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Septiembre del 2008


Sabía reprenderlos

(Lc 9,51-56):   Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.

La reacción de los discípulos recuerda la de algunos educadores familiares que le dicen a sus pequeños: “Si te pegan, pégales tú también”. Haz con los demás lo que te puedan hacer a ti, es decir, véngate. Jesús tiene otra categoría de criterios y maneras de actuar. Ya los conocemos: No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti, comprende, perdona, devuelve bien por mal. Subvierte las reglas normales del espacio y del tiempo. Por eso se enfada con sus discípulos y les reprende, algo que también es educativo y de lo que nos hemos olvidado.

 

De alguna forma antes de actuar motivados por los defectos y fallos que vemos en los demás, deberíamos hacer un ejercicio de reflexión para considerar los defectos y fallos nuestros, que también son bastantes. Comprendiéndonos a nosotros mismos, y siendo conscientes de que como otros , y sobre todo el Señor, nos acepta con nuestros fallos así debería ser también nuestro patrón de conducta.

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 30 de Septiembre, 2008, 8:42, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Día de ángeles

(Jn 1,47-51):   En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

 

 

Día de arcángeles, de seres que nos guardan y nos tutelan. Día especialmente de Miguel, Arcángel, cuyo nombre llevan tantos y tantos amigos, hermanos y familiares nuestros. Cosas mayores verán, es el mensaje que hoy nos transmite Jesús. Algo más que unas adivinanzas, será lo que llegará a nosotros así como lo que ya ha llegado. Los ángeles irrumpen en nuestra vida creyente como sumidos en nuestras cosas cotidianas. De pequeños hemos escuchado a nuestras madres que nos hablaba del ángel de la guarda que nos cuidaba. Como seres que suben para recoger las gracias de lo Alto y que bajan para llenarnos de ellas. Un día, pues, de agradecimiento, de fe, de creer sin ver, sin demostraciones, dejados llevar por esa confesión ya innata de que El es el Hijo de Dios, el Rey de su pueblo, el que no nos miente, el que nos conduce a la verdad. Cosas mas grandes veremos, como las de millones de personas que intentan, con dificultades y caídas, seguir los pasos del Maestro sembrando algo de amor por donde quiera que pasan. Un amor que se traduce en comprensión, en escucha, en valoración, cosas tan necesarias en nuestra sociedad de hoy. De alguna manera, los creyentes estamos también llamados a ser ángeles en nuestra sociedad que subimos buscando la fuerza y bajamos repartiéndola.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 29 de Septiembre, 2008, 8:41, Categoría: Comentarios al Evangelio
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La alegría de ser su discípulo

 

(Lc 8,19-21):  En aquel tiempo, se presentaron la madre y los hermanos de Jesús donde Él estaba, pero no podían llegar hasta Él a causa de la gente. Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte». Pero Él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen».

 

 

Si ha habido una persona a lo largo de la historia que ha sabido escuchar y cumplir la Palabra de Dios, es María de Nazaret, la madre de Jesús. La conservaba y meditaba en su corazón, y de Ella se dijo “dichosa tu que has creído porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”.

 

Por eso, recogiendo esta manera de obrar de su madre, es normal lo que Jesús dice hoy en el texto que se nos presenta a la reflexión. Si escuchamos su Palabra y la cumplimos, seremos de su familia, es decir nos pareceremos un poco más a su madre. Por ello, cantamos también lo del Santa María del Amén. Del decir, acepto, cumplo, estoy de acuerdo con lo que me propone el plan del Padre.

San Agustín comenta el episodio de hoy diciendo: "Les suplico que escuchen lo que el Señor tuvo que decir cuando extendió sus manos a sus discípulos...:'Aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre'. De esto ¿vamos a entender  que la Virgen María no hizo la voluntad del Padre?...En verdad ella hizo la voluntad del Padre, y para ella era más grande ser discípula de Cristo que ser su madre. Hay más alegría en ser su discípulo que en ser su madre".

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 23 de Septiembre, 2008, 9:10, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Con la calidad del amor

(Mt 20,1-16):  En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido’. Ellos fueron.

»Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ‘¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?’. Le respondieron: ‘Nadie nos ha contratado’. Él les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña’.

»Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: ‘Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros’. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: ‘Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno’. Él replicó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».

Su viña está abierta para todos. El ofrecimiento es para todos los tipos de personas, en todos los momentos personales en que estas se encuentren, y en los tiempos oportunos. No importa quien haya llegado primero, no es más significativo el que mas tiempo haya estado. Lo importante es vivir con intensidad desde el momento en que hemos sido llamados. El mérito es el mismo, quizá porque, según dijo en otro momento, “a cada día le basta con su afán”, y porque, según todo su mensaje, lo importante es la calidad del trabajo, y no la cantidad del mismo. Y la calidad no se mide por horas dedicadas, y menos por echar en cara el tiempo y las condiciones que si calor, que si el mediodía, que si lo que uno ha aguantado,  sino por el amor que nos ha impulsado.

 

Es siempre una llamada personal recibida. No somos nosotros los que Le hemos elegido, sino que El nos ha elegido a nosotros.

 

De acuerdo también a los criterios de nuestro tiempo no parece justo pagar a todos por igual, cuando no todos han hecho la misma cantidad de horas de trabajo. Pero el Maestro tiene otros criterios y se adapta a la realidad de cada persona, a nuestros talentos y valores, a lo que cada uno puede dar y en los momentos precisos. Sabe hasta dónde llegamos en posibilidades nosotros, sus obreros, cuál es nuestra fuerza interior, donde está nuestro empuje, capacidad, pureza de intención y qué es lo que realmente buscamos desde dentro y el amor que ponemos en nuestro trabajo. El paga la calidad.

 

Es como para preguntarnos: ¿No sería una auténtica locura que después de tanta lucha en la vida, de tanto esfuerzo en el trabajo cotidiano, de tanto sufrimiento afrontado, tuviéramos en las manos unos escasos frutos, y todo por que lo hicimos a regañadientes, como a la fuerza, por obligación, sin la calidad del amor?

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 21 de Septiembre, 2008, 9:33, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Le seguían muchas mujeres

(Lc 8,1-3):  En aquel tiempo, Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.

¿Cómo interpretar el Evangelio de hoy? No cabe duda que podemos hacerlo desde muchas perspectivas comenzando por la tarea de la evangelización que parece ser el mensaje central.

 

Sin embargo, llama la atención que la mayor parte del texto se dedique a indicar nombres propios de mujeres que seguían a Jesús en aquel tiempo. Y de alguna manera este hecho nos vuelve a la eterna cuestión del papel de la mujer en la sociedad de entonces y de ahora, en la comunidad cristiana de ayer y de hoy. Que se destaque el hecho es ya significativo en una sociedad donde la mujer era un cero a la izquierda, y donde lo ha sido hasta hace poco en todas las legislaciones de los países hoy más adelantados.

 

Que el poco protagonismo dado a la mujer en la vida real de la comunidad creyente pueda estar marcado por la lectura social a muchos no nos cabe duda. Que si las mujeres que hoy viven, practican, secundan y hacen posible la comunidad de los creyentes la abandonara, se notaría con una visibilidad abrumadora es otra realidad. Que siguen relegadas a papeles no protagonistas en su más pura esencia en la comunidad eclesial es otra realidad. ¿Son razones estrictamente teológicas que dependan de la Revelación? ¿O son razones meramente culturales cuyo hecho ha sido interpretado como un deber ser? Dejemos la discusión a los teólogos. Sospechamos que en un futuro no muy lejano las conclusiones puedan ser diferentes a aquellas a las que hemos llegado hasta hoy.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 19 de Septiembre, 2008, 10:58, Categoría: Comentarios al Evangelio
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El camino de la misericordia

(Lc 7,36-50):  En aquel tiempo, un fariseo rogó a Jesús que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de Jesús, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.

Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora». Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte». Él dijo: «Di, maestro». Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?». Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más». Él le dijo: «Has juzgado bien», y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra».

Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados». Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?». Pero Él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz».

 

En casa de un fariseo y acogido por una pecadora. Dos grupos humanos que eran desechables en aquella sociedad. Jesús va más allá de los estereotipos y organizaciones que nos hacemos. No es persona de prejuicios. Actúa con la misericordia como criterio. Hasta el mismo Simón se asusta de que Jesús acoja a un pecador. Pero es el Señor quien se acerca, es el pecador el que se arrepiente testimoniándole su amor. Y es el propio Jesús quien lleva y modera la conversación haciendo ver la verdad a su interlocutor y dejando claro que el perdón viene de  Dios gratuitamente. La misericordia siempre toma la delantera. Y va dejando retazos de amor, como dice G. De Lariagaudie: “Muchos viven casi sin pecado pero su existencia es vulgar, fría y sin luz: les falta amor. Son como fogones bien construidos, pero sin fuego”

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 18 de Septiembre, 2008, 9:01, Categoría: Comentarios al Evangelio
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María, la madre

Hoy celebramos una de las fiestas de María, NuestraSeñora. Es el día de la Virgen de los Dolores que de manera especial se festeja en muchos lugares donde vivimos. Juan 19, 25-27 nos recuerda aquel “Ahí tienes a tu madre”, “ahí tienes a tu hijo”. Recordándolo con alegría, la festejamos con este texto del inolvidable José Luis Martín Descalzo:

 

 

 

 

Oración a María de Su Hijo agradecido

 

Autor: José Luis Martín Descalzo

 

Te doy gracias Maria, por ser una mujer.

 

Gracias por haber sido mujer como mi madre y por haberlo sido en un tiempo en el que ser mujer era como no ser nada.

 

Gracias porque cuando todos te consideraban una mujer de nada tu fuiste todo, todo lo que un ser humano puede ser y mucho mas, la plenitud del hombre, una vida compileta.

 

Gracias por haber sido una mujer libre y liberada, la mujer mas libre de la historia, porque tu fuiste la única no atada al pecado, la única no uncida a la vulgaridad, la única que nunca fue mediocre, la única verdaderamente llena de gracia y de vida.

 

 Gracias porque fuiste valiente, gracias por no tener miedo.

Gracias porque supiste ser la mas maternal de las virgenes, la mas virginal de las madres.

 

Gracias porque entendiste la maternidad como un servicio a la vida y que Vida!

 

Gracias porque entendiste la virginidad como una entrega y que entrega!

 

Gracias por ser alegre en un tiempo de tristes, por ser valiente en un tiempo de cobardes.

 

Gracias por haber respetado la vocacion de tu Hijo cuando se fue hacia su locura, por no haberle dado consejitos prudentes, gracias por haberle dejado crecer y por sentirte orgullosa de que El te superase.

 

Gracias por haber sabido quedarte en silencio y en la sombra durante su misión, pero sosteniendo de lejos el grupo de mujeres que seguian a tu Hijo.

 

Gracias por haber subido al Calvario cuando pudiste quedarte alejada del llanto, por aguantar al lado del sufriente.

 

Gracias por aceptar la soledad de los años vacíos.

 

Gracias por seguir siendo madre y mujer en el cielo.

 

Gracias por no haber reclamado nunca con palabras vacías tu derecho de mujer en la Iglesia, pero al mismo tiempo haber sido de hecho el miembro mas eminente de la Iglesia, la primera redimida

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 15 de Septiembre, 2008, 9:25, Categoría: Comentarios al Evangelio
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La exaltación del amor

(Jn 3,13-17):   En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él».

 

LA EXALTACIÓN DEL AMOR

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

 

ECLESALIA, 10/09/08.- Hoy celebramos los cristianos una fiesta extraña y desconcertante. ¿Qué sentido puede tener hablar de la «exaltación de la Cruz» en medio de una sociedad que sólo parece exaltar el placer y el bienestar? ¿No es esto ensalzar el dolor, glorificar el sufrimiento y la humillación, fomentar una ascesis morbosa, ir contra la alegría de la vida?

Sin embargo, cuando un creyente mira al Crucificado y penetra con los ojos de la fe en el misterio que se encierra en la Cruz, sólo descubre amor inmenso, ternura insondable de Dios que ha querido compartir nuestra vida y nuestra muerte hasta el extremo. Lo dice el evangelio de Juan de manera admirable: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su único Hijo para que todo el crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna». La Cruz nos revela el amor increíble de Dios. Ya nada ni nadie nos podrán separar de él

Si Dios sufre en la cruz, no es porque ama el sufrimiento sino porque no lo quiere para ninguno de nosotros. Si muere en la cruz, no es porque menosprecia la felicidad, sino porque la quiere y la busca para todos, sobre todo para los más olvidados y humillados. Si Dios agoniza en la cruz, no es porque desprecia la vida, sino porque la ama tanto que sólo busca que todos la disfruten un día en plenitud.

Por eso, la Cruz de Cristo la entienden mejor que nadie los crucificados: los que sufren impotentes la humillación, el desprecio y la injusticia, o los que viven necesitados de amor, alegría y vida. Ellos celebrarán hoy la Exaltación de la Cruz no como una fiesta de dolor y muerte, sino como un misterio de amor y vida.

¿A qué nos podríamos agarrar si Dios fuera simplemente un ser poderoso y satisfecho, muy parecido a los poderosos de la tierra, sólo que más fuerte que ellos? ¿Quién nos podría consolar, si no supiéramos que Dios está sufriendo con las víctimas y en las víctimas? ¿Cómo no vamos a exaltar la cruz de Jesús si en ella está Dios sufriendo con nosotros y por nosotros?

http://www.eclesalia.net

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 14 de Septiembre, 2008, 8:46, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Obras son amores

(Lc 6,43-49):  En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.

»¿Por qué me llamáis: ‘Señor, Señor’, y no hacéis lo que digo? Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante: Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada. Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa».

Con varios ejemplos y variadas formas Jesús nos viene a decir lo que desde el refranero popular se nos advierte, que “obras son amores y no buenas razones”. No necesita muchos comentarios el trozo evangélico de hoy. Bastaría leerlo despacio varias veces, saboreándolo, haciéndolo carne de nuestra carne, interiorizándolo, porque de lo que rebosa el corazón habla su boca. A esto que dice el Maestro es a lo que se debe llamar ser “ creyentes practicantes”. María, su Madre, también lo advierte en alguna ocasión: Hagan lo que El les diga. Y poco a poco, con prudencia, con todos los medios necesarios a nuestro alcance, como quien hace una casa, poco a poco, comenzando por los cimientos.

 

Son palabras, las del Maestro, ya conocidas. Por eso igual no nos impresionan. Pero, como siempre, claras y transparentes que salen al paso de posibles contradicciones en nuestro vivir. Los problemas que hay a nuestro lado y que está en nuestras manos colaborar un poco, por mínimo que fuere, para su solución no pueden esperar, porque nuestro corazón ha de rebosar en buenas obras. Podemos invocar su nombre, pero si no existen obras la casa estará mal construida, y a cualquier embestida del río, el agua se lo llevará todo. No basta conocer lo justo, es necesario también amar lo justo. Y hacerlo así: con amor, porque sin amor somos como campanas que hacen ruido. No mas.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 13 de Septiembre, 2008, 9:26, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Lecciones para no olvidar

(Lc 6,39-42):  En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Todo discípulo que esté bien formado, será como su maestro. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano».

Es lo mismo que nos pasa en la vida normal de cada día. Siempre se arbitra mejor un partido de fútbol desde las gradas, siempre se torea mejor desde la barrera. Hay que estar en la salsa donde se cocinan los alimentos, y allí veremos con mejor jugo la ebullición de la vida. No debemos perderlo de vista. Es más de casi todo lo que acusamos a los demás, de muchas cosas por las que, injustamente, condenamos a otros nosotros y cada uno tenemos algo, aunque sea con otras expresiones, que responden a actitudes negativas similares. Con razón desde la sabiduría de nuestro maestro insiste en este pensamiento: saca primero la brizna de tu ojo, y en otro lugar nos insistirá en que quien esté libre de pecado que sea el que tire la primera piedra, y en otro momento nos recordará con frecuencia que no hagamos a los demás lo que no nos gusta que nos hagan a nosotros mismos. Son lecciones de vida, lecciones para recordar y para no olvidar. El mejor predicador siempre es el propio ejemplo, nuestro testimonio personal.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 12 de Septiembre, 2008, 8:56, Categoría: Comentarios al Evangelio
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En el día de la Patrona

(Mt 1,1-16.18-23):  Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engrendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David.

David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia.

Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

La generación de Jesucristo fue de esta manera: su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel», que traducido significa: "Dios con nosotros".

Hoy celebramos el nacimiento de María de Nazaret, la que siendo “bendita entre todas las mujeres” nos quiere mostrar el texto de hoy que es de carne y sangre, formada en nuestra historia, hija y descendiente de gente corriente y normal como todos nosotros. Por eso, precisamente, dará a luz a un hijo que será “Dios con nosotros”, y que no se situará en la estratosfera, sino en la historia del género humano.

 

Ese enraizamiento en la historia de las personas y de los pueblos se celebra de muchas formas. Es raro el pueblo que no festeja a María, bajo una advocación especial, como patrona de su localidad, de su país o de su isla. En la isla de Gran Canaria, de donde es uno de los que escribimos estos comentarios en este blog, hoy celebramos también ese enraizamiento en nuestra historia. Es el día grande. Es el día de fiesta mayor. Todos los pueblos se engalanan y se visten de fiesta. Feriado en todos los lugares. Y de todas partes, con sus gentes y sus autoridades, se congregan en Teror para ofrendar a los necesitados, de manos de María, los productos y cosas propias de cada lugar. Eso es la víspera. Y anoche, hoy y todos los días de esta semana serán días de romería. Será raro el grancanario que no pase estos días por la Basílica de Ntra Sra del Pino –el pino, un árbol típico de estas tierras donde un día se encontraron la imagen de una Virgen- para dar gracias, para rogar, para llorar, para poner en las manos de María todo aquello que nos alegra y nos motiva, todo lo que nos preocupa y angustia como pueden ser los problemas familiares o de las familias de los amigos y conocidos. Estos días además todos llevaremos en el corazón a los más de setenta canarios que murieron en accidente de avión en Madrid hace pocos días y no podrán hacer por su pie ese recorrido. También llevaremos las vidas desaparecidas en los mares que rodean nuestras islas de todos aquellos que intentando llegar a nuestras costas han dejado su cuerpo y sus ilusiones pues no pudieron llegar o lo hicieron muertos. Y , como siempre cabe mucha gente, llevaremos también a las amistades que hemos ido haciendo en la vida y aquello que les preocupa, tanto a los que conocemos del día a día en la calle o en la vecindad o por familia como a los que conocemos por la red. Ella es la Madre de los canarios especialmente en este día, pero nunca ha dejado de ser la Madre de todos, porque está metida en la historia de la humanidad. De igual modo que la aurora de la mañana es un anticipo de la salida del sol, el nacimiento de María en la historia humana es un anticipo de los grandes cambios y luces que han iluminado a esa humanidad.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 8 de Septiembre, 2008, 9:57, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Reunirse en el nombre de Jesús

(Mt 18,15-20):  En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos: «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

»Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

 

23 Tiempo Ordinario (A) Mateo 18, 15 – 20

REUNIRSE EN EL NOMBRE DE JESÚS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

 

ECLESALIA, 03/09/08.- La destrucción del templo de Jerusalén el año 70 provocó una profunda crisis en el pueblo judío. El templo era «la casa de Dios». Desde allí reinaba imponiendo su ley. Destruido el templo, ¿dónde podrían encontrarse ahora con su presencia salvadora?

Los rabinos reaccionaron buscando a Dios en las reuniones que hacían para estudiar la Ley. El célebre Rabbi Ananías, muerto hacia el año 135, lo afirmaba claramente: «Donde dos se reúnen para estudiar las palabras de la Ley, la presencia de Dios (la «Shekiná») está con ellos.

Los seguidores de Jesús provenientes del judaísmo reaccionaron de manera muy diferente. Mateo recuerda a sus lectores unas palabras que atribuye a Jesús y que son de gran importancia para mantener viva su presencia entre sus seguidores: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

No es una reunión que se hace por costumbre, por disciplina o por sumisión a un precepto. La atmósfera de este encuentro es otra cosa. Son seguidores de Jesús que «se reúnen en su nombre», atraídos por él, animados por su espíritu. Jesús es la razón, la fuente, el aliento, la vida de ese encuentro. Allí se hace presente Jesús, el resucitado.

No es ningún secreto que la reunión dominical de los cristianos está en crisis profunda. A no pocos la misa se les hace insufrible. Ya no tienen paciencia para asistir a un acto en el que se les escapa el sentido de los símbolos y donde no siempre escuchan palabras que toquen la realidad de sus vidas.

Algunos sólo conocen misas reducidas a un acto gregario, regulado y dirigido por los eclesiásticos, donde el pueblo permanece pasivo, encerrado en su silencio o en sus respuestas mecánicas, sin poder sintonizar con un lenguaje cuyo contenido no siempre entienden. ¿Es esto «reunirse en el nombre del Señor»?

¿Cómo es posible que la reunión dominical se vaya perdiendo como si no pasara nada? ¿No es la Eucaristía el centro del cristianismo? ¿Cómo es que la Jerarquía prefiera no plantearse nada, no cambiar nada? ¿Cómo es que los cristianos permanecemos callados? ¿Por qué tanta pasividad y falta de reacción? ¿Dónde suscitará el Espíritu encuentros de dos o tres que nos enseñen a reunirnos en el nombre de Jesús?

 

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Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 7 de Septiembre, 2008, 9:01, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Las normas son para las personas

(Lc 6,1-5):  Sucedió que Jesús cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos. Algunos de los fariseos dijeron: «¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?». Y Jesús les respondió: «¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?». Y les dijo: «El Hijo del hombre es señor del sábado».

Decir estas palabras en aquel tiempo, y puede que también en este que vivimos, en la sociedad de Israel donde guardar el sábado de cualquier esfuerzo humano era y es como un dogma de fe, es transgredir de alguna manera todas las normas vigentes. Pero al tiempo encierra una de las enseñanzas más fundamentales del Evangelio para todos los seres humanos, cual es la de que las leyes, y consiguientemente normas, símbolos, ritos, instituciones, organizaciones y cualquier cosa que hagamos los humanos está al servicio de las personas y no al revés.

 

El sábado, un día para descansar y dar culto a Dios, se había convertido en una divinidad más.

 

Se entiende, pues, que San Pablo llame a Cristo liberador, porque lo liberó de la esclavitud de la ley. No es la ley para las personas, sino las personas para la ley. Y hoy lo deja claro cuando los fariseos se escandalizan porque los discípulos arrancan unas espigas mientras van caminando y se comen el grano. Lo que a El le importa es el bien de las personas. Y es que la fe cristiana lleva en si misma un germen de rebeldía, dado que el bien del ser humano viene a relativizar todas las demás realidades como la ética, la moral, el culto, la política y un largo etcétera. Lo único sagrado en la tierra es el propio ser humano. Es, pues, una llamada a, sintiéndonos libres, ser valientes y seguir respondiendo al mensaje central del Evangelio.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 6 de Septiembre, 2008, 17:22, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Rema mar adentro

(Lc 5,1-11):  En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes». Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres». Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron

Cerca de la gente que se agolpaba para escuchar su Palabra, y al mismo tiempo con cierta distancia, como para tener un juicio mas certero de la realidad y una visión más objetiva de la misma. Sin dejar de estar inmerso en la realidad, pide a los suyos que remen más adentro. El “boga mar adentro” parece hoy como una invitación a salir de los intereses más férreos que nos rodean y que, demos la vuelta que demos, siempre aparecen siendo nosotros mismos los primeros beneficiados. Boga mar adentro y déjate llevar por el impulso del océano, del mar con sus olas que van y vienen y que te traen las nuevas necesidades, los nuevos sentimientos, los nuevos problemas que la gente tiene. Boga mar adentro es como salir de la orilla, escaparse de la orilla. Boga mar adentro es internarse en lo profundo, en las motivaciones más hondas y salir de la superficialidad a la que la vida de cada día nos puede llevar si no nos damos cuenta. De vez en cuando debe haber alguien que nos advierta que rompamos con la monotonía, con la rutina, con los hábitos y que, desde lo profundo, revisemos si todo lo anterior está de acorde con las motivaciones fundamentales que debemos tener en la vida, a fin de que al final podamos también, como los de aquella travesía, convertirnos en pescadores de hombres. Boga mar adentro es también como invitarnos a que naveguemos en su barca, la barca del Reino de Dios.

 

Y nos dice el Evangelio que dejándolo todo se fueron con Jesús. Es la llamada de Jesús que no solo se produce al inicio de nuestra vida creyente o cuando somos jóvenes, sino que existe también cuando ya se ha caminado un gran trecho en la existencia, como en este caso ocurría también con sus discípulos que estaban ya acostumbrados a seguirle. Y estas segundas llamadas pueden ser en ocasiones tan importantes o más que la primera, porque nos liberan de la rutina, el cansancio, la monotonía, el “ir tirando. Por eso la voz de Dios hoy suena diferente: Boga mar adentro. Conocemos ya las dificultades y nuestras limitaciones, y es el momento de volver a acertar en lo esencial y responder a aquello que siga dando verdadero sentido a nuestra vida. No lo olvidemos, en todo momento rememos mar adentro. Sumerjámonos.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 4 de Septiembre, 2008, 17:33, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Señor, enséñame a estar en tu presencia

(Lc 4,38-44):  En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo.

Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado». E iba predicando por las sinagogas de Judea.

 

 

Y le reconocían como lo que es, como el Hijo de Dios. Desde este reconocimiento le rogamos nos enseñe a estar en su presencia:

 

Señor enséñame a estar en tu presencia

 

Señor enséñame a entrar y permanecer en tu presencia, encontrarte a cada instante, en cada necesidad de mi existencia. Buscarte en los confines de mi soledad interior y centrarme en tu grandeza que rodea mi pequeñez.

 

Quiero cerrar los ojos y mirar tu cielo inmenso que me rodea pero que al mismo tiempo está dentro de mi. Quiero aprender a levantar mis manos imaginarias para alcanzarte mientras mis rodillas se doblan ante tu paz.

 

Aprender a buscarte de todo corazón, en mis circunstancias, en mi actividad y en mi descanso. Sobre todo en la necesidad imprevista que trae, como tormenta de angustias, mis luchas internas.

 

Te invocaré, clamaré, pediré, llamaré, haré todo lo que me dices cuando mi enemigo desconocido me alcance y te buscaré en este lugar donde no hay nada externo que me perturbe para poder escuchar tu voz. Se que te encontraré en el fondo de mi corazón y allí estará también tu respuesta...

 

Vendré al encuentro de protección, de tu sabiduría, de tu consuelo, de tu dirección, de tu paz: al encuentro de mi libertad, tu luz me rodeará. Tu me hablarás y yo te escucharé, pero rendido en tu presencia sintiendo como se acallan los coros de voces de angustia. Yo te hablaré y tu me escucharás, y me responderás. Reconoceré que solo dependo de ti y vendré a rogarte. Se que te encontraré cara a cara, cuando te busque de todo corazón. Enséñame a retener en obediencia tu compañerismo permanente. Enséñame a confiar, a hacerte la voz que dirige mis emociones y mis sentimientos. Quiero encontrarte en todo tiempo. He de llegar con un corazón humillado y encontrarte en oración y adoración.

 

Tus oraciones deben ser también, de acción de gracias. Deben recalcar el carácter de Dios: de poder, de fidelidad, de sabiduría. Después de clamar y traer todas las necesidades en oración y adoración, debes asumir que El va a responder conforme a su voluntad y en el tiempo propicio.

 

 Por tanto actúa en fe y da pasos creyéndole a Dios. No recalques tus peticiones o debilidades en oraciones posteriores porque sin saberlo te estarás predisponiendo mentalmente a lo negativo para que no llegue la bendición. Gracias por haberme liberado de la depresión porque eres mi libertador, por ejemplo, es una forma de orar y desatar la victoria a tu vida. Medita en la palabra de Dios cuando estés solo y en silencio...

 

Y no olvides que la oración es una conversación intima con nuestro Señor, Mateo 6:6 nos dice:

"Cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará."

 

Les dejo con estas reflexiones. Pensando en nuestra oración:

 

¿Cómo nos dirigimos a Dios?

¿Confiamos en Él como nos muestra Jesús?

¿Rezamos solamente por nuestras necesidades, o ante problemas?

¿Acudimos a Dios cuando debemos tomar decisiones?

¿Buscamos un momento y un lugar para rezar en nuestra vida diaria?

¿Fundamentamos nuestra oración en la Palabra de Dios? ¿Rezamos con los Salmos?

En la vida de Jesús la oración es el encuentro con el Padre y con su voluntad. A través de ella Jesús toma fuerzas para llevar adelante su misión y ser fiel a Dios.

Si queremos compartir el Reino y seguir a Jesús tenemos que aprender a orar como él, en la vida, para que la vida se haga oración, y la oración fuente de Vida nueva.

 

orar como él, en la vida, para que la vida se haga oración, y la oración fuente de Vida nueva.

 

…al tiempo que agradecemos al amigo Alvaro Mendis el envío de esta oración y pequeña reflexión

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 3 de Septiembre, 2008, 13:37, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Con autoridad moral

(Lc 4,31-37):  En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él». Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen». Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.

 

Hablaba con autoridad, no porque fuera un mandón ni un autoritario. No porque impusiera las cosas y obligara a los demás. Sino porque predicaba con el ejemplo. Hacía lo que decía. Actuaba como pensaba. Por eso, tenía y sigue teniendo autoridad moral. Por eso es capaz de advertirnos de otros que no hagamos lo que ellos hacen, sino lo que ellos dicen. Lo bueno hay que recibirlo de donde quiera que venga, pero lo bueno si es con el ejemplo, con la conducta, se queda mucho más arraigado en el corazón de la gente. Por eso, aunque muchos no lo aceptan, se dan cuenta de que habla con autoridad. Eso es tener autoridad moral. Es lo que importa. Lo que nos viene bien a todos, tengamos poder o no. Y para los que tienen poder frente a los demás, de nada les sirve si les falta la autoridad moral. Por eso, Jesús era también alguien cercano, sencillo y no dado a los laureles y honores públicos: porque tenía autoridad moral.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 2 de Septiembre, 2008, 9:32, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Para liberar a los cautivos

(Lc 4,16-30):   En aquel tiempo, Jesús se fue a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?». Él les dijo: «Seguramente me vais a decir el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria». Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio».

Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.

                                                                                 

Hoy se cumple esta Escritura que acaban de escuchar. Su persona, su vida, su mensaje es la realización o quiere serlo de este anuncio del profeta. Es como el emblema y escudo de su reinado, como si fuera el santo y seña. Ha venido para eso, para traer la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. Nada de esclavitudes, cegueras, injusticias u opresiones. La gracia del Señor es la libertad y la igualdad, maneras de expresar y de concretar la fraternidad que no se cansa de anunciar en todas partes. Es como un programa de vida, que ojalá fuese el programa político y social de tantos y tantos grupos ideológicos que luchan y aspiran por el poder social en todos los países del mundo.

 

Parecen imposibles de realizarse. Así lo entendieron también desde el principio quienes le escucharon: ¿No es éste el hijo de José?, como si fuese incapaz de realizar lo que decía. Y pasaron de lo que decía. En el fondo intentaban traducir el mensaje divino a sus ambiciones humanas, intentando ajustar la palabra de Dios a sus deseos, como aquellos que en sus programas ideológicos hablan de un Dios que les inspira, utilizando así su mensaje.

 

Lo grandioso de este mensaje es que esta misión de Jesús es también la nuestra: ser liberadores de todas las situaciones de pobreza, ceguera, exclusión social que vayamos encontrando a nuestro paso, de todas las situaciones de adicción tanto a drogas, como al consumo o al egoísmo. Liberación para aportar una vida nueva con ilusión y dignidad.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 1 de Septiembre, 2008, 12:54, Categoría: Comentarios al Evangelio
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