
y el Corazón intacto de una mujer:
la llena de Dios,
tan nuestra,
María de Nazaret.

Toquen o no las campanas
-que el computador es ley-,
todavía sigue hablando
el arcángel Gabriel,
Y le responde María
con un colectivo amén.
Y el Verbo se hace carne
en el vientre de su fe.

Pasan, iguales, las horas
sobre el serrín de José.
La Biblia y los periódicos,
juntos, se han puesto a leer.
Y crece el Niño y el Reino
y crece el Pueblo también.
Pasan romanos y gringos
y en ese imperial vaivén
se llevan sueños y vidas,
al Calvario, del Quiché.

Pero María y las madres
rumian la paz de Belén,
el polvo de Galilea,
el sol de Genesaret,
el gusto del pan partido
y el ausente amanecer
de la mañana de Pascua
que siempre está por volver.

NIÑA DEL SÍ

Todo estaba pendiente de tu boca.
Igual que si los hombres, de golpe, se sintieran
con la vida en las manos, detenida,
como un reloj callado y a la espera.

Como si Dios tuviera que esperar un permiso...

Tu palabra sería la segunda palabra
y ella recrearía el mundo estropeado
como un juguete muerto que volviera a latir súbitamente.
Tú pondrías en marcha, otra vez, la ternura.

Orilla virginal de la palabra, niña del sí preñada con el Verbo,
sin la más leve sombra de no, toda en el Día.
Dios encontraba en ti, desde el primer albor de tus latidos,
la respuesta cabal a su pregunta
sobre la Nada en flor...
Tú lo hacías dichoso desde el Tiempo.
Tu corazón se abría como una playa humilde, sin diques fabricados,
y en la arena sumisa de tu carne el mar de Dios entraba enteramente.

Niña del sí, perfecto en la alabanza como una palma de Cadés invicta;
jugoso en la alegría rebrotada, como la vid primera;
pequeño como el viento de un párpado caído, y poderoso
como el clamor del Géresis.

Niña del sí desnudo, como un tallo de lirio
bajo el filo implacable de la Gloria...
Cuanto más cerca de la Luz vivías,
más en la noche de la Fe topabas, a oscuras, con la Luz,
y más hondas raíces te arrancaba tu sí, ¡niña del sí más lleno!
Tú diste más que nadie, cuando más recibías,
infinita de seno y de esperanza.
¡Tú creíste por todos los que creen y aceptaste por todos...!
Creías con los ojos y con las manos mismas, y hasta a golpes de aliento
tropezaba tu fe con la Presencia en carne cotidiana.
Tú aceptabas a Dios en su miseria, conocida al detalle, día a día:
en las especies torpes del vagido
y en las especies del sudor cansado
y en el peso vencido de la muerte...

¡Rehén de la victoria de la Gracia, fianza de la tierra contra el Cielo,
gavilla de cordera, presentada y encinta!
Porque has dicho que sí,
Dios empieza otra vez, con tu permiso, niña del sí, María.
Las alas de Gabriel abren el arco por donde pasa entera la Gloria de Yahvé.
El arca de tu seno, de madera de cedros incorrupta, viene con el Ungido.
La Primavera acecha detrás de Nazaret, regada por el llanto,
y sobre las banderas blancas de los almendros
el trino de tu voz rompe en el júbilo, humildemente solo.

Nota: Estos y otros poemas sobre María, así como reflexiones suyas en torno a Ella, podemos encontrarlos buscando "Página de Pedro Casaldáliga" en Google

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 2 de Mayo, 2009, 11:29, Categoría: Reflexiones creyentes
Enlace Permanente | Referencias (0)

1ª de Mayo 2009 y grupos cristianos

COMUNICADO 1º DE MAYO DE 2009

Los movimientos especializados de Acción Católica para la evangelización del mundo obrero, MTC (Mujeres Trabajadoras Cristianas), HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) y JOC (Juventud Obrera Cristiana), en esta celebración del 1º de mayo, día Internacional de la Clase Obrera, nos sentimos cercanos a tantos compañeros y compañeras de trabajo, junto con los cuales vivimos con angustia y preocupación este momento de incertidumbre laboral, acentuado por la crisis económica mundial.

“Hace unos meses sufrí en mis carnes la experiencia laboral más precaria que he vivido, y la verdad que he vivido unas cuantas. Esta vez no fue porque tuviera un contrato basura, ni porque me pagaran un sueldo de mileurista. Sencillamente dejaron de pagarme mi sueldo… en la empresa había compañeros a los que no se les debía 2 meses, como a mí, sino 3 y 4. Fue muy duro.” (Óscar)

En este contexto de crisis queremos denunciar la destrucción de miles de puestos de trabajo y cómo se está exigiendo por parte de las organizaciones empresariales una mayor flexibilización del mercado laboral: abaratamiento de despidos, mayor precarización de las condiciones laborales, etc; en definitiva, cargar con el mayor peso de la crisis a los trabajadores y trabajadoras, mientras se ayuda con suculentas inyecciones de dinero a los que sí son causantes de ella.

Una crisis producida por un sistema económico mundial injusto e insolidario, regido por el ciclo: consumir, producir, consumir, que tanta desigualdad y pobreza genera, especialmente en los más débiles. Esta crisis pone en cuestión la civilización montada sobre el macro-consumo, el derroche de recursos naturales, el capricho, las “modas”, la búsqueda desenfrenada del beneficio inmediato y a costa de lo que sea. Nunca ha sido más evidente la necesidad de un cambio radical que trastoque las reglas del sistema y el sistema mismo.

“Es necesario denunciar la existencia de unos mecanismos económicos, financieros y sociales, los cuales, aunque manejados por la voluntad de los hombres, funcionan de modo casi automático, haciendo más rígida las situaciones de riqueza de los unos y de pobreza de los otros”. (Juan Pablo II, en SRS, 16)

Llevamos años viendo cómo miles de trabajadores y trabajadoras son despedidos. Hay en nuestro país más de 3,6 millones de parados que se ven empujados hacia la pobreza y la exclusión. Cáritas denuncia que “en 2008 aumentaron un 54% el número medio de las demandas de ayudas económicas, centradas principalmente en ayudas para vivienda y alimentos”; y que “el 60% de quienes acuden son familias jóvenes, con dos o tres hijos en edad escolar, de los cuales la mitad son inmigrantes y la otra mitad españoles”.

Cifras no menos preocupantes tienen que ver con los ERE (Expedientes de Regulación de Empleo) que en España, en el 2008, crecieron un 163%. Así mismo, la desigualdad de género permanece en el mercado laboral, pues las mujeres  perciben un salario 17,6% menor que los hombres y  sufren el paro un16,3% frente al 14,8% de los hombres.

Como trabajadores y trabajadoras cristianos, seguidores de Jesucristo, modelo de amor, caridad y esperanza, nos duele y preocupa esta situación. Nos sentimos interpelados por la realidad y llamados, desde el evangelio, a vivir más comprometidos. La esperanza cristiana es la que debe movernos a trabajar sin desmayo por un nuevo modelo de sociedad que sea más justo, más humano y más solidario.

Por eso, debemos romper la inercia social de no corresponsabilizarnos con nada porque no depende de nosotros. Todos tenemos responsabilidad de lo que pasa. Nuestra indiferencia también genera dolor y sufrimiento. Es el momento del compromiso: vivir nuestra vida priorizando nuestra solidaridad con los empobrecidos, poniendo nuestra economía a su servicio, compartiendo de nuestro salario con los que no lo tienen (y ya hay experiencias de ello en numerosos lugares del país), desarrollar un compromiso social y político con otros, para hacer posible una transformación de nuestra sociedad; replantearnos nuestros ahorros en la banca alternativa; indagar en el comercio justo; llevar una vida respetuosa con el medio ambiente, austera y no consumista; estar organizados y preocupados por nuestros vecinos y compañeros de trabajo, etc.

Así mismo, exigimos a los poderes políticos y financieros, la construcción de una política económica donde se coloque en el centro de las respuestas la vida de todas las personas, pues es urgente no sólo refundar la vida social y económica, sino nuestra propia humanidad.

Tenemos muchos motivos para participar, reivindicar y celebrar este 1º de Mayo día Internacional de la Clase Obrera.

Juventud Obrera Cristiana  JOC

                Mujeres Trabajadoras Cristianas  MTC

                               Hermandad Obrera de Acción Católica  HOAC

1º de mayo de 2009

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 1 de Mayo, 2009, 12:29, Categoría: Reflexiones creyentes
Enlace Permanente | Referencias (0)




<<   Mayo 2009  >>
LMMiJVSD
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Enlaces
eGrupos
ZoomBlog

Otros blogs
Para ser diferentes
Pequeñas semillitas
Restauración de lo alto
Testigos del Evangelio

 

Blog alojado en ZoomBlog.com