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Enero del 2009


Confianza a pesar de las tormentas

(Mc 4,35-41):   Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Pasemos a la otra orilla». Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con Él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».

Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?». Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?».

 

Una barca. El vaivén del mar. Las tempestades o borrascas. El trabajo del Maestro. El miedo y el ánimo. El temor y el respeto. El nacimiento de la confianza. Cosas todas, junto a otras, que aparecen en el texto de hoy y que se repiten en el Evangelio. Quizá nos indican que nuestra vida es como una barca en el mar, con un patrón que nos da confianza pues su trabajo es constante y serio. Algo que nos ha de infundir ánimo, pues tormentas y borrascas no nos faltan. A las de cada día, a las personales e íntimas hemos de añadir en estos momentos la crisis económica, a nivel internacional, que parece rodearnos. Frente a ella, compañera de nuestra barca, no en clima de bonanza, sino como una tempestad, y junto al trabajo serio y coordinado que hemos de hacer en cada región o lugar no nos debe falta la actitud a la que nos anima el Evangelio de hoy: no ir con tanto miedo, o al menos no caminar y vivir solo con miedo. El miedo es la tormenta, pero la confianza en un futuro mejor y diferente no nos puede abandonar. Pereceríamos en grado sumo. Ha habido momentos en la historia del cristianismo y de la humanidad en que las olas parecían romper la barca. Sin embargo, aquí estamos y seguimos.

Según expresa L. Boff (http://www.redescristianas.net/2009/01/31/la-cosmologia-de-la-dominacion-en-crisisleonardo-boff-teologo/ ) :” La Tierra, según renombrados cosmólogos y biólogos, es un planeta vivo –Gaia– que articula lo físico, lo químico, lo biológico de tal forma que el resultado es siempre favorable a vida. Todos sus elementos están dosificados de una forma muy sutil como solo un organismo vivo puede hacerlo. Solamente a partir de los últimos decenios, y ahora de manera inequívoca, da señales de estrés y de pérdida de sostenibilidad. Tanto el universo como la Tierra se muestran guiados por un propósito que se revela por la emergencia de órdenes cada vez más complejas y conscientes.

Nosotros mismos somos la parte consciente e inteligente del universo y de la Tierra. Por el hecho de ser portadores de estas capacidades, podemos enfrentarnos a las crisis, detectar el agotamiento de ciertos hábitos culturales (paradigmas) e inventar nuevas formas de ser humanos, de producir, consumir y convivir. Es la cosmología de la transformación, expresión de la nueva era, la era ecozoica.

Necesitamos abrirnos a esta nueva cosmología y creer que aquellas energías (expresión de la suprema Energía) que están generando el universo desde hace más de trece mil años están también actuando en la presente crisis económico-financiera. Ellas ciertamente van a forzarnos a un salto de calidad rumbo a otro modelo de producción y de consumo, que efectivamente nos salvaría, pues sería más conforme a la lógica de la vida, a los ciclos de Gaia y a las necesidades humanas.”

Parece una teoría científica lo que nos plantea, y en el fondo nos llama a la misma actitud y realismo que el texto evangélico del día.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 31 de Enero, 2009, 10:36, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Creciendo

(Mc 4,26-34):  En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra». Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

 

Dios no duerme, nos enseñaron desde pequeñitos. No porque nos vigile como el ojo de Gran Hermano, sino porque nos acompaña, guía nuestras vidas, actúa para que el bien vaya fluyendo. Y luego depende de cada árbol plantado en la tierra, que somos cada uno de nosotros, cada una de nuestras comunidades. Cada árbol, si está vivo, ha de crecer, como el grano de mostaza. Y crecer es hacer crecer el bien, el amor, la paz, la justicia y los valores que trae consigo impregnados el Reino de Dios. Somos nosotros los que, guiados por la acción de Dios, vamos encaminando la historia de la humanidad.

 

Puede que siempre sean pequeñeces lo que nosotros podamos lanzar al surco abierto. Solo pequeños granos de mostaza, pero estos tendrán su crecimiento. Lo veremos nosotros quizá, lo verán otros seguramente. Nuestro grano de mostaza, es ir sembrando el camino de flores sencillas que lo hagan amable al que viene por detrás. Es a lo mejor no callar ante la injusticia, sabiendo que nuestra voz no va a sonar muy alto. Es intentar acompañar al que va solo, sin poder ofrecerle otra cosa que la compañía.

Es regalar ese rato libre para escuchar al caminante y darle también nuestra conversación. Es hacerle partícipe de lo que hemos aprendido, para que sepa lo mismo que nosotros. Es sentarle a nuestra mesa, si tiene hambre y compartir con el nuestro pan. Es, a lo mejor, hablarle de Dios por si no lo conocía o le ha olvidado.

 

Eso sí, los arbolitos que van creciendo y a los que se les exige vida no somos solo nosotros como cristianos individuales, sino las comunidades, los grupos donde estamos insertos. ¿Crecen también nuestras comunidades como el grano de mostaza?

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 30 de Enero, 2009, 10:43, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Salió el sembrador a sembrar

(Mc 4,1-20):   En aquel tiempo, Jesús se puso otra vez a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción: «Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento». Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga».

Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. El les dijo: «A vosotros se os ha dado comprender el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone».

Y les dice: «¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la Palabra. Los que están a lo largo del camino donde se siembra la Palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la Palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumben enseguida. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento».

La semilla es la misma. Y lo es la lluvia que cae sobre ella y el sol, que la calienta.

Es la tierra, el lugar donde cae, el que es distinto y hace que sea diferente también la cosecha. La tierra es la que hay que preparar, porque la semilla, que es la Palabra de Dios, es siempre rica y fecunda, y no depende de ella, por lo tanto, la abundancia del fruto. Siempre es eficaz.

 

Unas veces superficial, otras dura, algunas pedregosa, rechaza la tierra, de un modo u otro la entrada de la semilla, haciéndola inútil. 

 

Conocemos el significado de la parábola, y entendemos bien que somos cada uno esa tierra, cuando no hacemos fructificar en nosotros la Palabra. Y que se produzca el milagro, pues al compartirla, nos enriquecemos, convirtiéndonos también en sembradores. Todos andamos en el camino, en búsqueda, con horizontes y perspectivas delante de nosotros. En unos puede más otras motivaciones que nos vienen de otras perspectivas; en otros, la inconstancia, el no saber permanecer, el gustarnos más lo animoso y lo fácil que lo que trae complicaciones; en otros, las dificultades, las incomprensiones, los resultados adversos, el no resultado evidente de los objetivos que nos planteamos. En casi todos es aquello que nos rodea, la realidad de cada día que no se presta al contenido de lo que se nos anuncia: la competencia, la comodidad, el dinero, las facilidades de la vida y un largo etcétera son factores que influyen para que, como tierra, no demos el fruto suficiente. Es cuestión de acoger positivamente el mensaje, no solo escucharlo, y procurar actuar en consecuencia, es decir, dar fruto.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 28 de Enero, 2009, 9:07, Categoría: Comentarios al Evangelio
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El dolor no tiene la última palabra

(Mc 3,22-30):   En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios». Entonces Jesús, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa. Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno». Es que decían: «Está poseído por un espíritu inmundo».

 

 

Hemos reflexionado en infinidad de ocasiones como el expulsar demonios de alguna forma simboliza la lucha contra el mal y la maldad que existe a nuestro alrededor, la colaboración en buscar una sociedad mejor organizada, más fraternal, mas solidaria.

 

En esta línea y como el mejor comentario que hoy pudiéramos hacer a esta aportación del Maestro, traemos a colación el testimonio de una creyente en Sudán, en tierras africanas, desprovistas de muchas de las cosas que tenemos en nuestras sociedades organizadas, llamadas del bienestar. Un testimonio donde la compasión que Jesús manifiesta en el texto evangélico del día, la vemos concretada de maneras diferentes en el texto de esta hermana nuestra.

 

DECIDIR QUE EL DOLOR NO TIENE LA ULTIMA PALABRA

 

Vivir en África implica que esté constantemente despierta. Me refiero a que toda esta realidad absolutamente nueva para mi, me impele a abrir el corazón, la mente, el entendimiento, mi ser, para poder estar así realmente presente compartiendo la historia de este pueblo que lucha por resurgir después de tantos años de una cruenta guerra que intentó acabar con lo poco que había, a la vez que voy entretejiendo anteriores vivencias en búsqueda de nuevos aprendizajes para no pasar de largo por la vida.

 

En este intento, los primeros que han dado conmigo son los niños; en mi opinión, los mejores anfitriones en cualquier lugar que se visite. Excelentes relacionistas públicos, historiadores, guías turísticos, en fin, todo cuanto cualquier foráneo pudiere necesitar está al alcance de esas manos pequeñas,  de sus ojos curiosos pero acogedores y sus sonrisas calidas y traviesas.

 

Muchas  veces los descubro observándome detenidamente, ni siquiera parpadean. No se lo que piensan, aquí la diferente soy yo (arbo*:“cowaya”, que significa blanca), aunque podría asegurar que ellos no estiman diferencias. Entonces, tras mirarlos, les sonrió y al decirles cbat*:“chiwac” (hola), los sorprendo y es como si los trajera de vuelta a donde los llevaron sus pensamientos, aquellos que me encantaría develar, de donde regresan sonriendo.

 

Siempre he sentido una afinidad especial con los niños, es un regalo de Dios que me ha permitido disfrutar y aprender mucho. De modo que ahora mis nuevos maestros están ofreciéndome una preciosa lección, algo que deseo compartir con aquellos que están donando su vida en la formación mejores seres humanos, aquellos que podrían hacer realidad la construcción de un mundo en donde se valore la vida.

 

Estos pequeños niños sudaneses, y ahora particularmente, miembros del grupo étnico  Dinka, nacieron o contaron pocos años bajo el azote inmisericorde de la guerra que ha marcado sus vidas y forma parte de su historia. Con tan poco tiempo en el planeta y ya saben del dolor y de las perdidas que ocasiona el sinsentido de luchar unos contra otros, tras los bombardeos que cuentan, padecieron día a día cada mañana.  Saben más que del miedo, del pánico al verse perseguidos corriendo de un lado a otro en busca de un lugar donde esconderse y después donde refugiarse. Saben qué significa ver destruida su escuela, el templo, el hospital, sus propias viviendas.  Saben también, que se siente al no poder comer o dormir y lo peor, saben de la perdida de los suyos, padres, hermanos, maestros, familiares, amigos o de las mutilaciones de los que sobrevivieron… Demasiadas experiencias dolorosas para cualquier ser humano.  

 

Entre muchas otras preguntas me planteo: ¿Cómo es posible sobreponerse después de todo esto? ¿De dónde obtienen tanta fuerza estos seres tan pequeños? ¿De dónde les surge la esperanza en una realidad diferente, cuando no tienen otro referente más que lo tristemente vivido?

No tengo todas las respuestas, de tenerlas habría conseguido una de las principales lecciones de vida para el género humano, pues sabría como afrontar el sufrimiento sin sucumbir ante él. De tal modo que los contemplo casi que con veneración para ver si aprendo un poquito de ellos.

 

Lo primero que siento es una profunda admiración por su resistencia; son capaces de caminar largas rutas en búsqueda de agua, pues uno de los principales problemas aquí es la carencia de este precioso liquido. Es cotidiana la escena de verlos desfilando en todos los tamaños en las horas en que es menos fuerte el sol  cargando recipientes cada uno según se lo permiten sus fuerzas.  También, deben transitar por horas y horas hasta llegar a la escuela, muchas veces en vano, pues por distintas razones no tienen clases o las reciben incompletas, así que deben devolverse, acompañados por un sol implacable y el hambre que forma parte de su dura realidad, pues ellos no pueden alimentarse diariamente o reciben cantidades incipientes. Pero ante todo, y esto forma parte de una de las cosas que mas llama mi atención es que a pesar de esto no se quejan, ni le echan la culpa a nadie,  las dificultades no logran detenerlos, no por ello dejan de asistir a la escuela,  ni malogran su día.

 

De igual manera admiro su convicción religiosa,  de nuevo, deben recorrer mucho trecho hasta llegar donde se celebra la Eucaristía y,  dadas las condiciones del trayecto que dificulta la llegada de los sacerdotes, allí casi siempre deben esperar por horas. Hace poco estuve en una celebración de confirmaciones. La mayoría de asistentes eran niños.

 

Contamos con la suerte que la carretera estuviera en “buenas condiciones”, así que el retraso solo fue casi de hora y media. Al llegar, un grupo de jóvenes, incluidos los confirmandos, deseaba confesarse aprovechando la visita del obispo y dos sacerdotes, de manera que esto tomó más tiempo antes de empezar.

 

En otro contexto esto seria inamisible, pero para ellos la posibilidad de celebrar juntos es más importante que nada; están allí con todo su ser, no pensando en que tienen otra u otras cosas por hacer.  Además, está el respeto que les merece que otros hermanos suyos estén recibiendo un sacramento.  De modo que la celebración inicio no a las 10:30 A.M como estaba previsto, sino a las 2:38 P.M  

 

Podría continuar compartiendo mucho más de aquello que voy observando, pero escogeré un último detalle muy significativo para mi; se trata de las niñas que tienen bajo su responsabilidad el cuidado de sus hermanitos menores. Dado que es una convicción cultural el hecho que su papel se asemeja al de las propias madres, ellas con pocos años de diferencia asumen este rol de manera admirable. Nuevamente hay que sumar los factores y dadas las condiciones del clima, de su estado de nutrición y en muchas ocasiones de estar aún pequeñas, esto parecería impensable. Sin embargo, hay algo más en que un hecho cultural y es que AMAR ES UNA DECISIÓN Y NO HAY NADA QUE ESTA RESOLUCION NO SEA CAPAZ DE LOGRAR. Otra de las maravillosas enseñanzas que corroboro observándolos y digo otra, porque según lo interpreto, la principal lección que estoy aprendiendo es que, contrario a lo que se podría pensar, las carencias y dificultades, pueden fortalecer la voluntad y el espíritu de supervivencia y en la misma ruta, la capacidad para resistir a lo adverso. ¿Ocurre lo mismo cuando se proporciona y resuelve absolutamente todo a los hijos y/o estudiantes? La respuesta, producto de nuevo de mis observaciones es NO. Tristemente en la mayoría de los casos se forman personas dependientes, egoístas, inseguras, exigentes y dispuestas a quejarse o adjudicar culpas para todo aquello que no funciona según, ya no sus necesidades, sino sus caprichos.

 

Este descubrimiento no es mío. He leído de alguna corriente de psicología y pedagogía que estudia el fenómeno y es mucho lo que hoy se puede encontrar sobre la “resiliencia”.

 

Puntualmente, conozco el planteamiento que al respecto tiene Miguel de Zubiria.  En mi opinión, el mejor pedagogo colombiano y uno de los diez mejores de América Latina. 

 

Tengo conmigo una de sus obras titulada: Psicología de la Felicidad, que justamente inicia retomando los estudios hechos empleando algunos ratones de laboratorio y otros del común dentro de un estanque, en donde comprobaron que los primeros desistieron fácilmente ante la posibilidad de nadar y cruzarlo; mientras que los comunes no se dieron por vencidos y aquellos que no lograron su propósito lo intentaron una y otra vez por horas.

 

No puedo más que vincular el aprendizaje que estoy recibiendo por parte de estos pequeños Dinkas, cuya realidad no dista mucho de la de otros lugares en África, con este planteamiento del autor que cito,  originado, justamente, ante la preocupación por las crecientes cifras de casos de suicidio y depresión entre los jóvenes.

 

La falta del sentido de la vida es uno de los graves problemas que afronta nuestra sociedad y que cada vez arrastra tras de sí a más juventud. Un mal que no se soluciona a base de consumir más o recurrir a tratamientos de belleza que permitan responder a las expectativas de los otros.

 

No es mi intención hacer una oda a la miseria, el principal propósito de mi misión aquí es aportarle un poco a la construcción de una vida digna para quienes considero mis hermanos.  Tampoco pretendo comparar para dar por seguro, que esto es mejor que aquello. Sólo deseo invitarlos a reflexionar conmigo, a la vez que continuo observando a mis niños, mientras le pido a Dios que no se repita la guerra que tanto los ha hecho sufrir y que conserve toda su fortaleza para que nunca dejen de luchar, de creer, y que aquellos a quienes también amo y recuerdo: estudiantes, familiares (especialmente mis sobrinos) e  hijos de mis amigos, encuentren apoyo en sus formadores para que logren desarrollar su fuerza interior, tras descubrir que es posible aprender de todas las vivencias, incluso las más dolorosas y difíciles. Que no es necesario buscar bienes fuera cuando se posee tanta riqueza y verdadera belleza por dentro y  que no darse por vencidos es una actitud que le aporta sentido a la vida, pues aquello que requiere esfuerzo desarrolla nuestro potencial y le confiere mayor valor a lo que se hace con un ingrediente del cual hoy menos que nunca podemos prescindir LA FE.

Luz Enith Galarza Melo

Religiosa Filipense

 



* Escrito en Dinka y al lado su pronunciación en Español.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 26 de Enero, 2009, 7:48, Categoría: Reflexiones creyentes
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Ir detrás de Jesús

 (Mc 1,14-20):   Después que Juan fué entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres». Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.

Ir detrás de Jesús

José Antonio Pagola

http://www.redescristianas.net/2009/01/22/dominogo-25-de-enero-3%c2%ba-del-tiempo-ordinario-ir-detras-de-jesusjose-antonio-pagola/

Cuando el Bautista fue detenido, Jesús vino a Galilea y comenzó a «proclamar la Buena Noticia de Dios». Según Marcos, no enseña propiamente una doctrina para que sus discípulos la aprendan y difundan correctamente. Jesús anuncia un acontecimiento que está ya ocurriendo. Él lo está ya viviendo y quiere compartir su experiencia con todos.
Marcos resume así su mensaje: «Se ha cumplido el plazo»: ya no hay que mirar hacia atrás.

«Está cerca el reino de Dios»: pues quiere construir un mundo más humano. «Convertíos»: no podéis seguir como si nada estuviera ocurriendo; cambiad vuestra manera de pensar y de actuar. «Creed en esta Buena Noticia». Este proyecto de Dios es la mejor noticia que podéis escuchar.

Después de este solemne resumen, la primera actuación de Jesús es buscar colaboradores para llevar adelante su proyecto. Jesús va «pasando junto al lago de Galilea». Ha comenzado su camino. Es un profeta itinerante que busca seguidores para hacer con ellos un recorrido apasionante: vivir abriendo caminos al reino de Dios. No es un rabino sentado en su cátedra, que busca alumnos para formar una escuela religiosa. Ser cristiano no es aprender doctrinas, sino seguirle a Jesús en su proyecto de vida.
El que toma la iniciativa es siempre Jesús.

Se acerca, fija su mirada en aquellos cuatro pescadores y los llama a dar una orientación nueva a sus vidas. Sin su intervención, no nace nunca un verdadero cristiano. Los creyentes hemos de vivir con más fe la presencia viva de Cristo y su mirada sobre cada uno de nosotros. Si no es él, ¿quién puede dar una nueva orientación a nuestras vidas?

Pero lo más decisivo es escuchar desde dentro su llamada: «Venid detrás de mí». No es tarea de un día. Escuchar esta llamada significa despertar la confianza en Jesús, reavivar nuestra adhesión personal a él, tener fe en su proyecto, identificarnos con su programa, reproducir en nosotros sus actitudes… y, de esta manera, ganar más personas para su proyecto.

Éste podría ser hoy un buen lema para una comunidad cristiana: ir detrás de Jesús. Ponerlo al frente de todos. Recordarlo cada domingo como el líder que va por delante de nosotros. Generar una nueva dinámica. Centrarlo todo en seguir más de cerca de Jesucristo. Nuestras comunidades cristianas se transformarían. La Iglesia sería diferente.

José Antonio Pagola

http://www.redescristianas.net/2009/01/22/dominogo-25-de-enero-3%c2%ba-del-tiempo-ordinario-ir-detras-de-jesusjose-antonio-pagola/

Cuando el Bautista fue detenido, Jesús vino a Galilea y comenzó a «proclamar la Buena Noticia de Dios». Según Marcos, no enseña propiamente una doctrina para que sus discípulos la aprendan y difundan correctamente. Jesús anuncia un acontecimiento que está ya ocurriendo. Él lo está ya viviendo y quiere compartir su experiencia con todos.
Marcos resume así su mensaje: «Se ha cumplido el plazo»: ya no hay que mirar hacia atrás.

«Está cerca el reino de Dios»: pues quiere construir un mundo más humano. «Convertíos»: no podéis seguir como si nada estuviera ocurriendo; cambiad vuestra manera de pensar y de actuar. «Creed en esta Buena Noticia». Este proyecto de Dios es la mejor noticia que podéis escuchar.

Después de este solemne resumen, la primera actuación de Jesús es buscar colaboradores para llevar adelante su proyecto. Jesús va «pasando junto al lago de Galilea». Ha comenzado su camino. Es un profeta itinerante que busca seguidores para hacer con ellos un recorrido apasionante: vivir abriendo caminos al reino de Dios. No es un rabino sentado en su cátedra, que busca alumnos para formar una escuela religiosa. Ser cristiano no es aprender doctrinas, sino seguirle a Jesús en su proyecto de vida.
El que toma la iniciativa es siempre Jesús.

Se acerca, fija su mirada en aquellos cuatro pescadores y los llama a dar una orientación nueva a sus vidas. Sin su intervención, no nace nunca un verdadero cristiano. Los creyentes hemos de vivir con más fe la presencia viva de Cristo y su mirada sobre cada uno de nosotros. Si no es él, ¿quién puede dar una nueva orientación a nuestras vidas?

Pero lo más decisivo es escuchar desde dentro su llamada: «Venid detrás de mí». No es tarea de un día. Escuchar esta llamada significa despertar la confianza en Jesús, reavivar nuestra adhesión personal a él, tener fe en su proyecto, identificarnos con su programa, reproducir en nosotros sus actitudes… y, de esta manera, ganar más personas para su proyecto.

Éste podría ser hoy un buen lema para una comunidad cristiana: ir detrás de Jesús. Ponerlo al frente de todos. Recordarlo cada domingo como el líder que va por delante de nosotros. Generar una nueva dinámica. Centrarlo todo en seguir más de cerca de Jesucristo. Nuestras comunidades cristianas se transformarían. La Iglesia sería diferente.

Ir detrás de Jesús

José Antonio Pagola

http://www.redescristianas.net/2009/01/22/dominogo-25-de-enero-3%c2%ba-del-tiempo-ordinario-ir-detras-de-jesusjose-antonio-pagola/

Cuando el Bautista fue detenido, Jesús vino a Galilea y comenzó a «proclamar la Buena Noticia de Dios». Según Marcos, no enseña propiamente una doctrina para que sus discípulos la aprendan y difundan correctamente. Jesús anuncia un acontecimiento que está ya ocurriendo. Él lo está ya viviendo y quiere compartir su experiencia con todos.
Marcos resume así su mensaje: «Se ha cumplido el plazo»: ya no hay que mirar hacia atrás.

«Está cerca el reino de Dios»: pues quiere construir un mundo más humano. «Convertíos»: no podéis seguir como si nada estuviera ocurriendo; cambiad vuestra manera de pensar y de actuar. «Creed en esta Buena Noticia». Este proyecto de Dios es la mejor noticia que podéis escuchar.

Después de este solemne resumen, la primera actuación de Jesús es buscar colaboradores para llevar adelante su proyecto. Jesús va «pasando junto al lago de Galilea». Ha comenzado su camino. Es un profeta itinerante que busca seguidores para hacer con ellos un recorrido apasionante: vivir abriendo caminos al reino de Dios. No es un rabino sentado en su cátedra, que busca alumnos para formar una escuela religiosa. Ser cristiano no es aprender doctrinas, sino seguirle a Jesús en su proyecto de vida.
El que toma la iniciativa es siempre Jesús.

Se acerca, fija su mirada en aquellos cuatro pescadores y los llama a dar una orientación nueva a sus vidas. Sin su intervención, no nace nunca un verdadero cristiano. Los creyentes hemos de vivir con más fe la presencia viva de Cristo y su mirada sobre cada uno de nosotros. Si no es él, ¿quién puede dar una nueva orientación a nuestras vidas?

Pero lo más decisivo es escuchar desde dentro su llamada: «Venid detrás de mí». No es tarea de un día. Escuchar esta llamada significa despertar la confianza en Jesús, reavivar nuestra adhesión personal a él, tener fe en su proyecto, identificarnos con su programa, reproducir en nosotros sus actitudes… y, de esta manera, ganar más personas para su proyecto.

Éste podría ser hoy un buen lema para una comunidad cristiana: ir detrás de Jesús. Ponerlo al frente de todos. Recordarlo cada domingo como el líder que va por delante de nosotros. Generar una nueva dinámica. Centrarlo todo en seguir más de cerca de Jesucristo. Nuestras comunidades cristianas se transformarían. La Iglesia sería diferente.

José Antonio Pagola

http://www.redescristianas.net/2009/01/22/dominogo-25-de-enero-3%c2%ba-del-tiempo-ordinario-ir-detras-de-jesusjose-antonio-pagola/

Cuando el Bautista fue detenido, Jesús vino a Galilea y comenzó a «proclamar la Buena Noticia de Dios». Según Marcos, no enseña propiamente una doctrina para que sus discípulos la aprendan y difundan correctamente. Jesús anuncia un acontecimiento que está ya ocurriendo. Él lo está ya viviendo y quiere compartir su experiencia con todos.
Marcos resume así su mensaje: «Se ha cumplido el plazo»: ya no hay que mirar hacia atrás.

«Está cerca el reino de Dios»: pues quiere construir un mundo más humano. «Convertíos»: no podéis seguir como si nada estuviera ocurriendo; cambiad vuestra manera de pensar y de actuar. «Creed en esta Buena Noticia». Este proyecto de Dios es la mejor noticia que podéis escuchar.

Después de este solemne resumen, la primera actuación de Jesús es buscar colaboradores para llevar adelante su proyecto. Jesús va «pasando junto al lago de Galilea». Ha comenzado su camino. Es un profeta itinerante que busca seguidores para hacer con ellos un recorrido apasionante: vivir abriendo caminos al reino de Dios. No es un rabino sentado en su cátedra, que busca alumnos para formar una escuela religiosa. Ser cristiano no es aprender doctrinas, sino seguirle a Jesús en su proyecto de vida.
El que toma la iniciativa es siempre Jesús.

Se acerca, fija su mirada en aquellos cuatro pescadores y los llama a dar una orientación nueva a sus vidas. Sin su intervención, no nace nunca un verdadero cristiano. Los creyentes hemos de vivir con más fe la presencia viva de Cristo y su mirada sobre cada uno de nosotros. Si no es él, ¿quién puede dar una nueva orientación a nuestras vidas?

Pero lo más decisivo es escuchar desde dentro su llamada: «Venid detrás de mí». No es tarea de un día. Escuchar esta llamada significa despertar la confianza en Jesús, reavivar nuestra adhesión personal a él, tener fe en su proyecto, identificarnos con su programa, reproducir en nosotros sus actitudes… y, de esta manera, ganar más personas para su proyecto.

Éste podría ser hoy un buen lema para una comunidad cristiana: ir detrás de Jesús. Ponerlo al frente de todos. Recordarlo cada domingo como el líder que va por delante de nosotros. Generar una nueva dinámica. Centrarlo todo en seguir más de cerca de Jesucristo. Nuestras comunidades cristianas se transformarían. La Iglesia sería diferente.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 25 de Enero, 2009, 8:58, Categoría: Comentarios al Evangelio
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La manera de agradar al Señor

(Mc 3,20-21):  En aquel tiempo, Jesús volvió a casa y se aglomeró otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de Él, pues decían: «Está fuera de sí».

 

Ni los suyos mas cercanos, ni los mas próximos, ni sus familiares llegaron a entenderlo. Como muchas veces también no entendemos nuestra forma de relacionarnos con El y de agradarle. Esta fábula que adjuntamos, y cuyo autor desconocemos, que nos viene de mano de la amiga Luna podrá ayudarnos a situarnos en ese contexto, de que aunque no nos entiendan los que nos rodean habremos de seguir siendo fieles a nuestra conciencia y practicando el seguimiento de Jesús.

 

LA MANERA DE AGRADAR AL SEÑOR

Cierto novicio se acercó al abad Macario y le pidió consejo sobre la mejor manera de agradar al Señor.

- Vé hasta el cementerio e insulta a los muertos -le dijo Macario.

El hermano hizo lo que se le ordenó. Al día siguiente, volvió a visitar a Macario.

- ¿Y ellos te respondieron? -preguntó el abad.

El novicio le contestó que no.

-Entonces vuelve allí, y elógialos.

El novicio obedeció. Esa misma tarde, volvió con el abad, que nuevamente quiso saber si los muertos le habían respondido.

- No - dijo el novicio.

Para agradar al Señor, compórtate de la misma manera -le indicó Macario. - No hagas caso del desprecio de los hombres, ni de sus elogios; de esta manera, podrás construir tu propio camino. 
 

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 24 de Enero, 2009, 10:29, Categoría: Comentarios al Evangelio
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No quiso hacerlo solo

(Mc 3,13-19):   En aquel tiempo, Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.

 

Podía hacerlo solo. Con mas triunfalismo y poder. Con decisiones propias. Pero prefiere hacerlo en grupo, en comunidad, con otras personas, a quienes conoce, a quienes elige personal e individualmente. Cada uno diferente, cada uno con su estilo y su carácter. Con algo en común: son gente sencilla, en su mayoría pescadores. Algún que otro de la pequeña o mediana empresa o más bien autónomo, diríamos hoy. Pero en su generalidad, gente de barrio, gente de pueblo. Son con los que El cuenta. Llama a todos, sí, pero siempre tiene alguna preferencia.

 

Los elige para que sean sus amigos, para estar con El, y también para enviarlos a predicar, es decir a anunciar su mensaje de liberación, pues entre otras cosas se trata también de luchar contra el mal – con poder de expulsar los demonios, dice el texto-.

 

Sabemos que esta llamada de ayer es también una llamada de hoy. Y que es para cada uno de nosotros, con nuestro nombre y apellidos, con nuestra historia y nuestros condicionantes sociales. Se hace oficial desde el Bautismo, y la vamos haciendo consciente a lo largo de la vida, unos antes, otros después. No importa el momento ni el tiempo invertido. Lo importante es que, siendo conscientes de ella, nos comportemos de acuerdo a esa conciencia y a ese don recibido. Porque es un don, un regalo: para ser sus amigos y partícipes de su misión. Es decir, para ser sus portavoces y pasar entre los demás como eco de sus palabras y sobre todo de sus obras. No somos nosotros los que le elegimos a El. Es El quien, conociéndonos tal como somos, con nuestros fallos y aciertos, nos elige por nuestro nombre. ¿Por qué no intentamos volver a leer el texto y en los nombres de los apóstoles ponemos el nuestro, el de los miembros de nuestra comunidad, de nuestra familia, de aquellos con los que compartimos de cerca nuestra fe?

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 23 de Enero, 2009, 8:06, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Una nueva manera de ver las cosas

(Mc 3,1-6):   En aquel tiempo, entró Jesús de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio». Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?». Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra Él para ver cómo eliminarle.

 

Estos días pasados el evangelio nos ha estado anunciando la novedad de Jesús, el Señor, el contenido nuevo que imprime a nuestra relación con Dios y que El viene a introducir. Es como estar acompañando al novio en su boda. Es un vino nuevo que no puede ser introducido en odres viejos, sino nuevos. Somos los amigos del esposo, llamados a una vida nueva, donde el ayuno, la penitencia, el sacrificio, no tienen sentido por si mismos sino como medios y expresiones en momentos determinados de la vida. Por eso es capaz de subvertir el orden establecido, y poner a las personas como lo principal y más importante, mucho más que las normas y los preceptos, de tal forma que el sábado es para el hombre, y no el hombre para el sábado. No pasa nada, pues, con arrancar espigas o con sembrar en un sábado, nos señalaba en el texto de ayer. Lo importante es el servicio a los demás y cubrir las necesidades de los otros. Son las cosas para las personas, y no al revés, nos viene a decir la novedad de Jesús.

 

Por eso en el texto de hoy nos insiste en el mismo mensaje, y ante el estupor de los fariseos, cura a una persona en el día del sábado. “Con su acción, Jesús libera también el sábado de las cadenas con las cuales lo habían atado los maestros de la Ley y los fariseos, y le restituye su sentido verdadero: día de comunión entre Dios y el hombre, día de liberación de la esclavitud, día de la salvación de las fuerzas del mal. Nos dice san Agustín: «Quien tiene la conciencia en paz, está tranquilo, y esta misma tranquilidad es el sábado del corazón». En Jesucristo, el sábado se abre ya al don del domingo”, nos dice Joaquim Meseguer en su comentario de hoy en evangeli.net

 

Revisar nuestras actitudes ante los ritos, normas, costumbres nos puede venir bien en estos días en que nuevos gestos, nuevas formas de vida, nuevas culturas emergen en el horizonte de nuestro mundo. El criterio no es la práctica rutinaria de lo que siempre se ha hecho, sino el bien de las personas y la práctica de los valores establecidos por el Evangelio como un orden nuevo, donde el vino nuevo hay que ponerlo en odres nuevos. No valen los odres viejos.

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 21 de Enero, 2009, 7:54, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Aprender a vivir

(Jn 1,35-42):   En aquel tiempo, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios». Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?». Ellos le respondieron: «Rabbí —que quiere decir “Maestro”— ¿dónde vives?». Les respondió: «Venid y lo veréis». Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Éste se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías» —que quiere decir, Cristo—. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» —que quiere decir, “Piedra”.

Aprender a vivir

José Antonio Pagola

http://www.redescristianas.net/2009/01/15/domingo-18-de-enero-2%c2%ba-del-tiempo-ordinario-aprender-a-vivirjose-antonio-pagola/


El evangelista Juan ha puesto un interés especial en indicar a sus lectores cómo se inició el pequeño grupo de seguidores de Jesús. Todo parece casual. El Bautista se fija en Jesús que pasaba por allí y les dice a los discípulos que lo acompañan: «Éste es el Cordero de Dios».
Probablemente, los discípulos no le han entendido gran cosa, pero comienzan a «seguir a Jesús». Durante un tiempo, caminan en silencio. No ha habido todavía un verdadero contacto con él. Están siguiendo a un desconocido y no saben exactamente por qué ni para qué.

Jesús rompe el silencio con una pregunta: «¿Qué buscáis?» ¿Qué esperáis de mí? ¿Queréis orientar vuestra vida en la dirección que llevo yo? Son cosas que es necesario aclarar bien. Los discípulos le dicen: «Maestro, ¿dónde vives?» ¿Cuál es el secreto de tu vida? ¿Qué es vivir para ti? Al parecer, no buscan conocer nuevas doctrinas. Quieren aprender de Jesús un modo diferente de vivir. Quieren vivir como él.

Jesús les responde directamente: «Venid y lo veréis». Haced vosotros mismos la experiencia. No busquéis información de fuera. Venid a vivir conmigo y descubriréis cómo vivo yo, desde dónde oriento mi vida, a quiénes me dedico, por qué vivo así.

Este es el paso decisivo que necesitamos dar hoy para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Millones de personas se dicen cristianas, pero no han experimentado un verdadero contacto con Jesús. No saben cómo vivió, ignoran su proyecto. No aprenden nada especial de él.
Mientras tanto, en nuestras Iglesias no tenemos capacidad para engendrar nuevos creyentes. Nuestra palabra ya no resulta atractiva ni creíble.

Al parecer, el cristianismo, tal como nosotros lo entendemos y vivimos, interesa cada vez menos. Si alguien se nos acercara a preguntarnos «dónde vivís» «qué hay de interesante en vuestras vidas», ¿cómo responderíamos?

Es urgente que los cristianos se reúnan en pequeños grupos para aprender a vivir al estilo de Jesús escuchando juntos el evangelio. Él es más atractivo y creíble que todos nosotros. Puede engendrar nuevos seguidores, pues enseña a vivir de manera diferente e interesante.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 18 de Enero, 2009, 8:07, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Progreso: donde hay amor, allí está Dios

 (Mc 2,13-17):  En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?». Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

 

Escandaliza a la gente, porque se sale de lo habitual y normal en sus costumbres. No todo lo que cambia, no todo lo que vemos diferente en nuestro tiempo, no todo lo que nuestros hijos nos traen a casa con sus palabras y contenidos es negativo porque se salga de nuestras costumbres normales, podría ser como una primera lección del texto de hoy. Jesús vino a traer vino nuevo, a traer fuego para que ardiera la tierra, a anunciar y proclamar un cambio. Todos los seres pensantes nos han dicho siempre que el mundo está en evolución, en cambio, en dinamismo. Desde lo fundamental que el Evangelio nos proclama, el amor a Dios y a la humanidad, ojala sepamos abordar los cambios en actitudes, comportamientos, costumbres, contenidos y que van en el derrotero del progreso social y humano, sin ir contra lo fundamental que para los creyentes es lo anterior, y para todos los seres humanos, independientemente a sus creencias o no, son los derechos y libertades fundamentales que nos hemos dado.

 

Desde esas consideraciones hoy, pues, contemplamos como la mesa de Jesucristo está abierta a todos, también a aquellos de los que los religiosos de aquel entonces se escandalizaban como los pecadores, las prostitutas, los cobradores de impuestos, los gentiles, la gente de mala fama. No importan las normativas legales de pureza legal. No es lo que entra de fuera adentro lo que nos mancha, sino lo que sale de dentro hacia fuera lo que mancha el corazón del hombre. Y donde quiera que haya amor, allí está el Señor. Es el criterio de calidad para saber hasta donde podemos llegar en lo que llamemos progreso, desarrollo, evolución, dinamismo. Sin ser jueces, sin sentirnos superiores, sino solo desde la calidad que nos da el saber que donde hay amor, allí está Dios.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 17 de Enero, 2009, 11:34, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Al ver la fe de los otros

(Mc 2,1-12): Entró de nuevo en Cafarnaum; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra.

Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».

Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?». Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’».

Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida».

 

 

Como siempre su presencia atrae gente en torno a sí. Es algo más que curiosidad, es como buscar la respuesta a múltiples preguntas que nos solemos hacer en la vida de cada día. Le llevan sus preocupaciones, entre ellos un paralítico. Jesús responde con algo más de lo que buscaban: no solo la curación exterior, sino la interior, comenzando con ésta, ante algunos de ellos que se escandalizan. Y lo hacen porque solo creen lo que ven, por eso hace andar también al paralítico, lo más difícil para ellos lo más sencillo para el Maestro. Al final, aceptan la realidad y reconocen que jamás han visto cosa similar.

 

Se preocupa del interior y del exterior, hoy diríamos de lo personal y de lo social, del alma y del cuerpo, sosiega el espíritu y calma el hambre. Su atención a los demás es integral. Pero insiste en hacernos caer en la cuenta que lo más importante es el interior de las personas, lo que siempre hemos llamado la salvación del alma. Algo que es ya para esta historia que vivimos, y no simplemente para el final de los tiempos, cuando tengamos que rendir cuentas pasado el último minuto de nuestra existencia.

 

Eso sí, todo ello lo pone en acción Jesús, “al ver la fe de los que lo llevan”. No se fija tanto en el paralítico, sino en sus compañeros y amigos. Y ello no cabe duda que es una llamada a nuestra responsabilidad, pues conocemos y somos amigos de muchos paralíticos en nuestra sociedad, y para que llegue a ellos el pan que precisan, la justicia que anhelan o el amor que no sienten, Dios se podrá valer de la fe de los que estamos cercanos y conocemos sus realidades. Sentirnos responsables en esta tarea no es para llenarnos de miedo, al contrario de gran confianza.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 16 de Enero, 2009, 9:32, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Señor, hay enfermos a nuestro lado

(Mc 1,29-39):   En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

 

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan». El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

 

Entregado de lleno a la acción y el trabajo con los demás en la lucha contra todo lo que signifique mal, y entregado de lleno a la contemplación y oración en el encuentro con su Padre. Dos constantes que simultanea Jesús en su vida, y de las que hemos reflexionado con frecuencia en este espacio.

 

Y no solo sacaba tiempo para ello, sino que tampoco se concentraba en un grupo de privilegiados, sino que salía a los pueblos vecinos pues también había venido para los demás.

 

Jesús es siempre el Maestro y su vida entre nosotros, es siempre enseñanza:  es como un reguero de luz que nos indica con claridad que hemos de hacer. Y esto es seguir sus huellas: buscar hacer el bien, pensando siempre en ayudar a los demás, y sobre todo, para poder darles algo que merezca la pena, llenarnos nosotros de la Fuerza de Dios, en la oración. Es como ser un canal que lleve a los hermanos lo que en la oración alcanzamos.

 

Pero es también un momento hoy en el que vemos a Jesús rodeado de enfermos, para tener un recuerdo cariñoso para todos los que a nuestro lado –familia, amistades, vecinos- o más lejos –cualquier parte del mundo- sufren algún tipo de enfermedad. Todos los días nos llega noticia de alguien a quien le aqueja algún mal, o imágenes de niños o personas solas y con llagas en su cuerpo. Para ellos nuestra actitud solidaria, como la de Jesús que se ponía al lado de todos los que se encontraban mal de diversas enfermedades. De manera especial viene a nuestro recuerdo las imágenes de los niños ensangrentados por la masacre bélica no solo en Gaza sino también en el Congo y otros lugares.

 

A María, a quien muchas veces llamamos madre dolorosa y misericordiosa, nos acercamos hoy como mujer de nuestro pueblo y madre de los hijos mas abandonados de la humanidad para recordarles a todos los enfermos y especialmente a los más solos. Ella ha vivido situaciones de dolor y de angustia y sabe lo que en ellas se siente y se sufre. Que, desde su experiencia, deje en los que más lo necesitan en el día de hoy, un poco de su ternura, de su confianza, de su esperanza y de su valentía, y nos enseñe a caminar por las sendas del bien y de la paz.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 14 de Enero, 2009, 9:52, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Como quien tiene autoridad

(Mc 1,21-28):  Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.

Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

 

Asombrados de su doctrina. No lo hacía como los demás. Lo hacía con autoridad. No porque hablara mas alto o gritara más que nadie. Sino fundamentalmente porque hablaba con el ejemplo. Por su coherencia de vida. Enseñaba el amor pero no andaba aprovechándose de los demás. Enseñaba el amor y trataba a todos por igual, sin distinciones, si acaso con preferencia a los más pobres y necesitados. Por eso es capaz de decir de los fariseos “hagan lo que ellos dicen, pero no lo que ellos hacen”. Jesús estaba contra un espiritualismo hipócrita. Por eso a la gente les parecía una doctrina nueva, expuesta con autoridad.

 

Y además liberando a aquel hombre de un espíritu inmundo, sus hechos ponen de manifiesto sus gestos de liberación, como comentábamos recientemente. Y de alguna manera exhortándonos a sentirnos liberados por El de todo aquello que no nos deja ser nosotros mismos (traumas, adicciones, complejos, miedos, fobias, dependencias, miedos, pesimismos) y que nos ata y domina. Será una forma también de dar testimonio con autoridad por parte nuestra

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 13 de Enero, 2009, 8:44, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Escuchar lo que dice el Espíritu

(Mc 1,7-11):  En aquel tiempo, predicaba Juan diciendo: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo». Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fué bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a Él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco».

 

 

Bautismo del Señor: Escuchar lo que dice el Espíritu

 

José Antonio Pagola

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Los primeros cristianos vivían convencidos de que para seguir a Jesús es insuficiente un bautismo de agua o un rito parecido. Es necesario vivir empapados de su Espíritu Santo. Por eso en los evangelios se recogen de diversas maneras estas palabras del Bautista: «Yo os he bautizado con agua, pero él (Jesús) os bautizará con Espíritu Santo».

No es extraño que en los momentos de crisis recordaran de manera especial la necesidad de vivir guiados, sostenidos y fortalecidos por su Espíritu. El Apocalipsis, escrito en los momentos críticos que vive la Iglesia bajo el emperador Domiciano, repite una y otra vez a los cristianos: «El que tenga oídos, que escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias».

La mutación cultural sin precedentes que estamos viviendo, nos está pidiendo hoy a los cristianos una fidelidad sin precedentes al Espíritu de Jesús. Antes de pensar en estrategias y recetas automáticas ante la crisis, hemos de preguntarnos cómo estamos acogiendo hoy nosotros el Espíritu de Jesús.

En vez de lamentarnos una y otra vez de la secularización creciente, hemos de preguntarnos qué caminos nuevos anda buscando hoy Dios para encontrarse con los hombres y mujeres de nuestro tiempo; cómo hemos de renovar nuestra manera de pensar, de decir y de vivir la fe para que su Palabra pueda llegar hasta los interrogantes, las dudas y los miedos que brotan en su corazón.
Antes de elaborar proyectos pensados hasta sus últimos detalles, necesitamos transformar nuestra mirada, nuestra actitud y nuestra relación con el mundo de hoy.

Necesitamos parecernos más a Jesús. Dejarnos trabajar por su Espíritu. Sólo Jesús puede darle a la Iglesia un rostro nuevo.

El Espíritu de Jesús sigue vivo y operante también hoy en el corazón de las personas, aunque nosotros ni nos preguntemos cómo se relaciona con quienes se han alejado definitivamente de la Iglesia. Ha llegado el momento de aprender a ser la «Iglesia de Jesús» para todos, y esto sólo él nos lo puede enseñar.

No hemos de hablar sólo en términos de crisis. Se están creando unas condiciones en las que lo esencial del evangelio puede resonar de manera nueva. Una Iglesia más frágil, débil y humilde puede hacer que el Espíritu de Jesús sea entendido y acogido con más verdad.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 11 de Enero, 2009, 9:35, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Un programa liberador

(Lc 4,14-22):  En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.

Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca.

 

Leamoslo por separado:

Anunciar a los pobres la Buena Nueva

Proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos

Dar la libertad a los oprimidos

Proclamar un año de gracia del Señor

 

Este es el programa de Jesús, con el cual se identifica: Hoy se ha cumplido en mí esta Escritura.

 

Tenemos la tendencia a una interpretación meramente espiritual del textos. Los pobres serían los de espíritu, los cautivos serían los egoístas, los ciegos los que no tienen fe, los oprimidos los que son víctimas de sus pasiones carnales. Y todo ello entra en la interpretación. Pero también tiene una interpretación social, real y física. Pobres son los que no tienen trabajo, ni vivienda, ni pueden comer lo suficiente. Cautivos los que están presos, sobre todo los que lo están injustamente. Oprimidos los que tienen mermadas sus libertades personales, no pueden ejercerlas, o viven sumidos en la consecuencia de cualquier tipo de guerra, pues toda guerra siempre es injusta. Y en ese contexto, Jesús tiene que ver con todo lo que pasa en nuestra sociedad. Y tiene que ver a través de nosotros y de las comunidades cristianas. ¿Es éste también el programa de nuestra comunidad cristiana, aquella a la que pertenecemos?

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 10 de Enero, 2009, 11:29, Categoría: Comentarios al Evangelio
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¿No tengan miedo?

(Mc 6,45-52):  Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús enseguida dio prisa a sus discípulos para subir a la barca e ir por delante hacia Betsaida, mientras Él despedía a la gente. Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar. Al atardecer, estaba la barca en medio del mar y Él, solo, en tierra.

Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería pasarles de largo. Pero ellos viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, pues todos le habían visto y estaban turbados. Pero Él, al instante, les habló, diciéndoles: «¡Ánimo!, que soy yo, no temáis!». Subió entonces donde ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos, pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.

Acción, trabajo por los demás, retirada al monte, al silencio a orar, todo va unido, y lo uno llama a lo otro, pues deja la oración para darles ánimo y ayudarles en la tarea de la barca. Un ritmo tan original que sus amigos no llegaban a entenderle, de tal forma que su mente estaba como embotada.

 

Puede que nosotros también llevemos un ritmo frenético y atareado, pero en el que no sabemos conjugar ambas cosas, y donde la reflexión personal, la interiorización de lo que vivimos, la introspección, la oración no tiene tiempo y no acabamos de darle su sitio. Enfocado incluso psicológicamente, y no desde la perspectiva creyente, centrarnos en nosotros mismos, buscar la raíz de aquello que hacemos, tener momentos para encontrarnos con nosotros mismos, aprender a respirar profundamente en medio del trabajo de cada día, son cosas que nos recomiendan los terapeutas para seguir avanzando y, sobre todo, afrontando el ritmo frenético al que la vida nos conduce. Para los creyentes, estas cosas, que nos vienen positivamente, van también unidas a la oración.

 

Solo así, cuando sabemos unir ambas cosas, es cuando, incluso en plenas tormentas vitales, podemos escuchar en nuestro interior esa voz que sigue resonando y diciendo : “Animo, soy Yo, no tengan miedo”. Porque sus palabras y su estilo no pasan. Sigue cerca, dispuesto a remar y a calmar las tempestades. También las que azotan en este momento nuestro mundo levantando olas de odio, de guerra y muerte y consecuentemente trayendo el hambre y la miseria a muchas personas que son nuestros hermanos. Muchos, en medio del fragor de la guerra actual justo en los campos y caminos por donde anduvo el Maestro, podremos preguntarnos: ¿Dónde estás, Señor, que no se te ve?. Pero El solo hace milagros a partir de las conciencias de las personas, de los colectivos y también de los poderosos que deben estar para eso: para llenar de paz la vida de las personas y sus pueblos.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 9 de Enero, 2009, 10:13, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Sentir compasión

(Mc 6,34-44):  En aquel tiempo, vio Jesús una gran multitud y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tienen pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas. Y como fuese muy tarde, se llegaron a Él sus discípulos y le dijeron: «Este lugar es desierto y la hora es ya pasada; despídelos para que vayan a las granjas y aldeas de la comarca a comprar de comer». Y Él les respondió y dijo: «Dadles vosotros de comer». Y le dijeron: «¿Es que vamos a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?». Él les contestó: «¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo». Y habiéndolo visto, dicen: «Cinco, y dos peces».

Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos de comensales sobre la hierba verde. Y se sentaron en grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces y levantando los ojos al cielo, bendijo, partió los panes y los dio a sus discípulos para que los distribuyesen; también partió los dos peces para todos. Y comieron todos hasta que quedaron satisfechos. Y recogieron doce cestas llenas de los trozos que sobraron de los panes y de los peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.

 

Mucha gente, desorientadas, sin saber donde ir, sin nada que comer, en un desierto, sin iniciativas que condujeran a una acción positiva. Ante esa realidad, El no pasa indiferente. Los problemas de los demás son también suyos. Es sensible al sufrimiento o necesidad de los otros. No dice que no va con él. Y ante la pasividad de los suyos que no saben como buscar de comer, El les da unas pistas.

 

Echemos una ojeada a nuestro lado: desde Gaza y el Sudán hasta el vecino que tiene problemas con el alcohol. ¿Dónde está nuestra sensibilidad? Muy posiblemente no podamos solucionar el problema, pero ¿nos preocupa? ¿colaboramos con alguna pista de acción que dé solución a las cuestiones? ¿O seguimos de largo el camino enfundados en nuestras propias imágenes? ¿Nos escudamos diciendo que también tenemos nuestros problemas o que nos falta tiempo? Al menos ser conscientes de ellos, y mirarlos con preocupación. Algo de ello puede estar haciéndonos falta. Entre tantos creyentes esparcidos por el mundo esa actitud haría cambiar muchas cosas a nuestro alrededor. Solo un mínimo de preocupación. Y no tanto criticar el defecto del otro.

 

Quizá sea esto lo que debamos resaltar en el texto de hoy. El hecho de que viendo la multitud sintió compasión de ellos, es decir padeció con ellos, y en Jesús, vemos como, en su corazón de hombre, Dios se estremece ante nuestra pequeñez. Puede seguir haciéndolo desde nuestros corazones de seres humanos también.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 8 de Enero, 2009, 8:02, Categoría: Comentarios al Evangelio
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De las tinieblas a la luz

(Mt 4,12-17.23-25):  En aquel tiempo, cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, se retiró a Galilea. Y dejando la ciudad de Nazaret, fue a morar en Cafarnaún, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y de Neftalí. Para que se cumpliese lo que dijo Isaías el profeta: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galilea de los gentiles. Pueblo que estaba sentado en tinieblas, vio una gran luz, y a los que moraban en tierra de sombra de muerte les nació una luz».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: «Haced penitencia, porque el Reino de los cielos está cerca». Y andaba Jesús rodeando toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos y predicando el Evangelio del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo. Y corrió su fama por toda Siria, y le trajeron todos los que tenían algún mal, poseídos de varios achaques y dolores, y los endemoniados, y los lunáticos y los paralíticos, y los sanó. Y le fueron siguiendo muchas gentes de Galilea y de Decápolis y de Jerusalén y de Judea, y de la otra ribera del Jordán.

 

Jesús va a Galilea , Cruza los pueblos y predica la cercanía del Reino.

Juan está encarcelado y Jesús, empujado por los acontecimientos comienza a hablar. A los que moraban en tierra de sombra de muerte les nació una luz.

 

En el mar de la vida, Dios sigue pasando por nuestra orilla y le encontramos en el vivir diario, en los hechos y circunstancias de cada día, que como a Jesús, nos dicen así cual es su voluntad.

 

Desde el primer momento de su vida pública, Jesús, además de hablar a las gentes, nos dice el Evangelio que curaba a todos de sus enfermedades y dolencias. Pasa, predicando la palabra a todos y acercándose a todos también para escuchar sus carencias o darles lo que necesitan.

 

De alguna forma nos está indicando lo que hemos de hacer en nuestro paso: proclamar la Verdad, que es darle a conocer con nuestro vivir y nuestro actuar, y hacer el bien, el que nos va saliendo al paso; el que vamos conociendo en el trato con los demás, y que es, sencillamente, pasar haciendo el bien.

 

Una de las cuestiones centrales del mensaje de hoy es el cambio de las tinieblas a la luz. ¿Lo hemos experimentado nosotros? ¿Cuáles han sido o son nuestras tinieblas? ¿Ha llegado, está amaneciendo una luz que disipa esas tinieblas, que quita nuestras angustias, que elimina nuestras zozobras?

Estamos, podríamos decir, en el tiempo favorable. En la vida diaria notamos con frecuencia las consecuencias del mal, tanto físico, como espiritual o psíquico. Nos pasa en todas las edades, en todos los países, en todos los momentos. Hay en ocasiones como una oscura realidad que parece envolvernos. Nadie se siente libre de estos temores, ni inmune ante estos estados de ánimo o realidades. Frente a algunas desilusiones o desesperanzas, vemos que nosotros solos no podemos salir de ellas. Hoy, como cada día, Jesús pasa por nuestro lado intentando cambiar las sombras y tinieblas por luces. Es cuestión de experimentarlo, de tomar conciencia de ello, de dejarnos llevar de su persona y de su mensaje. Es el tiempo. Son las consecuencias de la Navidad, del Enmanuel, Dios con nosotros.

 

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 7 de Enero, 2009, 8:58, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Un Dios de todos y para todos

(Mt 2,1-12):  Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’».

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

Recibieron la noticia de su aparición entre los hombres, se interesaron por ella y se pusieron en camino. No importa la procedencia, no importa el color. Por Jesús son bien recibidos, porque el mismo nos ha dado a entender desde el momento de su nacimiento que viene para todos, sin distinción de pueblos, de origen ni de raza o ideología. Todos unidos por una sola cosa: la aceptación de su mensaje, y el trabajo por hacer presente el reino de Dios en la tierra.

 

Enseñadnos a creer, Reyes Magos

en signos, palabras y personas.

 

Enseñadnos a seguir el camino de la Estrella,

enseñadnos a caminar, superando dificultades,

enseñadnos a regalar nuestro tiempo,  a los pequeños,

a cuantos están enfermos y solos.

 

Ensdeñadnos a ver la imagen de Jesùs en todos ellos.

Enseñadnos a ser reflejos de Jesùs,

a hablar del recien nacido en este mundo nuestro.

 

Enseñadnos a enjugar lágrimas y regalar ternuras,

enseñadnos, en fin, a ser amigos de Dios y de los demás.

 

Hoy es por otra parte un día de recuerdo especial a los niños y niñas del mundo entero, representados en el Niño de Belén que recibe los presentes de los Magos de Oriente.

Con Xavier Picasa, hemos de decir que,“ en este día de los Magos de Oriente (reyes, sacerdotes, laicos comprometidos), tenemos que decir que ellos deben ser ante todo especialistas en niños: en buscar y acoger a los niños, en darles regalos y en jugar con ellos.

A veces, muchos sacerdotes, antiguos y modernos, son expertos en buenas ceremonias, pero les cuesta acoger y amar en concreto a los niños, sin necesidad de ceremonias especiales, si más ceremonia que el respeto y el amor concreto.

1. Jesús, Mesías de Dios, no está encerrado en el templo y ley de Jerusalén, sino abierto en Belén para todos los que vengan, como niño que necesita de todos. No es Rey que impone su derecho en Sión, sino Niño necesitado, en brazos de su madre. No es Sacerdote que expande la sacralidad divina desde el tabernáculo del templo, sino niño amenazado, que debe exilarse en Egipto, asumiendo así la historia del autentico Israel, Hijo de Dios (cf. 2, 15).

2. Los representantes religiosos y sociales de Israel no han venido a Belén para adorar al Rey de los judíos, no quieren una religión de niños. Ellos conocen de algún modo el misterio (saben que el Mesías debe nacer en Belén), pero no quieren buscarle, ni le ofrecen el tesoro de su vida (cf. 2, 11), pues están muy preocupados en sus sacralidades nacionales y sociales. Esta es la paradoja de un Mesías Niño, que nos cuesta aceptar. Queremos otras cosas, no sabemos dejar todo y cuidar a los niños

3. Herodes rey no acepta el mesianismo de Jesús y decide matarle. De manera consecuente, la venida de los magos se inscribe en un contexto de persecución: el rey de turno persigue al verdadero Rey de los judíos, obligándole a exilarse, mientras los buscadores mesiánicos de oriente vuelven a sus tierras por otro camino. Herodes tiene miedo de los niños que pueden nacer fuera de su dominio, hijos de exilados, de emigrantes… Tiene miedo de que los niños que hoy nacen le quiten el trono. Por eso está dispuesto a matar a los niños, de un modo o de otro, para mantener su dominio.

4. La verdadera sabiduría y santidad consiste en acoger y cuidar a los niños, a los propios, a los ajenos, a todos los niños. Tomado así, el dogma cristiano es muy sencillo: sólo hay un Dios, aquel que se manifiesta como Padre en todos los niños, aquel que nace como Hijo, hijo de todos. Ésta es la sabiduría, ésta es la santidad: acoger y cuidar a los niños, abriendo para ellos las puertas de paz de este mundo.” (Xavier Picassa en http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2009/01/05/p211357#more211357)

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 6 de Enero, 2009, 12:26, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Pasa y llama

En aquel tiempo, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: «Sígueme». Felipe era de Bestsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret». Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?». Le dice Felipe: «Ven y lo verás».

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

 

Se fija en las personas en concreto, con nombre y apellidos, con su historia y su ambiente, con sus condicionantes y sus peculiaridades, con sus dudas y limitaciones. Antes que ellos se dirigieran a El o tuvieran un contacto personal, ya el Maestro se había fijado en sus características y de talles –desde que estabas debajo de la higuera te ví-.

 

Hoy también Jesús pasa y llama. Pero lo hace de mil maneras diferentes, como en aquel entonces. Lo único es que hay que estar atento para escucharle. Pues pasa y llama en la lectura pausada del Evangelio, lo hace también a través de los acontecimientos de la vida, en el descubrimiento del dolor, en el encuentro y confidencia con un amigo, en el deseo de hacer el bien, en el trabajo de cada día, en la lucha por la justicia, en la crítica a las acciones injustas y violentas que vemos cada día, en el amor que podemos sentir por los demás, en el secreto del corazón, en el rato de introspección y de oración que podamos tener. Hoy Jesús sigue pasando y llamando.

 

También hace llamadas desde los acontecimientos colectivos como la crisis que vivimos –he venido a traer la liberación-, o desde acontecimientos bélicos como la guerra en Palestina – he venido a traer la paz-. Por eso también  en la medida en que somos conscientes de la necesidad de construir un nuevo orden mundial cuyos cimientos sean la cooperación y la solidaridad estaremos siguiendo el llamado del Maestro. En la medida que colaboremos en todas aquellas acciones que pongan a los mas desfavorecidos como protagonistas de la historia, que reconozcamos los derechos humanos y libertades a los más excluidos entre ellos los inmigrantes, en la medida que activemos las mejores tradiciones de igualdad, justicia y solidaridad estaremos respondiendo a la llamada del Señor para que le sigamos en la historia real y concreta de cada día, y no en las nubes del aislamiento ante cualquier problema colectivo, personal y social que nos toque vivir.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 5 de Enero, 2009, 9:10, Categoría: Comentarios al Evangelio
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