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Diciembre del 2007


Somos Palabra, somos Comunicación

(Jn 1,1-18):  En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por Él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.

La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de Él y clama: «Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado.

Dios es la Palabra. Dios es comunicación, es diálogo con las personas, con el mundo, con la sociedad, con las instituciones. Una comunicación que trae vida y luz. Es para alumbrar y dar fuerzas en el camino. Para orientar en el sendero. Ha sido anunciado, y preparado por múltiples profetas, entre ellos Juan, el mayor de todos. Ha estado y sigue estando con nosotros. Acampa en este mundo donde ha puesto su morada. Unos se dan cuenta, otros no. Unos pasamos de largo, otros nos paramos a entablar la comunicación que quiere. ¿En qué lado estamos nosotros? El mundo solo puede caminar, las personas solo podemos entendernos a través de la palabra, del diálogo, de la comunicación. Por eso, El se ha hecho todo eso.

 

En este año 2007 que acaba todos hemos vuelto a recibir ese don de la Palabra. Es hora de hacer balance sobre nuestra acogida de la misma. Es hora también de hacer proyectos sobre nuestro compromiso futuro en la línea del doble diálogo: con Dios y con la realidad cotidiana, pues nosotros también tenemos aquí nuestra morada.

 

Así nos lo cuenta Juan al comenzar su Evangelio, recordándonos en un pequeño trozo la historia de la Palabra hecha carne, pasando por el rechazo de los suyos a su glorificación. En este momento de fin de año ponemos nuestros ojos en lo que hemos vivido. Fácilmente descubrimos los momentos de oscuridad y silencio. Pero ha habido también muchos momentos de luz, que son los que conviene sacar hoy a relucir para dar gracias, y para, con pensamiento positivo, tomar fuerzas en el caminar del año próximo. Descubramos las maravillas que Dios ha hecho en nosotros, y como hemos sido también palabra que da vida y luz a nuestro lado a través de la comunicación interpersonal sobre todo. Ser agradecidos será una forma positiva de acabar el año y comenzar otro. Porque lo que importa es nuestra intención, nuestro esfuerzo, nuestras luchas, hayamos conseguido o no lo que nos proponíamos. Algo hemos hecho. Hoy es la hora, como nos lo ha recordado los textos evangélicos después de Navidad, del “Proclama mi alma la grandeza del Señor”, o del “A Ti, Señor, damos gracias”, o del “Bendito seas, Señor, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has dado a conocer a los sencillos”. Y es también el momento de las promesas, no tanto de las nuestras personales, sino de recoger y aceptar la promesa de la Palabra hecha carne que habla de beneficios y dones para los que la reciben y la siguen.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 31 de Diciembre, 2007, 11:26, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Una familia original

(Mt 2,13-15.19-23):   Después que se fueron los Magos, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle». Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

Muerto Herodes, el Angel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño». El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea, y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los profetas: «Será llamado Nazareno».

 

Parémonos un rato ante el misterio de Belén –o Nazaret, da lo mismo- que tenemos en casa: José, María y un niño recién nacido- Jesús-. Ahí tenemos una familia. Y pensemos cómo sería esa familia. A veces pensamos que todo transcurriría bien, que la felicidad y los parabienes colmaban sus vidas. Y sí, tendrían muchos ratos buenos, de alegría compartida, de cariño mutuo, de ratos compartidos con los vecinos, de fiestas vividas en el pueblo, de momentos de conversación en la mesa del comedor, de risas y bromas, de consejos de los padres al hijo, de idas y venidas al colegio. Como en todas las familias.

 

Pero es también una familia con dificultades, con problemas. El parto les pilla fuera de su casa, no encuentran una pensión ni de la más sencilla, todo estaba ocupado, al poco de nacer el niño peligra su integridad física y tienen que desplazarse a otro país desconocido con otras costumbres y estilos, vuelven al suyo y tienen miedo de que los peligros se vuelvan a repetir y se van a vivir a otra ciudad con el consiguiente problema de readaptación. No es fácil vivir así con un niño pequeño, y sin un trabajo fijo. Por otra parte, José, sabiendo que no es su padre biológico, hace de padre al cien por cien, haciéndonos comprender como un ejemplo vivo que no es la sangre lo que hace la paternidad sino el corazón. Pensemos en tantos padres biológicos hoy en día que han abandonado a sus hijos y como muchos solo se acuerdan de enviarle una mensualidad económica. Y pensemos también en muchos padres no biológicos que hacen de padres de corazón educando y haciendo suyos al hijo de su mujer. Como ayer, pasa también hoy.

 

Nos gusta esta familia porque es pobre, puede ser modelo para todos, sobre todo para los más sencillos, también para las instituciones de cualquier tipo, incluida la propia Iglesia como comunidad cristiana, que debe ser también pobre y no llenarse de oropeles o títulos mundanos. Nos gusta por el modelo de madre y de mujer que hallamos en María: esposada con Dios por una parte y con un carpintero por otra, podemos ser fieles a la familia, al matrimonio y a Dios al tiempo. Nos gusta, como hemos dicho, por el modelo de padre que encontramos en José –de quien con frecuencia nos olvidamos y no valoramos lo suficiente-: padre sin serlo, siéndolo. Y nos gusta sobre todo por Jesús, con padre en el cielo y en la tierra. Una familia difícil de imitar, desde luego, pero todo un ideal de familia.

 

En ella se miran hoy también la familia perseguida en muchas regiones del mundo, el padre que tiene que huir a otro país para buscar el sustento de los suyos y pasa años sin ver a su esposa e hijos, es la familia que huye, la familia inmigrante tantos años separada y a quienes se les pone dificultades para reunificarse familiarmente cuando han pasado ya años de estar separados, como esta familia que tuvo que huir a Egipto. Y que huyó de los que mataban niños, como Herodes. Familias que hoy tienen muchos Herodes que se llaman la intransigencia, el hambre, la pobreza, la intolerancia, la obligación de ser y sentir como mandan unas leyes.

 

De esta familia de Nazaret, con gozos y dificultades, con alegrías y grandes problemas, con esperanzas y enormes sufrimientos cuando vieron crecer a su hijo y el rumbo que tomaba su vida que seguro le conduciría a la muerte, hemos de tomar ejemplos las familias de hoy, también con nuestros gozos y dificultades, pero también ha de tomar ejemplo la gran familia de la Iglesia, que es la comunidad cristiana, más allá de las organizaciones y modelos que nos hemos dado a lo largo de los tiempos. Pues el Jesús a quien seguimos vivió en una familia con normas y costumbres (muy posiblemente distintas a las nuestras de hoy pues la cultura ha cambiado, y con ella los usos y costumbres), era uno más del pueblo, tanto que sus paisanos un día se quedarán asombrados con lo que dice y hace pues se preguntarán: “¿No es éste el hijo de José y de María?

 

En esta familia nos miramos también tantas familias del mundo que sin los problemas y dificultades que tuvieron que pasar ellos y otros tantos hoy en el mundo, la vida nos ha sonreído y nos han venido dificultades, sí, pero superables y con fácil resolución. Unas y otras hemos de seguir viviendo con alegría, aprendiendo unos de otros, queriéndonos, amando a los demás, haciendo de nuestra casa una familia abierta, aconsejándonos, sin olvidar nunca la preocupación que nos debemos unos a otros, vengamos de la sangre o del corazón. Una familia original la que se nos pone como ejemplo, sí, pero una familia unida, con la comprensión mutua por delante y el amor como norma.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 30 de Diciembre, 2007, 13:58, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Un anciano justo y piadoso

(Lc 2,22-35):  Cuando se cumplieron los días de la purificación según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.

Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y en él estaba el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al Niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».

Están insertos en el pueblo de Israel, y como tales, arraigados y cumplidores de sus normas y costumbres. Por eso llevan a su hijo al templo para presentarlo al Señor. Y ,dentro de la tradición, Simeón anuncia que la Buena Nueva se ha cumplido, que las profecías se han realizado, y que lo tradicional da paso a lo nuevo, porque así siempre ha sido, no para estancarnos en el ayer sino para dar paso al hoy. Lo viejo se cambia a nuevo, lo que ayer era norma hoy se convierte en novedad. Y ahora ya podemos descansar, como Simeón, cuando nos adaptamos a lo nuevo que el Espíritu va desencadenando en cada época y sentir.

Y una  vez más el mismo método que utiliza la Revelación de Dios: el anciano Simeón, que solo tenía como título el ser un anciano justo y piadoso, es el que a las puertas del templo canta las glorias del Mesías llamándole Salvador, Luz del Mundo y Gloria de Israel. No le han conocido ni le conocerán los sacerdotes y guardianes del templo, porque Dios no se revela a los sabios ni a los poderosos. Busca a los humildes para hacer grandes cosas. Al lado nuestro pueden haber otros justos, humildes y sencillos, que día a día nos estén trayendo la luz de Dios, despertando en nosotros actitudes de comprensión, de acogida o de solidaridad.

Pero el mismo que glorifica al Niño es quien profetiza a su madre que aquel niño será signo de contradicción, y eso hará sufrir a su madre. Por eso la llamamos también Ntra Sra de los Dolores, la Dolorosa.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 29 de Diciembre, 2007, 12:05, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Los santos inocentes, de ayer y de hoy

(Mt 2,13-18):  Después que los magos se retiraron, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al Niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al Niño para matarle». Él se levantó, tomó de noche al Niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».

Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen».

 

Sin pensárselo un momento. Tomó al niño y a su madre y salieron, con lo puesto, huyendo a Egipto. Allí en Judea estaban siendo perseguidos, su vida y su integridad física corrían peligro. Le perseguían por lo que significaba, por las opciones, ideas y acciones que podía realizar contrarias al régimen de Herodes. Son los primeros refugiados políticos. Hoy millones de personas sufren este problema. También han de salir con lo puesto, huyendo de la guerra, de las opciones políticas dictatoriales, por pertenecer a un sindicato libre, del hambre, de los desastres medio ambientales. Lo recordaba el Papa recientemente en su mensaje de Navidad mostrando su preocupación por los refugiados en el mundo. Tienen derecho a ello. El art 15 de la Declaración Universal de los Derechos humanos así lo confirma. Egipto fue el primer país que dio asilo, en este caso a José, María y a su hijo Jesús. En España cada vez ponen más dificultades para pedirlo, los devuelven a su país antes de escucharles, y cuando lo hacen no llega al 4% aquellos que consiguen la protección internacional en nuestro país o en Europa por sentirse perseguidos, con el consiguiente problema de que al ser devueltos a su país de origen correrían la suerte de caer bajo las garras de los nuevos Herodes que en el mundo siguen habiendo. En su mensaje navideño, Benedicto XVI denunciaba esa situación: el hecho de que cada vez hay más inmigrantes, refugiados y deportados víctimas de las guerras, las tensiones étnicas y el terrorismo, pero también debido a calamidades naturales, muchas de ellas consecuencias de preocupantes desequilibrios ambientales.

 

Las dictaduras, las ideas fanáticas, las ambiciones de poder son así. Degüellan a quienes les salen al paso con tal de salir ellos adelante o quedarse arriba. Cientos de millones de inocentes han quedado en la cuneta. En los tiempos en que nace Jesús un clamor de llanto y lamento se oyó en aquel pueblo, eran las madres que lloraban a sus hijos, era el Herodes de entonces matando a inocentes, eran niños que, desde su niñez, se convirtieron en mártires y testigos, recordando hoy sangrantemente a la humanidad que no fueron los primeros ni han sido los últimos. Hoy sigue siendo día de ellos, de los Santos Inocentes, “es decir, de los niños esclavos, de los hambrientos, de los parados, de los inmigrantes, de os que sufren las guerras, de los niños callejeros, de los explotados, de los no nacidos. ¡Si….¡, de todos los niños” (S. Díaz), que además no viven en otro planeta, sino en el nuestro, en el mismo que habitamos cada día.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 28 de Diciembre, 2007, 10:33, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Todo un privilegiado

(Jn 20,2-8):  El primer día de la semana, María Magdalena fue corriendo a Simón Pedro y a donde estaba el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.

Navidad, nacimiento, un niño, alegría y ternura. Ayer dolor, crisis, esfuerzo, renuncia. Hoy, resurrección, alegría y gozo renovado, compromiso. El Evangelio es como la vida misma, un todo integral, donde no hay nada separado, sino que cada parte influye en el todo y según sean nuestras opciones integrales así afrontamos las partes y los momentos de cada instante de la vida.

 

El Evangelio habla de carreras, de prisas por conocer de Jesús, por saber donde estaba. Vieron y creyeron. Pero no solo son las prisas, es también la interioridad, la serenidad: Dichosos los que sin ver han creído.

 

Es el testimonio de Juan, el Evangelista, el discípulo de Jesús, el que lo ha conocido profundamente de cerca y con esa misma profundidad nos cuenta su experiencia. Es su fiesta, la de San Juan. En el verano, el Bautista. En el invierno, el Evangelista. Es el discípulo a quien amaba el Señor, hasta el mismo Juan habla así de si mismo. Juan es el que sabe vivir encendidamente su amistad con Jesús. El que reclina su cabeza sobre el pecho del Maestro. El que vela, al pie de la cruz, la agonía de Jesús, junto a María. El que recibe a María como Madre y la lleva a su casa. El que nos ha definido a Dios como Amor. El que nos repite el mensaje de “Aménse…”.Es todo un privilegiado.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 27 de Diciembre, 2007, 10:12, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Esteban, el primer mártir

Mateo 10, 17-22

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

-«No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles.

Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán.

Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»

 

Casi no hemos salido del ambiente cálido de Navidad con todo lo que de serenidad, misterio, paz y amor lleva consigo, cuando ya el mensaje de Jesús nos invita a saber afrontar dificultades, persecuciones, arrestos, miedos, desuniones y similares recordándonos la confianza que hemos de depositar en El en momentos y situaciones difíciles sabiendo que el Espíritu de Dios habita en nosotros y pondrá sus palabras en nuestra boca y su sentir en nuestro corazón.

 

Ha sido como un salto grande de uno a otro mensaje en un solo día. Pero también la vida es así: cuando hemos solucionado un problema que nos viene encima y estamos respirando de felicidad, nos viene otro encima que hay que afrontar sin un día de vacaciones para poder relajarnos a fondo.

 

Y es que hoy celebramos la fiesta del primer mártir que dio la vida por el Evangelio: Esteban, por eso llamado el Protomártir. Fue lapidado, porque confesar a Jesús le llevó como consecuencia dar su vida, compareciendo ante gobernadores y reyes. Si en este momento sufriéramos algún tipo de adversidad por ser creyente, aquí tenemos uno de los primeros testimonios de los seguidores de Jesús. Curiosamente Saulo entonces, Pablo después, guarda y vigila las ropas de los que apedrean hasta la muerte a Esteban. Por ese mismo Jesús por quien muere Esteban, morirá más tarde Pablo, decapitado. También por dar testimonio del Señor.

 

Una llamada continua nos hace el Evangelio desde el principio del nacimiento de Jesús a que desterremos de nuestras vidas lo que pueda significar miedo, respeto humano, vergüenza, temor a que se nos cierren las puertas por vivir la fe. Tenemos el ánimo de muchos que nos han precedido alumbrando nuestros pasos

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 26 de Diciembre, 2007, 10:39, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Acampó entre nosotros

(Jn 1,1-18):  En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.

La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.

Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él y clama: «Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado.

 

Desde el principio había un proyecto. Y lo era de salvación y de salud. Relacionado con la vida y con la luz, para vencer las tinieblas y la muerte. Necesitaba una preparación, y para eso estuvieron con nosotros los profetas hasta Juan el Bautista. Hasta que llegó la luz, en forma de niño pequeño, como algo indefenso y a la vez tierno. Se encontró sin posada, al principio como que no había sitio para El. Pero no dejó de iluminar. Y quienes le recibieron se hicieron de su misma naturaleza, y corrió por ellos el mismo río de luz y de salud. Pero El no se desanimó y puso su tienda entre nosotros. Y, viviendo con nosotros y entre nosotros, mezclado en nuestra historia y avatares, en nuestras alegrías y tristezas, comenzó a repartir gracia y verdad, de tal forma que nos dio a conocer al Dios verdadero. Nadie sabía bien de El, y Jesús nos los dio a conocer.

 

Ante un misterio tan grande que San Juan nos explica con palabras insondables, lo mejor casi es hacerse uno niño para poder entender el mensaje de otro niño que viene, desde la pobreza y la exclusión (pues no tenían sitio para el mismo) a sembrar paz, solidaridad, justicia, fraternidad, desde el amor. Lo mejor es hacernos por un momento como niños para descubrir la necesidad que tenemos de un Padre, de alguien en quien apoyarnos, de sentirnos vulnerables y necesitados de ayuda.

 

Acampó entre nosotros. Puso su tienda en nuestro campamento. Su vida en nuestro pueblo y en nuestra historia, y se mezcló con nosotros y con nuestro mundo. No, no se disfrazó, sino que lo vivió con nuestra debilidad, y nace débil, niño pequeño, recién nacido, con medios pobres, en el frío de la noche, con el calor de sus padres y de unos animales. “Se hizo hombre por nosotros”, afirmamos en nuestra profesión de fe. Y ese nosotros es cada persona que ha vivido en la historia de la humanidad desde el principio hasta el último niño nacido ahora mismo. Ese nosotros es nuestro mundo con sus problemas y vicisitudes, los que pasaron los que vivían en la Edad Media y los que sufrimos y gozamos en esta etapa de la globalización. Puso su tienda entre nosotros significa que se insertó en nuestra historia y sigue en ella. Es un Dios solidario. No importa que algunos en aquel momento y hoy no lo reciban. No importa que hoy y ayer hayan quienes hagan lo contrario a lo que El enseña. Sigue poniendo su tienda en medio de las nuestras. Nos guste o no, nos demos cuenta o no, nos inquiete o no, ahí está, y ahí sigue: es el Enmanuel, el Dios con nosotros, en las debilidades y en las angustias, en las alegrías y en las sorpresas, sobre todo cuando más lo necesitamos su tienda no se muda de nuestra historia. Sean cuales fueren nuestras ofrendas, como las de los pastores. Mejor, claro está, la ofrenda de nosotros mismos, de nuestros deseos y fracasos, de nuestras posibilidades.

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 25 de Diciembre, 2007, 13:51, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Esta noche, el sol de un nuevo día

(Lc 1,67-79):  En aquel tiempo, Zacarías, el padre de Juan, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó diciendo: «Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo, como había prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas, que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odiaban haciendo misericordia a nuestros padres y recordando su santa alianza y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia delante de Él todos nuestros días. Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

 

Otro canto de explosión de alegría y agradecimiento como el Magnificat que al igual que este nos sirve de ejemplo de oración y de actitud vital en nuestro quehacer diario, movido desde los criterios del Evangelio: bendición y acción de gracias, reconocimiento de la acción de Dios, conciencia de nuestro ser de servidor, conocimiento de que las profecías se realizan, liberación del mal, postura de misericordia, compromiso de pacto y de alianza, fidelidad a la palabra dada, actitud de permanecer en el servicio encomendado, gratitud por la presencia de dios, constancia en el quehacer día a día, reconocimiento del Mesías como actor de la Historia, humildad aceptando el perdón y el reconocimiento de los pecados y, en toda su oración, una insistencia en la toma de conciencia de que es Dios quien actúa en el corazón de la historia y de las personas iluminándonos y guiándonos.

 

También para nosotros es un recuerdo de que hoy –esta noche es Nochebuena- “Dios nos trae, de lo alto, el sol de un nuevo día para iluminar a los que viven la más profunda oscuridad y seguir guiando nuestros pasos por los caminos de la paz”. Es la Navidad, luz que ilumina, guía para el camino. Cuestión no solo de una noche sino de todos los días. Esta noche y mañana es la foto, el recuerdo de lo que hemos de hacer vivo y permanente en todo el año. Esta noche es el Sol de un nuevo día.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 24 de Diciembre, 2007, 10:34, Categoría: Comentarios al Evangelio
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José y María, una buena pareja

(Mt 1,18-24):  La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’». Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.

José, no cabe duda, era un hombre bueno. Dice los Evangelios que era un hombre justo. Como tal hombre era y se sentía libre. Podía no haberle gustado el aviso del ángel. Pero también, como María, aceptó la voluntad y la Palabra de Dios. Y, sin embargo, sigue apareciendo a un lado, como escondido, insignificante, y su actitud fue tan heroica como la de su mujer. Un carpintero. Natural y vecino de una aldea. Otra vez Dios repitiendo sus métodos y maneras: a través de la gente sencilla, de las cosas sencillas, de los acontecimientos sencillos. Sigue haciéndolo hoy también, solo es cuestión de darnos cuenta. Los que menos aparecen en público, los que no tienen tanto protagonismo, como José, son los hombres justos y los hombres de bien.

Pero como ser humano era una persona normal. Por eso sus dudas, y quiso dejar a María sin notoriedad, sin aspavientos, sin hacerle daño. Dudó. Todo se le venía encima, y en un pueblo pequeño. Pudo no haber entendido bien desde el principio el misterio, pudo sentir demasiada responsabilidad para su humildad, pudo creerse indigno. Pero el estaba comprometido con María, y eso le pesaba también, pues la conocía.

No sabemos si María conoció las dudas de José. En ese caso tendría también que haberlo pasado mal. Nada duele más como la desconfianza de aquel a quien quieres. Pero, aunque las hubiera conocido, María había dado ya su palabra a Dios. Y ahí todo estaba incluido.

A María hemos acudido en todos los momentos de nuestra vida: en los problemas, en las inquietudes, en nuestras desgracias, cuando hemos tenido miedo, cuando no sabíamos como obrar. Siempre la hemos encontrado. Cuando sintamos el zarpazo de la desconfianza de los demás hacia nosotros, cuando notemos el vacío que se nos hace, cuando nos sintamos ninguneados, aprendamos que también Ella entiende de eso. Y el Evangelio dice, casi al final de este pasaje, que todo esto ocurrió para se cumpliera lo profetizado.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 23 de Diciembre, 2007, 12:29, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Proclama mi alma las grandezas del Señor

(Lc 1,46-56):  En aquel tiempo, dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como había anunciado a nuestros padres— en favor de Abraham y de su linaje por los siglos».

María permaneció con Isabel unos tres meses, y se volvió a su casa.

Canto de proclamación de la acción de Dios en la historia. Canto de humildad y de sencillez. Cualquier comentario que se haga del mismo parece como si lo estropeara. Como para que lo aprendamos de memoria y lo recitemos de vez en cuando en el silencio de nuestro corazón recogiendo toda su enseñanza: alegría, agradecimiento, autoestima, reconocimiento de la acción de Dios en nosotros, proclamación de sus grandezas, aceptación de nosotros mismos, valoración de la sencillez, elección que Dios hace de nosotros, condena de la soberbia y del poder en servicio personal, grandeza de la humildad, valoración de la misericordia, conciencia de que somos pueblo, comunidad, inmersos en una historia. Es el espíritu de María lo que se expresa en el mismo, enseñándonos actitudes a tener en cuenta para que sigamos su ejemplo. María, un camino a seguir. El contenido de su oración no solo podría ser el de algunas nuestras de forma constante a lo largo del año, sino unos buenos indicadores de preparación personal para la venida inminente del Señor.

Por eso es dichosa, por haber creído. Son como trocitos de las Sagradas Escrituras que brotan de su corazón y que Ella hace suyos, no solo en su beneficio, sino sobre todo a favor de Israel, a favor de su pueblo. Por eso la conciencia de que somos pueblo, que estamos insertos en la historia, que es donde se sitúa Dios y sus proyectos, y no fuera del mismo.

El Magnificat, así se llama este canto de María, encarna una forma de orar, pero también una forma de vivir.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 22 de Diciembre, 2007, 12:21, Categoría: Comentarios al Evangelio
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María visita a su prima

(Lc 1,39-45):  En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Familiares y amigas. Algo más: unidas por la fe reconocen la acción de Dios en sus vidas y alaban a Dios por ello. Su gozo por sentirse madre no le impide compartir la alegría de Isabel que también vive situación similar y más avanzada, y va solícita a hacerle compañía. Isabel también tiene la misma actitud y sus palabras quedarán recogidas en la historia y repetidas millones de veces por tantos y tantos creyentes del mundo entero: Bendita tu eres entre todas las mujeres.

 

Es también el primer encuentro de Juan y de Jesús, entre el último de los profetas y el que da cumplimiento a las profecías. En el brinco de gozo de Juan contemplamos la alegría de la humanidad al sentir que se cumple su esperanza en Jesús.

 

Pero el trozo evangélico comienza destacando la prontitud de María en ir a la casa de Isabel. El ser madre de Dios no le dispensa de la caridad. Al contrario, le urge. Corre a casa de su prima, se olvida de si misma, y siente prisa, sin pensar en el largo camino, sin tomar en cuenta su propio embarazo. Solo busca llegar cuanto antes para estar con Isabel y atenderla pues es mayor de edad.

 

¿Dejamos también nuestras cosas para ser útiles a los demás? ¿Nos olvidamos de esa manera de nosotros mismos? ¿O somos más bien prudentes y encontramos razones para reservarnos? ¿Pensamos que igual lo pueden hacer otros y por eso quedamos justificados? ¿Somos igual de agradecidos porque sabemos que llevamos a Dios en nuestro interior? ¿Saltamos de gozo cuando lo descubrimos a nuestro alrededor?

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 21 de Diciembre, 2007, 11:46, Categoría: Comentarios al Evangelio
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El SI de María

(Lc 1,26-38):  Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin».

María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.

Un trozo del Evangelio superconocido por todos y cada uno de nosotros. Proclamado ante nosotros en infinidad de ocasiones. Casi nos lo sabemos de memoria: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y aquí podríamos acabar el comentario, pues en ello se condensa fundamentalmente el mensaje. Sin embargo, esa es la respuesta. No hay respuesta sin llamada. Y la llamada tiene la misma importancia, una elección con una llamada: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”, y le anuncia su tarea.

 

Ponerse en el lugar de María y de repente saberse portadora de la salvación del mundo no debe ser una cosa sencilla, por lo que implica de responsabilidad pero también de disponibilidad agradecida. Pero también de humildad, pregunta aquello sobre lo que duda –“¿cómo será pues no conozco varón?”-, y, despejada la duda, solo ofrece su disponibilidad, su SI. El famoso SI de María.

 

Agradecimiento y disponibilidad. Dos actitudes fundamentales para el Adviento, mientras estamos a la espera de Jesús. Parece como si los cielos, los ángeles, el mismo Dios estuvieran pendientes de la respuesta de aquella joven, y al “hágase en mí según tu voluntad”, el Verbo comenzó a hacerse carne.

 

Es también hoy, a la luz del ejemplo de María de Nazaret, momento para preguntarnos si la economía de la salvación no seguirá estando hoy también vinculada a nuestra generosidad o a la falta de ella. Unas veces el nacimiento de la fe en ciertos ambientes, otras la decisión para una entrega mayor de personas concretas a las que es fácil que ni conozcamos, pueden estar esperando nuestro SI para que Dios, valiéndose del mismo, pueda continuar mitigando necesidades a las que aún no se puede llegar, para estrechar más los vínculos de fraternidad entre los seres humanos de nuestro planeta.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 20 de Diciembre, 2007, 10:09, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Con medios pobres

(Lc 1,5-25):  Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel; los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad.

Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el turno de su grupo, le tocó en suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso. Se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él. El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre, y a muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios, e irá delante de Él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».

Zacarías dijo al ángel: «¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad». El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva. Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo».

El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de su demora en el Santuario. Cuando salió, no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el Santuario; les hablaba por señas, y permaneció mudo. Y sucedió que cuando se cumplieron los días de su servicio, se fue a su casa. Días después, concibió su mujer Isabel; y se mantuvo oculta durante cinco meses diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre los hombres».

En los días que aparece Jesús en la historia, los Evangelios cuando hablan también de sus allegados lo hacen dando referencia de su ascendencia, como hoy en el caso de Zacarías, para dar a entender que no se está en las nubes, ni en zonas extraterrestres, sino que Dios se hace presente en el interior de la historia . Y en ese contexto histórico, los dos, tanto él como su mujer, eran fieles a Dios y se comportaban justamente. Por eso, es capaz de escuchar la palabra del Señor que le habla y le da a entender la tarea y la misión de su hijo, Juan el Bautista. La escucha, pero con dudas. Por eso le darán una señal: permanecerá mudo hasta el nacimiento de su hijo.

 

Y Dios, como siempre, hace las cosas a través de la debilidad. En este caso, se vale de una mujer estéril, y de unos padres en avanzada edad. Para que quede claro que Juan es una acción del misterio de Dios pero enraizado en la historia de las personas. Y es que Dios es misterioso y a veces desconcertante. Sus procedimientos, extraños. Su estilo, muy diferente al nuestro. Como hemos comentado para lo más grande se sirve de lo más débil. Para realizar las gestas y las acciones de mayor trascendencia en su plan de salvación acude a dos ancianos y una mujer estéril. De ahí saldrá el que “entre todos los hombres ninguno ha sido mayor que él”.

 

Dios siempre elige medios pobres y a los pobres. También hoy sigue hablándonos a través de ellos, de sus ambientes, de sus culturas, de sus problemas, de sus gestas, de sus acciones. Estemos atentos, porque sigue viniendo. No ha cesado de hacerlo, aunque ahora en estos días lo recordemos de manera especial. Y lo hace desde unos valores que no suelen ser los predominantes socialmente.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 19 de Diciembre, 2007, 11:05, Categoría: Comentarios al Evangelio
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La Virgen de la Esperanza

(Mt 1,18-24):  La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros”». Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.

 

Forman una pareja original. Atravesaron sus dificultades. Pero pusieron su vida en manos de Dios y confiaron en El y en su Palabra. La promesa hecha se hizo realidad. El fruto de la confianza de ambas ha dado luego sentido a miles de millones de personas en todo el mundo. Su esperanza no les defraudó. Aunque fuera fruto de una sorpresa, de una sorpresa sí, pero también de un compromiso de ambos.

 

José aparece, con su sencillez, como protagonista del texto evangélico de hoy. Sin embargo, hoy es una festividad especial de María, la de Ntra. Sra. de la Esperanza o Virgen de la Expectación. Hemos contemplado esa escena infinidad de veces: Ella, casi una niña, orando. Dios que le habla. Ella que se entrega y el Verbo que se hace carne en sus entrañas, convirtiéndose desde ese momento en la Madre. Basto un SI, un “hágase en mi según tu palabra”. Es la maternidad de María, una maternidad muy especial. La hemos reconocido estos días pasados como la Inmaculada. La veneramos en todos nuestros pueblos y ciudades con distintos nombres. Es la que más tarde subirá a los cielos. Será el regalo que nos dará desde la Cruz: Hijo, ahí tienes a tu madre. Todo porque supo confiar, y esperar. Por eso, Ella es también nuestra Esperanza en este tiempo de Adviento.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 18 de Diciembre, 2007, 10:36, Categoría: Comentarios al Evangelio
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En la historia de las personas

Mt 1,1-17):  Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engrendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David.

David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia.

Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones

Así como que leyendo este texto resulta un tanto aburrido, pues aparentemente es el relato de una serie de nombres que pudieran servir como listado de nombres hebreos que poner a un recién nacido. Pero detrás de ellos hay algo mas. ás de ellos hay algo mas.  Y es el final que se remarca: “…de la que nació Jesús, llamado Cristo”. Es el árbol genealógico de Jesús de Nazaret. Y el texto tiene un marcado interés en ascender en las generaciones hasta Abraham, el padre de los creyentes, como para indicarnos y dejarnos bien claro que Jesús, el Cristo, el Mesías, no es alguien caído de las nubes, sino que está inserto en la historia humana y es heredero de todas las fases por las que ha ido pasando la humanidad, desde el camino por el desierto, la búsqueda de la Tierra Prometida pasando por las deportaciones. Y en esa lista de nombres y de seres humanos los ha habido famosos y anónimos, gente buena y no tanto, listos y tontos. Es hijo de la historia, por donde han pasado gente que ha intentado ser buenas personas y pecadores hasta públicos.

También nos viene a decir que en Jesús se cumplen las Escrituras porque es descendiente de David y de Abraham, y por todo ello hombre, que ha puesto su tienda entre nosotros, en medio de nuestras vicisitudes y alegrías. Una historia que no termina con Jesús, sino de la cual El es un eslabón más, cualificado eso sí, al que seguimos el resto de la humanidad que hemos de continuar su obra asentando también nuestra historia no en los desiertos y oasis de la tranquilidad y el retiro sino en medio de la realidad actual, donde hay guerra y paz, donde hay miedo y alegría, donde hay hambre y abundancia.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 17 de Diciembre, 2007, 9:54, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Y a los pobres se les anuncia la liberación

(Mt 11,2-11):  En aquel tiempo, Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?». Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!».

Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes. Entonces, ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. Éste es de quien está escrito: ‘He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino’. En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él».

La fe sin obras es fe muerta, nos dice el Apóstol. Es uno de los principios claves del Evangelio y de nuestra creencia. No basta decir, Señor, Señor. Por eso Jesús responde a la pregunta de Juan haciendo un balance de sus obras, y sus obras tienen que ver con el cambio de las personas y con el cambio del mundo, con la subversión de los valores –y sobre todo se anuncia a los pobres la Buena Nueva-. Hoy los políticos hablan de que gobiernan para las personas, y nos lo repiten en las campañas electorales, pero al final de su mandato no pueden decir que la pobreza haya dejado de existir. Al contrario, el número de pobres sigue aumentando en el mundo, y las diferencias entre el Norte y el Sur se hacen cada día mas abismales. Cuando Jesús habla de sus curaciones en concreto, está explicando que se ha dedicado a luchar contra el mal. Este es uno de los criterios de calidad que nosotros hemos de medir en cada uno de nosotros mismos y en nuestras comunidades cristianas si nos preguntaran: -¿Son Ustedes seguidores del Mesías?. Nuestras obras tienen que ser las que digan quienes somos, qué creemos, qué queremos, cuál es nuestro compromiso. No necesitamos otras credenciales. Nuestro modo de vivir, de practicar la caridad, de acoger a todos, ahí estará el testimonio que tantas veces decimos queremos dar. Todo lo demás son palabras y Jesús se las ahorró con los discípulos de Juan.

 

Y por otro lado sigue Jesús elogiando la figura y la acción de Juan, después de preguntar a la gente por el mismo. No deja de reconocer que gracias a Juan se encontró preparado el camino. Reconoce que es su mensajero. Nosotros también en este tiempo de Adviento estamos llamados a ser otros Juan el Bautista que preparen en la sociedad la venida del Mesías. Igual estamos mas ocupados en el consumo a que nos invita esta sociedad profana que en la misión que se nos ha asignado como creyentes. Cambiar el sentido actual que está teniendo la Navidad en nuestras sociedades es todo un reto. Pues todos sabemos que es algo más que las bombillas de colores, que los árboles y los regalos.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 16 de Diciembre, 2007, 10:11, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Otros Elías y Bautistas

(Mt 17,10-13):  Bajando Jesús del monte con ellos, sus discípulos le preguntaron: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?». Respondió Él: «Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo. Os digo, sin embargo: Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos». Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.

 

Baja de la montaña, vuelve a la realidad de cada día, no quiere quedarse en el estado de glorificado. Todavía le falta un tiempo. Y ha de cumplir su misión. Ya llegaron Elías y Juan el Bautista y le prepararon el camino. Ahora solo tiene que seguirlo trazando. Ya llegará el momento. Tuvo buenos amigos que le prepararon el terreno. Ahora necesita nuevos amigos que colaboren en la tarea. Antes fueron los apóstoles, los más cercanos. Ahora somos los bautizados, pero siempre que hagamos consciente cada día nuestro Bautizo.

Como personas que pusieron los cimientos tropezaron con muchos problemas, y fueron incomprendidos y maltratados. Es el designio de los profetas. Y además como casi siempre no tuvo la culpa de ello el pueblo llano y sencillo, sino aquellos que eran considerados como guías religiosos y servidores del pueblo, bajo el rango de autoridades.

Hoy siguen haciendo falta muchos Elías y Juan Bautista. Profetas en la actualidad pueden serlo, y lo son, todos aquellos que aunque no hablen con los labios lo hacen claramente con su vida, con su entrega, con su testimonio, con su generosidad y servicio. Hombres y mujeres, jóvenes y adultos, niños y ancianos que conviven con nosotros y pasan a nuestro lado cada día, y que aman a sus hermanos, sirven a los demás de miles de manera, también a través de la dedicación a otros a través de los emails, y viviendo con hambre y sed de justicia buscan para todos la venida del Reino de Dios, lo cual es, recordémoslo, tarea del Adviento. Cada uno que le ponga nombres y apellidos a esos profetas, aprendamos de ellos y seámoslo cada uno de nosotros también.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 15 de Diciembre, 2007, 13:50, Categoría: Comentarios al Evangelio
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La Sabiduría se acredita por las obras

(Mt 11,16-19):  En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os habéis lamentado’. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘Demonio tiene’. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras».

 

Como niños          que juegan y solo hacen caso al entretenimiento en el cual están centrados. Como niños que se pelean y al momento pasan a otra escena diferente. Como chiquillos sin centrarse en nada concreto, muy propio de la edad. Así pasa también con aquellos que escuchaban - ¿y escuchan? ¿escuchamos?- el mensaje de Jesús. A pesar de que la Sabiduría se ha acreditado por las obras de Juan y de Jesús, permanecen sin hacerles caso, y preocupándose de otras cuestiones diferentes. Llegan incluso a parecerse a los niños malcriados.

 

Estamos en el Adviento, tiempo de espera y de preparación, también de nuestro estilo o manera de ser, de nuestro temperamento o carácter, de nuestra forma de enfocar las cosas. Y ningún criterio de calidad mejor que contemplar si las obras y acciones acompañan a aquello que pensamos y defendemos. Pues, no lo olvidemos, la Sabiduría se acredita por sus obras.

 

Por otra parte constatamos que es fácil criticar –“este ni come ni bebe”, “aquel es un glotón”-. No lo hacemos justamente así, pero de vez en cuando nos sale de forma parecida, del que trabaja, del que parece tener otras posibilidades diferentes a la nuestra, del que no trabaja y come de nuestros impuestos. Criticamos al otro, porque a veces no nos paramos a ver las causas de su comportamiento, no sabemos analizar la realidad y enfrentarnos a ella, y nos quedamos en sus apariencias. Estar bien informados, ser reflexivos ante lo que se nos dice es también tarea a realizar por parte nuestra como ciudadanos, si queremos hacerlo con la calidad del creyente. Criticar por las apariencias, criticar por criticar no tiene sentido para el que piensa que el Evangelio es la norma de conducta. A veces nos esconcemos allí donde nada se cuestiona para no vernos obligados a tomar decisiones, como si huyéramos de la verdad, de esa verdad que nos hace libres, de aquella libertad que nos lleva a la responsabilidad de elegir, dejándonos llevar por el criterio de turno social, político o de propaganda. Tener bien amueblada nuestra cabeza es algo también importante, y esos muebles no nos lo da el Evangelio sino nuestra capacidad de, siguiendo sus orientaciones, estar informado de la realidad y saber analizarla desde diferentes vertientes. Así seremos también parte de esa Sabiduría que se acredita por sus obras.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 14 de Diciembre, 2007, 10:28, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Pequeños, pero importantes

 (Mt 11,11-15):  En aquel tiempo, dijo Jesús a las turbas: «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron. Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir. El que tenga oídos, que oiga».

Hoy Jesús nos presenta su valoración positiva de Juan el Bautista, pero siendo importante su papel histórico y su actitud como persona y seguidor del mensaje de Dios, cualquiera que siga los pasos de Jesús, con su mensaje renovador es todavía mayor. Juan es el último de una muy larga estirpe de profetas, que pasaron por los tiempos siendo pregoneros de Dios, pero era un Dios lejano. Con Jesús, Dios se mezcla en la historia y se hace uno más de nosotros. Juan no tuvo miedo de gritar la verdad, no supo del respeto humano ni la cobardía y si tenía que enfrentarse a los poderosos lo hacía. Por eso murió. Por eso puede ser también un modelo para los cristianos apóstoles de hoy, para los que queremos ser comprometidos y a veces agotamos el compromiso en la prudencia, para los que buscando el momento más oportuno escondemos nuestra cobardía con verdadera maestría.

 

Eso sí, tanto Juan, la historia nos lo dice, como nosotros, nuestra experiencia personal puede hablar, hemos de hacer un esfuerzo con nosotros mismos, siempre hay algo a lo que renunciar, es, como hemos comentado en otras ocasiones, un nadar contra corriente. Por eso el Reino sufre violencia y los violentos lo arrebatan. No los que se pelean con los demás o hacen matanzas, sino los que son capaces de morir a si mismos. Es una violencia interior que logra el nacimiento del hombre nuevo. Porque las cosas cuestan, y hay que luchar para superarse. Eso pasa en todos los órdenes de la vida, pasa también en el crecimiento interior y espiritual. Por eso, con toda la importancia que tiene la persona de Juan el Bautista, también la tenemos nosotros hasta el más pequeño en el Reino de Dios.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 13 de Diciembre, 2007, 12:55, Categoría: Comentarios al Evangelio
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Mi yugo es suave

(Mt 11,28-30):  En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

A veces nos desanimamos, nos cansamos, no vemos los frutos de nuestro trabajo, las dificultades arrecian. La espera no se hace fácil ni sencilla. Necesitamos motivarnos. Alguien que nos empuje y nos mantenga en la lucha. Ante la fatiga y la sobrecarga el que es manso y humilde corazón nos ofrece su apoyo. Aunque nos quejemos: mi yugo es suave y mi carga es ligera.

El nos conoce. Sabe de todo eso: de nuestras flaquezas y rutinas, de nuestros cansancios y desesperanzas, de nuestras desilusiones y aburrimientos, de nuestras ganas a veces de echarlo todo a rodar, de cómo nos pesa ese montón de pequeñeces o piedrecitas que encontramos en el camino y que unas veces ponemos nosotros y otras ponen los demás. Nos conoce y lo sabe todo. Por eso una vez más se adelanta y nos dice que si nos pasa algo de todo ello vayamos a El, y que si amamos todo es llevadero y ligero.

Si alguien conoce de dificultades y contratiempos, de esperas y de soledades y, sin embargo, esperó contra toda esperanza con su disponibilidad siempre pronta a lo que fuera es María de Nazaret. Hoy nuestros hermanos mexicanos la recuerdan como Ntra Sra de Guadalupe y están de fiesta. Que Ella nos conduzca al Mesías y nos acerque también un poco más a los otros.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 12 de Diciembre, 2007, 12:39, Categoría: Comentarios al Evangelio
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