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Octubre del 2008


Esforzarse

(Lc 13,22-30): En aquel tiempo, Jesús atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». El les dijo: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’, y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos».

 

 

Los discípulos tienen curiosidad y preguntan al Maestro, si son muchos los que se salvan.

No les contesta a eso, y sin embargo les dice "Procurad entrar por la puerta estrecha ", "esforzaos " dicen algunas traducciones, en lugar de procurad...

¿Cual es la verdadera garantía de salvación?, ¿cual es esa puerta estrecha, la única para entrar?

La misma por la entró Jesús: el amor, el olvido de sí y la entrega a los demás, actitudes todas que se resumen en amor, en todas sus manifestaciones: amistad, fraternidad, comunidad, perdón, ayuda al necesitado, compasión y comprensión, compromiso por la justicia, servicio al pobre y al desvalido.

No hay otra puerta... es estrecha pero es amable. Hay que hacer un esfuerzo pero lleva consigo un gozo y disfrute interior.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 29 de Octubre, 2008, 9:59, Categoría: Comentarios al Evangelio
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¿Estaremos orando bien?

(Lc 6,12-19):  En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.

Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.

 

El evangelio de hoy nos recuerda como Jesús antes de una decisión importante cual era la de elegir a sus doce apóstoles, como grupo abierto a la realidad del mundo, pasó la noche en oración. Es, pues, entre otras cosas una invitación a que hagamos lo mismo: a que sepamos orar, a que oremos, a que le dediquemos tiempo a la oración.

La reflexión adjunta de nuestro amigo Francisco, conocido en el mundo de la poesía como Audroc, nos puede ayudar a revisar cómo oramos y cómo deberíamos hacerlo.

 

Orar con fe:

Es confiar contra toda razón.-

 

Orar con fe:

Es no dejarse abrumar por lo que se ve,

confiando en lo que se espera.

 

Orar con fe es:

Creer más allá de cualquier resultado, porque SIEMPRE

Dios nos dará lo mejor, aún cuando nuestra mente

limitada no lo entienda.

 

Orar con fe es:

No dejarse arrastrar por malas noticias.

 

Orar con fe es:

No decaer internamente jamás.

 

Orar con fe:

Es la introspección absoluta de una convicción.

 

Orar con fe:

NO es pedir una cosa y esperar la contraria.

 

Orar con fe:

No es llorar lo inevitable.

Es confiar que lo IMPOSIBLE

puede ser POSIBLE.

 

Orar con fe es:

Poner la mente y el corazón en POSITIVO.

 

Orar con fe:

ES LA CONVICCIÓN QUE TODO ES  POSIBLE PARA DIOS.

¿O no...?

 

Orar con fe:

ES NO ENTREGARSE JAMÁS

 aceptando

la Voluntad de Dios SIEMPRE.

 

Donde la angustia nos vence, nuestra fe se ha entibiado.

 

 

 

¿ESTAREMOS ORANDO BIEN ...?

 

Audroc

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 28 de Octubre, 2008, 10:57, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Mediaciones culturales

(Lc 13,10-17): En aquel tiempo, estaba Jesús un sábado enseñando en una sinagoga, y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios.

Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: «Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado». Le replicó el Señor: «¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?». Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.

 

En uno de los comentarios diarios al Evangelio que circula en la red hay una frase del comentarista del día explicando este tema del dogmatismo de los judíos frente al sábado que es muy aclaratoria, y dice así:”Por distintos motivos —antropológicos, culturales, designio divino— es inevitable que entre Dios y el hombre haya unas mediaciones. El problema es que algunos judíos hacen de la mediación un absoluto. De manera que la mediación no les pone en comunicación con Dios, sino que se quedan en la propia mediación. Olvidan el sentido último y se quedan en el medio. De este modo, Dios no puede comunicarles sus gracias, sus dones, su amor y, por lo tanto su experiencia religiosa no enriquecerá su vida.”

 

Y de ahí viene el fanatismo y también la hipocresía. La cuestión está en revisar otro tipo de mediaciones culturales que funcionan hoy día entre nosotros y que podemos absolutizar, dándoles el tinte de que son propias de la naturaleza y que por tanto han de seguir entre nosotros.

 

Lo único que ha de permanecer entre nosotros, y que se desprende del texto evangélico de hoy, es el luchar contra la enfermedad, contra el mal, es reconocer lo positivo que hay a nuestro lado, en nuestra realidad de cada día, venga de donde venga, y alegrarnos de las maravillas que la acción de Dios sigue haciendo en nuestra historia, aunque a veces nos cueste reconocerlas y saber observarlas.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 27 de Octubre, 2008, 9:18, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Pasión por Dios, compasión por el ser humano

(Mt 22,34-40):  En aquel tiempo, cuando oyeron los fariseos que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Él le dijo: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente’. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».

Pasión por Dios, compasión por el ser humano

José Antonio Pagola

 

http://www.redescristianas.net/2008/10/23/domingo-26-de-octubre-30-del-tiempo-ordinario-pasion-por-dios-compasion-por-el-ser-humanojose-antonio-pagola/#more-13103


Cuando olvidan lo esencial, fácilmente se adentran las religiones por caminos de mediocridad piadosa o de casuística moral, que no sólo incapacitan para una relación sana con Dios, sino que pueden desfigurar y destruir gravemente a las personas. Ninguna religión escapa a este riesgo.
La escena que se narra en los evangelios tiene como trasfondo una atmósfera religiosa en que maestros religiosos y letrados clasifican cientos de mandatos de la Ley divina en «fáciles» y «difíciles», «graves» y «leves», «pequeños» y «grandes». Imposible moverse con un corazón sano en esta red.

La pregunta que plantean a Jesús busca recuperar lo esencial, descubrir el «espíritu perdido»: ¿cuál es el mandato principal?, ¿qué es lo esencial?, ¿dónde está el núcleo de todo? La respuesta de Jesús, como la de Hillel y otros maestros judíos, recoge la fe básica de Israel: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser».

Que nadie piense que se está hablando aquí de emociones o sentimientos hacia un Ser Imaginario, ni de invitaciones a rezos y devociones. «Amar a Dios con todo el corazón» es reconocer humildemente el Misterio último de la vida; orientar confiadamente la existencia de acuerdo con su voluntad: amar a Dios como fuerza creadora y salvadora, que es buena y nos quiere bien.

Todo esto marca decisivamente la vida pues significa alabar la existencia desde su raíz; tomar parte en la vida con gratitud; optar siempre por lo bueno y lo bello; vivir con corazón de carne y no de piedra; resistirnos a todo lo que traiciona la voluntad de Dios negando la vida y la dignidad de sus hijos e hijas.

Por eso el amor a Dios es inseparable del amor del amor a los hermanos. Así lo recuerda Jesús: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No es posible el amor real a Dios sin descubrir el sufrimiento de sus hijos e hijas. ¿Qué religión sería aquella en la que el hambre de los desnutridos o el exceso de los satisfechos no planteara pregunta ni inquietud alguna a los creyentes? No están descaminados quienes resumen la religión de Jesús como «pasión por Dios y compasión por la humanidad».

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 25 de Octubre, 2008, 21:06, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Dando fruto

(Lc 13,1-9):  En aquel tiempo, llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo».

Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’. Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas’».

 

Siempre que vivimos problemas o situaciones difíciles solemos mirar para otro lado y echar la culpa a otros. Así nace entre otras cosas problemas como el racismo. No nos damos cuenta que todos somos parte del problema, de la vida. Y que por tanto la vida no se divide entre el bloque de los buenos y el de los malos. Todos somos sanos y enfermos, todos, pues, necesitamos convertirnos, cambiar de estilo y de vida. Todos necesitamos revisarnos en todos los aspectos de la vida. Por eso lo de hoy en el Evangelio. Por eso lo de otras veces, cuando nos recuerda que no juzguemos si no queremos ser juzgados. Pues cuando no somos coherentes en nuestra acción con nuestros motivos vitales estamos viviendo una falsedad. De alguna forma estamos viviendo una situación de falsedad, máxime si juzgamos, y en el colmo condenamos, a terceras personas.

 

El, sin embargo, tiene paciencia con nosotros. Busca sus frutos en nosotros, pues estamos llamados a ello, pero sabe esperar y concedernos nuevas oportunidades. Que la enseñanza de Jesús ayude, pues, a modificar nuestras conductas para que, como nos dice El mismo, alumbre así nuestra luz en el mundo y los demás viendo nuestras buenas obras glorifiquen al Padre que está en los cielos

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 25 de Octubre, 2008, 9:53, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Descubrir los signos de los tiempos

(Lc 12,54-59):  En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: ‘Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: ‘Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? ¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo».

 

Dos llamadas, entre otras cosas, nos hace el texto de hoy: Una, saber escudriñar los signos de los tiempos, analizar las situaciones, conocer la realidad. Si queremos transformarla, si queremos instaurar los valores del Reino hemos de conocer aquello sobre lo que vamos a trabajar. Vivimos en un mundo concreto, cargado de historia, y de comportamientos culturales que van cambiando de una etapa a otra, y no debemos identificar lo permanente o estructural con lo meramente coyuntural. En cada momento hay que hacer una lectura desde la fe, desde el Evangelio, también en situaciones coyunturales pero sin eternizar esa visión a lo largo de los tiempos, que ya pasan a ser otros. Como las nubes nos hablan de la lluvia o el viento sur del calor, así pasa en la vida real cada día.

 

 

 

La otra llamada es a saber dialogar, a saber entendernos con los que nos rodean y con los que podamos tener dificultades, mientras vamos por el camino de la vida. Una forma concreta de practicar el amor fraterno a que nos invita continuamente el Maestro.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 24 de Octubre, 2008, 9:35, Categoría: Comentarios al Evangelio
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He venido a traer fuego

(Lc 12,49-53): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo. ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

 

La expresión de Jesús –he venido a traer fuego- suena como a cambio, revulsión, enfoque diferente, purificación, ruptura con lo viejo, aparición de situaciones nuevas. Y en definitiva en eso consiste el anuncio que irá haciendo poco a poco del Reino de Dios: la instauración de un mundo otro. En una tarea que no será nada fácil, pues supone renunciar a lo más cómodo e interesado de uno mismo, y en ese sentido la ruptura y división que anuncia, en primer lugar consigo mismo.

 

Está fuertemente motivado para ello, por eso los deseos ardientes de que su tarea se cumpla. No le faltan actitudes y su espíritu es predominantemente activo. No espera a que las cosas vengan, sino que busca la forma de cambiarlas, de acelerarlas. Por eso enseña cosas diferentes, actúa de manera distinta a lo que la gente estaba acostumbrada.

 

Su paz encierra todo ello, lucha contra el mal, división con nuestros egoísmos personales. Es algo más que ausencia de guerra. Es la paz que se produce en nuestro interior y exterior cuando se lucha contra la injusticia, cuando no se claudica ante la propia conciencia. No es la paz de los que se sienten seguros con el poder o el dinero. Si algo es verdad es que Jesús fue un hombre pacífico, una persona de paz. Por eso no hay contradicción entre la “guerra” y la “paz” de la que habla hoy.

 

Su fuego, del que nos habla hoy, entraña un mensaje de radicalidad y de coherencia para sus seguidores. Algo así, mutatis mutandis, como “lo tomas o lo dejas”, lo cual no es otra cosa que ser serios con nuestra fe. También es normal que no todos entendamos sus palabras. Escandalizó a más de uno con su manera de proceder, y siguen haciéndolo sus seguidores fieles. Eso sí, más allá de ideologías, o con cualquier ideología, pero con el criterio de calidad que nos marca el Evangelio: la pasión por el otro, por la persona, por el que más sufre.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 23 de Octubre, 2008, 8:00, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Confía en nosotros

(Lc 12,39-48):  En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre».

Dijo Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?». Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda en venir’, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles.

»Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más».

 

Todos tenemos una tarea que hacer, dependiendo de las situaciones en las que nos encontremos e incluso de donde hayamos nacido, pero en el contexto cualitativo del amor fraterno y la construcción del Reino. Y nadie puede estar perezoso en dicho cometido. Cuanto más se nos haya confiado, más se nos pedirá. No vale la comodidad pero tampoco la injusticia y los atropellos. No se puede pasar por encima de los demás. Es una carrera de todos juntos, donde el más fuerte ayuda al más débil y al que más lo necesita. La meta está en cualquier esquina. En el momento menos pensando. Nunca será la víspera. Siempre el día exacto. Por eso, cada día hay que vivirlo con la intensidad del último. Como si la carrera acabara hoy y estuviéramos a punto de rozar la meta.

 

Es nuestra la responsabilidad de administrar los bienes que hemos recibido, sobre todo los bienes interiores que anidan en nuestro corazón. Es aquello que sale de dentro donde podemos encontrar nuestras mejores herramientas para el caminar diario.

 

La parábola es dicha para todos y para cada uno, pues para Jesús nunca somos masa de gente. Para El cada uno tenemos un nombre y apellido, circunstancias distintas del otro, momentos especiales, dificultades personales. Y El conoce todo, y por eso nos habla a todos sí, pero uno por uno. Nos habla a través de los acontecimientos, de los problemas, de las dificultades unas veces y de las facilidades que encontramos al paso en otras ocasiones. Nos habla a través de los que queremos, con el cariño que nos dan, con su cercanía y apoyo, y también por medio de los que no nos quieren o nos quieren menos, porque, sin saberlo, ellos nos dicen, en ocasiones, cómo no tenemos que ser con los demás. Nos habla con el corazón, haciéndonos sentir su voluntad y su amor. Por eso, al que mucho tiene, mucho se le exigirá. Porque en ese hablar constante suyo a nosotros nos está haciendo administradores de todo aquello que confía en nuestras vidas para nuestra tarea diaria.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 22 de Octubre, 2008, 7:48, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Estar alertas

(Lc 12,35-38): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!».

 

Estar vigilantes o alerta, una de nuestras tareas. Como los de protección civil, los vigilantes de la playa o los de salvamento y socorrismo, que están ojos avizor a cualquier problema o dificultad que pueda presentarse. Alertas y vigilantes ante los acontecimientos de personas, de la sociedad que pasan cada día. En cada momento, con naturalidad, hemos de saber situarnos y responder con una actitud, con una acción, con una palabra, con una forma de actuar. Así, siempre el Maestro nos encontrará despiertos.

 

Estar a la puerta y con los ojos abiertos no solo en el momento de la muerte, como solemos interpretarlo generalmente, sino en los momentos de la vida, que son los instantes que vivimos. Como Carmelo, un amigo y compañero de toda la vida, a cuya puerta llamó el Señor hace dos días sin previo aviso de dificultades especiales. Siempre estaba presto a organizar cosas para sus vecinos en la asociación del barrio, siempre presto a abrir las puertas de sus locales para cualquier iniciativa o actividad que redundara en beneficio de cualquier colectivo. Seguro que el Señor lo encontró despierto y alerta, pues así intentaba hacerlo en la vida diaria.

 

Vivir cada día como si fuera el último de nuestra vida sabiendo, con antelación, que “al atardecer de nuestra vida nos examinarán del amor”. Ahora podemos crecer por dentro y analizarlo todo. “Por lo tanto, mientras tenemos tiempo, trabajemos por el bien de todos, que si no desmayamos, a su tiempo descansaremos” (San Pablo)

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 21 de Octubre, 2008, 8:08, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Nuestra riqueza interior

(Lc 12,13-21):   En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo». Él le respondió: «¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?». Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes».

Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios».

 

Cuanto más tienes, mas quieres. Cuanto más ganas, mas gastas. Son expresiones que suelen usarse en la vida diaria y que responden a un sentimiento o actitud de ambición, de codicia que hoy el Evangelio critica. Máxime en estos tiempos que corremos, donde la crisis campea a sus anchas y las previsiones no son buenas, como para recordarnos que si bien hemos de preocuparnos por el comer y el vestir hemos de hacerlo con normalidad y con serenidad, pues en la vida no todo se reduce a ello, ya que, se nos recuerda, que la vida de uno no está asegurada por sus bienes. Y se nos pone un ejemplo concreto de cómo hemos de combinar ambas cosas, pues no siempre nuestra riqueza interior va pareja con la exterior.

 

Quizá estas reflexiones que al parecer se le atribuyen a Aristóteles nos puedan ayudar a concretar mejor la síntesis o equilibrio interior en nuestras vidas:

 

 

Nadie es dueño de tu felicidad por eso
no entregues tu alegría, tu paz, tu vida
en las manos de nadie, absolutamente a nadie.
Somos libres, no pertenecemos a nadie,
y no podemos querer ser dueños de
los deseos, de la voluntad o de los sueños
de quien quiera que sea.

La razón de tu vida eres tu mismo.
Tu paz interior es tu meta en la vida.
Cuando sientas un vacío en el alma,
cuando acredites que aún te está faltando algo,
aún teniéndolo todo, guarda tus pensamientos
para tus deseos más íntimos
y busca la divinidad que existe en ti!

No coloques el objetivo demasiado lejos
de tus manos,
abraza a los que están a tu alcance hoy.
Si andas preocupado por problemas financieros,
amorosos, o de relaciones familiares
busca en tu interior la respuesta para calmarte,
tu eres el reflejo de lo que piensas diariamente.

Deja de pensar mal de ti mismo y
se tu mejor amigo siempre!
Sonreír significa aprobar, aceptar o facilitar.
Entonces habrá una sonrisa para aprobar
el mundo que quiere ofrecerte lo mejor!
Con una sonrisa en el rostro las personas
tendrán las mejores impresiones de ti,
y tu estarás afirmando para ti mismo
que estás “próximo” para ser feliz.

Trabaja, trabaja mucho a tu favor.
Deja de esperar la felicidad sin esfuerzos.
Deja de exigir de las personas aquello
que ni para ti has conseguido aun.
Criticar menos, trabajar mas.
Y, no te olvides nunca de agradecer.
Agradece todo lo que está en tu vida,
en cada momento, inclusive el dolor.

Nuestra comprensión del universo
aún es muy pequeña para juzgar
lo que quiere que sea nuestra vida.
La grandeza no consiste en recibir honores,
más en merecerlos!.

Escrito en el año 360 A.C.

ARISTÒTELES.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 20 de Octubre, 2008, 8:28, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Son de Dios, de nadie más

 (Mt 22,15-21):  En aquel tiempo, los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra. Y le envían sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: «Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas. Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?». Mas Jesús, conociendo su malicia, dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Mostradme la moneda del tributo». Ellos le presentaron un denario. Y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». Dícenle: «Del César». Entonces les dice: «Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios».

 

 

 

Son de Dios, de nadie más

José Antonio Pagola


http://www.redescristianas.net/2008/10/17/domingo-19-de-octubre-29-del-tiempo-ordinario-son-de-dios-nada-masjose-antonio-pagola/


«Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». Pocas palabras de Jesús habrán sido tan citadas como éstas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada desde intereses muy ajenos a aquel Profeta que vivió totalmente dedicado, no precisamente al Emperador sino a los olvidados, empobrecidos y excluidos por Roma.

El episodio está cargado de tensión. Los fariseos se han retirado a planear un ataque decisivo contra Jesús. Para ello envían a «unos discípulos»; no vienen ellos mismos; evitan el encuentro directo con Jesús. Ellos son defensores del orden vigente y no quieren perder su puesto privilegiado en aquella sociedad que Jesús está cuestionando de raíz.

Pero, además, los envían acompañados «por unos partidarios de Herodes» del entorno de Antipas. No faltan entre ellos terratenientes y recaudadores encargados de almacenar el grano de Galilea y enviar los tributos al César.

El elogio que hacen de Jesús es insólito en sus labios: «Sabemos que eres sincero y enseñas el camino conforme a la verdad». Todo es una trampa, pero han hablado con más verdad de lo que se imaginan. Es así. Jesús vive totalmente entregado a preparar el «camino de Dios» para que nazca una sociedad más justa.

No está al servicio del emperador de Roma; ha entrado en la dinámica del reino de Dios. No vive para desarrollar el Imperio, sino para hacer posible la justicia de Dios entre sus hijos e hijas. Cuando le preguntan si «es lícito pagar impuesto al César o no», su respuesta es rotunda: «Pagad al Cesar lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».

Jesús no está pensando en Dios y el César como dos poderes que pueden exigir cada uno sus derechos a sus súbditos. Como judío fiel, sabe que a Dios le pertenece «la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes» (salmo 24). ¿Qué le puede pertenecer al César, que no sea de Dios? Sólo su dinero injusto.

Si alguien vive enredado en el sistema del César, que cumpla sus «obligaciones», pero si entra en la dinámica del reino de Dios ha de saber que los pobres le pertenecen sólo a Dios, son sus hijos predilectos. Nadie ha de abusar de ellos. Esto es lo que Jesús enseña «conforme a la verdad».
Sus seguidores nos hemos de resistir a que nadie, cerca o lejos de nosotros, sea sacrificado a ningún poder político, económico, religioso ni eclesiástico. Los humillados por los poderosos son de Dios. De nadie más.

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS Defiende a los humillados por los poderosos.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 18 de Octubre, 2008, 22:03, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Llenarse de Dios


Llenarse de Dios

Autor:  Padre Eusebio Gómez Navarro

            Un sabio japonés, conocido por la sabiduría de sus doctrinas recibió la visita de un profesor universitario que había ido a verlo para preguntarle sobre su pensamiento.

El sabio sirvió el té: llenó la taza de su huésped y después continuó echando, con expresión serena y sonriente.

El profesor miró desbordarse el té, tan estupefacto, que no lograba explicarse una distracción tan contraria a las normas de la buena crianza; pero, a un cierto punto, no pudo contenerse mas:

"¡Está llena! ¡Ya no cabe más !    

"Como esta taza",dijo el sabio imperturbable,"tú estás lleno de tu cultura, de tus opiniones y conjeturas eruditas y complejas: ¿cómo puedo hablarte de mi doctrina, que sólo es comprensible a los ánimos sencillos y abiertos, si antes no vacías la taza. (Cuento japonés)

            "¡Está llena! ¡Ya no cabe más!".

            Como la taza, así estaba lleno el sabio de cultura, opiniones... La doctrina sólo es comprensible a los que se vacían, a los abiertos de corazón.

            Solamente los sencillos, los vacíos de todo y abiertos al Todo pueden comprender a Dios, y aceptarlo como su tesoro. Para que Dios pueda penetrar en la mente y el corazón del ser humano, necesita éste tres actitudes fundamentales : humildad de corazón, escucharlo y dejar que él actúe.

            La humildad de corazón es una actitud indispensable para que Dios pueda entrar en el corazón humano. "Dios resiste a los soberbios y a los humildes, en cambio, les da su gracia" (St 4,6). La persona que abre su ser al Señor, lo reconoce como único dueño y dador de vida, fuente de todo lo bueno, santo y perfecto. Es el Dios que obra conforme a su beneplácito (Flp 2,13).

            Dios es el Dios de los humildes. Sólo los humildes pueden llegar hasta El en actitud de escucha. "Escuche quien quiera escuchar"(Ez 3, 27). "Quien tenga oídos entienda" (Mt 13,9).

            Dios nos habla de mil modos y maneras, pero nos habla, sobre todo, y una vez por todas, en Cristo. "Este es mi Hijo predilecto, en el cual me complazco. Escúchenlo" (Mt 17, 5). Escuchar es estar bien alerta, atentos y despiertos.

            Dejar ser a Dios, dejarle actuar. Cada cristiano debe dejar que Dios se manifieste libremente, que El sea lo que es: Luz, Fuerza, Salvación... Dios es el primero que toma la   iniciativa en la historia de la salvación y El es el que la realiza. El es el principal agente y el principal amante. Dios se entrega del todo y quisiera que el ser humano dejase paso a su obra, que colaborara con El. El papel de la criatura es dejar paso al Creador.  

            La Virgen María representa el modelo  perfecto de la persona abierta siempre a Dios, dispuesta a que El haga su voluntad. Ella es la oyente de la Palabra. Está siempre pronta a la escucha y atenta al mensaje que se le da . "Hágase en mí según su palabra" (Lc 1, 38), es su respuesta. Y la Palabra se hizo carne en sus entrañas. María acogió a Dios y le dejó que él actuara, que fuera él mismo.

            Cristo está a la puerta de cada corazón humano y llama (Ap 3, 20) para que se le abra y él pueda actuar como salvador. 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 17 de Octubre, 2008, 8:14, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Rehacernos por dentro

(Lc 11,37-41):  En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros».

 

Se escandaliza de que no cumpla la formalidad de un rito, pero le parece bien los robos y maldades que él mismo hace y que nacen de un corazón viejo, lleno de egoísmo. Es la esencia del fariseísmo: cuidar las apariencias externas y olvidarse de la bondad del corazón de donde nacen los pensamientos y las acciones buenas a favor de la humanidad. Una vez más Jesús pone de manifiesto que no es lo que entra de fuera para dentro lo que mancha el corazón de las personas, sino lo que sale de dentro hacia fuera, desde nuestra intención. Es el interior el que hay que cuidar, para que podamos dar a los demás, solo así nuestras limosnas y acciones externas tendrán sentido y razón de ser.

 

Y todo ello se desarrolla en el contexto de un banquete, signo de amistad y concordia, pues se sientan a comer los que se sitúan en esa línea. Señal también de que para Jesús la amistad no está reñida con la verdad y la denuncia de lo que está mal. No debemos encubrir estas cosas en base a que podamos dañar la hermandad o la amistad con otras personas. Al contrario, quedan dañadas con la falsedad y la hipocresía, sello y cuña de las mentiras.

 

A veces nosotros mismos amparamos estas actitudes mezquinas cuando queremos justificar nuestros actos egoístas, insolidarios o de pasotismo.

 

El texto de hoy es, pues, una llamada a no contentarnos con tranquilizar nuestra conciencia con signos exteriores, sino a rehacernos por dentro. El egoísmo es lo que degrada a la persona, y lo único que la dignifica, libera y hace feliz es el amor. Que no son las monedas que se dan en la colecta de la Misa, sino el pan de nuestra mesa que compartimos. Que no es suficiente hacer recuento en nuestro armario, y dar lo que hemos decidido desechar por viejo, sino NO comprar otro nuevo, y donar su importe a quien lo necesita. Que es fácil, y no basta hablar o escribir maravillas... sino que hay que predicar con la propia vida y el ejemplo. Que no nos podemos contentar con lamentar estados de soledad, de miseria, de rechazo, sino que hemos de acompañar, ayudar y acoger realmente. Que no bastan los deseos, porque solo "la caridad cubre la muchedumbre de los pecados"

Por arquina - 14 de Octubre, 2008, 8:15, Categoría: General
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Pedían señales

(Lc 11,29-32):  En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente alrededor de Jesús, Él comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás».

 

Sabe analizar la realidad que le rodea y expresar públicamente, sin componendas, su visión de la misma, aunque sea negativa y comporte unos elementos de denuncia no siempre aceptables por todos. Y no se limita a contentar los oídos de quienes le escuchan, repitiendo lo que quieren oir. Por eso les dice que es una generación malvada y que se no les dará mas señal que la de Jonás. Que no van a haber otros inventos ni argucias. La cuestión no está en demostrar el Mensaje con milagros y acciones espectaculares, la única señal será el hacer cotidiano de cada día con sencillez y con fe.

 

En el fondo es lo que muchos queremos: pruebas y señales, seguridad de que las cosas son como se nos han dicho. Y nos olvidamos de que somos creyentes, aunque tengamos miedos y temores pero viviendo en un acto de confianza continuado. Bastaría analizar la firmeza con que dejamos asentar nuestros miedos para analizar las convicciones de nuestra fe. Ser fieles a la Palabra que se expresa no solo en la Biblia sino en la historia de las personas y de los pueblos.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 13 de Octubre, 2008, 9:22, Categoría: Comentarios al Evangelio
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En los cruces de los caminos

(Mt 22,1-14):  En aquel tiempo, tomando Jesús de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: ‘Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’.

»Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.

»Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.

»Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos”

 

 

En los cruces de los caminos

 

José Antonio Pagola

 

Jesús conocía muy bien la vida dura y monótona de los campesinos. Sabía cómo esperaban la llegada del sábado para «liberarse» del trabajo. Los veía disfrutar en las fiestas y en las bodas. ¿Qué experiencia podía haber más gozosa para aquellas gentes que ser invitados a un banquete y poder sentarse a la mesa con los vecinos a compartir una fiesta?


Movido por su experiencia de Dios, Jesús comenzó a hablarles de una manera sorprendente. La vida no es sólo esta vida de trabajos y preocupaciones, penas y sinsabores. Dios está preparando una fiesta final para todos sus hijos e hijas. A todos los quiere ver sentados junto a él, en torno a una misma mesa, disfrutando para siempre de una vida plenamente dichosa.

Jesús no se contentaba sólo con hablar así de Dios. Él mismo invitaba a todos a su mesa y comía incluso con pecadores e indeseables. Quería ser para todos la gran invitación de Dios a la fiesta final. Los quería ver recibiendo con gozo la invitación y creando entre todos un clima más amistoso y fraterno que los preparara adecuadamente para la fiesta final.

¿Qué ha sido de esta invitación?, ¿quién la anuncia?, ¿quién la escucha?, ¿dónde se puede tener noticias de esta fiesta? Satisfechos con nuestro bienestar, sordos a todo lo que no sea nuestro propio interés inmediato, no creemos necesitar de Dios. ¿No nos estamos acostumbrando poco a poco a vivir sin necesidad de una esperanza última en nada?

En la parábola de Mateo, cuando los que tienen tierras y negocios rechazan la invitación, el rey dice a sus criados: «Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda». La orden es inaudita, pero refleja lo que siente Jesús. A pesar de tanto rechazo y menosprecio, habrá fiesta. Dios no ha cambiado. Hay que seguir convidando.

Pero ahora lo mejor es ir a «los cruces de los caminos» por donde pasan tantas gentes errantes, sin tierras ni negocios, a los que nadie ha invitado nunca a nada. Ellos pueden entender mejor que nadie la invitación. Pueden recordarnos la necesidad última que tenemos de Dios. Pueden enseñarnos la esperanza.

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS

 

http://www.redescristianas.net/2008/10/09/domingo-12-de-octubre-28-del-tiempo-ordinario-en-los-cruces-de-los-caminosjose-antonio-pagola/

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 12 de Octubre, 2008, 8:38, Categoría: Comentarios al Evangelio
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De todas, la más buena

(Lc 11,27-28):  En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, sucedió que una mujer de entre la gente alzó la voz, y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!». Pero Él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan».

En el día de la Maternidad divina de María:

 

De todas la más buena

 

Rafael Ángel Marañón

Eres, Santa María, de todas la más buena, 
Ejemplo de cristianos, madre del Salvador, 
Callada y operante sin miedo ni temor, 
Consuelo de afligidos, dulce balsa serena, 

Solo en tu amor encuentro la dicha que buscaba;
No quiero ni un aplauso del mundo sin moral,
Ni quiero que me halaguen pues soy también mortal,
Y solo en Cristo encuentro la paz que tanto ansiaba. 

Ya gozo con fruición la paz que en ti rebosa, 
Cuando en la confianza de tu divino amor,
Ya vivo descansado sin pena ni dolor
Sabiendo que me cuidas y en ti mi amor reposa.

Ya no me encuentro solo, ni mis manos vacías,
Que en ti con Cristo amado ya tengo salvación; 
Ya nadie artero puede quitarme la ilusión 
Teniendo tus consuelos y augustas alegrías.

Solo en tu amor encuentro la dicha que buscaba;
No quiero ni un aplauso del mundo sin moral,
Ni quiero que me halaguen pues soy también mortal,
Y solo en Cristo encuentro la paz que tanto ansiaba. 

Ya gozo con fruición la paz que en ti rebosa, 
Cuando en la confianza de tu divino amor,
Ya vivo descansado sin pena ni dolor
Sabiendo que me cuidas y en ti mi amor reposa.

Ya no me encuentro solo, ni mis manos vacías,
Que en ti con Cristo amado ya tengo salvación; 
Ya nadie artero puede quitarme la ilusión 
Teniendo tus consuelos y augustas alegrías.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 11 de Octubre, 2008, 11:52, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Conmigo o contra Mi

(Lc 11,15-26):  En aquel tiempo, después de que Jesús hubo expulsado un demonio, algunos dijeron: «Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios». Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo.

Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.

»Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: ‘Me volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio».

 

Y casi termina la reflexión con este principio:”El que no está conmigo, está contra Mí”. Muchos lo utilizamos de manera dogmática para traer al otro a nuestros criterios o maneras de ver las cosas: O lo tomas o lo dejas. En este caso no parece así, pues Jesús lo pone de manifiesto después de hacer una llamada a que dejen a los otros actuar según su estilo y criterios. Y además en el contexto de quienes le criticaban porque, según ellos, echaba los demonios en nombre del propio jefe de los demonios, cosa algo realmente inverosímil.

 

El que no está conmigo, está contra mí, es una invitación a la opción personal, a escoger estilos y maneras de vivir. No vale decir una cosa y luego hacer otra. No vale callar y esconderse. Conviene manifestar la verdad de lo que se cree o se siente. Frente a la injusticia, la cobardía, la comodidad, el egoísmo tanto social como personal, y de nosotros mismos, siempre hemos de tomar opciones. No vale decir ante la vida que “eso no va conmigo”. Todo nos afecta, porque en todo está involucrado el Reino de Dios.

 

No valen las medias tintas. Estar con El es estar con su causa, a favor del plan y proyecto de Dios en el mundo y en el interior de las personas.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 10 de Octubre, 2008, 10:37, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Sin cansarnos nunca

(Lc 11,5-13):  En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: ‘Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle’, y aquél, desde dentro, le responde: ‘No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos’, os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite.

»Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!».

 

 

 

Mientras no recibió lo que deseaba no se marchó. Siguió esperando. Ni siquiera teniendo dificultades o siendo expulsado. Si eso pasa pidiendo pan y alimentos, también cuando se refiere al interior de las personas, a la paz y el buen animo, al vivir en paz consigo mismo, con Dios y con los demás. Eso sí, hay que ser constantes. Es una llamada a no desanimarse, a permanecer. Y así se expresa: propuso una parábola para explicar cómo tenían que orar siempre sin desanimarse. Y nos enseña a estar con El y hablarle y pedirle siempre, incansablemente y con tenacidad, a buscar y llamar continuamente, prometiendo dar a los que piden, buscan y llaman, no a los que no piden nunca.

 

Constancia, confianza y saber ponernos en sus manos para comprender lo que nos conviene y El desea de nostros. Sigue, pues, Jesús, en el pasaje evángelico de hoy enseñándonos a orar. Ayer nos recordaba que es nuestro padre, con una oración que es "su" oración", porque la elaboró a petición de sus discípulos; y hoy quiere llenar nuestros corazones de confianza plena en El y en la oración y nos dice: Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá, buscad y hallareis ...

 

Y es que El sabe cómo necesitamos que nos escuche. Por eso nos recuerda que no seremos inoportunos; que nunca es tarde para que acudamos a su puerta y llamemos. Es más, que está esperando que llamemos y pidamos, por que sabe que nuestra oración, nuestra súplica va ser por los que El más quiere: por esos millones de hijos suyos que viven en la miseria, en la pobreza absoluta. Por los que no tienen seguridad y viven asustados, perseguidos, siempre huyendo... Por los que se sienten despreciados, marginados, olvidados.

 

Nuestra oración no puede ser de otro modo, si ayer entendimos todo lo que encierra su "Padre Nuestro". Eso sí, en ello nos insiste hoy: no podemos cansarnos nunca.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 9 de Octubre, 2008, 8:26, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Enséñanos a orar

(Lc 11,1-4):   Sucedió que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos». Él les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación».

 

Los discípulos son como niños, unas esponjas donde todo va calando. Intentan hacer lo que ven. Observan a Jesús que se retira a orar, y ellos le piden que les enseñe a hacerlo. Una vez más se confirma que predicar con el ejemplo es la mejor enseñanza. En esto también es un Maestro.

 

Ellos ven cómo busca la soledad para hacerlo, cómo deja las multitudes cuando más le aclaman y se retira para, en el silencio, hablar con Dios. Por eso, sienten también la necesidad de hacerlo.

 

De alguna forma es lo que ellos ya hacían, pero sin ser conscientes. Porque, ¿no es orar hablar con el Señor, descubrirle sus deseos, sus pensamientos, sus problemas, sus dudas, sus temores? Eso lo hacían ya. Vivían en amistad con el Maestro, tenían con El una gran intimidad, le querían, y de una y otra manera se lo decían, estaban orando sin darse cuenta. Solo les faltaba saber que aquel a quien seguían y querían era Dios.

 

Pero aquella petición suya nos ha dejado a todos la mejor de las oraciones. Ya la hemos analizado en estos comentarios algunas veces intentando desentrañar partes de sus contenidos. Santa Teresa, hablando de esta oración, dice que no puede meditar en ella porque se queda extasiada en las primeras palabras: Padre Nuestro. Intentemos hoy quedarnos un rato contemplando todo el entramado interior y exterior que lleva consigo el decir “Padre Nuestro” y disfrutemos con ello, sin dejar atrás el compromiso que también lleva.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 8 de Octubre, 2008, 7:35, Categoría: Comentarios al Evangelio
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La fiesta del Rosario

(Lc 10,38-42):  En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada».

 

 

No hay por qué enfrentar a las dos personas ni a las dos actitudes o acciones. Ambas son queridas por el Señor, y ambas son potenciadas. Como la otra María, la de Nazareth, a quien hoy festejamos como Ntra Sra del Rosario. Ella también supo hacer y orar, hablar y estar en silencio. Por eso seguimos acudiendo a Ella, fijándonos en sus actitudes y posturas, intentando copiar y sobre todo hacer lo que nos indicó: Hagan lo que El les diga. Y no debemos agitarnos por muchas cosas, la rutina, el esfuerzo diario, el quehacer de cada día nos van diciendo lo que hemos de hacer. Igual por eso también el Rosario, algo cotidiano, algo aparentemente rutinario, donde se dice lo mismo, de forma repetida, pero con la buena intención de saludar y suplicar a la llena de gracia, a la que supo escoger la mejor fórmula: escuchar en silencio y hablar lo conveniente. Ser dócil y actuar. Por eso también el Rosario no solo es una fórmula o ejercicio de oración sino también de aprendizaje, dado que todo su contenido está lleno de mensajes bíblicos no solo en la formulación o título de sus misterios sino en el formato del Ave María y del Padre Nuestro. Por eso, hoy Marta y María por un lado, María de Nazaret por otro, como la Virgen del Rosario, nos enseñan una de las máximas creyentes: Escuchar, orar y actuar. Aprender y hacer.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 7 de Octubre, 2008, 8:28, Categoría: Comentarios al Evangelio
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