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Agosto del 2008


Pensar como Dios

(Mt 16,21-27):  En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos: «El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta»

En caso de dudas siempre tenemos una norma que nos viene del Evangelio y es que tendemos a pensar y motivarnos más desde los valores y criterios que nos vienen del sistema de este mundo que de los que proceden del Evangelio. Piensas como los hombres, no como Dios, es algo que repite Jesús con frecuencia a los suyos. Su conducta, sus motivos, su estilo, por regla general, transgrede los usos y costumbres sociales. Pensemos por ejemplo en la competencia, en la vanidad, en el aparentar, en el tener, en el lujo, en el quedar bien ante los demás, en el sobresalir y un largo etcétera que son costumbres normales en la sociedad y que, sin embargo, están tan lejos de los valores evangelicos.

 

El dar la vida, el morir a si mismo, el no dejarse llevar por criterios egoístas es el otro estilo que Jesús nos propone si queremos seguirle, si quieren, dice El, venir conmigo. Pensar como Dios siempre tiene un trasfondo para que sea verdadero y es el amor. Por eso aquello de “en el atardecer de nuestra vida nos juzgarán sobre el amor”.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 31 de Agosto, 2008, 9:36, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Dando la vida

(Mc 6,17-29):  En aquel tiempo, Herodes había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano». Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.

Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino». Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?». Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista». Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.

 

Había venido a preparar los caminos del Mesías, a allanar sus senderos, y una manera era anunciar la verdad con libertad, y denunciar lo que estaba mal no importaba tuviera ello meras resonancias personales las tuviera políticas. De alguna forma su denuncia rozaba con el poder político vigente, y pagó las consecuencias. Pero para Juan lo importante era la verdad, y el sentirse libre por dentro para expresar hacia fuera el mensaje del que era portador.

 

Años mas tarde intrigas políticas propias del sistema vigente llevaron también a la persecución y muerte de Jesús.

 

Juan, Jesús, tantísimos seguidores en el mundo han sido capaces de dar su vida por el Reino, de romper con sus comodidades personales, de denunciar lo que fuese injusto, de no gozar la simpatía de todos los ambientes, han sufrido incluso el martirio, unos derramando su sangre, otros muchos, anónimos con nombres y apellidos como los nuestros, dando su vida, su amistad, su buen hacer día a día en el quehacer cotidiano, buscando el bien estar de los demás e intentando, en la mayoría de las ocasiones, ser buena gente. Es una de las lecciones que podemos sacar del martirio de Juan el Bautista, que recordamos hoy

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 29 de Agosto, 2008, 10:10, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Estén preparados, tengan reflejos

(Mt 24,42-51):  En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes».

“Nosotras no nos planteamos por qué tomó este avión o por qué no vino directamente a Canarias desde Africa. Era su momento. Era la hora que Dios le llamó”, así se expresaba una religiosa en el entierro de un sacerdote canario víctima también del grave accidente aéreo de estos días pasados en Madrid. Una respuesta fiel reflejo del Evangelio de hoy: “como ladrón que no avisa”. O como nos enseñaron nuestros abuelos “nadie muere la víspera”. Solo hay que seguir el camino cada día, a diario, enlazados con los criterios y mentalidad que nos hacen fuertes, que son los criterios del Evangelio, nuestra actitud de fe, y la conciencia del don recibido por parte de Dios.

 

Eso sí, en medio de ese camino, hay algo claro: no podemos avasallar a nadie, ni torturar, ni condenar, ni enjuiciar. Solo cabe el amor, la solidaridad, la defensa de la libertad y la justicia, la práctica de la igualdad. Todo lo contrario sería una hipocresía por nuestra parte. Vivir así, en el día a día, aceptando fallos y errores, es caminar con la preparación debida. Estemos, pues, preparados, sabiendo que detrás de la acción está también la fuerza de la oración que nos impulsa al quehacer continuo. El está a la puerta y llama, y sigue llamando. Nosotros debemos andar con los reflejos necesarios para descubrir esas llamadas que surgen en todo momento y de la forma más sencilla. Porque eso son también venidas del Señor, no solo la definitiva en el momento de nuestra despedida.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 28 de Agosto, 2008, 9:25, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Hipocresías: no, gracias

(Mt 23,27-32):   En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: ‘Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!’. Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!».

 

“Hay otra globalización, la de la hipocresía, de la que se habla poco y se dice mucho”, son expresiones de Mario Benedetti en una conferencia en la Universidad de Alicante en el año 1999 denunciando como favorecemos la globalización de los dineros y de la economía y la libre circulación financiera mientras ponemos mil y una dificultades a la globalización de los derechos humanos, de lo social, de las personas y también de su libre circulación. Es la hipocresía de las grandes declaraciones contra el hambre y las acciones a favor de las guerras y discriminaciones.

 

Es la hipocresía de nosotros mismos que justificamos nuestras conductas erróneas en posibles fallos de los demás, que soportamos nuestra manera de ver las cosas amparándonos en que otros hacen cosas injustas. Es la hipocresía de nosotros mismos cuando queremos siempre justificar nuestras propias decisiones en lo que sea, aunque lo inventemos, sin pasar nuestros criterios y conductas por el tapiz y la norma de calidad que nos dan los criterios que emanan del Evangelio. Es pensar tan positivamente y actuar tan negativamente hacia terceros.

 

Es la hipocresía que ayer, hoy y mañana siempre será condenada por el Maestro y que siempre debe ser condenada también por aquellos que le seguimos, comenzando por no practicarla.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 27 de Agosto, 2008, 8:45, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Practicar la justicia y la misericordia

(Mt 23,23-26):   En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña y codicia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!».

 

El texto de hoy es continuación del de ayer y se mantiene insistiendo en la misma línea. Algo parecido a aquello de que “la gente no parece lo que es” o que “intentamos parecer lo que no somos”. Algo contrario a lo de que “valemos por lo que tenemos, por lo que ostentamos, por lo que compramos, por lo que gastamos”. Algo que critica la sociedad de consumo en la que estamos instalados, cuyo valor más fuerte es el “parece que”.

 

 

Un texto por otra parte que pone en crisis aquello que decimos cuando afirmamos de que somos o no católicos practicantes. Cuando lo hacemos nos referimos como practicante al que va a Misa los domingos. Y hoy el Evangelio define como practicante al que hace, cuida y fomenta la justicia, la misericordia y la fe. Algo que bien nos puede servir de revisión en nuestro diario quehacer. No por mucho rezar valemos más ante Dios, si ello no nos conduce a la práctica de estas virtudes hondamente cristianas.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 26 de Agosto, 2008, 8:38, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Contra todo fariseísmo

(Mt 23,13-22):   En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: ‘Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!’ ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro? Y también: ‘Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado’. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él».

Palabras serias, exigentes y dichas con fuerza por parte del Maestro. No solo habla de amor, sino que el amor a la humanidad lleva a denunciar lo que pueda haber de injusto en la misma y que esté manipulando o torciendo la vida de los demás. Es lo que hacían los fariseos, que se fijaban mas en las formas que en el fondo, en lo exterior que en lo interior, pero que, en definitiva, impedían el crecimiento libre de las personas. La fe, las ideas, los sentimientos son opciones libres de cada uno. Podemos compartirlos, pero no imponerlos.

 

Solo ante aquello que puede oprimir a otros, ante lo que puede hacer infeliz o desgraciado a un tercero, ante lo que es injusto para el bien de todos es cuando hemos de luchar en su contra, pues así como estamos llamados a hacer el bien lo estamos también a luchar contra el mal.

 

Y el fariseísmo, aparentar algo que no se es, fijarse más en lo exterior, buscar más el interés personal en detrimento de terceros, siempre es condenable. Y el Maestro hoy lo deja bien claro. Pues, en definitiva, ello siempre es matar algo del otro, ser un guía ciego que conduce a otro ciego.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 25 de Agosto, 2008, 9:11, Categoría: Comentarios al Evangelio
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¿Quién es Jesús para mí?

Hoy el Evangelio- Mt 16,13-20-  nos vuelve a hacer una encuesta personal de boca del propio Jesús: ¿Y ustedes, quién dicen que soy YO?, a la respuesta de Pedro “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Con frecuencia nos aparece este trozo evangélico como recordándonos algo que debemos tener presente en nuestras opciones personales.

Para ayudarnos a que cada uno respondamos a esta pregunta nos puede ayudar la oración que sigue, y que hemos recibido de Mechi. Con ella, y con el corazón en calma, respondamos cada uno a esta cuestión: ¿Quién es Jesús para mí?

 

Señor,
en el silencio de este día que comienza,
vengo a pedirte la paz,
la prudencia, la fuerza.

Hoy quiero mirar el mundo
con ojos llenos de amor,
ser paciente, comprensivo,
dulce y prudente.

Ver por encima de las apariencias,
a tus hijos como Tú mismo los ves,
y así no ver más que el bien
en cada uno de ellos.

Cierra mis oídos a toda calumnia,
guarda mi lengua de toda maldad,
que sólo los pensamientos caritativos
permanezcan en mi espíritu,
que sea benévolo y alegre,
que todos los que se acerquen a mí
sientan su presencia.

Revísteme de Ti, Señor,
y que a lo largo de este día yo te irradie.

Amén.


 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 24 de Agosto, 2008, 9:43, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Todos somos protagonistas

(Mt 23,1-12):   En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame “Rabbí”.

»Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie “Padre” vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar “Guías”, porque uno solo es vuestro Guía: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».

 

Como algo actual, repetido y dicho para cada uno de nosotros tanto a niveles personales como en las instituciones de todo tipo donde estemos: hagamos lo que decimos, pero no lo que hacemos. Pues en el fondo todos somos portadores de innumerables fallos y defectos, unas veces conscientes, la mayor parte sin darnos cuenta y con buena intención. Revisar lo que de fariseos podamos tener, sin morbosidades y sin estridencias, nunca nos vendrá mal.

 

Al fin de cuentas esto es ser humilde, que es lo que se nos pide también. Reconocer la verdad, aceptarla, vivir con ella, intentando cambiar lo que podamos.

 

Somos protagonistas de la historia, nadie puede quitarnos esa cualidad. Es fruto de la responsabilidad y de la libertad que se nos ha dado. Pero al igual que lo somos nosotros, también lo es nuestro vecino, compañero, familiar o el que vive en la más absoluta pobreza de un país extremadamente pobre. Por eso no somos padres de nadie, ni guías. Uno solo es el Padre, a quien llamamos así, y que a todos ha repartido los dones y sus regalos, la vida en definitiva, por igual y para que las sepamos administrar, compartiendo pero en igualdad, compartiendo pero sin sentirnos superiores. Todos protagonistas, nadie peón del otro.

 

Lo que tiene valor ante El es vivir, en verdad, lo que se lee y se explica, lo que se enseña y se exige. Es hablar con el ejemplo de nuestras vidas. Es enseñar viviendo lo que se cree. Y añade más adelante, como recuerdo y recomendación final el que todos somos hermanos, puesto que tenemos el mismo Padre. Traducirlo en hecho es cuestión de cada uno

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 23 de Agosto, 2008, 8:55, Categoría: Comentarios al Evangelio
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La revolución de Jesucristo

(Mt 22,34-40):   En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».

 

 

 

Un texto de Ignacio Larrañaga sobre LA REVOLUCION DE JESUCRISTO que nos envía nuestra amiga Ninfa Duarte, puede expresar bien hoy el comentario a este trozo evangélico que viene a ser como el resumen fundamental de nuestra condición de seguirdores de Jesús: amar a Dios y amar a los hermanos. Algo en lo que en la teoría y en la praxis coinciden todos los manuales religiosos de buena voluntad del mundo entero. Esta es, pues, según Ignacio Larrañaga, autor conocídísimo, la Revolución de Jesucristo:

 

Derribar las murallas del egoísmo,

crear un corazón nuevo,

trocar los motivos

y criterios del hombre,

trabajar por los demás

con el mismo interés como si trabajara

 por mí mismo,

despreocuparse de sí mismo,

para preocuparse de los demás,

adquirir la capacidad de perdonar,

comprender…

Todo eso es tarea de siglos y milenios.

esa es la gran revolución de Cristo!

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 22 de Agosto, 2008, 11:04, Categoría: Comentarios al Evangelio
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A una boda...

(Mt 22,1-14):   En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.

Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».

No solamente no quisieron ir a la boda a la que habían sido invitados, sino que se metieron con los mensajeros. No aceptaron el mensaje, tampoco a los mensajeros. Pero la fiesta estaba preparada, y se invitó a todo el mundo, a los que parecían buenos y los que no tanto.

 

Eso sí, siempre hay detalles que recogen los textos que uno no termina de identificarlos con las actitudes que habitualmente nos manifiesta Jesús, como ese de dar muerte a los homicidas, prender fuego a sus ciudades, o echar al rechinar de dientes al que no llevaba traje adecuado. Suponemos que el escritor recoge también sentires populares, y en medio de ellos deja traslucir el mensaje de Jesús, cual es que su llamado no es una obligación por parte nuestra sino un acto de libertad personal, pues muchos serán los llamados, pero pocos los escogidos.

 

Mas allá de lo trágico de estas escenas, el contexto que se impone es que el seguir a Jesús es una fiesta, se le compara con un banquete de bodas, algo para alegrar el alma y el cuerpo y no para traer el sufrimiento. De eso va su Reino. No es un funeral, ni una ceremonia de tristeza. Un banquete de bodas, donde suele estar la familia, los amigos, y no los que los quieren mal a uno. Es normal que también en esos sitios, al menos hoy, estén algunos vanidosos y que quieran sobresalir en sus apariencias. Por eso mismo, sigue insistiendo en que no todos serán los escogidos. Es una llamada. Una invitación a una comida comunitaria donde estamos reunidos en plan de igualdad. Aunque en la travesía de ese caminar hayan muchas cosas que no se entienden, que son violentas y que nos hacen sufrir, como lo ocurrido ayer en el aeropuerto de Madrid. También ellos, los que han muerto en esa condición tan trágica, estaban invitados, y precisamente, por las circunstancias de la tragedia, seguro que han sido escogidos. Aunque los cercanos que aquí nos quedemos estemos más cerca de un funeral que una boda. Volverá con mas calma el novio a recordarnos que es al revés. Y así lo viviremos.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 21 de Agosto, 2008, 9:54, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Con amor y justicia

(Mt 20,1-16):   En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.

»Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».



Un propietario original, no cabe duda. De los que no hay. Y de los que necesitamos en este mundo, de aquellos que no gusta la gente ande sin trabajo y paga de acuerdo a lo establecido. Algo así como un político que le gusta gobernar en igualdad y para la igualdad de todos. Es como si en todo se fijara el Maestro, y de todo nos quisiera advertir. No solo, como hemos comentado en otras ocasiones, en lo personal e interior sino también en lo social, en lo económico, en lo político. Porque si bien la fe es una opción personal y algo que vive cada uno no es para el regodeo interior sino para proyectarse socialmente e impregnar lo que nos rodea de los valores del Reino de Dios.

 

La política divina está basada en el amor y en la justicia, así como en la gratuidad, actitudes que se desprenden de la conducta del propietario de las tierras de esta parábola y que rompe la lógica del común actuar de nosotros, los mortales.

 

Por otra parte es de hacer notar como el dueño de la finca sale a una hora y a otra, en todo momento, a buscar operarios. Como Dios que sigue por ahí buscando gente, cada uno en horarios y momentos diferentes, pero ofreciendo siempre lo mismo a todos y a cada uno. La jornada nuestra en el Reino comienza cuando nos hemos sentido convocados y aceptamos la llamada y el trabajo. No cambia nuestros amigos, nuestros problemas, nuestras dificultades, nuestras decepciones y sorpresas ni tampoco nuestras torpezas y aciertos. Pero les da un nuevo ritmo, y al final cada uno recibe el mismo salario. La cuestión es vivirlo con alegría, gastarnos en hacer lo mismo con una actitud diferente, perdonando a unos, animando a otros, escuchando y ayudando a todos, colaborando en hacer un mundo con mas justicia y donde todos seamos iguales. Son los valores del dueño de la finca. Son los mismos que Dios día tras día sigue enseñándonos.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 20 de Agosto, 2008, 8:25, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Señor, escúchame

Hoy que el texto evangélico (Mt 19,23-30) nos recuerda que es más difícil que un rico entre en el Reino que un camello por el ojo de una aguja, y que todo aquel que haya dejado casa, hermanos y gente por el Reino recibirá el ciento por uno, pidamos la fuerza de Dios para seguirle a El, pensando más en los demás que en nosotros mismos, con esta hermosa oración de nuestra amiga Rosenna

 

 

SEÑOR ESCÚCHAME

Rosenna

 

 

Señor... elevo mi plegaria...

Por los que sufren injusticias...

Por los enfermos, para que cures sus heridas,

Por los que perdieron la fe y la creencia en ti,

Por los que creen que la violencia es el camino;

Por los que depositaron en alguien sus esperanzas

y sólo recibieron a cambio frustraciones y decepción...

Por los niños que carecen de un pedazo de pan,

por los que duermen en la calle y tienen

como único techo las estrellas...

Elevo al cielo mi plegaria... ¡Señor!..

Tu, que cuando lo necesité me enviaste

luz...amor, cariño y amistad...

te pido ahora comprensión y serenidad.

Por favor...

¡Escúchame Señor

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 19 de Agosto, 2008, 9:34, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Comparte lo que tienes

(Mt 19,16-22):   En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?». Él le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

 

Poseer versus compartir. Si están en contradicción, contradicen también el espíritu evangélico que, a ejemplo del Maestro, se sintetiza en el dar, en la donación, fundamentalmente en la donación de si mismo. De hecho en otras ocasiones lo dejó claro que había venido para perfeccionar el Antiguo Testamento. Su mensaje es algo más que los clásicos diez mandamientos, obra del sentido común de los mortales.

 

Pasa entre las personas, pasa también entre los pueblos. ¿Pueblos pobres, pueblos ricos? Los técnicos desde hace mucho tiempo hablan de pueblos empobrecidos y pueblos enriquecidos. De unos que se han hecho ricos a base del expolio de los otros y de sus materias primas, y que siguen en esa actitud. No se rige la política ni por el sentido común de los diez mandamientos, ni por la donación y entrega del Nuevo Testamento. La puerta de entrada a este camino son los mandamientos , el famoso decálogo, pero solo la puerta de entrada. Con eso, somos buenos. Si queremos ser mejores, algo mas que buenos, la donación se impone. Es decir, el desprendimiento y la generosidad.

 

No se trata de ser pobres y miserables, como si de un masoquismo se tratara. Es la libertad frente a los bienes materiales, frente a la posesión, frente a la ambición. Tiene que ver con la austeridad, con el recto uso de los bienes, con la jerarquización de los valores, con la libertad frente a los bienes económicos, con la economía al servicio de todos y no de unos pocos y sobre todo al servicio de los colectivos más pobres, de saber compartir. No lo entendió el joven, y se fue triste. No lo entienden nuestros jerarcas políticos y nos hacen vivir en la tristeza a la mayoría del género humano.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 18 de Agosto, 2008, 8:53, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Sin fronteras

(Mt 15,21-28):  En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella los alcanzó y se postró ante Él, y le pidió de rodillas: «Señor, socórreme». Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.

 

Varias cosas llaman la atención en este texto evangélico. La fe tan intensa y tan grande de la cananea que, pese a las dificultades con las que se encuentra incluso del propio Jesús, persiste en su intento, no se desanima, sigue en su proyecto y logra lo que pretendía. En ningún momento se queja de no ser escuchada ni atendida. Desde su humildad y el reconocimiento de que no se lo merecía pide lo mejor para su hija y le es concedido.

 

Otra cosa son las duras palabras que Jesús le dirige. Como si no viniera para todo el mundo, como si su Padre no lo fuera de todas las personas independientemente de su condición, origen o situación. ¿Es una prueba? Es lo que se supone. Algo que en cada momento nos encontramos en la vida. Dificultades, objeciones, contratiempos con los que nos tropezamos y hemos de superar. Más fácil de entender así, para que sepamos salir delante de los baches de la vida. Como si se hiciera el sordo, como lo percibimos nosotros muchas veces cuando acudimos a El al borde ya del precipicio.

 

Y, pese a todo, se pone de manifiesto la universalidad del mensaje, la universalidad de la persona de Jesús. Para El no hay cananeos ni judíos, nacionales ni extranjeros, europeos ni subsaharianos, latinos ni españoles. Todos somos uno en Cristo Jesús. El ha venido para anunciar el Evangelio a toda la creación, y a ello nos envía cuando resucita. No solo a la casa de Israel. Ser del pueblo de Dios no exige una sangre, una raza, una nación, una cultura especial. Nadie puede poner fronteras a su llamada. Su política es diferente a las de la Unión Europea y las de muchos países desarrollados que teniéndolo todo cierran las puertas a los que no tienen nada.

 

Una llamada también a descubrir las murallas de separación que nosotros mismos levantamos por diferencia de criterios, por actitudes distintas a las nuestras, por sentirnos heridos por una u otra cosa.

 

 

 

Por arquina - 17 de Agosto, 2008, 8:55, Categoría: General
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Como los niños

(Mt 19,13-15):   En aquel tiempo, le presentaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos». Y, después de imponerles las manos, se fue de allí.

 

Como los niños. Nos lo ha puesto de mil formas como ejemplo. De los que son como ellos es el Reino de los cielos. Capaces de enfadarse y al momento de olvidarse, de enojarse con sus amigos y al instante estar jugando con ellos, sonrientes, cariñosos, espontáneos, contando la verdad en todo instante, sin esconder nada o descubriéndolo enseguida. Con la sinceridad y la verdad por delante. Dejándose llevar por el corazón. Sabiendo reconocer a quien los quiere. Con sus vidas llenas de ilusión y de magia. Sabiendo vivir en todo momento el instante presente con plenitud. Sin importarles el ayer ni el mañana. Y, por otra parte, indefensos, necesitados de protección y capaces de pedirla. Con miedo en ocasiones, pero sin el mismo cuando saben que están acompañados. De los que son así, como ellos, es el Reino de Dios. Porque todas estas cosas son las que nos habla el Evangelio como actitudes interiores que el creyente ha de tener en todo momento.

 

Por eso a Jesús no solo no les molestan, sino que los acaricia y los bendice. Es toda una acción simbólica en la que Jesús manifiesta su preferencia por los sencillos, por los limpios de corazón, por los débiles, por los que no parecen contar para la sociedad pues no son útiles. Es también un modo de enseñar cómo debemos acercarnos a los insignificantes. Frente al poder de los influyentes, frente a los grandes de la sociedad, frente a los que salen en las fotos de las grandes decisiones, Jesús nos habla de otras fotos que son necesarias captar y hacer en nuestro entorno.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 16 de Agosto, 2008, 8:41, Categoría: Comentarios al Evangelio
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La luz de nuestra esperanza

(Lc 1,39-56):   En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Y dijo María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como había anunciado a nuestros padres— en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.

"Apareció una gran señal
en el cielo: una Mujer vestida
del sol, con la luna bajo sus pies,
y una corona de doce estrellas
sobre su cabeza
." Apc. 12, 1

 

Como vestida del sol, la describe el Apocalipsis, y la ha interpretado la Iglesia refiriéndose a María. Sin necesidad del dogma, es normal que la madre, una vez que se despidiera de la vida mortal, esté donde su Hijo y junto al que la invitó a formar parte activa y destacada de su plan en la tierra. Y que desde allí en familia miren al conjunto de aquellos que seguimos luchando en la tierra, intentando seguir con su proyecto, aunque no siempre con fidelidad, y muchas veces a trancas y barrancas. “La Asunción de María es una participación singular en la resurrección de Cristo" Juan Pablo II

 

 

Con Jesús se abren las puertas del cielo, y nadie mejor que María para hacer una entrada inaugural, toda llena de fiesta. Ella es la llena de gracia, la esclava del Señor, la del hágase en mí según tu voluntad. ¿No se merecía seguir al lado de su Hijo Resucitado? Casi ni dogmas hacían falta para ello. En Ella, como modelo de fe, se han cumplido las promesas del Señor. Es como la ratificación oficial de lo elemental y que todo el mundo entiende y vive. Ya nos había dicho Jesús que en la casa de su Padre habían muchas habitaciones, y una, sencilla y espléndida al tiempo, había de ser para aquella sencilla mujer de Nazaret, que no ha sabido hacer otra cosa sino ser madre y hacer la voluntad de su Dios. Por eso hoy, con su Hijo, reina para siempre.

 

Y no es casualidad que el Evangelio del día nos recuerde esta gloria de María con el Magnificat. Un himno de acción de gracias que sale de la sencillez de su prima que se ve agradecida con su visita y su presencia. Un himno que puede salir en cada momento desde lo más profundo de nuestro corazón. Porque lo que hoy celebramos es el digno remate a una vida llena de amor.

 

Nuestra alegría hoy se hace patente. Es nuestra Madre. Y su vida, como la nuestra, fue siguiendo a Jesús por caminos no siempre comprensibles, pero con el detalle del amor. Hoy brilla, pues, también la luz de nuestra esperanza. Ella supo guardar la Palabra. Ella nos seguirá ayudando a que nosotros también lo sigamos haciendo.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 15 de Agosto, 2008, 9:11, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Advertir y corregir

 (Mt 18,15-20):   En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

 

 

Cuesta corregir al otro, dar la cara, enfrentar nuestra opinión a la de la otra persona, llamar la atención, hacer caer en la cuenta de la conveniencia o no conveniencia de algo, pero es también una señal de amor al hermano y de fraternidad. Es sentir los fallos del otro como nuestros propios y en el fondo dar la cara por nosotros mismos. Tenemos miedo a no acertar, a herir y nos conformamos con orar por el hermano, lo cual no está de más, pero es necesario también ser activos. Aquí vale también aquello de “a Dios rogando y con el mazo dando”.

 

Desde luego lo que no debemos hacer es criticar a sus espaldas, herirle con nuestros comentarios por detrás. Podemos usar de intermediarios para dirigirnos a la otra persona, pero siempre con esa intención y pensando que el tercero en cuestión tiene más confianza, mas entrada con el hermano. Porque amar al otro es también advertir y corregir. Y no solo a niveles interpersonales, sino también a niveles colectivos, sociales, de asociaciones o instituciones. Es una forma de colaborar en el cambio social que conduzca hacia la fraternidad.

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 13 de Agosto, 2008, 8:52, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Normas de convivencia humana

(Mt 17,22-27):   En aquel tiempo, yendo un día juntos por Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará». Y se entristecieron mucho.

Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: «¿No paga vuestro Maestro el didracma?». Dice Él: «Sí». Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: «¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?». Al contestar Él: «De los extraños», Jesús le dijo: «Por tanto, libres están los hijos. Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estárter. Tómalo y dáselo por mí y por ti».

 

Jesús se hace semejante en todo a nosotros, menos en el pecado, y se somete a las exigencias de las leyes humanas, aunque a veces se muestra rebelde y transgresor de esas mismas leyes cuando van contra la dignidad y los derechos de las personas. Ha curado en sábado, por ejemplo. Porque las leyes y las normas están para las personas y no al revés. Como marca también el sentido común que suele ser una norma usada por el Evangelio.

 

En el caso de hoy, cede de su derecho (es Dios) , para no causar escándalo, y paga el impuesto, el suyo y el de Pedro, aunque sea de un modo un tanto original. Pero cumple con las leyes que en principio no le incumben.

 

Es algo que no debemos olvidar. Como cristianos, creyentes, reconocidos por todos como tales, nuestro comportamiento ejemplar debe extenderse también al cumplimiento de las leyes humanas y deberes sociales que están para regular el bien común: tenemos, como todos, derechos y deberes que faciliten la convivencia humana entre las personas de distinta condición, ideología o religión. Tenemos obligación de dar ejemplo. En la convivencia con todos, en la ayuda indiscriminada y amorosa a todos, en la acogida sin tener en cuenta diferencias de ningún tipo...en la aportación económica, cada uno según las posibilidades. Y en las cosas de conciencia no necesitamos legislación civil alguna, pues cada uno sigue los dictados de la misma de acuerdo a la fe que profesamos o la ética que vivamos, sin necesidad de ninguna normativa civil que nos la imponga ni a nosotros ni a los que no tienen nuestros mismos criterios.

 

Sin olvidar que somos de Cristo, que eso es ser cristianos. Y que su estilo y orientaciones han de ser nuestra norma de conducta.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 11 de Agosto, 2008, 8:24, Categoría: Comentarios al Evangelio
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No teman

(Mt 14,22-33):  Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.

De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: «¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!». Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua». Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?». En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».

 

Atento a todos los detalles de la convivencia y existencia entre las personas: se preocupa porque no pasen hambre, les sacia, se despide de ellos, se preocupa de los más cercanos, les anima en las dificultades, al tiempo que saca momentos para su Padre, de quien le viene su fuerza y su espíritu de vida.

 

Porque tiene confianza en El, Pedro camina sobre el agua. Desde que la pierde, se deja llevar por las dificultades y comienza a hundirse. Sin más comentarios, traslademos esta situación a nuestra vida de cada día en medio de nuestros gozos y problemas, de nuestras alegrías y dificultades, y reflexionemos cómo nos va cuando nos situamos en la confianza y cómo en el miedo. Nosotros solos saquemos las conclusiones, y ensayemos a vivir sin temor.

 

Este texto ya lo hemos comentado otras ocasiones y nos hemos extendido en el mismo. Viajeros en esa barca que es la de nuestra vida, azotada por olas de dificultades y problemas, hemos temido zozobrar. Y, sin embargo, aquí seguimos. ¿Cómo estaríamos de bien por dentro si el miedo no nos hubiera atenazado en tantas ocasiones?. Al final, siempre descubrimos que esas olas que parecen gigantes son pequeñeces que simplemente nos acobardan. En ocasiones es la falta de aprecio en los que esperábamos encontrar amistad, en otras es la dificultad que sentimos en nosotros mismos para ser como soñamos y aspiramos ser. Y en todas la solución es quitarnos el miedo, dejarnos llevar de la confianza y saber que estamos en sus manos.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 10 de Agosto, 2008, 8:52, Categoría: Comentarios al Evangelio
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El valor de lo pequeño

(Mt 17,14-20):   En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre que, arrodillándose ante Él, le dijo: «Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarle». Jesús respondió: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo acá!». Jesús le increpó y el demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momento.

Entonces los discípulos se acercaron a Jesús, en privado, y le dijeron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?». Díceles: «Por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: “Desplázate de aquí allá”, y se desplazará, y nada os será imposible».

 

Basta lo pequeño, lo sencillo, lo normal de cada día, la actitud interior del que busca con sencillez, del que siembra con constancia. Como el grano de mostaza, algo sencillo y sin complicaciones es la invitación que hoy recibimos para nuestras vidas.

 

Y con ese poquito en nuestra actitud de creyentes nada nos será imposible. Es lo que nos dicen hoy en el Evangelio. Solo un poco, un poco de fe, aunque sea tan sencilla y pequeña como un grano de mostaza. Hemos aceptado verdades de fe, criterios, ideas, pero lo importante es traducirlas o concretarlas en las exigencias de la vida de cada día. Es una fe para usar, para darle vida. Es una fe que es confianza, y que nos pone en camino para descubrir a Dios en las pequeñas cosas de nuestro quehacer y convivir diario. La fe que es imprescindible para descubrir al hermano en todos los demás, porque en ellos vemos a Dios. No es mucho lo que se nos pide: como un grano de mostaza, como una pequeña semilla. Como para saborearlo.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 9 de Agosto, 2008, 8:51, Categoría: Comentarios al Evangelio
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