Buscando la luz
Reflexiones creyentes


Inicio
Enviar artículo

Acerca de
Suscríbete al blog

Categorías
General [4] Sindicar categoría
Comentarios al Evangelio [747] Sindicar categoría
Reflexiones creyentes [42] Sindicar categoría
Testimonios [6] Sindicar categoría
Textos [8] Sindicar categoría

Archivos
Mayo 2010 [5]
Abril 2010 [5]
Marzo 2010 [7]
Febrero 2010 [6]
Enero 2010 [16]
Diciembre 2009 [22]
Noviembre 2009 [19]
Octubre 2009 [19]
Septiembre 2009 [6]
Agosto 2009 [8]
Julio 2009 [4]
Junio 2009 [15]
Mayo 2009 [20]
Abril 2009 [25]
Marzo 2009 [24]
Febrero 2009 [22]
Enero 2009 [24]
Diciembre 2008 [27]
Noviembre 2008 [24]
Octubre 2008 [26]
Septiembre 2008 [17]
Agosto 2008 [24]
Julio 2008 [23]
Junio 2008 [30]
Mayo 2008 [30]
Abril 2008 [30]
Marzo 2008 [31]
Febrero 2008 [29]
Enero 2008 [31]
Diciembre 2007 [31]
Noviembre 2007 [29]
Octubre 2007 [31]
Septiembre 2007 [25]
Agosto 2007 [20]
Julio 2007 [30]
Junio 2007 [31]
Mayo 2007 [29]
Abril 2007 [12]

Sindicación (RSS)
Artículos
Comentarios

 


Mayo del 2007


A servir, no a ser servidos

(Mc 10,32-45):   En aquel tiempo, los discípulos iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: «Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de Él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará».

Se acercan a Él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: «Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos». Él les dijo: «¿Qué queréis que os conceda?». Ellos le respondieron: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda». Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?». Ellos le dijeron: «Sí, podemos». Jesús les dijo: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo conque yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado».

Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: «Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

 

Leyendo este trozo del Evangelio y cuando se llega al final, nos damos cuenta que lo mejor del mensaje de Jesús es que sirve para todas las situaciones vitales tanto personales como colectivas, en momentos de desánimo y en situaciones alegres, para cuestiones sociales y para temas deportivos, para la política y para el mundo del trabajo. “A servir, y no a ser servido”. Tenemos recientes en España las elecciones municipales y autonómicas. No recuerdo ningún slogan de ningún político con este lema. Y realmente es lo que debería dar sentido y razón a la actividad política y a la vocación de los que se dedican a ella: servir a los demás, servir al pueblo, y no aprovecharla para su servicio. Una vez más el mensaje evangélico se mezcla en la vida del pueblo y viene a ser como un criterio para medir la gestión de calidad que se realiza en nuestros pueblos y naciones. Una buena vara de medir para nosotros los cristianos, que tiene una validez universal, pues está en el centro de la ética.

 

Lo mismo pasa a nivel personal: Seguir  a  Jesús  es  abrazar  una   vida  de  servicio  y  de  entrega . Los   discípulos lo  fueron  descubriendo  poco  a  poco. Quería  ser  cada  uno, el  primero,  el  más  importante;  el  que   se sentara  después  a  su  derecha  o a  su  izquierda, en  un  lugar  de  privilegio, sobresaliendo  de  todos los demás. Como en la vida cotidiana muchas veces que nos dejamos llevar por el aparentar, por el tener más que el vecino, por sobresalir frente al compañero.

Los discípulos querían  al  Maestro, pero  aún,  no  tanto  como  para  olvidarse  de  sí  mismos  y  no  buscar,  consciente  ó  inconscientemente,  su  propia gloria. Y después se  creen  capaces  de  todo. Podemos,  le contestan  al  Señor cuando  les  pregunta  si  podrán  beber  su cáliz.  ¡¡Podemos !!,  que  equivale  a  decir   "estamos dispuestos...", porque  realmente  lo estaban,  y  Jesús  lo  sabía.  Lo  estaban, pero huirían  como  todos  en los  momentos  duros  de  la  Pasión.

 

Y  Jesús, al  que  llaman  Maestro,  porque  lo   es, aprovecha  la ocasión  para  una  nueva  lección  a  aquellos  discípulos   suyos   que  pujan   por  un   buen   puesto, y   les  dice:  "El  que  quiera  ser  grande  entre  vosotros,  que  sirva  a  los  demás .."  a ejemplo suyo que "no  ha  venido  a  ser  servido  sino  a  servir" . Lo que comentábamos al principio, aplicable a nuestras personas en cualquier condición social.

 

Para los grandes de este mundo servir será realizar proyectos en bien de la comunidad, olvidarse de las especulaciones inmobiliarias y recordar más las necesidades de las personas, destruir lo que signifique guerra y muerte de la gente y promover todo lo que fluya a favor de la convivencia, traduciéndolo en acciones y hechos concretos. Y   para  nosotros, aparte de colaborar en todo lo anterior en la medida de nuestras posibilidades y desde nuestros lugares en la sociedad, en  la  mayoría  de  las  ocasiones,  no  será hacer  grandes  cosas, sino acompañar, consolar, escuchar, comprender,  estar  al  lado  del .que  nos  necesita. Lo importante es no aprovecharse de los demás, sino ponernos a su disposición 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 30 de Mayo, 2007, 12:20, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Nadando contra corriente

 

Mc 10,28-31:   En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros».

 

 

Los esquemas y el estilo de Jesús siempre son diferentes a los del ambiente que nos rodea, al de aquel tiempo y al de éste. Por eso es a veces tan difícil de entender y se nos hace difícil seguirle. Porque, siendo hijos del ambiente, nos dejamos llevar por lo que es más fácil y cómodo: seguir la corriente. En el caso de ser creyentes con frecuencia es nadar contra corriente. Es dejar todo. No entendemos esto al pie de la letra. Necesitamos una familia y una casa que nos cobije. Pero de lo que se trata es que lo más importante sean los criterios y el estilo de Jesús, con dificultades sí –por eso lo de persecuciones-, pero con ventajas también –el ciento por uno-.

 

Eso sí, sin privilegios y sin honores. Siendo los últimos, no porque nos lo propongamos sino como estilo de vida que no busca el aparentar y el ser más que los demás.

 

Pedro  que ha  presenciado  la  conversación  de  Jesús  con  el  hombre rico  que  se  fue  triste, es consciente de que  no  es  rico,  ni  lo  son  los  sus compañeros,   pero han  dejado  lo  que  tenían  y  han  seguido  al  Maestro.   Por eso, pregunta. Las  palabras  de  Pedro,  que  brotan  de  la  confianza  e  intimidad  que   tiene con  Jesús,   exigen  la  respuesta  del  Señor.  Y  El  le  dice  que  todo  el  que deja  algo   por  su  causa, recibe   cien   veces  más,  aquí  mismo  en  la  tierra  y sobre  todo  en  "el  mundo  venidero  recibirá  la  vida  eterna “, una vida que por ser eterna ya ha comenzado.

 

Cada uno de nosotros  tenemos  ideas,  fuerzas  físicas,  valores  humanos,   tiempo, iniciativas y  si  eso  lo  damos  por   su  causa,   al   servicio  de  los  demás, y  lo  damos  sin  regateos,  con generosidad, sabiendo  que  es  poco como  las  redes de  esos   pescadores, pero lo que tenemos, El  no  nos  pide  más. Eso sí, como hemos comentado ya, no estaremos exentos de dificultades. El mismo nos lo advierte.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 29 de Mayo, 2007, 10:14, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

El camello y los ricos

(Mc 10,17-27):   Un día que Jesús se ponía ya en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre». Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud». Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme». Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!». Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios». Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios».

 

 

Un texto difícil, exigente y hasta algo misterioso. Lo que busca el hombre no es lo que encuentra, o más bien es algo más de lo que iba buscando. Va con interés hacia Jesús, parte de su propia iniciativa: “corrió a su encuentro y le preguntó”. Escucha tranquilamente y con complacencia las explicaciones de Jesús, pues las estaba realizando en su vida, pero cuando le piden aquello que no está haciendo, se siente abatido por dentro y se marcha entristecido. Es mucho lo que se le pide. No se encuentra en condiciones de hacerlo.

 

Jesús, por su parte, va de lo más realizable a lo más comprometido. De lo más sencillo a lo más arriesgado. Como si siempre estuviera pidiendo un plus, un algo más. Como si no se contentara con pequeñas cosa, y en el fondo lo que nos está pidiendo es una donación total.

 

En el fondo podemos decir también que aquel hombre, como muchos de nosotros, quería ser un buen cristiano pero sin cambiar su rumbo de vida, sin perder su seguridad. Y Jesús le está pidiendo lanzarse a una aventura, arriesgarse, enfrentarse a lo desconocido. “Te falta una cosa, comparte lo que tienes con los que no tienen nada”. Como Jesús que “no tenía donde reclinar su cabeza”, porque su vida fue un darse por entero.

 

¿No estarás pidiendo mucho? Si eso es así, pocos son los que entrarán en tu Reino. “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de Dios”. La cuestión está en saber qué entiende el Evangelio por riqueza.  Muchos nos dicen que no es cuestión de dinero, que se puede ser pobre de corazón teniendo dinero, que se puede ser buen cristiano teniendo riquezas. Pero las palabras de Jesús quedan ahí, como arquero que dispara las flechas y dan en el dardo de la intranquilidad, del dejarnos pensando, del no estar siempre cómodos. Tienen que ver con lo espiritual, pero también tienen que ver con lo material. Son palabras que van unidas a aquellas otras que conocemos de “hay más alegría en dar que en recibir”, “con tu solo trabajo no te haces rico”, “los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez más pobres”, “aumenta cada año la distancia que separa a los pueblos ricos de los pueblos pobres”, y un largo etcétera que nos llaman a revisar todo tipo de riquezas tanto personales como colectivas, tanto espirituales como materiales y el uso y disponibilidad de las mismas en bien de la colectividad.

 

Palabras de Jesús que también hoy más que nunca van dirigidas a los pueblos y a las naciones, a los países desarrollados frente a los subdesarrollados, a los dineros presupuestados para guerras y armamentos y a los que se presupuestan para paliar el hambre de otros. Palabras de Jesús que deben herir nuestras conciencias: es difícil que un rico entre el Reino de los cielos.

 

Y si fácil es plantearlo referido a los pueblos y naciones, más difícil es reflexionarlo pensando en cada uno de nosotros porque el Señor hoy nos pide que  nos  olvidemos  de  nosotros,  que  pensemos  en  el  otro  que  no conocemos, que  demos  de  lo  nuestro, que  no  reclamemos  lo  que  de  un modo  u  otro  se  nos  debe. Y  a nosotros,  como  el  hombre  que  sale  a  tu  camino  hoy,  también nos entra el susto cuando  has  dicho  que  es  difícil  entrar  en  tu  Reino.

 

 Sin embargo, "para  Dios  no  hay  nada  imposible." Necesitamos convencernos que si queremos, El puede cambiarnos.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 28 de Mayo, 2007, 13:18, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Todos quedaron llenos del Espíritu

Jn 20,19-23:   Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

 

 

Todavía el miedo les tenía retenidos. La desconfianza y la inseguridad seguían haciendo mella en los discípulos. Por eso se aseguran de tener bien cerradas las puertas. Una ocasión para reflexionar nosotros cuántos cerrojos tenemos echados todavía: a la confianza, a la amistad, al reconocimiento del valor de los otros, a los miedos de terceros, a la propia libertad de arriesgarnos tomando decisiones personales que siguen esperando ahí desde hace tiempo, etcétera.

 

Y con los cerrojos echados Jesús se sigue haciendo presente ofreciendo lo único que sabe: paz. La paz esté con ustedes. Y se lo repite. Traigo paz. Pero hoy les regalo algo más, una fuerza consistente, algo que les quitará el miedo y les ayudará a romper los cerrojos. Sopla sobre ellos - ¡cuán importante siguen siendo los símbolos en las vidas de las personas¡- y les regala el mejor de los dones: el Espíritu Santo, y con el la capacidad de perdonar e indultar, y otras muchas cosas más que San Pablo más tarde se encargará de enseñarnos en sus cartas.

 

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos describe esta situación de una manera más sorprendente y emocionante, con todo lujo de detalles: “De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno» (Hch 2,2-3). Y nos dice que todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y se pusieron a predicar valientemente, rompiendo los miedos que le ataban. La situación cambia radicalmente: hablan otros idiomas, aparecen lenguas de fuego, hay un ruido ensordecedor.

 

Pero entre todo ese lujo de detalles sigue resonando la serenidad con la que nos lo describe Juan. Les da la paz en medio de su turbación y de su miedo. Les quita el temor, solo así podrán recibir el Espíritu que hará tantos cambios personales en sus  vidas. Ahora ya pueden recibir con intensidad el encargo de Jesús: Como el Padre me envió, así les envío yo. Van a ser capaces de todo.

 

Envía también hoy, Señor, tu Espíritu sobre nuestras personas aún temerosas y cargadas de desconfianza. Que llene nuestros corazones y podamos también ser enviados a los ambientes donde nos movemos –familia, vecinos, barrio, trabajo, diversiones- para ser en esos sitios portadores de paz, de alegría, de Buena Nueva

 

 

 

 

 

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 27 de Mayo, 2007, 13:47, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Hay más cosas que ha hecho Jesús

(Jn 21,20-25):   En aquel tiempo, volviéndose Pedro vio que le seguía aquel discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?». Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?». Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme». Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: «No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga».

Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.

Es el final del Evangelio de Juan. Cuando ya todo parecía estar dicho, concluye diciendo que hay muchas más cosas que contar de Jesús, y que son tantas que no cabrían en todos los libros que pudieren existir. Como si dijera que estuviéramos atentos a los próximos capítulos.

Y ¿realmente no es así? Se han ido repitiendo, remodelando, escribiendo, narrando múltiples capítulos más del Evangelio, vividos por las diferentes comunidades cristianas que en el mundo han sido, y entre ellas la propia nuestra. Y los capítulos que quedan, pues para eso hemos recibido la misión de ser testigos y de seguirle.

Dicho esto por Juan, el discípulo amado, en el cual hemos visto la profundidad mística de sus escritos, a través de los cuales se asoma a la divinidad de un modo nuevo, nos deja que pensar y, sobre todo, el compromiso de seguir escribiendo con nuestra experiencia de cada día el evangelio de Jesús. Pues cada uno y cada comunidad creyente tiene su propia historia, y en ella, se asoma Jesús de mil modos en nuestras vidas, para seguir siendo luz para las vidas de los demás. Unas veces, se ha hecho el encontradizo en un acontecimiento doloroso; otras le hemos visto cuando estábamos luchando por ser fieles, y no caer; en ocasiones se ha dejado ver en una amistad; alguna vez se ha valido de nosotros para hacer prodigios y le hemos encontrado siempre  en el silencio de la oración.

Jesús fue el Maestro,  así le llamaban sus discípulos. Lo sigue siendo, y las páginas del Evangelio de Juan, que el  dice que no ha escrito,  a lo mejor están siendo escritas con la mejor de la caligrafias de uno y otro continente, de uno y otro idioma. Pues, al fin de cuentas, lo que Juan y los evangelistas han hecho es narrar la propia experiencia de fe de aquellas primeras comunidades que vivieron muy de cerca el mensaje y las acciones de Jesús y nos la han transmitido. Ahora, el Evangelio se encarga siempre de recordárnoslo de muchas maneras, nos toca a nosotros.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 26 de Mayo, 2007, 14:48, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Conversando como amigos

 

 

Jn 21,15-19):   Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y comiendo con ellos, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».

 

 

Una conversación íntima entre dos amigos, en la que se manifiestan aprecio, expresan tristeza, uno pregunta al otro, el otro quiere saber cosas, se reconocen fallos, se explicitan compromisos, y sobre todo se dice lo que se siente. Fluye el respeto, la confianza, la amistad, el amor. Lo lógico cuando entre dos personas amigas hay amistad.

 

"Sígueme " es  el  final  de  esta  misteriosa  conversación  entre  el Maestro  y  Pedro. Primero  le  exige  decir,  una  y  otra  vez ,  que  le  quiere.   El  Señor  lo sabía,  pero quiere  que  el  discípulo  confiese  su  amor,  que  se  lo diga   y  se  lo  repita,  para  que  él  mismo    se  quede  convencido. Sabe  Jesús  que  Pedro  no  ha  olvidado  su  pecado;  que  se  acuerda  de  su  cobardía, que  tiene  siempre  presente  sus  tres negaciones . Pedro se  acuerda,  pero  el  Maestro  quiere  sólo renovarle su confianza, encomendándole  sus ovejas,  y  anunciarle   que  va  a  ser   capaz  de  seguirle,  y  le  da  a entender  de  qué  modo  va  a  morir.

 

A  Pedro  le  hemos  visto    mas  de  una  vez  como  símbolo nuestro  cuando  hemos caído  y  no  hemos  sido  fieles. Ahora  también  podemos escuchar las palabras de Jesús, las  mismas  que  le dirigió a él , encomendándonos  una  tarea, seguro que en relación con los demás: ¿me amas?, pues sígueme.

 

Pero, para ello, necesitamos retomar la conversación que decíamos al principio. Se necesita que los dos amigos, en este caso ya no es Pedro un interlocutor sino cualquiera de nosotros, cada uno de nosotros, que los dos amigos nos paremos a hablar. Hace falta un rato, si es posible cada día, en que nos sintamos juntos y conversemos, con confianza, manifestando nuestro sentir, nuestro ánimo, nuestras quejas, nuestras alegrías. Con la seguridad de que somos escuchados. No hace falta grandes momentos. Puede ser mientras tendemos la ropa, cuando vamos en el autobús, cuando caminamos a hacer tal recado, cuando hacemos ese parada para respirar en medio del trasiego del trabajo. Pero si no hay conversación entre los amigos –Jesús y cada uno de nosotros- no hay desahogo, no hay prueba de confianza, no hay manifestación de amor y el compromiso de seguirle se va diluyendo en mil y una cosas de forma inconsciente. Cambiemos, pues, el nombre de Pedro por nuestro nombre propio y volvamos a leer el texto evangélico de hoy. Puede que salgan cosas interesantes, y sobre todo diferentes, para cada uno de nosotros.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 25 de Mayo, 2007, 11:47, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Que estén unidos

(Jn 17,20-26):  En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos

 

 

Que sean uno en nosotros como nosotros somos uno y el mundo conozca que Tú me has enviado. No ruego solo por ellos, sino también por los que me conocerán a través suyo. Una oración hecha hace mucho tiempo por nosotros y por toda la gente del mundo que ayer, hoy y mañana han conocido, conocen o conocerán a Jesús. Siempre hemos estado presentes en su atención y consideración. Ha contado con cada uno de nosotros. No somos anónimos.

 

Por otra parte, hay también un tono central en este texto que es  como una  obsesión para Jesús , y  lo  repite  una  y  otra  vez, y  es  la  idea  de  la  unidad:  "como  Tú  y  Yo  somos   Uno ",  así  quiere   que   estemos  unidos  a  El  y  al  Padre,  y unidos  entre  nosotros. Y para mayor énfasis:  esa   va  a  ser  la señal  inequívoca  para  que todos crean. De  los  primeros  cristianos  se  decía  que  se  les  conocía  por  cómo  se amaban  entre  ellos, y  ahora  parece  que  el  amor  que  siempre  nos  ha recomendado  el  Maestro,  toma  unas  dimensiones  nuevas:   la  unidad entre  nosotros. Y realmente es algo que debemos considerar como nuevo.   por  que  nunca  como  ahora  han  existido tantas  divisiones  y  fronteras y  separaciones  de  todas  las  clases. Todo, menos unidad.

 

Distintas religiones, distintas lenguas, distintas  culturas, distintos partidos políticos, distintas nacionalidades, distintos niveles económicos. Diferencias que siempre han existido y que ahora no solo se están volviendo fronteras infranqueables, sino que cada vez se hacen más abismales las diferencias entre unos y otros.

 

Pero ahí está la llamada de Cristo a la unidad entre todos, no solo interior a nivel de sentimientos sino también real a través de los hechos, unidad que brote del amor, y que no tiene por que suponer  uniformidad, sino unidad en la pluralidad. Es uno de los fundamentos de la tolerancia, de la que tanto se habla hoy como actitud necesaria en nuestra sociedad y en nuestro mundo.

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 24 de Mayo, 2007, 12:34, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Vivir en la alegría

(Jn 17,11b-19): En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad».

 

 

Hay mensajes que se repiten y se entrecruzan con los de días pasados. Al fin de cuentas el Evangelio no es un diccionario ni un manual de conceptos variados. Es la experiencia de un encuentro personal que crea unión entre las personas, y consecuentemente la alegría y la paz del encuentro recibido y que se aporta. Es la unión de Jesús con su Padre, de Jesús con nosotros, de nosotros con el Padre, de nosotros entre nosotros mismos. En definitiva, de no sentirnos nunca solos. “He velado por ellos y ninguno se ha perdido, guárdalos del maligno y santifícalos en la verdad, así tendrán mi alegría colmada”.

 

Casi es el centro de lo que captamos en el mensaje de hoy: la transmisión de una alegría interna. A pesar de los problemas y contradicciones de vivir en un sistema, llamado por Jesús el mundo, cuyos valores son totalmente diferentes a los que El preconiza y nosotros intentamos. Alegría, gozo, paz y serenidad en y a pesar de las dificultades. Pero para ello, como nos ha dicho en días anteriores, hemos de permanecer en El: encuentro personal, comunicación intensa, oración, escucha en silencio de su Palabra, dejar que trabaje en nuestro interior, dedicarle a ello un tiempo de nuestro quehacer diario por pequeño que fuese, son cosas que pueden ayudarnos para intentar tener el colmo de la alegría que es algo así como la alegría colmada de la que nos habla el Evangelio de hoy. Como cuando uno está atiborrado de trabajo y a punto de asfixiarse y necesita un parón, aunque sea para hacer silencio, asomarse a la ventana y respirar un poco de aire fresco o respirar hondo, y luego seguir afrontando el quehacer que a uno le toca.

 

No  podemos  olvidar  que  las  palabras  del  Maestro  estos  días  son como  un  testamento  para  nosotros.   Hoy  vuelve  a  recordar  que  nos  deja  en  el  mundo,  pero  que  no  somos  del  mundo.  Aún  más,  añade  que  el   mundo   nos   odia,  y  sin  embargo  nos  invita  a  esa  perfecta  alegría que El vive. No  nos  dice  que   nuestra  vida  va  a  estar  libre  de dificultades,  ni de  problemas,  ni  de  incomprensiones,  ni de dolor,  ni de cruz, por que nuestra  alegría,  la  que  El  le  pide  al  Padre  para  nosotros,  es  compatible  con  todo  ello.

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 23 de Mayo, 2007, 9:45, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

He cumplido la tarea

(Jn 17,1-11a): En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.

»Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.

»Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti».

 

El  Evangelio  de  hoy  glosa  las  casi  últimas  palabras   de  Cristo.  Las que  pronuncia  pocas  horas  antes  de  comenzar  su  Pasión.  Son  parte  de  su  despedida, y  va  rindiendo  sus  cuentas  en voz alta, al  Padre, delante   de  aquellos  que  El  le  encomendó.  Resume diciendo: "tengo acabada  la  obra  cuya  ejecución  me  encomendaste "

 

Qué  suerte,  Señor,  poder  tener conciencia de esto  al  terminar  la  carrera  de  la  vida: haber cumplido su tarea, la que le encomendaron.  Suerte  haber sabido  hacerlo  bien, y  suerte,  mucha  suerte  para  nosotros,  que  somos  uno  con  El.  ¡Ayúdanos,  Señor,  a  pasar  como  Tú,  haciendo  el bien, hasta el final. todo  el  bien  que  tenemos  que hacer, es decir el  que  Tú  esperas  que  hagamos !:la obra que a cada uno de nosotros nos has encomendado también en nuestra familia, con los amigos y vecinos, en el barrio, en el trabajo, en la sociedad. Cada uno tiene una tarea que cumplir según el papel que tenga en la sociedad, pero nadie está exento de ello. Buen momento para que cada uno pensemos, por si se nos ha olvidado, cuál es nuestra tarea en estos momentos, nuestra misión.

 

Y  Jesús  sigue  hablando  con  el  Padre, y al hablar de los suyos, no se refiere solo a aquel grupito de amigos fieles, a sus discípulos, sino   a  todos  aquellos, que quedando en el mundo no  son  del  mundo porque  le  siguen  a  El,  y  El  no  es  del  mundo. A todos, a los que quedaban en ese momento, a los que estamos en estos momentos históricos. A todos, pues a todos nos toca ser sal que de sabor y luz que rompa las tinieblas en el sistema de este mundo.

 

Y esa es la hora. Muchas veces decimos: “Llegó la hora”. Lo dice Jesús también en este trozo evangélico. Es la hora, siempre toca en todos los relojes a la hora que los miremos cada uno, de cumplir nuestra misión, de realizar nuestra tarea. Su tarea, la de Jesús, fue hacer de intermediario entre el Padre y nosotros, dándolo a conocer a la humanidad. Pero llegada la hora ruega también por nosotros, para que sigamos desempeñando esa tarea, porque “ya yo no estoy en el mundo, pero ellos sí”.

 

Puede que hoy nos hayamos complicado queriendo expresar lo que sentimos con la lectura de este trozo evangélico. Pero entre que Juan el evangelista es un profundo teólogo y nosotros no somos expertos en estas lides, nos pasa con frecuencia. Pero lo importante, repitiéndonos, es eso: Ha llegado la hora, he cumplido la tarea. Es nuestra hora, cumplamos la nuestra .

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 22 de Mayo, 2007, 12:11, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Animo, Yo he vencido al mundo

(Jn 16,29-33):   En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios». Jesús les respondió: «¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo».

 

Jesús nos llama a la realización de los ideales más hermosos, pero lo hace desde el realismo. Quiere que afrontemos las metas más altas desde la realidad del día a día. Por eso nos advierte: “En el mundo tendrán tribulación”. Es decir, habrá dolor, sufrimiento, las ilusiones se les apagarán en momentos determinados, el caminar hacia delante costará trabajo y más cosas, vivir con cierta holgura no siempre será posible, habrá momentos en que el esfuerzo de cada día doblegará nuestra espalda. Pero, al mismo tiempo, dice: “Animo, yo he vencido al mundo”. El ha superado esas dificultades “porque no ha estado solo, sino que el Padre ha estado a su lado, con El”.

 

Hoy, pues, queremos darte gracias, Señor, por tu llamado. Nos encargas tareas difíciles pero también nos das los caminos por donde afrontarlas. Gracias porque estamos convencidos de que en nuestra unión contigo vamos a encontrar paz. Danos, pues, fuerza para la lucha de cada día, y convéncenos de que Tú estás a nuestro lado, repartiéndonos tu fuerza para no desfallecer en las dificultades. Que no nos dé miedo ser conscientes de ellas, incluso de nuestros miedos, porque junto a esa conciencia Tú nos inspiras el valor de que, estando contigo, también venceremos las dificultades. Que sepamos siempre que, en esa realidad, también existe la otra realidad que le acompaña, la de experimentar la alegría de saber de quien nos hemos fiado. Que podamos, pues, vivir un sano optimismo sin perder las dosis de realismo sano que necesitamos para no tropezar en el camino.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 21 de Mayo, 2007, 10:16, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Una despedida con continuidad

Lc 24,46-53: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Así está escrito que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros seréis testigos de estas cosas. Mirad, voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto».

Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante Él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.

 

 

Llega ya el momento de la despedida, tan esperada y, al tiempo, temida. Y  las últimas palabras, que aguardan con impaciencia los suyos,  comienzan   siendo un repaso a la Escritura: estaba escrito  que el Mesías tenía que morir y continúa  recordándoles lo que ellos no pueden olvidar, porque lo han vivido juntos, su muerte, y su resurrección y el anuncio de la Buena Nueva para el cambio y conversión. Y, ahora, ¿qué?

 

Ahora el primer encargo del Maestro, que es más bien un recordatorio de lo que les ha venido diciendo: "Ustedes serán mis testigos". El se va, pero nos deja  a nosotros, para que demos testimonio de lo que hemos visto y hemos vivido con El, nos toca a nosotros ahora ir por el mundo y anunciar, con palabras y obras, la Buena Noticia. Es decir que hemos de pasar por el mundo siendo el eco de Dios, con nuestra propia vida. Para ello tenemos una gran ayuda, una gran fuerza interior y nos anuncia su regalo: el Espíritu Santo.

 

Y sacándoles fuera de la ciudad, así lo hace notar el evangelista, les bendice y sube a los Cielos. Se fue, vino del Padre y vuelve al Padre, pero ellos, los discípulos, que tanto temían la marcha del Señor,  quedan contentos, y así retornan  a Jerusalén. Termina el relato contándonos que estaban siempre alabando a Dios. Y es que en aquella  postrera bendición que les imparte antes de subir, el Maestro debió infundirles la fuerza, la fe y el amor  que iban a necesitar. Condición indispensable para cumplir su misión a partir de ahora es ser agradecidos, reconocer la presencia y la fuerza interna del Espíritu con ellos, es decir con nosotros. Ser conscientes de lo que se nos ha dado es el primer paso para impulsarnos a realizar, con confianza y decisión, nuestra tarea. Sabiendo gozar de lo que vivimos y de lo que hacemos. Por eso seguimos bendiciendo a Dios. No se ha ido, sigue con nosotros, a través de su espíritu, dándonos también un protagonismo en la historia por hacer.

 

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 20 de Mayo, 2007, 11:15, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Una nueva relación con Dios

(Jn 16,23-28): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre. Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado. Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre. Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque me queréis a mí y creéis que salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre”

 

 

 

Es una invitación clara al diálogo íntimo, de tu a tu, con el Padre, a la oración, a dirigirnos personalmente a El, a la conversación y, mejor con la conciencia de que estamos hermanados en Jesús: “lo que pidan al Padre, El se los dará en mi nombre”. Por eso ya no hablará en parábolas, sino directamente.

 

Digamos que hoy también se nos habla del amor, pero de otra manera, desde otro ángulo.  Va a hablarnos ya claramente, y explica que por que le amamos a El, y porque nos ama el Padre: "el Padre mismo les ama ", e insiste,  " les ama, por que ustedes me aman a Mi".

 

Dios nos ama a cada uno,  personalmente, con un amor infinito, viendo  en nosotros los rasgos de su Hijo. Y es que en Jesús entramos en nueva relación con Dios, y se nos abre  otra  vida  interior, la que engendra el amor del Padre. Una vida rica, por que el Padre nos dará todo lo que pidamos en nombre de Jesús.

 

Señor, de todas maneras sigue hablándonos en parábolas, sigue poniéndonos ejemplos y comparaciones porque a veces somos tan torpes que es la única forma de entenderte bien. Como los niños que entienden con cuentos y narraciones. Síguenos recordando así las verdades fundamentales que nos has enseñado en el Evangelio para que no nos despistemos. Aunque estés ya en sintonía total con el Padre, aunque hayas ascendido y estés por encima del bien y del mal, nosotros sabemos que Tú vas a seguir con nosotros enseñándonos por donde debemos afrontar las cosas de la vida, porque desde dentro estarás guiándonos ya que, como nos has recordado días pasados, “si te amamos, vendrás con el Padre y harás morada en nosotros”.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 19 de Mayo, 2007, 11:51, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

El dolor que se convierte en alegría

(Jn 16,20-23a):   En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».

 

 

Casi podríamos decir que el ejemplo de la mujer parturienta es lo central del evangelio de hoy para poder comprender no solo este texto sino la vida misma en si. La tristeza, las pruebas, las dificultades, el dolor, el esfuerzo, la lucha son cosas constantes en la vida de la gente, en las de antes y en las de ahora, en las de aquí y en las de allá. Es más hasta el propio refranero es testigo de ello: “el que quiere celeste, que le cueste”.

 

Y detrás de todo dolor de parto viene la alegría y el gozo del fruto que acaba de nacer y ver la vida. El resultado borra todo el llanto anterior o las quejas que hayan podido existir. Un ejemplo del Evangelio que está en la boda de todo ser humano cuando quiere expresar esta realidad también vital y humana, más allá de la condición creyente.

 

Pues si en lo humano ocurre, también en el terreno espiritual. Tristeza, pruebas, dificultades no nos faltan en nuestro crecimiento interior. Pero en este texto y en todo el contexto de después de la Pascua, Jesús nos habla de su subida al Padre, de que no quedaremos solos, de que vendrá el Espíritu, de que la alegría volverá a llenar a nuestro corazón. Es como el corredor que suda, se entrena y se esfuerza para llegar a la meta. Lo mismo pasa en el crecimiento espiritual, la alegría que se vive es el premio que hace olvidar el dolor y el trabajo.

 

Es, pues, hoy una llamada a la confianza y a la seguridad. Porque nos suele ocurrir a menudo: cuando no vemos el resultado de nuestro esfuerzo y nos parece inútil el sufrimiento o bastante oscuro el túnel de nuestro camino, es que nos hemos olvidado de la promesa del Maestro: “Sus corazones se llenarán de una alegría que nadie les podrá quitar”. No debemos olvidarlo cuando volvamos a tener la experiencia de la serenidad, para que no nos pase aquello de “aquel día no me preguntarán nada”.

 

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 18 de Mayo, 2007, 9:30, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Noches en pleno día

Jn 16,16-20:   En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver». Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’ y ‘Me voy al Padre’?». Y decían: «¿Qué es ese ‘poco’? No sabemos lo que quiere decir». Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’. En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo».

 

"Dentro de un poco no me verán y un poco más tarde me volverán a ver” ¿Qué está queriendo decir?,  era lo que se preguntaban los discípulos ante las palabras del Señor... “Les aseguro que llorarán y se pondrán tristes, pero esa tristeza se convertirá en alegría". Presentían que era una despedida, con el desgarro y la tristeza que siempre lleva consigo, pero seguida con el anuncio de que esa tristeza se convertiría pronto en alegría.

 

Eso era lo que les decía a ellos.  Pero en el Evangelio nos habla también a nosotros, y  sus palabras HOY, son las mismas, pero con otro sentido.

 

El no se va ahora;  no nos deja;  está siempre con nosotros, y sin embargo hay túneles en el  camino de nuestra  vida,  durante los cuales  ni Le vemos  ni se deja oir. Noches en pleno día.  La fe nos dice que camina a nuestro lado, pero vamos a tientas.

 

Unas veces es la enfermedad, otras la pérdida  de un ser querido..., a veces una incomprensión, en ocasiones un desencuentro, una injusticia, un problema familiar, el no tener trabajo, el pasar apuros para llegar a final de mes. Son muchas las cosas que en ocasiones nos nublan la luz de su presencia. Pero tenemos la seguridad de que está ahí, haciéndose el encontradizo unos pasos más allá donde acaba el túnel y vuelve a brillar la luz y encontramos de nuevo la alegría, y la confianza se vuelve a apoderar de nosotros. No hay vacaciones para el espíritu, siempre lo hemos de tener activo, porque activa ha de estar en todo momento nuestra fe

 

 

 

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 17 de Mayo, 2007, 9:09, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Abiertos a la vida

Jn 16,12-15:   En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros».

 

Mucho tengo todavía que decirles. El se lo anunciará a ustedes. Déjense llevar por El, que les guiará hasta la verdad completa.

 

Pero irá poco a poco, porque ahora no pueden con todo ello. Como si a través de la palabra humana la Verdad que quiere transmitirnos se le quedara corta, como si no fuera capaz de contener todo su mensaje, o como si nosotros no fuéramos capaces de poder absorber todo lo que El nos quiere indicar.

 

Es una llamada a permanecer con el corazón abierto y disponibles desde la escucha interior. Ni todo está dicho ni todo está escrito. Abiertos a la Vida, que, de alguna forma, también nos habla a través de los acontecimientos, de los hechos y situaciones siempre cambiantes. No vivimos hoy las mismas circunstancias sociales y ambientales que se vivían en tiempos de Jesús. Puede que hoy también nos esté el Espíritu indicando cosas de las que debemos preocuparnos a través de la realidad actual, a la que siempre hemos de estar atentos. Es lo que en las últimas décadas, sobre todo después del Concilio, se nos ha insinuado de estar atentos a los signos de los tiempos. Unos tiempos cambiantes donde el Espíritu sigue moviéndose, el mensaje de amor, de fraternidad, de libertad interior puede seguir siendo el mismo; las formas de concretarse, las exigencias a nosotros, las luchas a realizar, las acciones a ejecutar, los cambios a realizar tanto en nosotros como en la realidad social que nos rodea pueden ser diferentes. Por eso hay que estar atentos: “Recibirá de lo mío y se lo anunciará a todos ustedes”. Igual ahora no podemos con todo, pero sí que podemos estar abiertos mentalmente a la vida que se desarrolla y evoluciona a nuestro lado, donde nos toca vivir el mensaje siempre eterno del mismo Dios. De un Dios que sigue hablando, a través de su Espíritu, de múltiples modos y maneras

 

 

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 16 de Mayo, 2007, 9:07, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Una nueva garantía

Jn 16,5-11:   En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: ‘¿Adónde vas?’. Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: y cuando Él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado».

 

Les conviene que Yo me vaya. Como si de esa manera fuera a estar más presente en todos nosotros. Como si la esperanza fuera una realidad más intensa que nos inundara.

 

Son las vísperas de la Ascensión. Sin embargo, no hay motivos para estar tristes, la tristeza no debe adueñarse de nosotros. El mensaje cristiano es un mensaje optimista. No nos debe alejar de la realidad –convencerá al mundo en lo referente al pecado-, pero no nos debe quitar la esperanza de seguir trabajando en el mismo ideal –porque el Príncipe de este mundo ya está juzgado-.

 

Habiendo experimentado al cien por cien la realidad humana en su vida y en su historia, entiende también de separaciones y de despedidas, y del dolor y tristeza que ello origina. Pero es consciente de que su misión ha terminado. Como dicen los psicólogos de hoy se ha cerrado un círculo o capítulo de la vida, y comienza otro. La vida es una sucesión de capítulos. La cuestión está en saber cerrar bien el que acaba, para abrir con sosiego el que comienza.

 

En este caso, el nuevo capítulo va a ser mejor que el anterior. “Vendrá para estar con ustedes el Consolador”.  Será nuestro defensor, quien nos anime e impulse en los momentos en que lo necesitemos. Habrá que seguir comprometiéndose y esforzándose, pero no vamos a estar solos. Un nuevo capítulo se abre para nuestras vidas con nuevas garantías. Nos las trae su Espíritu.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 15 de Mayo, 2007, 10:18, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Cuanto más doy, más tengo

(Jn 15,9-17):   En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

»Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».

 

 

Permanecer en el amor, guardar sus mandamientos, alegría y gozo recibido, dar la vida, amistad, sentirnos elegidos, darnos a conocer su misterio, compromiso con el mundo son, entre otros, los mensajes de este trozo evangélico que se repite una vez más en este tiempo después de la Pascua, intentando resumirnos nuestro sentir de creyentes que debemos llevar con nosotros mismos, sin olvidarnos en ningún momento.

 

“No hay amor más grande que el que a uno le lleva a dar la vida por sus amigos”. Dar la vida no es solo morir, es también renunciar a pequeños detalles, visiones y opiniones de uno a favor del bien común. Es sacrificarse por el otro, aunque sea dedicándole un tiempo de nuestro descanso personal. Es tener en cuenta el bien del otro, y no solo el bien propio. Es ese irse dando en silencio día a día, que, en algún momento de nuestra vida, nos lleve a saborear interiormente que es verdad eso de que hay más alegría en dar que en recibir.

 

Aunque eso choque a otros. Hay una persona que tiene en la salita de su casa un cuadrito pequeño con esa leyenda: “Cuanto mas doy, más tengo”. Todos los que llegan a su casa y lo ven, le dicen que si no será al revés, y ella les explica el por qué no. No salen del todo convencidos, me explica. Pero yo lo tengo claro. Mi corazón rebosa de paz cuando hago algo por los demás, y tengo en cuenta a los otros a la hora incluso de hacer el presupuesto de mis gastos mensuales. De alguna forma, esta persona ha entendido que no hay amor más grande que dar la vida por los que se ama.

Por todo ello, Jesús le llama un mandamiento nuevo.

 

Curiosamente han pasado veinte siglos después de su proclamación y, en esta sociedad del consumo donde parece que cuanto más tienes más vales, sigue sonando a nuevo. Para algunos, incomprensible. Para los creyentes esperamos que, aunque siempre nuevo, siempre sigamos decididos a vivir la novedad que nos trae.

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 14 de Mayo, 2007, 9:27, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Haremos morada en ustedes

(Jn 14,23-29):  En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho. Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis».

 

Es uno de los trozos del Evangelio, si se pudiera elegir, que nos da más ternura y más esperanza. Es el texto de la esperanza, de la esperanza hecha realidad. “Vendremos a él y haremos ahí nuestra morada”. ¿No da confianza y seguridad estas palabras?

 

Irá el Espíritu, estará siempre con ustedes y se los recordará para que no se les olvide. Además les dejo la paz, no como la da el mundo. Por eso deberán alegrarse.

 

No es como la del mundo. No necesitamos muchas demostraciones para ello. Está clarísimo para todos nosotros, creyentes y no creyentes. ¡Cuántas veces hemos visto a nuestros dirigentes y/ o gobernantes sentarse alrededor de una mesa y firmar pactos para la paz, para el medio ambiente, en contra de los armamentos, a favor de un futuro sin centrales nucleares, a favor y en contra de muchas cosas que parecen darnos la seguridad de que por fin dormiremos en paz en cualquier lugar y rincón del mundo!. Se sacan la foto, sonríen y vuelven de nuevo a las andadas. Ni Kyoto ni convenciones de ningún tipo. Por eso dice, advirtiéndonos con bastante antelación: No es la paz que les da el sistema de valores de este mundo.

 

Jesús habla de la paz que da el Espíritu, que sale de dentro hacia fuera, que nos infunde tranquilidad, gozo y serenidad. Es una paz compatible con el dolor, con el sufrimiento o con el fracaso. Queda en el hondón del alma, donde El ha hecho morada en nosotros.

 

Es el trozo evangélico de la esperanza. Y para que no nos quede duda, nos insiste: “no se turben sus corazones ni se espanten”. La paz viene de dentro y ya está entre ustedes. Por eso deben alegrarse. Como si nos dijera: Ello les ayudará a afrontar los problemas tanto personales como familiares, tanto ambientales como laborales, tanto sociales como políticos. No se turben ni se espanten.

 

 

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 13 de Mayo, 2007, 12:14, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

No somos de este mundo

Jn 15,18-21):   En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también guardarán la vuestra. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado».

 

“No son de este mundo”. Nos ha elegido de este mundo, nos envía al mundo a dar testimonio suyo, pero nos recuerda que no somos de este mundo. ¿Juego de palabras? ¿Contradicción?

 

Nos ha sacado de la realidad de cada día, con sus cosas buenas y sus cosas malas, y nos ha elegido para enviarnos a esa misma realidad con la finalidad de transformarla, de hacerla cada día más parecida a sus valores, a los valores de los que nos habla en el Evangelio.

 

Pero no somos del mundo, no somos de los valores de este mundo, no somos del sistema de este mundo. Para cumplir nuestra tarea no podemos dejarnos llevar por los criterios de este mundo. Es decir, no nos vale lo más cómodo, no vale el poder que oprime, no vale la injusticia, la corrupción, la desigualdad, el tener más que los demás, la falta de utopías, el aprovecharse de los otros tanto de las personas como de los grupos,… Por eso nos dice, que nos esperan dificultades, sufrimientos, cruces. Porque lo cómodo es seguir los criterios del sistema por el que parece que en aquel momento y en éste se rige nuestro mundo.

 

Líbranos, Señor, de estos falsos valores que hemos mencionado anteriormente y de otros tantos que están en nuestra mente. Danos el valor para luchar contra ellos. Estar contigo es también luchar contra el mal, contra el que está en nuestro interior, contra el que está en otros, contra el que está organizado que también hemos de darnos cuenta de ello y no ser tan ingenuos. Imprégnanos, Señor, del valor de la fraternidad que tanto nos enseñaste y haz que nuestros pasos se guíen por dicho valor fundamental, oponiéndonos por sistema a todo aquello que la empañe. Libra a este mundo de esos valores que nos están haciendo caer en el paro que nunca acaba, en las drogas, cualquier tipo de ellas, que corrompen y destruyen, en la inseguridad que nos impide movernos como iguales y hermanos. Y danos los valores opuestos, que son los tuyos, para hacerlos presente pese a quien pese, luchemos contra lo que tengamos que luchar. No importa que se rían, que nos digan trasnochados: Estamos por el valor de la fraternidad, único que podrá hacer posible tu Reino, que no obedece a los patrones y sistemas de este mundo.

 

 

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 12 de Mayo, 2007, 12:00, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Una elección

Jn 15,12-17:   En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».

 

Jesús nos ha escogido. Hoy nos recuerda que la iniciativa no partió de nosotros sino que El es quien nos ha escogido como amigos.

 

Dan ganas de decirle, pero Señor, ¿sabes lo que has hecho? ¿No te habrás equivocado?  Porque somos nosotros, los despistados de siempre, los que pensamos más en nosotros que los demás, los que andamos siempre ocupados con nuestras historias olvidándonos de lo que pasa a nuestro alrededor…

 

Pero, así y todo, tal como somos, nos ha escogido, que equivale a decir que nos ha elegido. Ya no somos siervos, somos amigos. Y con los amigos las leyes son distintas, no pueden ser otras que la ley del amor.

 

Y la explica diciéndonos: "Yo les amo como el Padre me ama a Mi ", lo cual es como decirnos que nos hace una misma cosa con El, por que es así como se aman el Padre y el Hijo.

 

Y como buen Maestro, repite la misma idea que llevamos oyendo durante muchos días: "obedezcan mis mandamientos, es decir, ámense los unos a los otros”. Si hacemos esto, como nos recordaba en el texto de ayer, permaneceremos en su amor.

 

Déjanos, Señor, ir atentos por la vida a la realidad que nos rodea. Primero a la que viene de Ti, tu mensaje, tu Palabra, tus deseos, a todo lo que, como amigo nuestro, nos has dado a conocer y dentro de ello déjanos ver a aquellos que igual solo necesitan un saludo o una sonrisa por nuestra parte, aunque es más de lo que precisa nuestro mundo. Pero al menos, enséñanos a empezar por saludar a quien nos encontramos en el camino. Sí, ya sabemos que Tú estuviste atento hasta el hecho de dar tu vida por los demás, pero, sabiendo de nuestra debilidad, ayúdanos, por lo menos, a ser conscientes de las necesidades de los otros.

 

Por María Consuelo Mas y Armando Quintana - 11 de Mayo, 2007, 9:41, Categoría: Comentarios al Evangelio
Enlace Permanente | Referencias (0)

Artículos anteriores en Mayo del 2007




<<   Mayo 2007  >>
LMMiJVSD
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31    

Enlaces
eGrupos
ZoomBlog

Otros blogs
Para ser diferentes
Pequeñas semillitas
Restauración de lo alto
Testigos del Evangelio

 

Blog alojado en ZoomBlog.com